ENCARNA


Es la que sale por la puerta. Una foto forzada pero intencionada para que no se la vea. Encarna es viuda. Cuenta que en su juventud se levantaba cada mañana a las cinco, cuando su marido y su hijo salían para trabajar. A esa hora, después de prepararles el desayuno y de darles el canasto con la comida, sacaba su caja de costura y comenzaba su jornada de trabajo, cosiendo los encargos de uniformes colegiales de la tienda para la que trabajaba. Entre puntada y puntada cuidaba que el puchero no se le quemara, y una vez que finalizaba la tarea de la tienda, continuaba cosiendo para la calle, si tenía suerte de que le hubieran entrado otros pedidos de señoras que, a pesar de tener más cerca las paradas del tranvía, jamás lo utilizaban.

Mientras ella comenzaba su jornada de trabajo bajo la lámpara que iluminase sus manos, su marido y su hijo atravesaban descampados encenagados de barro y huertas hasta llegar a la parada de tranvía más cercana, para dirigirse a la estación de ferrocarril de Plaza de Armas, a tiempo de subirse en el tren de los obreros, que los distribuiría por las diferentes fábricas y tajos, hasta finalizar la jornada y retomar el camino de vuelta.

Cuando pienso en quiénes sostienen este país me acuerdo de Encarna, de su marido y de su hijo, y en tantas Encarnas y familiares desperdigados por todo el territorio, habitantes de suburbios sin tranvías y a veces sin autobuses por decisión gubernativa. Y la verdad es que nunca me vienen a la mente todos aquellos que adornan sus balcones de banderas, ni tampoco esa raza con frecuencia maligna que se autodenomina intelectual, gente ayuna de calle y de agujeros en las suelas de los zapatos que se dedica a decir a los demás lo que tienen que hacer mientras se miran en el espejo de sus vanidades.

España no es una bandera. España es un canasto y una fiambrera, unas agujas de coser, una fregona y una manopla, y también una barra metálica y una bombilla para rebuscar en los contenedores de basura, que intelectuales y bandeirantes llenamos con nuestras opulencias doctas y  terrenales.

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