EL AÑO EN EL QUE LA CAGAMOS

No hace mucho publiqué en la revista El Farmacéutico un artículo en el que reflexionaba cómo habíamos cambiado en España en estos últimos veinte años respecto a lo que con ilusión denominamos Atención Farmacéutica, una práctica que luego, a lo largo de estas dos décadas, fue mutando tantas veces de nombre como fue necesario para no cambiar nada y hacer aún mucho menos. En esta entrada quisiera repasar aquella historia; señalar cuándo fue el momento en el que, en mi opinión, la cagamos de manera estrepitosa como profesión y dónde estamos en la actualidad.

Si veinte años han pasado del primer congreso sobre la disciplina, son dieciocho los que hace de diciembre de 2001, la fecha en la que se presentó el Documento de Consenso sobre Atención Farmacéutica, una publicación, en la que tuve participación muy activa puesto que fui miembro del panel de expertos que promovió la Dirección General de Farmacia del Ministerio de Sanidad, de ahí que tenga una cuota importante de responsabilidad, y lo que vaya a escribir como crítica también me atañe.

En mi opinión, aunque no fuésemos conscientes en aquel momento, al menos algunos, este documento dio paso a la derrota del farmacéutico comunitario en el anhelo de abordar la epidemia farmacológica y así contribuir a disminuir la morbi- mortalidad asociada a medicamentos. El texto publicado supuso cambiar una práctica orientada al paciente, la que entonces conocíamos como Pharmaceutical Care, a una amalgama de muchas y diversas actividades, luego desarrolladas en diversos documentos, grupos de trabajo, declaraciones y cantos de sirena, centradas en el farmacéutico, en sus necesidades y en sus limitaciones. Y en lugar de luchar por rediseñar la profesión para dar respuesta a los problemas de las personas que utilizaban medicamentos de forma crónica y a la complejidad farmacoterapéutica resultante, se optó por la dermofarmacia, una práctica cosmética para maquillar lo que se hacía y darle un barniz sanitario. O sea, a satisfacer nuestras propias necesidades y las de nadie más, como si solo nosotros existiéramos en el mundo.

Dicho en román paladino, como profesión pasamos de hacer el amor a masturbarnos. A título personal no hay nada que objetar si preferimos el onanismo a un buen polvo compartido. Pero cuando se trata de una profesión, construida como todas para resolver los problemas de los ciudadanos, sí que importa más. Mucho más, diría yo, porque una profesión no se construye hacia uno mismo sino hacia los demás, su misión es salvar, no sobrevivir a toda costa sin cambiar.

Como resultado añadido, el crítico y contestatario mundo de los farmacéuticos que soñábamos con cambiar la profesión fue inactivado, fagocitado por las estructuras de poder profesional, con una inestimable ayuda desde dentro de nuestro propio movimiento. ¿Se acuerdan de Viriato? Pues eso, aunque aquí Roma sí que pagó a traidores, o al menos dejó que ellos y ellas cobraran su parte. Y el problema es que matar a los mensajeros no acaban con el problema. Como todas las guerras civiles, esta microguerra civil no sirvió para nada, salvo condenarnos al pajilleo.

Por tanto, desde hace dieciocho años continuamos tocándonos donde no debemos, y dedicándonos a nuestras fantasías, porque un buen onanista ha de ser muy fantasioso. Y nos imaginamos el erótico mundo de los SPD, de las dispensaciones activas y cruzadas , e incluso las excitantes indicaciones y la llamada farmacia de servicios―  lo cual es realmente muy aconsejable , porque es muy importante que haya buenos servicios cerca de un onanista compulsivo― y toda una serie de apasionantes ocurrencias que al final siempre acababan en un acto, quizás placentero para nosotros, pero absolutamente estéril para la sociedad.

Ahora, dieciocho años después, el mundo del medicamento se ha hecho mucho más complejo. Infinitamente más, diría yo, porque la medicalización de la sociedad alcanza cotas insospechadas y ya no se trata únicamente de que los medicamentos ni alcancen las metas terapéuticas deseadas, sino que hay que discutir si son necesarias esas metas y esos medicamentos. Porque el medicamento está virando, y cada vez se aleja más de ser un instrumento para dar salud para convertirse en uno de dominación de la sociedad. ¿O no es cierto que desde la eclosión de los antidepresivos ya no hay revoluciones?

