VIERNES SANTO


LA ZUAA mediodía regresé al Polígono Sur junto a Miguel. Queríamos hacer fotos, conversar sobre el barrio y preparar la presentación de Tres mil viajes al sur. Miguel, joven periodista, es otra de las personas a las que tengo que agradecer mucho, en una lista que no acaba.

Paseamos junto al muro del tren, lo recorrimos desde el paso a nivel que permite acceder al Hospital Virgen del Rocío hasta la frontera de Carretera Su Eminencia. Cuántas fronteras, cuántas barreras tiene este barrio para mantenerlo prisionero. Durante el paseo, llegamos a la altura de una tienda de comestibles muy limpia que anunciaba diez vienas andaluzas por un euro, a diez céntimos la unidad, y bocadillos al mismo precio. Nos dieron ganas de entrar, pero ni era hora de bocata ni hubiéremos podido gastar la oferta aun dividiéndola.

El muro del tren, una de las vergüenzas de esta ciudad que no se sonroja por ello, es una auténtica obra de arte y un grito de los artistas graffiteros de este barrio. En particular, nos llamó la atención el dibujo de un muro derribado, muro dentro del muro, a través del que se podían ver los monumentos más reconocidos de la ciudad. No habrá símbolo mayor de lo que significa el aislamiento del barrio, de esa reclusión que tantos perjuicios ha causado, gracias a la que han encontrado una guarida excelente la mala gente que le da la fama. Nosotros también formamos parte de Sevilla, parecía gritar ese lienzo de hormigón, no nos escondas tras el muro.

El tren, ese vehículo desconocido para los sevillanos que no visiten la Estación de Santa Justa, es compañero habitual de los habitantes del Polígono Sur que viven a ese lado. Esperamos un rato a que pasara uno para fotografiarlo. Mientras tanto, dio tiempo para conversar en un excelente tiempo muerto, y de paso contemplamos a unos chiquillos jugando al fútbol en un terreno de albero. Uno, por cierto, que iba vestido de naranja, quién sabe si en homenaje al gran Johan Cruyff que acababa de morir, lanzó a la escuadra un tiro de rabona que hubiera firmado más de un tuercebotas.

LA ZUA (2)Continuamos nuestro paseo, atravesamos plazoletas de sur a norte del barrio. Vimos a un chiquillo correr sosteniendo  un gallo entre sus manos, a muchachas pasear a sus niños en los carritos como en cualquier otro punto de la ciudad, a personas sentadas dejando pasar un día como cualquier otro en su vida.

Regresamos luego al coche para buscar el camino a la Zúa, ubicada en el nuevo parque que se ha inaugurado en estos últimos años junto a la zona de Las Vegas, al que recientemente, y tras no pocas protestas, ha tenido acceso la gente del barrio, ya que una vez más, los habitantes veían dificultado su acceso a lo en tiempos fue lugar de esparcimiento y más tarde correlato de la tragedia de un barrio, y así mantener su aislamiento en perfecto estado de revista, un encierro entre barrotes invisibles al que han colaborado alcaldes de todo color, gobernando solos o en coalición con el resto de colores posibles, para que la vergüenza no sea ajena a nadie que se haya sentado alguna vez en un sillón de concejal de la lejana Plaza de San Francisco.

Hacía calor y a la entrada del Parque por el barrio de Pedro salvador, buscamos un bar para tomar una cerveza antes de comenzar a andar. Encontramos uno, que también era panadería. Fuera del muro la andaluza había subido a treinta y cinco céntimos la unidad.

Caminamos y alcanzamos aquel aparentemente placentero pero peligroso brazo de río convertido en un pequeño lago bordeado de cañas. Un lugar ante el que no puedes permanecer indiferente si has leído, y yo lo he hecho varias veces, el magnífico libro de Antonio Ortega Rubio titulado así: La Zúa. Léanlo, por favor.

En la Zúa perecieron ahogados, o rematados por la Guardia Civil si salvaban las aguas que ocultaban cañas traicioneras, presos que, en época de la dictadura, se fugaban de la construcción del canal de riego conocido popularmente así canal de los presos, por esta gente que se dejó las manos y el alma levantando terrones para que el agua del río llegase a las propiedades agrícolas de los vencedores. La Zúa fue también fue lugar de veraneo de pobres, puesto que hasta allí llegaban los vecinos de los suburbios de la zona a darse un baño en los meses más calurosos; y además,  se convirtió en el paraíso para los juegos de los primeros niños del Polígono, y el infierno para no pocos que perecieron atrapados entre las cañas de sus fondos. También fue lugar de pesca de albures para matar el hambre y, cuando el barrio se echó a perder por culpa de la droga, el sitio en el que pincharse, al que arrojar coches o motos robadas, animales muertos, convirtiéndose con el paso del tiempo en un vertedero que encerraba lo peor, en el trasero sur de la ciudad ensimismada.

Las aguas de la Zúa fueron reflejo de la degradación de un barrio y hoy aparecen ante los escasos visitantes del parque como un charco inofensivo. Me pregunté, contemplando al fondo la zona de Las Vegas, si habrían sacado, en palabras de Antonio Ortega, todos sus secretos del fondo de sus aguas a la hora de recuperar la zona.

De regreso, el tren volvió a atravesar la vía en dirección a Santa Justa y rompió el silencio de la tarde. Pasó por un pequeño viaducto antes de alcanzar el barrio amurallado. Por el parque no hay muro, tampoco personas. Tras esa extensión de césped inglés y vegetación artificial, contemplo al regresar un nuevo trozo de Sevilla hurtado a los habitantes del Polígono Sur. Pasión y muerte de este barrio en Viernes Santo, al que la ciudad no le permite alcanzar su resurrección.

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2 comentarios en “VIERNES SANTO

  1. Desde la Asociación Andaluza de Barrios Ignorados, a la que pertenece la Plataforma Nosotros También Somos Sevilla del Polígono Sur, se hace la siguiente pregunta: “¿Por qué nuestros barrios no avanzan?”, a pesar de los años que se llevan haciendo programas y proyectos, y de los presupuestos invertidos y que se están invirtiendo. Aunque en la web se aborda un análisis y propuestas de actuación que pueden consultarse en http://www.barriosignorados.org/, se señalan tres causas:

    1. Porque las administraciones no cambian las causas que originan nuestros barrios.
    2. Porque el problema no es abordado en su integralidad.
    3. Además, las actuaciones adolecen de tres problemas que les restan credibilidad y eficacia: oenegenismo, subvencionismo y clientelismo. Para ampliar esta respuesta se puede consultar:
    http://www.barriosignorados.org/index.php/nuestros-barrios/75-por-que-nuestros-barrios-no-avanzan

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