SILENCIO


Hace poco más de un año, el cáncer tocó de lleno a mi familia. Todos podemos contar el caso de alguien cercano que ha sufrido esta enfermedad. Todos sabemos lo que significa, todos conocemos la carga semántica de la palabra, el horror de escucharla en boca de un profesional. En aquel mes de octubre, le tocó hacerlo a mi hijo mayor, y además solo, sin la compañía de nadie, porque fue al médico por unas molestias que tenía en un testículo y se encontró con la derivación preferente al hospital para su diagnóstico. Sospecha de tumoración, decía el documento de interconsulta, y ahí se inició un camino que hoy, trece meses después, es afortunadamente tan solo un mal recuerdo, porque se trató de un tumor benigno por el que se extirpó un testículo que no compromete en nada su calidad de vida, y muy pronto no harán falta ni los controles rutinarios a los que todavía debe someterse. Una historia corta de enfermedad, con un final feliz, probablemente muy distinta a la de otras personas cercanas a quienes leerán este artículo. […]

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