Dieciocho años después de aquel documento es más necesario que nunca un profesional que colabore en la disminución de la morbi- mortalidad asociada a medicamentos, un profesional que atienda su complejidad farmacológica y social, que sea el defensor de los ciudadanos en esta materia, con una retribución económica independiente a su comercialización. Un profesional tan alejado del que hay que resulta impensable que pueda surgir del que existe, por lo que tendrá que emerger como algo nuevo. No se cabreen, sigan tocándose.

LA ESPAÑA INSACIABLE

Está de moda hablar de la España vaciada. Nos damos cuenta de que Teruel existe, como Palencia, Soria o Badajoz, como Orense, Cuenca o Jaén. Sin embargo, nada se habla de esa España zampabollos, insaciable y voraz que también existe y ha existido siempre. Sí, pongamos que hablo de Madrid, de la Corte que todo lo fagocita, lo succiona. De la metrópoli que atrae las mejores cabezas y las más osadas del estado, a la par que convierte al resto del país en un páramo, deshabitado de personas o en estado de indigencia intelectual, según los casos, y a sus convecinos en una máquina de correr y competir huyendo del fracaso.

La España anoréxica también tiene que ver con la bulímica, y si queremos que España sea algo más que Madrid habrá que poner a la capital a régimen. Porque en caso contrario no quedará más remedio que convertir al estado en un Donut. Bajo en calorías, por favor.

MENSAJES EN UNA BOTELLA

Hoy primero de enero toca revisar el bote de cristal, un bote que en su día alojó tomate frito y hoy, dos años después, lo que contiene es pequeños trozos de papel en los que he anotado los grandes momentos que he vivido durante el año 2019. No todos están, porque no soy lo constante que quisiera, pero eso también me ayuda a reconocer mis limitaciones. La primera cura de humildad, el primer día del año, qué maravilla.

El primer apunte que hice fue la llamada telefónica de Joaquín Ronda, farmacéutico de hospital alicantino, casi nonagenario, para felicitarme, como todos los años desde que nos conocimos, por mi onomástica. Esto anoté: caminaba por la Puerta de Jerez de Sevilla camino de casa de mi madre y me emocionaron sus palabras, y también su despedida de “Hasta siempre”. Me pregunté si sería una premonición, pero hoy he comprobado que no, porque he sido el primero de la lista de sus Manueles para felicitar.

El 7 de enero volví a ver Love actually en familia, como todos estos últimos años. En esta ocasión no se inundó la casa como el año anterior, pero lloré una vez más. Más allá de la calidad de una película, me emociona la gente que no se rinde y no pierde la esperanza. Verla me da fuerzas, soy así de simple.

La tarde del 19 de febrero disfruté en casa de una conversación inolvidable con María Emilia, una persona esencial en mi vida hoy, a pesar de que ahora la tengo a casi diez mil kilómetros de distancia. Uruguay me abraza, me atrapa, me envuelve y mucha culpa de ello la tiene María Emilia, con la que repetí, junto a Salva y Marisa, en el bar de Ramón, otra cena irrepetible como la del año anterior. Definitivamente, para nosotros cuatro la palabra irrepetible debería estar fuera del diccionario, porque cada vez que nos hemos juntado, solos o con compañía, con Ramón o sin él, hemos disfrutado de momentos inolvidables.

Marzo fue para mí, Uruguay. Mi primer destino internacional como escritor, tras haber pateado América Latina durante casi veinte años como farmacéutico. Tres semanas maravillosas junto a Vero, Silvia y María Clara, que fueron una dura prueba profesional y emocional que hoy es una realidad de amor y trabajo bien hecho. Uno de los momentos vitales que marcan a fuego.

Apretadas Cabemos deben tener su lugar especial en esta entrada. Elena, María, Martha y yo juntos en un taxi, apretados, tejiendo unos lazos extraordinarios. Ellas me han devuelto la ilusión por no rendirme en mi profesión, y con ellas he aprendido a que no hay metas sino caminos que recorrer.

Como también que en esos caminos puedes reencontrarte con personas como Djenane. El 1 de octubre en Cádiz entendí gracias a ella que nunca había cambiado de camino, sino que es el paisaje el que a veces lo hace diferente. Otro día para no olvidar.

No puedo dejar a un lado la experiencia teatral junto a las sirenas Ana y Lucía con mujeres emigrantes africanas en la Factoría Cultural del Polígono Sur. No pudo tener continuidad, pero nos dio mucho. Y quién sabe si este año gira de forma inesperada y nos vuelve a colocar en la casilla de salida. Las noches con todas las Sirenas, en el restaurante peruano y en nuestra sede central, La Pastora, son momentos muy especiales siempre. Un grupo que nunca falla.

