DONDE DIJE DIEGO DIRÉ BARTOLOMÉ


Sandro Botticelli - La Mappa dell'InfernoA veces recibo críticas sobre lo que escribo en el blog, lo que comparto en mi muro de Facebook, o mis aportaciones en Twitter. Hasta ahí lo normal. Y no sólo lo normal, sino lo deseable.

Yo  concibo estas formas de comunicación como vías para contrastar opiniones, compartir dudas, ideas, propias o de otros, Incluso las afirmaciones más rotundas pueden, deben y de hecho son, discutibles, rechazables, mejorables y todo lo “able” que se pueda pensar. Lo más positivo de una red social es que te da la oportunidad de aprender de otros y con otros, porque en mi opinión, nuestras ideas se construyen de forma dinámica, de acuerdo a nuestra sensibilidad, el prisma a través del cual vemos las cosas, y la de los otros. No entiendo por tanto, las ideas como algo absoluto sino evolutivo, y por eso veo matices positivos en aquello de “donde dije digo, digo Diego”, tan denostado en mi país, que le parece mejor lo de “sostenella y no enmedalla”. Por supuesto que hay cambios y cambios, pero resulta difícil aquí no empezar por echarle en cara su pasado a quien hace una nueva propuesta o es crítico con alguna posición.

Esto no es exclusivo de España. Cambiar de idea, sobre todo cuando se ha tenido la posibilidad de ponerla en práctica y se ha comprobado lo erróneo que fue, debería implicar pedir disculpas por ello de forma paralela a la introducción de una nueva propuesta. Pero pedir perdón es algo prohibido en nuestra sociedad, algo que tarda en producirse. Desde al menos cuatro años en lo político, hasta siglos en instituciones religiosas.

De las diatribas que aparecen en las entradas que comparto, a veces estas se basan en que la persona citada antes pensaba o hizo alguna cosa y ahora defiende otra, no fue crítica con algo y ahora sí que lo es. Parece como si el tiempo no fuera un factor decisivo a la hora de evaluar. O que lo que ahora se propone pueda ser aún peor de lo que había, a pesar de que ahora se haya demostrado que también aquello era malo.

En todo caso, para mí no es un argumento de valor absoluto aquello que dijo o hizo alguien en su momento. Si soy contrario a la pena de muerte física, también lo soy por igual a la social. Me gustaría que me dieran la oportunidad de rehacerme antes de soportar la condena eterna en los infiernos. Y esto, en un país católico, se crea o no, es una cuestión de la religión social que se profesa.

La imagen que ilustra la entrada se titula La Mappa dell’Inferno”, de Sandro Botticelli y se obtuvo de la página http://infernofirenze.blogspot.com

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