EN AVANZADO ESTADO DE DESCOMPOSICIÓN


Que yo sepa, las instituciones profesionales que agrupan a quienes ejercen en un sector tienen por objetivo fortalecerlas. Sin afán de ser exhaustivo, se me ocurre que ayudar a construir mediante lo colectivo aquello que no se pueda conseguir de manera individual, es un buen propósito; hacer progresar a sus integrantes, facilitando el acceso al conocimiento innovador y a las prácticas más novedosas, también entra dentro de su misión; y qué decir de hacer llegar a la sociedad esos progresos, y de esta forma contribuir a su avance, a que el ser humano tenga una vida mejor gracias al modesto aporte que cada profesión pueda ofrecer. El hombre como especie es un animal de manada, y como tal cada individuo lleva en su naturaleza, o debería llevar, más bien, el cuidado de lo colectivo, el bien común, como forma de progreso, llámese ese colectivo estado, profesión o cualquier otro tipo de agrupación de diferente tamaño y orientación que se nos ocurra.

Dicho esto, encuentro unas jornadas farmacéuticas en las que los ponentes son este torero y este aristócrata, presentador y cantante (leo lo que dice el folleto de presentación convenientemente cortado) que aparecen en la foto. Que me guste o no el aristócrata, cantante, presentador, y puntos suspensivos, como profesional nada tiene que ver con lo que escribo, al igual que yo pudiera ser aficionado o no a los toros. La cuestión es si los ponentes de unas jornadas farmacéuticas deben ser un torero y un personaje público que poco tienen que ver con los avances y los retos que debe asumir una profesión que se descompone, y lo hace a la progresiva velocidad que marcan las instituciones que la representan.

Hubo una época, demasiadas décadas atrás, en la que las instituciones profesionales farmacéuticas hacían lo que se les suponía que deberían hacer todas, ayudar al progreso. Hoy, sin embargo, en este proceso largo de descomposición que llevamos, no solo no lo hacen sino que son una auténtica rémora, unos dedicados a la caza de brujas y otros a traer cantantes y toreros a jornadas profesionales, quizás para que demos los últimos capotazos al futuro mientras se produce nuestro canto del cisne. Y es que, cuando algo se descompone, son los microbios los que gobiernan, los que campan a sus anchas. Y, desgraciadamente, no estábamos vacunados.

P.D.: Inviten, por favor, al presidente de las enfermeras a las jornadas. Seguro que cambia de opinión y se queda más tranquilo.

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