Como tampoco puedo olvidarme del grupo del Pasiego ni de los concursos literarios tan divertidos que organizamos junto a Eduardo, Nuria y Ana en los que escribo en chino andalusí.  Unas risas geniales a las que Sete les está dando un punto omega-3 delicioso de lo más saludable.

Y qué decir de los besos de muchos despertares, del viaje a Colombia de Ignacio, de los abrazos y del placer de leer con Coke arremolinado entre mis piernas. Sí, 2019, ha sido también un año precioso. Ojalá que en 2020 tenga que pensar en conseguir un bote aún más grande.

LA RUTA DE LA FELICIDAD

Autobús urbano recorre su ruta durante la mañana del 1 de enero

Un estado es una estructura artificial y cambiante a lo largo de la Historia, creada por el ser humano para dar respuesta a su necesidad animal de vivir en manada. Un estado no es nada sin sus miembros. Es el bien de los miembros de la manada su finalidad y su sentido, no al revés, y si no es capaz de beneficiar a todos sus integrantes para que puedan ofrecer lo mejor de ellos mismos a la comunidad, solo puede haber dos soluciones, o mejorar su gestión o cambiar de estado.

Para dar lo mejor a los individuos que forman parte y le dan sentido, un estado debe garantizarles unos derechos y vigilar que se cumplan, y para ello ha de gozar de una estructura con capacidad de hacerlo y que esté en continua revisión por parte de los ciudadanos para prevenir, detectar y resolver sus fallos. Un estado es, en definitiva, el alma colectiva de sus miembros y siempre debe estar atenta a que sus elementos más frágiles encuentren el amparo del resto de la manada.

Estos pensamientos me vinieron a la mente a primera hora de la mañana del primer día de enero mientras hacía la foto que ilustra la entrada, la de un autobús público casi vacío recorriendo su ruta en medio de una ciudad desierta. No es despilfarro; es servicio al que menos puede. Al más débil de la cadena. Y no avanzaremos como sociedad hasta esto lo defendamos con uñas y dientes, como si nos fuera la vida en ello. Esta es la única ruta posible hacia la felicidad.

LECTURAS 2019

Tres muertos. Nacido en 2019

Un poco de todo en mis lecturas de 2019. Algunas relecturas, más poesía, y la dificultad de dedicar más tiempo cuando es año de publicar. También ha habido revisión de manuscritos de colegas amantes del sadomasoquismo literario. ¿Será porque mal de muchos, consuelo de tontos?

