ESTIGMACÉUTICOS


Quienes me conocen saben que nací y vivo en Sevilla. Desde principios de 2006 colaboro como voluntario en un proyecto que denominamos Farmacoterapia en el Polígono Sur de la ciudad, para facilitar acceso a los medicamentos prescritos a vecinos del barrio cuya economía es precaria y les resulta inasumible para su economía pagar lo que les corresponde de la medicación que necesitan. A pesar de que en España existe la posibilidad de que quienes carecen de recursos no paguen por sus medicinas, esto no se cumple con muchos usuarios menos favorecidos y que viven en entornos como este de exclusión social. Un tema para discutir y extenderse, pero que no es el objeto de esta entrada. Esta entrada va, y lo aviso para que no continúen quienes no estén interesados, de farmacéuticos y farmacia en tiempos de la COVID-19.

Polígono Sur de Sevilla

Dentro del Polígono Sur se encuentra el barrio de las Tres Mil Viviendas, que a su vez se conforma por seis barriadas y constituye el núcleo de estigmatización ciudadana más conocido de España. Es un barrio que surgió de la expulsión de ciudadanos de otros barrios en los que vivían en condiciones muchas veces insalubres, con el objetivo de poner en valor espacios de la ciudad de indudable interés residencial y económico, ya que la urbe tradicional carecía de superficies para crecer en tiempos del desarrollismo, último tercio del pasado siglo. La ciudad, después de haber arrasado con cemento todas las huertas antiguas de su casco urbano, solo le quedaba expulsar a los pobladores más pobres Ellos, junto a campesinos que emigraron a la ciudad en busca de una salida a la pobreza a la que los condenaba vivir en sus pueblos, conformaron un perímetro de chabolismo indigno alrededor de la ciudad, y fueron los primeros inquilinos de viviendas sociales que se construyeron para eliminar esos vergonzosos cinturones de pobreza. El resultado, años después, de arrinconar y alejar la pobreza de los ojos ensimismados de la ciudad, con la inestimable ayuda de la droga, fue la conversión de estos barrios en cárceles, con muros pero sin barrotes, que condenaron a sus habitantes a cadenas perpetuas de ignorancia de las que solo algunos héroes y heroínas han podido escapar, condenas y heridas que personajes ilustrados de la ciudad hispalense, lejos de redimir, y mucho menos de tratar de entender sazonan de la forma más cruel, para no dejar dudas acerca del nivel intelectual y moral de sus hijos más reconocidos.

Pero tampoco la entrada va de esto. Y quienes quieran conocer más sobre lo que opino de este asunto pueden leer mi novela Tres mil viajes al sur (Editorial Anantes) y visitar su página web.

Esta entrada, repito, va de farmacéuticos y de farmacia en tiempos de la COVID-19. Siento el extenso preámbulo, pero no he sabido hacerlo de otra manera.

Conocer desde hace catorce años un barrio de exclusión social y compatibilizarlo con mi ejercicio profesional como farmacéutico desde hace casi treinta, me ha hecho encontrar muchas similitudes entre lo que es vivir en las Tres Mil y ejercer de farmacéutico comunitario. Porque si bien los habitantes de este barrio viven a diario con la exclusión social, el farmacéutico comunitario es un profesional de la salud también en exclusión. Basta recordar las tristes palabras del epidemiólogo Fernando Simón respecto a nosotros, nueve muertos ya entre los profesionales que ejercen en farmacias comunitarias, más que en ninguna otra profesión sanitaria, para los que los riesgos que sufrimos por la COVID- 19 son inherentes a nuestra labor profesional.

Las farmacias se utilizan, como las Tres Mil sirve de depósito de inmigrantes, para soltar lastre, para quitarse de encima todo aquello que incomoda ante la emergencia sanitaria, lo cual estaría muy bien si se entiende como colaboración en beneficio del paciente con visos de continuidad, pero no tanto si tras la crisis todo vuelve al punto de partida y se desentienden de nosotros. Los farmacéuticos sabemos que podemos ofrecer muchísimo más a un sistema sanitario que de verdad, y no en los papeles o en un power point, se preocupe por el máximo bienestar de los ciudadanos y por dotar de la máxima eficiencia a un sistema que pagamos entre todos. Pero, negarnos los equipos de protección, abandonarnos a merced de mercaderes, internos o externos a la profesión, para conseguir defender nuestras vidas mientras ejercemos una labor de primera necesidad, me hace pensar que nuestro papel en la crisis será más de usar y tirar cuando las aguas vuelvan a su cauce, ante la ignorancia de los ciudadanos.

Vivir en la exclusión, en este caso profesional, nos deja también a merced de los patriarcas de nuestro barrio, de gobernantes profesionales más interesados, aunque no lo defiendan de boquilla sino todo lo contrario, en mantener el statu quo que les beneficia, sostenidos por una inmensa masa profesional temerosa que prefiere, y se acostumbra a vivir de ellas, las migajas que proporciona y da estabilidad a la situación de indigencia, aunque algunos tengan que pagarlo con la muerte o el exilio, antes que realizar cambios profundos que liberen a su profesión del estigma que la persigue y que, como todos los estigmas, tienen su parte de verdad.

Ojalá que cuanto todo esto pase, los farmacéuticos sepamos ocupar de forma definitiva el espacio que nos han obligado a sumir a cara descubierta, y que de forma tan excelente estamos cumpliendo, aunque no haya partido progre que nos saque como farmacéuticos sino como farmacias en sus memes.

Ojalá nos demos cuenta de que es posible cambiar, porque el cambio estaba y está desde hace mucho tiempo en nosotros. Porque, cuando se nos ha dado una oportunidad, no solo hemos cumplido, sino que hemos sobrepasado las expectativas que teníamos sobre nosotros.

Ojalá que esto no sea perecedero, que no nos aboquen a tener que arrojarnos a un SIGRE profesional en el que enterrar nuestros sueños y los derechos de los ciudadanos respecto a sus medicamentos.

Ojalá que sepamos cambiar, que deseemos cambiar. Ojalá que los patriarcas lo entiendan. Y si no, a por ellos.

Ojalá que la tierra no te bese los pasos (Silvio Rodríguez).

Un comentario en “ESTIGMACÉUTICOS

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