POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN (Y IV)


Jaime Román, en el Care Center de su farmacia.

Cuando finalicé la penúltima entrada en referencia a las elecciones al Colegio de Farmacéuticos de Sevilla, escribí que iba a referirme en esta a los nuevos candidatos a la Junta de Gobierno de la candidatura antigua, en especial, por conocerlos, a María de la Matta y a Domingo Ortega, porque su inclusión en la lista me ha decepcionado. Creo que toman el estéril papel que un día cumplió Jaime Román, que mucho antes asumí brevemente yo, de personas con inquietudes que tratan de cambiar lo que no les gusta desde dentro. Al menos, eso quiero pensar. Ya me lo advirtieron a mí en una conversación inolvidable con un veterano farmacéutico; imagino que ya se lo avisaron a Jaime, y ahora siento que debo hacerlo yo, asumiendo el papel de aquel compañero al que no quise escuchar.

No es momento de dudar de vuestras buenas intenciones, el tiempo dirá si las eran, pero quienes tratamos de cambiar las cosas por dentro acabamos donde estamos ahora, fuera, después de servir para blanquear y atraer las voluntades de un sector joven de votantes que suele estar bastante desinformado. Allí se lleva mal sacar los pies del tiesto, las ideas propias, el pensamiento crítico. Y, al igual que las puertas giratorias quedan estrechas como ya se sabe, aquello de que quien se mueva no sale en la foto es dogma de ley, se esté dentro o fuera de la Junta de Gobierno. Cada cual sabe por qué da el paso para representar a la profesión, pero los que blanquean una candidatura han de saber que también ellos se manchan con la roña de los que los la integran.

Creo que en estas cuatro entradas, más que hablar acerca de por qué voy a votar a Jaime Román, lo que he hecho es decir por qué no voy a apoyar la de Manuel Pérez. Es cierto, he traicionado el título, aunque no lo es menos que cuando aparece una alternativa a lo que hay surge por el descontento hacia lo que hay. No obstante, creo que antes de terminar debo dedicarle unas palabras a quien, además de compañero, y a pesar de ello, como se suele decir, considero mi amigo.

A Jaime lo considero mi amigo, no porque pensemos y creamos en lo mismo, no porque no existan diferentes maneras de ver el mundo, sino porque es un tipo honesto a carta cabal, aunque por ahí lo hayan tratado de atacar de manera tan miserable. Al menos en mi caso, no busco amistades en quienes piensen como yo sino en aquellos que hacen cuestionarme mis creencias, los que me mueven el suelo por su forma de estar en el mundo.

Admiro a Jaime porque es íntegro, perseverante, paciente, tenaz. Jamás se rindió, como yo, ante la adversidad. Gane o pierda va a hacer una labor impagable por la profesión, porque contribuye a construir, verbo que sus enemigos no entienden. Además, es una persona que se deja aconsejar sin perder su criterio. Jaime es prudente, escucha y luego hace lo que honestamente cree que debe hacer. Una persona con criterio, el que se ha formado con muchísimos años de profesión, participando en órganos de gobierno de empresas, colegios, sociedades científicas y organismos internacionales. Jaime ha sido secretario de la Organización de Farmacéuticos Ibero- Latinoamericanos, delegado de su sección española; fundador de SEDOF, miembro de SEFAC, presidente de comités organizadores de Congresos, ponente en infinidad de ellos, incluso dentro de sociedades médicas; ha sido vocal de nuestro Colegio y lo conoce por dentro; y consejero en CECOFAR y la actual BIDAFARMA. A sus cincuenta años, ¿quién puede decir que no tiene experiencia?

Por ello mismo, por el profundo conocimiento que tiene de nosotros, Jaime consciente de que la profesión anda por los suelos, desprestigiada entre los profesionales de la salud, pero ama su profesión. La ama casi tanto como a su familia, otro baluarte en su vida.

Jaime es, además, un gran profesional, de los pocos que en este país trabaja y se compromete con los pacientes. Por eso no será, ni por edad ni por forma de ser, presidente para los próximos treinta años. Es más, tengo la certeza de que en cuanto la sucesión esté lista, volverá a su botica, a su espacio natural, a su barrio de San Julián. Con su gente.

Sé que no será fácil su labor como presidente, que cuando haga balance de su mandato es muy probable que sienta hasta una cierta frustración por no haber conseguido todo lo que soñaba. Me encantará escuchárselo. La política es el arte de lo posible, los cambios ni son fáciles ni rápidos, y es por eso que debemos instaurar cuanto antes otra cultura en este colegio.

Finalizo dirigiéndome a los farmacéuticos que pueden votar, en especial a los que se dejan ir, a los que remolonean, a los que piensan que da igual. No es cierto, no da igual. Y, sobre todo, no tengáis miedo al cambio. Tened miedo a lo que hay. El 7 de abril hay que salir a votar, a abrir las ventanas del colegio a través de las urnas. La elección es bien fácil, el debate se centra en quien está con vosotros o con quien está consigo mismo. Ya lo dije, tu voto no es inocente. Elige lo que quieres para ti, no te quedes en tu casa. Estás a tiempo. Dentro de cuatro años será demasiado tarde.

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