  1. La responsabilidad del escritor, de Jean-Paul Sartre (Centells. José J. de Olañeta, Editor).
  2. Antropoceno, de Antonio Aguilera Nieves (Utopía).
  3. La huella de las ausencias. Un relato sobre Walada, de Miriam Palma Ceballos (Maclein y Parker).
  4. Andar sin ruido, de Carlos Frontera (Páginas de Espuma).
  5. La máquina de pensar en Gladys, de Mario Levrero (Criatura Editora).
  6. Los últimos caminos de Antonio Machado, de Ian Gibson (Espasa).
  7. 14 de julio, de Éric Vuillard (Tusquets Editores).
  8. La vida amorosa de Telonius Monk y otras historias mínimas, de Pablo Silva Olazábal (Ed. Yaugurú).
  9. La balada de Johnny Sosa, de Mario Delgado Aparaín (Seix Barral).
  10. También vivir precisa de epitafio, de Javier Sánchez Menéndez (Chamán Ediciones).
  11. Voces de La Vera, de Juan Vega (Editorial Comba).
  12. Confesión, de Lev Tolstói (Acantilado).
  13. Maleza, de Daniel Ruiz García (Tusquets Editores).
  14. Versiones ejemplares, de Eduardo Cruz Acillona (Editorial Enkuadres).
  15. El corazón de oro y otros relatos, de Javier Salvago (Ediciones de la Isla de Siltolá).
  16. Antonio Machado. Biblioteca Fundamental de Nuestro Tiempo. Antología de Jorge Campos (Alianza Editorial).
  17.  Voces humanas, de Penelope Fitzgerald (Impedimenta).
  18. Calle de los noctámbulos, de Anabel Caride (Anantes).
  19. Sortilegio, de María Zaragoza (Minotauro).
  20. Fugaces, de Sara Portillo (Seleer).
  21. Cuaderno de San Lorenzo, de Francisco Gallardo (Algaida).
  22. El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa (Seix Barral).
  23. Un sol inocente, de José Daniel M. Serrallé (Renacimiento).
  24. La biblioteca del agua, de Clara Obligado (Páginas de Espuma).
  25. Curva, de Aurora Delgado (Sloper).
  26. Tus pasos en la escalera, de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral).
  27. Diorama de un ojo de cristal, de Gregorio Verdugo (manuscrito).
  28. Lluvia fina, de Luis Landero (Tusquets editores).
  29. La mujer de Lot, de Isaac Páez (manuscrito).
  30. Apología de Sócrates, de Platón (Espasa- Calpe, colección Austral).
  31. Critón o el deber ciudadano, de Platón (Espasa- Calpe, colección Austral).
  32. El sonido del caracol salvaje al comer, de Elisabeth Tova Bailey (Capitán Swing).
  33. Cartas de España, de José María Blanco White (Fundación José Manuel Lara).
  34. Mis mundos menores, de Ignacio Colón Torrent (Ed. Ruser).
  35. Un hombre soltero, de Christopher Isherwood (Acantilado).
  36. Pájaros que se quedan. Otoño en Pensilvania, de Eduardo Jordá (RBA Libros).
  37. El potro salvaje y otros cuentos, de Horacio Quiroga (Anaya, Biblioteca de El Sol).
  38. Canto a mí mismo, de Walt Withman (Akal).
  39. Rialto, 11, de Belén Rubiano (Los libros del asteroide).
  40. El farmacéutico de Auschwitz, de Patricia Posner (Ed. Crítica).
  41. Áyax, de Sófocles (Signatura ediciones).
  42.  Amor doncella cierva, de Mónica Collado Cañas (Limbo Errante).
  43. El decapitado de Ashton, de Iván Onia Valero (Siltolá).
  44. Magallanes. El hombre y su gesta, de Stefan Zweig (Capitán Swing).
  45. Carta abierta a un españolito que viene al mundo, de Manuel Ferrand (Ediciones 99).
  46. Poesía, de Pablo Neruda (Unidad Editorial, Las poesías del verano).

EL VÉRTIGO DE DETENERSE

Correr, correr, correr…

Uno de los grandes miedos de nuestra sociedad es a detenerse. Parece como si en lugar de caminar por calles, paseos o avenidas, lo hiciésemos sobre un colosal tapiz rodante que amenazara con derribarnos si nos detuviéramos. Vivimos en la sociedad de la prisa, por llegar a donde nadie nos espera para ser fieles a una cita con nadie. Hemos perdido la serenidad y el silencio, hemos entregado el sentido de nuestra existencia a un otro que carece de nombre o corporeidad y que nos exige correr siempre, como un Sísifo de las llanuras.

Recorremos distancias físicas y mentales que nos llevan al País de la Nada, y por eso cada día nos sentimos más vacíos y angustiados por esa Nada, que apenas es una sombra de nosotros mismos a la que ni siquiera vemos. Y para sobreponernos, nuestra única respuesta es correr más y más cada día, para perseguir esa Nada con la que tenemos más semejanzas porque poco a poco nos consume, nos vacía, hasta desvanecernos por completo convertidos en espectros errantes, condenados a arrastrar la cadena de una existencia que se ha transformado en una losa imposible de sobrellevar.

Olvidamos que es el tiempo, la gozosa consciencia del momento, el que posibilita nuestra felicidad. No es la distancia recorrida, ni las conquistas obtenidas, las que la marcarán sino gozar de la oportunidad de paladear cada instante de nuestra existencia.

Detengámonos en los semáforos, dejémonos maravillar por todo lo que podemos ver. Cada segundo es una oportunidad para la felicidad. Basta con pararse y abrir los ojos. Y permitir que nuestra naturaleza actúe. La vista es un órgano externo; la mirada nace desde dentro.

MACHU PICCHU

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― Lo veo muy agobiado, ¿aún no ha conseguido una mujer para que atienda a su madre?

― Qué va, aún no.

― Qué raro, ¿no? Que yo sepa hay muchas mujeres que se ofrecen para cuidar ancianos.

― Pero yo la quiero española. No quiero una machupichu de esas. Y está difícil.

― Claro, es que no hay.

― Sí, sí que hay. Ayer hablé con una, pero me pidió casi mil euros, unas horas diarias de descanso, día y medio a la semana sin trabajar… ¡Parecía de Comisiones Obreras!

― Le habrá pedido lo que marca el convenio, ¿no?

― Sí.

