SALMOREJO IS NOT SPAIN


SALMOREJOEn los últimos días mi perplejidad ante ciertos acontecimientos se ha visto aumentada cuando uno creía ya estar curado de casi cualquier espanto. Un concurso de platos típicos organizado en Sevilla tuvo la desfachatez de incluir el salmorejo dentro de la competencia, hasta que las voces que clamaban desde Córdoba lograron que el Ayuntamiento de Sevilla, organizador según creo del evento, no solo lo ha retirado, sino que además, ha pedido disculpas por tamaña intromisión. Alucino.

Atónito, noqueado como estaba, en medio de ese circular de estrellas ante mi cabeza, grogui del todo, se me venían imágenes a la cabeza. Soñaba con el pueblo británico, prohibiendo jugar al fútbol fuera de las Islas, con organizar un evento de Facebook o una manifestación de indignados en contra del catalán Miguel Poveda y su intromisión en el flamenco. Incluso hacerme apóstata de la paella valenciana, ese plato absolutamente vomitivo que únicamente debería comerse allí.

Porque el salmorejo es cordobés. Lo que se toma en la zona de Estepa, provincia de Sevilla, es otra cosa. Y, por supuesto, nada que ver con la porra antequerana, que es una copia burda malagueña. ¡Chanquetes, a tus chanquetes, y déjame el salmorejo para mí!

Mi abuela materna, oriunda de Estepa, hacía un salmorejo maravilloso. Mi madre aprendió de ella y hoy podemos seguir disfrutando de este maravilloso plato, y espero no tener que esconderme para seguir haciéndolo.

Quizás no tenga toda la información del caso. Puede que sea la gota que colma el vaso, o el tomate que colma el cazo, del centralismo invasor sevillano. Pero este exceso de ajo en la discusión me huele a aldeanismo, que no es una forma de nacionalismo, sino de complejo de inferioridad.

La cultura que  trasciende su lugar de origen y se hace universal, prueba de esta forma su importancia y hace sentirse orgullosos a los que la iniciaron. Luego adquiere matices por ese proceso de universalización, que en modo alguno supone renunciar a su esencia. No hay nada que temer, sino todo lo contrario. Es motivo de satisfacción, por lo que significa como aporte al bienestar del ser humano.

Quiero pensar que no muchos cordobeses puedan sentirse acosados en su intimidad porque el salmorejo haya traspasado sus fronteras provinciales. Puedo imaginar quiénes están detrás de este tipo de polémicas, gente que utiliza este tipo de afrentas provincianas para combatir que se propague una conciencia más profunda de pueblo andaluz. Pataletismo aldeano, sin más.

Ha sido una polémica triste, descorazonadora. Y a quienes la hayan alimentado, que con su pan (duro, para el salmorejo) se lo coman.

P.D.: Poveda, quédate con mi cara. Como te vea dando un zapateo cerca de mi barrio, te voy a jartá. Tú no sabes quién soy yo, catalino. Polaco

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