QUERIDO RANCIO


No me dirijo al escritor sino a ti, que te mofas del cartel que ha realizado Manuel Peña para la Asociación de Belenistas de Sevilla, que no tienes ni puta idea de lo que es el arte, aunque entre tú y los tuyos os llaméis artistas y te permites criticar, no la obra, sino la persona de quien ha expresado su forma de entender el mundo, eso es el arte, en un cartel navideño.

Me dirijo a ti, que pueblas bares de hombres, con las paredes atestadas de fotografías de vírgenes y cristos, que hablas diez meses al año de tetas y culos y mes y medio, la Cuaresma, de cofradías; que te encanta la palabra maricona, que envías memes con buenas tetas y buenos culos diez meses al año, aunque nunca olvides a tus cristos ni a tus vírgenes; que te interesa mucho a qué huelen los de Podemos y sus camisetas negras― a azufre, ¿a qué, si no?―;  que el problema de Teresa Rodríguez con el representante empresarial andaluz ― ejemplo de emprendimiento de nuestra tierra, claro ― es que está muy buena.

Me dirijo a ti, que saludas con un ¿Qué pasa, artista?, cuando no hay nadie más artista que tú, miarma. A ti, que quizás el sistema político que tanto defiendes te haya dejado en paro y hayas quedado para darte rascones en los huevos a la puerta de un bar mientras le miras el culo a la primera que pasa; a ti ,que farfullas junto a otro como tú, que cuelgas en tu balcón una bandera que responde a intereses reales, de aquellos que se mofan de tu ciudad de Despeñaperros para arriba, o directamente la odian― esos viven más cerca― porque en vez de ser de Villabajo, como tú, son de Villarriba; a ti,  que lo que esperas de la vida es que te toque un cuponazo, o mejor, la primitiva, que toca más, para poder comprar grandeza, esa que te falta, artista, para poder ser más rancio aún.

Querido rancio, que añoras la grandeza de una Sevilla que te susurraron y que no sabemos si alguna vez existió, a pesar de que tú y tus amigos sois la pura expresión del atraso ancestral de tu ciudad, de su provincianismo cateto, de esa endogamia hemofílica que alarga, engrosa, ensancha su podredumbre gracias a ti, y contigo como primera víctima.

Querido rancio, siento que no te guste el cartel de Manuel Peña. A mí, tampoco, la verdad. Pero si lo siento es por el artista―ese sí que lo es, y no tú―, porque no quiero ni pensar en lo que le queda por soportar: tus gracietas, tus chistes amorancados,, mucho peor, tus discursos superficiales; en definitiva, tu falta de respeto.

Querido arquetipo de rancio de Sevilla, ¿te jode? Ahí lo llevas. De vez en cuando no está mal probar el jarabe que tú recetas cada día. Aunque lo tuyo, más que jarabe, es un enema, una lavativa incapaz de purgar tus nauseabundas tripas.

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