Un rictus de desesperación marcaba su semblante cuando se marchó. Me llamó la atención que hoy no llevara una pulsera verde con adornos rojigualdas como últimamente.

La habrá echado a lavar― pensé―. Esas pulseras se ensucian fácilmente.

GENTRIFICACIÓN

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ELLOS REGRESARON

Primero echaron a los gitanos,

pero como no lo era, no me importó.

Luego desalojaron casas de vecinos

y barrios enteros, pobres y demasiado céntricos.

Pero yo no vivía allí, y tampoco me importó.

Y no solo no me importó.

Compré, vendí, gané,

a costa de ellos,

de los que echaron.

¿O echamos?

Ahora es mi vecino el que se ha ido,

y los nuevos inquilinos cantan y bailan

cada madrugada.

Y los nuevos son otros nuevos, mañana,

y pasado mañana.

Y gritan, y vomitan,

y arrastran sus trolleys sobre mi cerebro,

cada madrugada.

Ahora soy yo el que arrastra las maletas,

No tengo avión que me espere

ni nadie para ignorarme.

Andan ciertos plumillas escandalizados por la invasión de turistas de nuestra ciudad. Han aprendido a decir gentrificación sin que se les trabe la lengua. Incluso alguno, preso de un ignorante adanismo, perdonen la reiteración de sinónimos, hablan de que todo empezó con los gitanos de Triana, fenómeno poco estudiado, dicen, cuando hay libros y tesis doctorales, trabajos de antropología realizados que, como antes se las refanfinflaba el tema, habían ignorado.

Ahora se cruzan en el ascensor con individuos en pantalón corto y poco depilados a quienes no conocen y los escuchan cada madrugada beberse el mundo a mayor gloria de Ryanair. Ahora sí tenemos un problema. Antes, no, cuando se expulsaron a los pobres, gitanos de Triana y payos de la Macarena o San Bernardo, de su adorado centro para tener una ciudad entera, su casco histórico, pero para ellos, la ciudad, para mirarse el ombligo sin miedo, antes, repito, no existía problema. Fue entonces cuando se crearon guetos, la banlieau sevillana que tanta fama nos da y que existe en tantas ciudades. Gentrificación camino de la desculturización y la marginalidad, terreno abonado para la delincuencia.

Ahora son ellos los que caminan hacia la marginalidad, ahora son ellos los que tendrán que irse a los bloques de extramuros mientras sus jefes continúan arreglando apartamentos para turistas tatuados. Y en sus casas acabarán follando los y las de las despedidas de solteros y solteras del mundo mundial, que dejarán caer sus orejitas de conejo o sus monteras toreriles, la ropa interior del color de la vergüenza, sus fluidos seminales y estomacales sobre el suelo por el que un día arrastraron sus zapatillas.

Gentrificación, sí; del inglés gentrification. Tan antiguo como la avaricia. La que rompió el saco. En el que muchos ocultaron su cabeza para no ver nada. Pero ahora el saco está roto y se ve todo. Todo, todo, todo. En un par de generaciones, ya tendréis un piso donde cultivar marihuana. Al tiempo.

La foto está tomada del blog de José Fariña: https://elblogdefarina.blogspot.com/2018/03/gentrificacion-y-gentrificaciones.html

CÓMO ADQUIRIR “TRES MUERTOS” FUERA DE ESPAÑA

A continuación os cuento cómo poder conseguir mi última novela fuera de España. Muchos habéis sido los que me habéis preguntado, en especial en el continente americano, así que aquí va la explicación.

Antes que nada, los datos del libro:

Título: Tres muertos.

Autor: Manuel Machuca.

Editorial: Ediciones La isla de Siltolá.

ISBN: 978-84-17352-42-4

Ediciones La Isla de Siltolá, editora de Tres muertos, tiene dos distribuidoras internacionales para sus libros:

LA PANOPLIA EXPORT

Dirección web: www.panoplialibros.com

Pedidos: pedidos@panopliadelibros.com

CENTRO DE EXPORTACIÓN DE LIBROS ESPAÑOLES (CELESA)

Dirección web: www.celesa.com

Pedidos: celesa@celesa.com

La solicitud del libro puede realizarse de dos formas:

  1. A través de vuestra librería de confianza.

Esta es la forma que personalmente más me agrada, ya que creo que las librerías son una pieza fundamental en el sector de los libros. Cuando vayáis a encargarlo, decid a vuestro librero, además del título, autor, editorial, e ISBN si queréis, que lo encargue a cualquiera de las dos distribuidoras que se lo podrían facilitar. Vuestra librería os dirá cuándo estará disponible.

