COÑO CON LA DUCHA


DUCHAQue como en casa de uno en ningún sitio, lo dice mucha gente y lo digo yo también. Eso pensé cuando a duras penas y con los pies chorreando, pude salir del cuarto de baño del hotel de Oporto en el que me hospedo. Nada qué decir de la habitación, que está muy bien, ni siquiera del cuarto de baño. Es que es verdad, que como uno se ducha en su casa, no se ducha en ningún sitio.

Para empezar, vaya con el chorro del agua. Qué fuerza. Y yo que me quejaba del de mi casa, tan fláccido, tan falto de fuerza en los momentos que la prisa demanda otra cosa. Y yo que pensaba que debían inventar un Viagra para la ducha. El chorro de la ducha en este hotel es adolescente. Tiene una potencia descomunal, es tan fino que cuando te cae con esa fuerza en el sitio que dijimos, te deja hecho una porquería, como si ya la madre naturaleza y los tacos del calendario no fueran suficiente agresión.

Pero además, el chorro de las narices, si no le das caña, se apaga, y si se la das, se encabrita, se levanta y espurrea agua por todos lados, por las toallas con las que esperaba secarme, por la alfombrilla, por todos lados. Lo he bautizado Rosa Díez, no sé por qué será.

Y después el gel de baño, aprisionado en ese envase de formas atractivas y agujero impredecible. Nada que ver con el tuyo de toda la vida, que sabes cómo va a salir y cómo lo tienes que exprimir cuando estás usando los últimos residuos y se te ha olvidado reponer. Pues sí, ha salido cual taponazo de botella de champán y a ver cómo apuro yo los restos hasta que mañana repongan de nuevo.

Después de apagar a Rosa Díez hasta nuevo aviso, he podido secarme con la toalla blanca y ligeramente húmeda. Tampoco había sido para tanto. He salido de la ducha y escuchar ese sonido de chuuuff que hacen los pies cuando se sumergen en una alfombra chorreante. Yo no sé cuál es la función del medio cristalito que te ponen, presuntamente para que no salga el agua afuera. Pero, o yo soy muy torpe, que lo soy, o eso es para nada.

Un rato después se me secaron los pies, pero no sé si voy a poder entrar de nuevo en el cuarto de baño sin volvérmelos a mojar. Ya he visto que el váter está bien bajo. Otro incordio. A ver cómo se portan los cuádriceps para hacer la fuerza necesaria cuando las urgencias aprieten. Otra cosa para echar de menos. Y dicen que el nacionalismo se cura viajando. Pues no será dentro de la habitación de un hotel.

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