NADA QUE CELEBRAR: MUCHO QUE COMPARTIR


1492Viernes 11 de octubre de 2013. Salgo de casa y me encuentro con un antiguo remero de mi época juvenil. Lleva a su hija pequeña al colegio, que va disfrazada de monja. No digo nada, pero me cuenta que hoy en su colegio van a celebrar el día de la Hispanidad. Sonrío y callo. Para qué. No es en una esquina, a una hora apresurada, a una persona que en los últimos años vi poco y siempre tuve por una buena persona, el mejor momento para que uno vaya dándole la carga con algo a lo que quizás se haya visto obligado, o qué sé yo. La niña va a un colegio propiedad de una familia de tradición en el ámbito educativo sevillano. El hermano del dueño de este colegio se hizo famoso en un tiempo por hacer apología del nazismo en la escuela que dirigía en la zona de la Alameda de Hércules.

Continúo mi camino y observo con estupefacción los disfraces de más alumnos de este colegio: frailes, soldados con sus yelmos….¡¡¡indios!!! Banderas rojas y gualdas, multitud de niños de las manos de sus padres. Me asusta pensar que van a asimilar un concepto de patria que puede explicar muy bien la trágica historia de este país en los últimos siglos, y no solo la salvaje historia de una conquista que fue saqueo, exterminio y algunas cosas más. Me espanta este sentido patriota, como me espantan las letras de muchos himnos nacionales que hablan de guerras, de luchas, de enemigos, de cadenas. Por eso me gusta la del de Andalucía.

Mientras escribo esto un amigo ─ ¡oh, casualidades! ─ comparte en Facebook unas fotos de la fiesta que tuvieron en ese colegio. Las paso con excitación, y tras las de niños sentados en el patio, aparece la de un cura revestido con una túnica con cruces rojas. Tras él, la bandera nacional. Dios, patria y… ¿qué más? Pienso entonces que no se puede simbolizar mejor la sangre derramada en América, ni el concepto patrio nacional- católico real de este país, tan alejado del estado laico que defiende sus Constitución.

Esta historia ocurre cuando acabo de regresar de América de un periplo que comenzó el 23 de septiembre y finalizó el 9 de octubre, por tierras colombianas y brasileñas, lugares duros de conquistas de los guerreros íberos.

Para conocer historias de la conquista de Colombia recomiendo leer libros de William Ospina como “Urzúa” o “El país de la canela”. Leer cómo españoles daban de comer indios a sus perros, como castigo por no conducirles a lugares en los que podían rapiñar más, o simplemente cuando la comida faltaba, pone los vellos de punta a cualquiera y quitaría las ganas de adornar a cualquier niño con un yelmo de conquistador. Conocer la historia de los bandeirantes en Brasil, no es menos espeluznante. Los portugueses violaban indias con las que tenían hijos para la guerra. Estos mestizos, los bandeirantes, se adentraban en la selva para cazar indios y venderlos como esclavos, como hacían con los negros africanos en Salvador de Bahía, Fortaleza o en la misma Cuba, o en Cartagena de Indias a los españoles. No me quiero extender más en historias que comenzaron a partir del 12 de octubre de 1492 en el continente americano, crimen perpetrado no solo por españoles o portugueses, sino por colonos ingleses en Norteamérica, piratas holandeses, etc, financiados por la banca genovesa, alemana o francesa. Una historia que aniquiló las tradiciones y culturas autóctonas y fracturó su progreso natural.

