POR NO EJERCER LA ATENCIÓN FARMACÉUTICA TE SACARÁN LAS MUELAS


Manuel, por ponerle un nombre diferente del que sus padres le dieron y proteger su intimidad, es un paciente esquizofrénico que acude a nuestra farmacia desde hace años. Vive solo y su historia con la enfermedad surge tras una relación matrimonial tormentosa con su ex mujer, a la que un mal día agredió cuando apareció la enfermedad con la que convive desde que su familia le abandonó.

A pesar de su historia pasada, Manuel es un hombre pacífico. Es obvio que la medicación que tiene colabora mucho en ello, y sus obsesiones, repeticiones y manera de ser hacen que todo el que lo trata, y no me refiero a lo terapéutico, quiera salir del paso cuanto antes y quitárselo de encima. Por eso, cuando en pleno invierno nos contaba que tenía siempre mucho frío, que en su casa estaba helado y no paraba de dar tiritones, con la mandíbula rígida por el frío, imaginábamos, al menos yo, esa casa de hombre descuidado, por hombre y por esquizofrénico, con algún cristal roto, o ventanas abiertas o cualquier cosa que pudiera culpabilizarlo, a él o a la nueva compañera que sustituyó a su esposa, que se llama Esquizofrenia.

La mandíbula le dolía mucho, la dentadura estaba muy rígida y se le clavaban los dientes, su presión arterial y frecuencia de pulso se disparaban — “Esos son tus nervios, Manuel, que no te dejan tranquilo” — y su médico de familia lo derivó a Odontología, donde le estaban sacando las piezas dentales poco a poco.

Un buen día, a raíz de otro caso interesante, se me encendió la bombilla, y pensé que su medicación podía explicar muchas cosas. Lo comenté con el equipo que me acompaña ahora en este valle de lágrimas profesionales que atiende por Atención Farmacéutica, con el estudiante colombiano Luis y la profesora brasileña Patricia, y nos pusimos a estudiar lo que le estaba pasando. Después de mucho estudio y discusión, encontramos que la mirtazapina que tomaba estaba a dosis máximas, y que podría estar causando un síndrome serotonérgico, que se estaba manifestando con bruxismo, rigidez mandibular, taquicardia e hipertensión. Aprovechamos la visita que tenía a su psiquiatra para enviar un informe, que fue muy bien venido, y se sustituyó su medicación antipsicótica por mianserina, y se aumentó la dosis de alprazolam de liberación retardada a nueve miligramos diarios, para desintoxicar de serotonina.

Hoy Manuel tiene la presión arterial controlada, su frecuencia de pulso razonable, ha desaparecido el bruxismo, la rigidez mandibular y, en los días más duros del invierno, su frío.

Lo que no han vuelto, y ya no volverán, son las muelas de Manuel. Si todos los que estamos involucrados en el cuidado de Manuel, hubiésemos estado más atentos a su problema, sin arrojarle nuestros prejuicios, Manuel tendría su dentadura indemne. Pero no ha sido así. Manuel está sin muelas (alguna queda, no obstante) y yo acabo de enviar una tarjeta amarilla a Farmacovigilancia, y probablemente redactaré un artículo científico con su caso, que engordará mi prestigio profesional y quizás mi vanidad. Eso sí, nadie me sacará las muelas por no haber actuado antes.

Reflexionando sobre este caso, pensé en la profesión farmacéutica que da la espalda a esta nueva práctica profesional en todos sus estamentos, desde el docente al investigador, pasando por la práctica ausencia de una práctica real relevante. A nosotros también nos sacarán las muelas como colectivo, y nos quedaremos para sopitas y comida bien batida, porque envejecimos como profesión y no supimos rejuvenecerla con nuevos impulsos.

Pero también a la atención sanitaria pública, que está sorda y ciega a los profesionales que aportan nuevas prácticas para beneficio de la población y de las arcas públicas, que está llena de prejuicios ante lo que no venga de los médicos y su medicina obsoleta y medicalizada, también a ella le están sacando las muelas. Y el dinero, porque su avejentamiento y pérdida de norte lo aprovechan algunos para sacarle el dinero de la cartilla.

Una pena para todos, salvo para los protésicos dentales de toda índole que se llenan los bolsillos en tiempos de crisis, por la cobardía de todos.

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Un comentario en “POR NO EJERCER LA ATENCIÓN FARMACÉUTICA TE SACARÁN LAS MUELAS

  1. Genial artículo, la ceguera profesional y la falta de actitud nos llevará a la tumba, personas como usted necesitamos en los servicios farmacéuticos

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