UN ASCO. O VARIOS


Este mes de noviembre, nuestros pacientes y cuidadores que precisan de estabilizadores del ánimo inyectables con periodicidad mensual y alto coste nos han comunicado que a partir de ahora ya no vendrán a retirar la medicación en la farmacia, sino que directamente se la administrarán en su centro de salud, una medida que ahorrará mucho dinero al sistema público gracias a la centralización de compras y precios de concurso.

Nada que objetar a medidas económicas que beneficien a nuestro sistema público, el de todos, y más ahora, cuando nadie quiere pagar más impuestos e incluso muchos partidos prometen reducirlos, y de paso romper los servicios públicos para privatizarlos, al dejar de ser sostenibles, en beneficio de sus amigos, y que de ser derechos pasen a convertirse en oportunidades de negocio. Mantener o aumentar impuestos a los que más tienen solo lo defienden los podemitas chavistas amigos de Irán, de China (no, de China, no, que esos son amigos de los otros).

Los medicamentos, para todos los partidos, incluso podemitas chavistas, constituyen una partida que se considera como un coste de adquisición de productos en lugar de una tecnología sanitaria capaz de dar o quitar salud. De ahí que fraccionar la administración de medicamentos en hospitalarios, ambulatorios y comunitarios sea, en principio, una acertada gestión económica avalada por esos iluminados que son los gestores de salud. Qué asco.

Hace tiempo que se sabe, menos nuestros gestores sanitarios y nuestros políticos, que el mayor coste que producen los medicamentos no es el de adquisición sino el derivado de su inefectividad e inseguridad. Dividir la dispensación, no tener una política sanitaria a la consecución de mejores objetivos de salud con los medicamentos, no hará sino aumentar enormemente los costes sanitarios y sociales, además de cagarse encima del derecho a la salud de los votantes pacientes. ¿O se diría pacientes votantes?

Lo peor es que no tiene solución, porque esos políticos que dicen defender los derechos de los pacientes no lo van a hacer. Y también porque los representantes profesionales de los farmacéuticos, que no han salido a escena, o no con la debida fuerza ni mucho menos con el sentido de garantes del medicamento ante la sociedad, solo defenderán la pérdida de poder adquisitivo que se pueda producir.

Lo que decía, un asco. O varios a la vez

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