DIEZ AÑOS


SURFue en enero de 2006 cuando comenzó todo. Había regresado de una estancia en la Universidad de Minnesota a finales de octubre. Nada más llegar, una amiga médica, voluntaria en talleres para mujeres en el barrio del Polígono Sur sevillano, me invitó a darles una charla sobre hipertensión arterial. Cuando llegué a la Parroquia Jesús Obrero, en cuyos locales iba a impartirla, no pude sino recordar a la Clínica de Philips de Minneapolis en la que había colaborado durante mi reciente visita a Estados Unidos. Y quise montar allí una hermana gemela a aquel centro de salud que la Universidad de Minnesota había implantado en los bajos de una iglesia, en el que los estudiantes de Medicina, Farmacia, Enfermería y Fisioterapia de la Universidad pasaban consulta junto a sus profesores, para atender a inmigrantes y personas sin recursos económicos. La fórmula era perfecta: los estudiantes adquirían experiencia clínica y conocimientos con pacientes reales, al igual que los profesores, y todos  hacían un trabajo de sensibilización hacia su comunidad.

Después de aquella charla impartida a finales de noviembre de 2005, le propuse a mi amiga montar una consulta de farmacoterapia y educación para la salud. Se entusiasmó con la idea y convencimos al párroco para empezar en enero del siguiente año. Ilusionado, hablé con los profesores del Master de Atención Farmacéutica de la Universidad de Sevilla en el que colaboraba, y también lo hice con los alumnos. Lamentablemente, ni en unos ni en otros encontré el eco que esperaba, pero empecé. Solo, como se empiezan todas las cosas.

SUR_2Y allí sigo, diez años después, y desde hace muchos años, acompañado, o acompañando a otros en la tarea. Hasta ahora no he conseguido que se pudiera convertir en una Cínica de Felipe sevillana, pero quién sabe, yo no me rindo. Pero al poco tiempo comenzamos a ser más. La primera que se incorporó fue Elisa, enfermera, a la que siguió Ana, médica. Muchas personas han entrado y salido desde entonces, de acuerdo a las posibilidades de cada cual: Antonia, Marian, Joaquín,  Josefina o Belén, como Elisa, ya no están, pero estuvieron. Y ahora, diez años después, Ana, Kawtar, Mila y yo continuamos trabajando en un proyecto que jamás imaginé cuánto me iba a dar, cuánto me iba a cambiar la visión de la vida. Por allí han pasado multitud de personas a aprender, alumnos de mis cursos, visitantes ilustres venidos de muchos países y lugares de España, y colaboradores que han estado mientras han permanecido en Sevilla: Patricia y Cinthia, de Brasil; Laura, de Barcelona…

SUR_3Y descubrí, descubrimos, el Polígono Sur. Sus raíces, su cultura, su dolor, la injusticia, y el inmenso amor que son capaces de dar muchas de las personas que viven allí. Experimenté lo que significa la exclusión social, aprendí. Muchas personas del barrio han colaborado estrechamente conmigo en la formación de profesionales farmacéuticos, y muchas también me han enseñado tanto de la vida, de sus verdaderos valores, que no puedo hacer otra cosa que darles las gracias por haberme acogido entre ellos. He aprendido que hay muchas cosas que el dinero te imposibilita apreciar y valorar, y eso sólo lo puedes aprender junto a personas de corazón abierto.

Han pasado diez años y sigo allí. Quién sabe por cuánto tiempo, porque esto es una tarea del día a día y así me la planteé desde el principio. La gente del Polígono Sur de Sevilla, la que te da lo que tiene, y la que tiene lo más grande que se puede tener. Gracias por estos diez años, qué más puedo decir que gracias. Hasta el miércoles.

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