TE VOY A ECHAR DE MENOS


CIMG1089Me extrañó no verla sábado pasado. En los últimos tiempos solíamos tomarnos un café en el bar de la Plaza. En la calle al solecito cuando el tiempo acompañaba, o dentro, en tiempos invernales como los de ahora. Nos reíamos o nos contábamos cosas más serias según terciara, aunque la mayor parte de las veces era la risa y las ordinarieces las que copaban nuestras conversaciones.

— ¡Hijo de la gran puta! ¿De qué coño habrás salido tú? — solía decirme muchas veces.

Años atrás el café era diario, pero desde que tuvo una obstrucción intestinal se mudó con una de sus hijas y solo aparecía por su barrio los fines de semana, a la que fue su hogar casi desde que se vino recién casada a Sevilla desde su Constantina.

Rosario era de esas mujeres inteligentes a las que la vida — mejor dicho, a las que este país y sus profundas desigualdades — no le dio la oportunidad de acceder a una formación como merecía. Pero tenía esa cultura que enraíza en Andalucía y nutre a sus hijos más humildes. Rápida, con sentido del humor, afectuosa, protectora de los suyos, era una mujer que demostraba sin pretenderlo que no son los títulos universitarios los que hacen maestras a las personas sino el sentido común y el ejemplo.

La conocí recién salido de la Universidad, cuando entré a trabajar en la farmacia. Fue entonces, al abandonar la burbuja en la que vivimos los universitarios, cuando comencé a aprender de verdad gracias a personas como ella. Escuchar su visión de la vida, su historia, su forma de estar en el mundo, me han enseñado tanto o más que muchos estudios que pueda haber finalizado. Cuando comencé a investigar para diseñar el relato de lo que sería mi primera novela, Aquel viernes de julio, ella vino a las meriendas que organicé con personas que fueron niños de la Guerra Civil.

El lunes nos enteramos que estaba ingresada en el hospital desde el jueves. El martes, una hora antes de convertirse en miércoles, expiró rodeada de su familia. Abrió los ojos antes de irse y los volvió a cerrar, para dejar de existir en la vida, que no en el corazón de tantos que la queríamos y que hemos perdido una auténtica maestra de la vida.

Gracias, Rosario, por enseñarme tanto, por sacar lo mejor de mí cada vez que te veía. No sé dónde voy a encontrar a alguien como tú. Te voy a echar mucho de menos. Mucho.

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4 comentarios en “TE VOY A ECHAR DE MENOS

  1. Emotivo relato. D.E.P. Rosario.
    Es muy bueno conocer personas como ella, que tanto han aprendido de su paso por la vida, que tanto nos enseña, con generosidad y alegría.
    Gracias por compartirlo Manuel. Mi más sentido pésame a la familia y a ti.
    Saludos.

  2. Mi madre te adoraba, lo sabes. Tenía una especial predilección por ti, probablemente, porque pocas cosas unen más que las confidencias envueltas en sentido del humor y en sonrisas o carcajadas, por mucho que arrecie. Sabes que tú, ambas Mª Carmen y “la Doña”, formáis parte de su familia, esa tan corta, pero tan bien cimentada gracias a sus desvelos y a su manera de entender las cosas que son realmente importantes en la vida. Sé que es fácil pensar que una hija sólo puede decir cosas buenas de su madre, más aún en estos momentos, pero la verdad es que Rosario era alguien especial. Su abrazo no estaba hecho para cobijar a una sola persona, cabíamos muchos en él, pero siempre tuvo la capacidad de hacernos sentir únicos y amados por encima de todo lo demás. Nunca se quejaba, no necesitaba nada más que saber que estábamos bien y juntos. Si alguien me preguntara qué era mi madre o a qué se dedicaba, solo podría tener una respuesta: a ser madre. Madre en el más maravilloso sentido de la palabra, dadora y mantenedora de vida, lugar al que siempre puedes volver sin oír un reproche, luz en el camino más oscuro… Madre universal a la que la vida le dio dos hijas, pero que no se conformó con eso y fue madre antes de nosotras, y siguió siéndolo de los que llegaron después. Y abuela, que es como ser dos veces madre. La existencia de su nieta Carmen fue el mayor regalo que le hizo la vida y donde ya su amor no tuvo límites.
    Gracias, Manuel, por tu amor por ella, por estas palabras y por formar parte de nuestra vida.

    1. Hoy debería haberme tomado el café con ella. El sábado pasado no lo hubo, pero no era consciente como hoy que ese café no se repetiría más. A mí solo me queda agradecerle a sus hijas todo lo que su madre me dio. A pesar de la emoción y la tristeza por perderla, nuestro recuerdo en la farmacia es de alegría. Imposible recordar a Rosario de otra forma. Cuando se nos saltan las lágrimas al hablar de ella es por la emoción de la anécdota, la frase, la alegría. Nunca tuvo una mala palabra para nadie. Una mujer de paz que se fue dejando el corazón lleno a mucha gente. No solo a su familia o a nosotros; a muchas personas del barrio, incluso a quienes económicamente tenían mucho más que ella, pero que no habían podido llegar a ser multimillonarias en el amor que se da como ella lo entregó a quienes ni hoy ni nunca se nos olvidará lo que nos enseñó. Gracias por darme la oportunidad de entender la verdadera y única riqueza de la vida, la que no sale de ninguna cuenta bancaria, sino del corazón.

  3. La tia Rosario, como todos los constantineses la llamabamos, era una persona entrañable y cariñosa, con todo el mundo hacia migas y con todo el mundo se llevaba bien. Descanse en paz LA TIA ROSARIO.

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