Lamentablemente, esto no finalizó con las independencias, sino que continuó. Resulta curioso, como dice el escritor peruano Fernando Iwasaki, que los nativos americanos lucharon fundamentalmente en las fuerzas realistas en las guerras de liberación. Quizás no fuera casualidad, porque sabían lo que les iba a venir encima. Estas guerras, precursoras de las guerras civiles españolas posteriores, fueron de españoles contra españoles. Las tierras se independizaron pero los blancos continuaron dirigiendo los países y esquilmando nativos. Si hay dudas, no hay más que preguntar por los araucanos chilenos o los quilmes argentinos. O estudiar la historia de presidentes bolivianos, de alguno que cambio el Mato Groso a Brasil por un caballo blanco, o la de otro más reciente, que hablaba español con acento inglés ya que vivía en Miami. La primera experiencia que tuve de ser blanco en Bolivia fue ver a nativos bajándose de la acera para que yo pasara, en unas calles en las que no se veía ninguno porque todos iban en su vehículos de cristales tintados. No comment.

Resulta triste pensar que después de los más de trescientos años de ocupación española en doscientos no ha hubo tiempo de paliar el problema causado. Obviamente ya es imposible volver atrás, pero me pregunto si se ha hecho todo lo posible por reparar daños. Me temo que no. A pesar de que en los últimos años hay movimientos políticos interesantes, todavía es demasiado pronto como para decir que se ha progresado en ese camino de la forma necesaria. Quinientos once años después hay españoles que no se escandalizan al sacar a sus hijos a la calle con sus yelmos de juguete (espeluznante juguete) y continúan en la ignorancia de que las venas de América Latina continúan abiertas.

A pesar de todo, sin que esto pueda equilibrar el plato en la balanza de modo alguno, considero que esta tragedia tuvo aspectos que también hay que analizar. Las conquistas europeas han sido historias de saqueos en América, y también en Asia o en África. La avaricia, la locura por la riqueza sin medida, fueron el motor de estas desgracias en las que se esquilmaron riquezas naturales y se destrozó la cultura de los pueblos nativos. Sin embargo, España fundó universidades sesenta años después de llegar a La Española. San Marcos en Lima, San Carlos en Guatemala, San Francisco Xavier en Sucre…Para mal y para bien se continuó la idea de España en América. Fue como una prolongación de la Reconquista de la Península, otra historia triste de exterminio, que había finalizado en 1492 después de siete siglos. Se construyeron edificios, aunque muchos fueran destruyendo los de la cultura nativa, como en Cusco y tantos otros lugares, iglesias, ciudades. Este año se cumple, sin ir más lejos, el centenario de la fundación de la Universidad Federal de Paraná, según mis noticias la institución más antigua de Brasil, posterior a la independencia del país. Y si nos referimos a las africanas, la historia es aún peor.

La conquista española fue realizada por un pueblo inculto, pobre, hambriento que llevaba siete siglos tomando territorios y que encontró en América la forma de continuar haciendo lo mismo. La violencia como forma natural de ser y estar en el mundo, en un contexto social europeo, que continuó siendo así de alguna forma, hasta la II Guerra Mundial.

Como español, debo sentir vergüenza de lo que pasó, por mucha contextualización que se pueda realizar acerca de la conquista, pero creo que no basta con eso. América nunca ya podrá volver a ser lo que fue y más tarde continuó mudando su piel. La América de hoy no podría entenderse sin la conquista ibérica, al igual que España es también producto de invasiones romanas, bárbaras o musulmanas. Pero tampoco se puede entender América sin los movimientos migratorios de los últimos ciento veinticinco años, en los que millones de europeos fueron expulsados de sus tierras por causa de guerras o de la pobreza, y encontraron un nuevo hogar allí. América hoy también es la historia de emigrantes de todo el mundo, como italianos, españoles, portugueses y de muchos otros países de Europa o Asia. Basta ver la emigración japonesa a Brasil o china a Perú. Intentar comprender países como Argentina o Brasil sin tener en cuenta las emigraciones del siglo XX hoy sería imposible. Americanos y europeos nos hemos encontrado unos a otros durante el siglo XX, como refugios de dictaduras, guerras, pobrezas causadas por las élites de cada país.

