UN ASUNTO DE FAMILIA


Elenco de protagonistas de la película Un asunto de familia.

La última película del director Hirokazu Kore-eda, premiada con la Palma de Oro del Festival de Cannes, Premio Donostia, y muchos más, me ha conmovido. No voy a entrar en temas en los que no soy un experto y en los que la crítica, vistos los galardones obtenidos, ya se ha pronunciado, sino en ciertos aspectos éticos o dilemas que me han invitado a reflexionar. Es lo que le pido a cualquier obra de arte, que su contemplación, su lectura, abra una puerta a mis entrañas, aguijonee mis zonas de confort y me incite a ser mejor persona.

Tampoco voy a destripar la película, solo voy a decir de ella que la historia trata sobre las vicisitudes de una familia en la que la relación de consanguinidad entre sus integrantes es inexistente, en la que todos en algún momento han sido acogidos en su seno, y a su vez acogen a otros. Sucede en el hogar de la llamada abuela, una infravivienda situada en un espacio de gran interés urbanístico para los especuladores. La relación entre el que denominaríamos mundo civilizado (Sofía Castro, no te enfades) capitalista que los rodea, que los asfixia, en otra metáfora bien armada por el director, y el bárbaro que representa la choza, la confrontación de sus escalas de valores, es, a mi parecer, uno de los grandes temas de la obra. También lo es la relación de parentesco entre los protagonistas, inexistente para lo que entendemos quienes vivimos al otro lado del muro, pero elegida para los que permanecen dentro.

Ahora que el voto ha hecho regresar armados a quienes nos pretenden imponer un modelo de patria, un modelo de religión y un modelo de familia, los suyos, resulta interesante, o al menos a mí me lo ha sugerido, observar a una familia en la que las palabras, abuela, papá, mamá, esposo, esposa, hermano, hermana, solo se llegan a utilizar si el amor las hace dignas de ser pronunciadas. Sinceramente, me ha parecido muy hermoso. Darle un nombre digno a las personas, como he aprendido muy bien de María Emilia Parola. Es el amor el que crea el parentesco y no el parentesco el que nos obliga a amar.

Pensemos en nuestras sociedades tradicionales, en cuántos parentescos hay en los que los vínculos de sangre hacen a esas relaciones detestables, lamentablemente imprescindibles para la moral tradicional que nos quieren volver a imponer cuando aún no se había abandonado. Meditemos acerca de cuánto malestar, cuánto cargo de conciencia se produce en las familias tradicionales por tratar de sostener unos lazos que la vida real no los hace posible. Y recordemos también cuántos amigos tenemos, y nombramos como hermanos, porque el discurrir de la vida ha glorificado ese encuentro que un día les fue regalado.

Cuánto dolor nos ahorraríamos si cada relación fuese elegida, si amar fuera una opción y no una obligación. Una lección a aprender que solo nos la puede dar gente sencilla, la de esta familia que no denominaría peculiar sino auténtica. Sí, no tengo más remedio que darle la razón a Sofía Castro, mi bailaora favorita. El mundo civilizado no está donde muchos creemos y esta familia japonesa me lo ha constatado.

La civilización está en peligro, amenazada en una infravivienda que se cae a pedazos, obligada a malvivir en un mundo de tiburones sin alma. Sus muros son cada vez más débiles. Hermanos, hermanas, hay que resistir.

Dedicado a María Emilia Parola y a Sofía Castro.

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