CORONAVIRUS Y FARMACIAS


El pasado 11 de marzo, el gobierno italiano decretó el cierre de todos los establecimientos salvo tiendas de comestibles y farmacias. Es obvio que a día de hoy en España la crisis coronavírica no ha llegado, al menos todavía, a las cotas que ha alcanzado en Italia, pero no se puede descartar que las medidas que allí se toman, aunque solo sea por el procedimiento habitual de contagio, acaben por implantarse aquí. Así que pongamos nuestras barbas a remojar, aunque sea en alcohol, por si las moscas, o por si los virus, mejor dicho. Si es que lo encuentran fuera de un bar, claro está.

De lo que voy a escribir compete a farmacias, pero también a la población en general. Y tiene que ver con las prescripciones electrónicas de las que fuimos pioneros y con las que un día nos engatusaron diciendo, cuando nunca fue verdad, que sería la herramienta que nos integraría como profesionales en el sistema sanitario. Cómo nos la metieron doblada unos y otros, los nuestros y ellos, que también deberían ser los nuestros.

La receta electrónica no ha sido más que un intento de desahogar las consultas de atención primaria, de alejar a los pacientes crónicos del control y seguimiento de sus tratamientos y enfermedades. Con un máximo de prórroga de la medicación, sin control alguno, de hasta un año, al menos en Andalucía, la realidad es que hoy en muchos centros de salud basta con llamar a un teléfono determinado para obtener una prórroga automática de… ¡correcto!, un año más. Ese es el control que se hace, con total impunidad. Pero la entrada en el blog no va de esto. El título habla de Coronavirus, y hasta ahora no he hablado de él. Esperen, que sigo hablando de la receta electrónica.

Debido a la variedad de pautas posológicas y de formatos en los medicamentos, no todos los envases que ha de utilizar una persona salen disponibles el mismo día. Sí, el paciente no tiene que volver al médico, quizás en su vida si toca la tecla adecuada y no le importa morirse cuando le llegue su hora, la coartada de uso más frecuente frente a la ineptitud. Pero a la farmacia puede que tenga que acudir todos los días. Y ahora entra el Coronavirus en el artículo. Lávense las manos y póngase la mascarilla antes de continuar.

A propósito, un inciso, un espacio para la publicidad:

En una farmacia de la Carretera Su Eminencia de Sevilla, uno de los barrios más pobres de la ciudad, venden un pack protector frente al Coronavirus, que incluye una mascarilla, extraída por las manos del profesional que luego te cobra de una caja a granel, más un envase de gel hidroalcohólico de manos, al irrisorio precio de 20 euros. Creo que está siendo todo un éxito la promoción en esa zona de Sevilla esquilmada por la pobreza, la exclusión social, y también por su farmacia, que no puede quedarse atrás. Grandes profesionales de la salud esta gente, atentos siempre a las necesidades de sus vecinos. Seguro que llegan lejos.

Hablaba del Coronavirus, y al principio citaba el ejemplo italiano. Pero es que hoy 12 de marzo nuestro presidente Pedro Sánchez ha aconsejado tras el Consejo de Ministros extraordinario que no se salga a la calle salvo lo imprescindible, en especial los pacientes de riesgo. O sea, estas personas que son enfermas crónicas y que, aunque jamás vayan a volver a ver a su médico, necesitan ir cada día a la farmacia a ver si le ha salido la pastilla que les queda de su tratamiento.

¿Alguien está pensando en la Consejería de Salud flexibilizar a los pacientes crónicos el acceso a su medicación para evitar que durante esta crisis tengan que salir de su casa todos los días a guardar colas en las farmacias con otros enfermos potenciales o reales?

Me temo que no, ojalá me equivoque. Pero esta también debería ser una medida a considerar si se pretende minimizar el contacto entre personas de riesgo. Lo dejo ahí. Espero que les interese. Y si no, me queda el consuelo de haberles facilitado una pista donde, si les sobra 20 euros, pueden encontrar a unos profesionales atentos a sus necesidades. Al fin y al cabo, ¿qué son 20 euros si ya no van a poder ni salir a tomarse unas birras?

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