A TRES EUROS LA UNIDAD


La implantación de servicios de Atención Farmacéutica en España ha sido hasta ahora, un fracaso. Reconocerlo no debe hacer sentirnos mal, sino que nos debe convencer es de que lo que hay que hacer, es cambiar de estrategia.

Analicemos la que ha sido hasta ahora la estrategia que se ha desarrollado, en mi opinión:

  1. Política de implantación: inexistente, o cuando menos, absolutamente irreal. Se ha limitado a apelar, no a la voluntad de farmacéuticos comunitarios, sino a su mala conciencia para conseguir que algo tan complejo y de tan elevada responsabilidad sea la salvación de un sistema de acceso a medicamentos obsoleto. Como consecuencia de esto, la implantación de la Atención farmacéutica en España se parece a un desierto, y los lugares donde se ejerce son como cactus de ese desierto (por lo que pinchan y molestan a quienes forman parte de esa duna infinita y estéril que es la profesión).
  2. Política de formación: inexistente, o cuando menos, absolutamente irreal (bis). Aquí ha enseñado a hacer Atención Farmacéutica cualquiera que tuviera un power point sobre algo que se le pareciera. Se ha llamado Atención Farmacéutica al horario de apertura de farmacias, a actividades como la dispensación de medicamentos (la dispensación activa es la nueva denominación de la venta cruzada de marketing), el fomento del cumplimiento terapéutico de lo prescrito por otros (aunque fuese una barbaridad). Cualquier curso que no llevase  (o lleve) al principio de su denominación las dos palabras otrora mágicas y hoy cansinas, de Atención Farmacéutica, no servía para nada. Aunque fuese Atención Farmacéutica en Veterinaria, para poner pendientes o aretes (recuerdo cómo el presidente dela Sociedad Brasileñade Farmacia Comunitaria defendía con orgullo, el logro de haber conseguido la exclusividad para los farmacéuticos de poner ese tipo de adornos). Como consecuencia,la Atención Farmacéuticaha asumido la esencia de la profesión farmacéutica, que lo mismo sirve para un roto que para un descosido, que es todo y nada a la vez, y que más que vacía de contenido, lo que está es contenida de vacío.
  3. Política (a secas): inexistente, o cuando menos, absolutamente irreal (bis, bis). Ni hacia dentro ni hacia fuera. Porque hacia fuera de la profesión nadie ha entendidola Atención Farmacéutica, y eso es prueba irrefutable de que quienes de verdad no la han entendido es quienes se han arrogado la facultad de explicar lo que era. Y hacia dentro tampoco ha ido mucho mejor. Porque se ha confundido (y cuando la confusión dura tanto hay que concluir que es intencionada) una nueva práctica profesional innovadora, que trata de disminuir la morbi- mortalidad que ocasionan los medicamentos, con una limpieza de cutis, de un cutis envejecido y reseco que precisa una transformación real, que solo tiene sentido si se basa en ofrecer respuestas necesarias a problemas reales dela sociedad. Sehan instaurado políticas de consenso, que pactan unos cuantos, por decreto, y se castiga a la hoguera del silencio a quienes disienten, difieren o simplemente no se tragan el anzuelo. Como consecuencia, nadie toma en serio a los farmacéuticos. Y peor aún, los políticos, que oyen campanas, encargan a otros profesionales algo de lo que han oído. El resultado es un pastiche al que le llaman seguimiento farmacoterapéutico, que realiza el personal de enfermería, que no resuelve nada, pero que aumenta la confusión y el desánimo, sin resolver nada.

 

A pesar de todo, la población necesita un profesional que evalúe todas las necesidades farmacoterapéuticas de los pacientes; que identifique problemas que tienen su origen en la farmacoterapia del paciente y su forma de utilizarla, o que puede resolverse con algún medicamento; y que se desarrolle planes de cuidados tendentes a resolver los problemas detectados de acuerdo a la experiencia del paciente.

A pesar de todo, no se puede poner puertas al campo y quienes tratan de silenciar la verdad, no podrán resistir el empuje de la razón.

A pesar de todo, el cambio sigue estando en las manos de los farmacéuticos. Basta con asumir y aprender de los errores para encarar el futuro. Lamerse las heridas, apretar los dientes y mirar hacia delante. Es posible convencer a políticos, profesionales de la salud y a los propios farmacéuticos de que las cosas pueden hacerse de otra manera.

Nadie nos va a echar cuenta, salvo nosotros mismos. Montar una Unidad Experimental que nos permita vislumbrar el futuro, se podría hacer en España si cada farmacia pusiese tres euros al año (veinticinco céntimos al mes). Serían más de sesenta mil euros al año para implantar un servicio, y conocer sus beneficios y diseñar un modelo docente y de prestación de servicios. Si quisiésemos implantar uno por Comunidad Autónoma, quizás hubiera que poner cuatro euros al mes (unos cincuenta euros al año).

Quizás esté llegando el momento de que la profesión agarre el toro por los cuernos y decida si quiere este futuro para sí. Si a alguien convence esta idea, que la mueva.

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