DIARIO DE ABORDO. LIBERTAD AHOGADA


Tengo a mi disposición dos de los termómetros sociales más potentes de la sociedad actual: trabajo en una farmacia y paseo un perro. Aunque ambos me sirven durante toda la semana,la farmacia es más eficiente en cuanto para registrar la temperatura en días laborables y el perro para los festivos y sus vísperas. Digo vísperas porque los viernes por la noche son un anticipo de lo que vendrá. Hoy sábado el parque apareció arrasado.

He decir que vivo en un barrio de clase media alta, tirando a alta, que no se me olvide, de familias con formación universitaria en su mayoría, menos rancio que otros similares dela ciudad, en el que, por poner un ejemplo, el lucimiento a lo largo de este último año de banderas rojigualdas no ha sido tan irritativo para mis ojos como el que de otros lugares de la ciudad.

El barrio cuenta con un instituto público de enseñanza y un par de famosos y prestigiosos colegios concertados a los que los hijos de estas familias acuden a labrarse un futuro,esos que forman parte, a decir del pichaflojismo, de la generación más preparada de la historia de este país y que en cuanto crezcan, si sobreviven al alcohol de garrafa, habrán de exiliarse en otras ciudades y otros países de Europa.

Los veo salir cadaviernes por la noche. Se arremolinan a las puertas de los supermercados, de chinos,intentando obtener botellas de alcohol destilado con el carnet de identidad deun hermano mayor o de algún cómplice, o simplemente con la mirada hacia otro lado del dueño del garito. Luego avanzan con el botín hacia plazoletas y parques,en los que luego los jardineros recogerán sus inmundicias en lugar de cuidarlos árboles para que padres que no se quieren enterar de lo que pasa se quejen del alcalde, clamando por la suciedad de los espacios públicos o del mal cuidado de las plantas. El caso es echarle la culpa a alguien que no sea a sus hijos.

Estos muchachos y muchachas beben sin medida y sin control, ávidos de perder la voluntad. En eso consiste su diversión, además de en dejar el mobiliario de todos listo para ser sustituido ante la próxima campaña electoral.

Si en estos cuarenta años el progreso en el derecho a la salud ha sido notable, el fracaso del derecho ala educación no lo ha sido menos. Educarse no es amasar conocimientos sin oponerlos al servicio de la sociedad, igual que emborracharse no es lo mismo que beber para compartir, tradición tan mediterránea.

Urge cambiar el modelo educativo pero hay miedo a la libertad; a la verdadera, no a esa que venden Albert y Pablo y su liberalismo para listos, esa de hacer lo que me dé la gana y que el que venga detrás que arree. La verdadera libertad continúa ahogada en alcohol de 40 grados.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s