Profundizar en el amor, la hermandad y los sentimientos contrapuestos que, a pesar de todo, nos unen a americanos y españoles, es una oportunidad para analizar las injusticias del mundo. Es probable que no exista observatorio mejor para hacerlo. Quedarnos en celebrar el 12 de octubre solo como el de la raza española o el de la conmemoración de un saqueo, es perder una oportunidad para avanzar y que algún día dejemos de ser los mayores predadores de nuestra propia especie.

Anuncios

5 comentarios en “NADA QUE CELEBRAR: MUCHO QUE COMPARTIR

  1. En mis comentarios sobre historia, dentro de mi relativo desconocimiento, siempre afirmo que es difícil juzgar a una época con la mentalidad de otra. La invasión, colonización, rapiña, abuso y asesinato vienen siendo la constante de la humanidad desde que el mundo es mundo. Los españoles, antes de ser colonizadores, fuimos colonia y víctima no de uno, sino de varios imperios. Pero entonces no éramos ni españoles ni existía la idea de España tal y como la tenemos hoy. Realmente, la palabra España deriva de Hispania, el término que nos asignó un Imperio, el romano, que hizo aproximadamente lo mismo que cualquier imperio – entre ellos, el español – ha hecho en todas partes.

    Por todo ello, Manolo, mi buen amigo, tengo que discrepar en un sólo punto. Hay algo muy hermoso que celebrar en este día. Nosotros, como los romanos, asesinamos y saqueamos. Nosotros, como los romanos, construimos y legislamos. Pero hoy el latín es sólo una hermosa referencia para un tronco de lenguas. Sin embargo, el español es un vehículo de comunicación que agrupa a más de quinientos millones de personas en lengua materna, y en expansión. Y si el español, como todos los imperios, del ruso al chino, de Carlomagno a Julio César, tienen mucho que reprocharse, hoy, yo tengo algo muy importante que celebrar, Manolo. Que si cojo un avión y me voy a Piura, a Iquitos, a Arequipa, a Machala, a Cuenca (Ecuador), a Cartagena de Indias, a Mendoza, a Córdoba, a Rosario o a tantos otros lugares y digo: “Buenos días”, me van a responder enseguida “Buenos días”, con un acento u otro. Y eso es algo muy bonito. Es algo que me llena de orgullo, Manolo. Para mí, lo español no va ligado a una frontera o una bandera. Va más allá, es inclusivo: “español es el que siente, piensa o sueña en una lengua concreta.” Por ello, y sólo en ese aspecto, hoy sí celebro el día.

    1. Bueno, Fede, gracias por tus comentarios. Una cosa solamente para añadir: cuando vas en avión para allá te dejan pasar y te dan los buenos días; si ellos tratan de venir, para muchos países no les damos los buenos días, les decimos a qué viene usted aquí, les exigimos un visado y los dejamos en una fila aparte para entrar, a gente que podrían ser nuestros primos, hermanos, con, ancestros,comunes. Me siento muy extraño en el aeropuerto de Madrid viendo sus problemas para entrar, mientras nosotros nos vamos a nuestra fila con vikingos, sajones y normandos, con los que tenemos mucho menos en común. Un abrazo y gracias

      1. Manolo; decirte que intento paliar esos déficits todos los días preguntando “Buenos días, señora, ¿de qué parte de América vino?” Es así como ya aprendí el nombre de cuatro distritos (allí no se llaman barrios; de hecho, el término barrio es peyorativo) de Lima: el Surco, Miraflores, Barrios Altos y La Victoria. Lo positivo: que podemos hacerlo sin barrera de idioma. Es el balance positivo de la conquista y colonización – alguno tenía que tener, ¿No? -.

      2. Federico, mi buena amiga Ana García, de Uruguay, nos dedica a ambos este texto de Pablo Neruda:
        Para tí y para Federico Relimpio Astolfi, encontré este texto de Neruda:
        LA PALABRA
        …Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.
        Pablo Neruda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s