DESMEDICALIZAR


 

El ser humano siempre ha buscado mejorar su salud. En la antigüedad, la enfermedad se relacionaba con el mal, con endemonio y los malos espíritus en las diferentes culturas, de ahí que hayan tenido siempre los medicamentos un altísimo valor para las personas y una significación mágica.

Durante el siglo XX, la esperanza de vida del ser humano se ha doblado. Ha sido una experiencia con un impacto brutal, porque apenas en este siglo, después de millones de años en la Tierra, hemos pensado como especie en el destino  de nuestra vida. Aspectos que hoy valoramos de forma tan importante como la felicidad, el sentirse realizado y con una vida plena, son muy nuevos para nosotros, y no hemos aprendido bien a manejarlos.

El aumento de la esperanza de vida se ha producido gracias a la lucha exitosa contra muchas enfermedades agudas, gracias a la potabilización de las aguas, el invento de sistemas reconservación de alimentos como el frigorífico, o el descubrimiento de los antibióticos.

Mientras tanto, algunas farmacias aprovechan los avances tecnológicos químicos e productivos del momento y se especializan, dando lugar a la industria farmacéutica, que abarata costes de fabricación y orienta sus ganancias a descubrir y fabricar nuevos medicamentos. De esta forma, la segunda mitad del siglo XX ha sido la de la gran eclosión de la industria farmacéutica, que ha desarrollado una enorme cantidad de medicamentos, en una época en la que la Declaración de los Derechos Humanos que aparece tras la II Guerra Mundial,  asume el derecho a la salud de los pueblos, y comienzan a desarrollarse los sistemas públicos de salud en Europa. Esto contribuye a la gran expansión de la industria de medicamentos, porque pasa a tener como gran cliente a los estados, con lo que eso significa en cuanto a asegurar la venta de medicamentos desde un punto de vista económico y político.

Sin embargo, pocos medicamentos curan, y ninguno garantiza que tras un diagnóstico y un pronóstico médico impecable, y una dispensación, educación y utilización perfecta, se dé u resultado positivo sobre la salud. Salvo los antiinfeccioso, y algunos antitumorales, y estos después de haber amputado la zona afectada por el tumor, ninguno cura. Los medicamentos han conseguido abordar indicadores que previenen la aparición de enfermedades agudas o enlentecen el proceso que va desde el diagnóstico de una enfermedad hasta la muerte (caso de antihipertensivos o medicamentos para el colesterol para evitar infartos).

Al no curar, los medicamentos conviven con las personas durante todo el resto de su vida. Los medicamentos actúan, por tanto, como preventivos de enfermedades agudas, y han ocupado en realidad el espacio de la modificación de estilos de vida que antes eran tan importantes. Y no solo eso, han permitido no tener preocupación por tener buenos hábitos, porque los medicamentos permiten en teoría evitar la enfermedad, de forma rápida y sin esfuerzo, de una forma coherente al ritmo de vida que ha impuesto en la sociedad el capitalismo desmedido, que también influye en los profesionales de la salud, que tienen menos tiempo para atender a los pacientes, con lo que es más fácil prescribir uno.

Sin embargo, los medicamentos están provocando daño, como consecuencia de esa escasa garantía del efecto terapéutico beneficioso, y de la complejidad farmacológica de los pacientes polimedicados. No se realiza una evaluación farmacoterapéutica conjunta, sino que se van tratando los problemas conforme aparecen. La falta de efectividad de los medicamentos, los eventos adversos, el incumplimiento debido a la prisa y escasa información al paciente, obligan luego a utilizar recursos terapéuticos más costosos y también sociales, derivados de bajas laborales, jubilaciones anticipadas por enfermedad, etc. Desde hace muchos años se sabe que por cada euro que se gasta en medicamentos, se tiene que gastar luego más de dos en resolver el daño que producen. Por citar el ejemplo de España, si en 2010 en atención primaria se gastaron 12 mil millones de euros en medicamentos, es más que probable que no menos de 24 mil millones se hayan tenido que emplear en paliar los daños de la farmacoterapia. Esto supone un desperdicio de dinero increíble que en gran parte podría ser evitado, realizando una atención más humana y multidisciplinar, centrada en las personas: en los pacientes y en los profesionales, en lugar de en los recursos técnicos. Con ese dinero que cada año se viene tirando a la basura, se podrían atender a los pacientes con más profesionales, integrando no solo a médicos, sino a más agentes sanitarios. Los farmacéuticos por ejemplo, en lugar de recibir honorarios por generar un sobreprecio en los medicamentos, podrían implicarse en la resolución de los problemas de la farmacoterapia, como vienen haciendo en varios países ya, demostrando su efectividad. Otras profesiones deben compartir también la atención al paciente, porque ya la parte clínica es solo una parte del abordaje. Centrarse en las personas es desmedicalizar lo que no debe medicalizarse, y es utilizar el medicamento como recurso y no como obligación.

 

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2 comentarios en “DESMEDICALIZAR

  1. Hola Manolo, acobo de descubrir tu Blog.

    Tu Trabajo DESMEDICALIZAR, me parece una Maravilla.

    Te envio un Fuerte Abrazo, pepe carmona davila.

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