LAS NUEVAS DICTADURAS


Cuando escribo esto, el país está sometido a una crisis de valores, que ha producido una crisis financiera, que ha provocado una crisis económica, a la que, además, se le está buscando una solución en el mercado. Hoy me levanté con las declaraciones de un alto directivo de un banco que pedía precisamente eso, someter a la regulación del mercado a la economía para salir dela crisis. Comoponer al zorro al cuidado de las gallinas. Y lo dice sin despeinarse, sin que nadie le tosa. O mejor dicho, sin que los que puedan argumentarle contra sus asertos tengan altavoz para sus opiniones.

Porque ya no es necesario dar un golpe de estado para hacer una dictadura, ya no es preciso buscar a un militar vanidoso y autoritario para conseguir los objetivos. Basta con someter a la regulación del mercado, para ahogar la voz de los más débiles o de los que piensan diferente.

Recuerdo no hace mucho tiempo las manifestaciones de Serrat en su recogida del premio “El ojo crítico”, defendiendo una educación pública, una salud pública — hasta ahí mucha gente de acuerdo, aunque da miedo pensar lo que para unos y otros sean una educación o una salud públicas — y unos medios de comunicación públicos, para sorpresa de muchos.

 Desde hace mucho tiempo se persigue la idea de la destrucción de las    cadenas públicas de comunicación. Defenderlas es nuestra última oportunidad para defender la libertad de expresión, porque esta se perderá el día en el que solo tengamos a los grupos de comunicación que — todos — solo permiten expresar aquello que sirve a sus intereses.

Es cierto que nuestra falta de cultura, que nos lleva a una ausencia de criterio, y a que sea muy fácil influir sobre nuestra capacidad de decidir en el ámbito público, nos ha traído por ejemplo, unas cadenas de televisión autonómicas por lo general zafias, catetas y vulgares. Pero por eso no hay que cargárselas, porque estas y las estatales suponen nuestra última oportunidad de garantizar la libertad de expresión. No todo se arregla derribando; también es posible reformar.

En las pasadas elecciones, hemos dado nuestro voto mayoritario a una opción política para la que los problemas de este país derivados de la peor cara del capitalismo, la del mercadeo del humo — vulgo, especulación —, la resolvamos con más y más mercado. O la inteligencia de los votantes españoles es la que es subprime, o es para tentarse la ropa la capacidad manipuladora de los medios de comunicación, como brazo alargado de ese capitalismo invisible, que se esconde en las cloacas de los fondos de inversión.

Defendamos lo público como valor dela comunidad. Comoúltimo baluarte de nuestra soberanía y verdadera libertad.

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