  • Directamente a través de la distribuidora.

Podéis dirigiros directamente a las distribuidoras a través de sus direcciones web o de correo electrónico para que os lo envíen.

Espero que esta entrada os aclare la forma de encargarlo. Solo me resta agradeceros a los que lo solicitéis y que me enviéis vuestros comentarios sobre su lectura al Rincón de los lectores de mi página www.tresmuertos.es

¡Gracias y buenas lecturas!

EN EL TIRO DE LÍNEA, CLARO QUE SÍ

Quien haya venido a las presentaciones de mis libros, sabe que son diferentes, pero que tienen un sentido. Tan solo la primera, la de Aquel viernes de julio, tuvo, por así decirlo, un formato clásico, aunque con la suerte de que me acompañase una mujer como Concha Caballero, a la que echamos tanto de menos en momentos políticos como este.

Cuando presenté El guacamayo rojo, que contaba la historia de tres generaciones de emigrantes andaluces en Brasil, lo pude hacer junto a escritores y profesores de literatura emigrantes, que saben del desarraigo, y con Vicky Luna e Ismael Rodríguez, el gran dúo Chez Luna, que con tanta generosidad inundó aquella noche lluviosa de notas de samba y bossa nova.

He tenido mucha suerte en las presentaciones. Por tantas personas que acudieron a mis llamadas y también por todos los que me dijeron sí a compartir conmigo aquellos días: Concha, Raquel Campuzano, Alejandro Mejías, Rocío Muñoz, John Julius Reel, Ismael, Vicky… como después la tuve con Anabel Caride, Antonio Ortega o Mar González, la Fundación Alalá, el grupo de teatro No nos duele na y los Poetas Sureños cuando se presentó Tres mil viajes al sur en San Bernardo, un lugar especial en el que sus habitantes fueron de las primeras víctimas de la gentrificación, ese mal moderno que arrasa los barrios tradicionales de las ciudades.

Esta vez, para la cuarta novela, nos iremos al Mercado del Tiro de Línea, a la plaza de abastos del barrio en el que nací y del que me fui muy pronto, a los dos años, cuando la casa de mi abuela pasó a ser la de mis tíos. Es en este barrio en el que se desarrolla buena parte de la historia que cuenta Tres muertos, y por eso, la intención de presentarla en un espacio emblemático del barrio.

Y nuevamente la generosidad, la de los placeros, encabezados por su presidente Paco Ávila y por Manolo Rodríguez, que han puesto todas las facilidades posibles y casi imposibles para que la presentación tenga lugar y sea un éxito. Un mercado implicado en lo cultural y en lo social. En lo cultural, porque celebran actividades de todo tipo, como lecturas del Quijote, y porque tienen un espacio para lectura e intercambio de libros; y en lo social, porque dispone de un frigorífico solidario para alimentar a personas de bajos recursos de forma gratuita. Lo dicho, este mercado es un sostén del barrio, que alimenta el estómago y el alma de los necesitados.

A pesar de su título, Tres muertos es un libro con mucha vida, con la vida que resiste tras el dolor, tras la muerte, y qué mejor que presentarlo en un espacio que es vida de barrios como el Tiro de Línea, alejados de rutas turísticas pero que, sin embargo, albergan la esencia más pura de la ciudad. Y allí se presentará, entre puestos de flores, de carnes y pescados, de ultramarinos; alma y vida.

Y nuevamente gracias a quienes me van a acompañar esta vez: a Eduardo y a Ana, a Lola, a Elena e Isaac, a Amparo y a las canciones de mi vida; a todos los que deseéis acercaros a compartir esta noche tan especial.

Y no voy a terminar sin acordarme y agradecer a una persona esencial para mí desde que ambos nos desviamos de la autopista de nuestra carrera universitaria para adentrarnos en carreteras secundarias, sin duda las más bellas y luminosas: Lourdes Ramírez Mota, mi amiga, mi compañera de camino artístico, siempre generosa cada vez que la necesito, y a la que solo le puedo achacar el defecto de que hace tiempo que me debe un cartel que nunca me da. Pero es tanto lo recibido, tanto lo que me ha dado, que esta vez será la última que se lo recordaré.

Os espero el viernes 17 de mayo, una noche de voces, de baile y de vida. De mucha vida. Y no os olvidéis de que hay una lista de Spotify denominada Tres muertos, la banda sonora de esta historia.