EL AÑO DE LA LUNA AZUL


Quiero agradecer a Lucía Feliu la oportunidad de permitirme presentar su libro El año de la luna azul que ha editado con tanto gusto Ediciones Alfar.

Conocía Lucía con motivo de la publicación de su anterior novela, Cartas a Siracusa, en la que ya hallé una escritora de prosa limpia, de lectura ágil y que maneja de una forma excelente los tiempos y el entramado de sus historias para conseguir que los lectores no perdamos nunca el interés, para mantenernos en una tensión que puede abocarnos al insomnio si somos de leer en la cama.

Otro aspecto muy relevante a destacar, que salta a la vista, es la labor de documentación de la novela, una realización cuidadosamente confeccionada, que ya resultó ser sobresaliente en su obra anterior y que aquí continúa por la misma senda. Puedo afirmar que Lucía Feliu es una escritora que no deja nada al azar, a la improvisación, que detrás de sus novelas hay un trabajo paciente,honesto y responsable, de auténtica ratona de biblioteca. Es algo de lo que me gustaría conversar ahora con Lucía, que contase cómo es ese trabajo que lleva acabo para dotar de verosimilitud a su narración.

Estos dos aspectos que he señalado hasta ahora, su prosa limpia y su prolija documentación, uno más agradecido o más apreciado que otro, tienen tras de sí una elaboración ardua, tediosa, que requiere de una gran minuciosidad, algo que solo es posible realizar si se ama, se disfruta con la escritura. Quiero resaltarlo porque los lectores solemos valorar la documentación, aunque nos encante cazar algún error que pueda habérsele escapado al autor, pero, con más frecuencia de la deseable no reparamos en el duro trabajo de cincel y pulidora al que hay que someter a la palabra escrita para conseguir que esta sea ligera y entretenida, adjetivo este con mala prensa en la literatura, como si no fuera meritorio entretener sino hacer sufrir con verbos seculares y adjetivos retorcidos. Escribir no es teclear, sino que es un oficio que precisa de arquitectura y belleza por igual, diseño y herramientas; cartabón, escuadra y compás, y también cincel, martillo y destornillador.

En otro orden de cosas, al preparar estas palabras me ha venido a la memoria el escritor estadounidense Jim Thomson, que afirmaba que hay treinta y dos formas de contar una historia, pero solo una buena; y a colación de esto quisiera señalar, y dialogar también con la escritora, acerca del punto de vista elegido para contar la historia. Lucía Feliu ha escogido narrar en primera persona desde la figura de Carlos Céspedes, un músico indeciso, inestable, y hasta un punto acomplejado ante la figura de su hermano Gregorio, periodista de éxito,cuyo fallecimiento en un atentado en Israel, en el que cae herido el famoso historiador Johannes Swartz, desencadena la trama principal de la novela, de la que obviamente no puedo adelantar nada, más allá de incluir el tráfico de obras de arte y diamantes desde la Alemania nazi a nuestros días, con la que la autora nos traslada por España, Rusia, Israel, Alemania o Bélgica entre otros lugares. No puedo dejar de mencionar a Raquel, antigua novia de Gregorio y compañera de trabajo de Carlos en el hotel donde el músico se gana la vida, amenizando las veladas al piano.

Con frecuencia, las narraciones de intriga, me abstengo de calificar el género dela novela porque es otra de las cosas que me gustaría conversar con Lucía, se realizan mediante un narrador omnisciente, alguien que no existe, pero todo lo sabe, y que se utiliza a veces por comodidad, al tener más ojos que un narrador en primera persona. Creo que la narración en primera persona de una novela de estas características añade riesgo, y más si, como es el caso, el narrador elegido, es hombre, y nuestra autora, mujer. Otro aspecto sin duda del que me interesaría conocer cómo lo ha vivido, porque es algo que yo he realizado como escritor, el cambio de sexo, me refiero, lógicamente en sentido literario, que no literal, y sin duda denota ambición.

Los personajes principales, los hermanos Céspedes y Raquel, están bien trazados,tienen personalidad, aunque sea la dubitativa y voluble del pianista. Somos capaces de reconocerlos en su humanidad, dicho esto como sinónimo de imperfección, puesto que estoy convencido de que es la imperfección la que nos hace humanos.

Los diálogos resultan ser ágiles, acordes con la habilidosa narración, llena de oficio y lecturas, que dan esa capacidad para conducirnos por la historia hechos un mar de dudas al desconocer quiénes están detrás de los actos delictivos. Tramas y subtramas viajan de forma misteriosa a lo largo del libro,y quizás escondan algún mensaje que la autora desee desvelar, o quizás permanezca oculto hasta las últimas páginas.

En definitiva, y antes de pasar a dialogar con Lucía Feliu acerca de El año de la luna azul creo que esta obra supone un punto y seguido en la carrera literaria de la autora, lo cual es una gran noticia por el riesgo que podría suponer bajar el listón de expectativas. En Lucía hallamos un estilo definido que hará las delicias de los lectores que amen embarcarse en historias como esta, en las que la acción y el suspense encuentran una autora experta que sabemos que no nos va a decepcionar.Todo lo más, nos provocará algunas ojeras de más al despertarnos. Pero para resolver este problema, hasta eso habrá pensado, están farmacéuticos como su marido.

Presentación de El año de la luna azul, de Lucía Feliu, el 18 de diciembre de 2018 en la librería Botica de Lectores.

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