EVIDENCIA, ORA PRO NOBIS


MELAPELAMuchos devotos de la Medicina Basada en la Evidencia (MBE) ven con cierto escepticismo el papel del farmacéutico como profesional capaz de resolver los importantes problemas que para la salud pública producen los medicamentos. Encomendándose a la divina evidencia, estiman que no hay mucha acerca del papel del farmacéutico. Y es verdad. Pero, ¿es toda la verdad?

No, al menos en mi opinión. Y me explico. Quien ejerce una práctica asistencial precisa adquirir experiencia con pacientes además de conocimientos. Eso lo saben los médicos y de ahí el formato de especializaciones en los hospitales junto a profesionales de larga práctica asistencial. Si uno tuviera que decidir para una intervención quirúrgica entre el que más matrículas de honor sacase en la carrera y el profesional más experimentado, creo que ninguno tendríamos dudas de elegir al segundo.

Otro ejemplo, esta vez ridículo e imaginario, imposible que se diera en la realidad pero que puede ser ilustrativo: se crea una nueva técnica quirúrgica cardiaca, que debe probarse frente a las tradicionales que ya se utilizan. Se diseña un trabajo de investigación para tratar de demostrar cuál es la mejor. La nueva técnica la prueban estudiantes de sexto de medicina en la pesquisa. Mediante la metodología científica y la evidencia se llegará sin duda a la conclusión de que la nueva técnica es muy peligrosa y aumenta la mortalidad cardiaca.

Esto, que parece ridículo, es lo que están analizando los amantes de la evidencia científica respecto a los farmacéuticos. No puede haber resultados porque no hay práctica, y esto se convierte en un círculo vicioso, que es uno de los motivos, que no el único, de que el farmacéutico no despegue como profesional de la salud.

Mientras no exista una práctica asistencial reglada no se podrá demostrar sus bondades, pero nada que no demuestre sus bondades se convertirá en práctica reglada, y así sucesivamente.

Para romper este círculo vicioso la única posibilidad es realizar una investigación de largo alcance con pacientes, en el marco de un equipo de atención sanitaria, que pudiera verificar si con experiencia suficiente, la práctica asistencial del farmacéutico puede ser de utilidad para la salud pública.

Pero este país es muy pobre. Y la pobreza no es solo económica, quizás esta sea la menos importante. Es pobre porque padecemos de sectarismo, porque nos importa más nosotros que los otros, porque tenemos prejuicios, porque no vemos más allá de un burro, porque quien se mueve no sale en la foto, porque se defiende lo público como excusa para preservar nuestro propio estatus, porque el dinero de todos no es de nadie y porque a poca gente le duele el sufrimiento de los demás.

A los farmacéuticos les importa más las farmacias que la gente; a los médicos la medicina que la salud; a las universidades mantener su chiringuito antes que ofrecer profesionales útiles a la sociedad;  a los políticos que no les agiten el sillón; y a los colegios profesionales que nadie se mueva si quiere salir en la foto.

Mientras tanto, paciente, que te den, que para eso te llamas así. Morirás, sufrirás y gastarás por sufrir y que no te resuelvan los problemas que cada día producen los medicamentos. Y encima tendrás la culpa.

La imagen ha sido obtenida en www.miathletic.com

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