EN QUÉ ESTAMOS


Hoy he recibido la primera dosis de la vacuna frente a la covid-19. A pesar de mi profesión y del riesgo de mi exposición, me siento un privilegiado por haber entrado dentro del primer diez por ciento de ciudadanos que han recibido al menos una dosis de la vacuna. Mientras guardaba la fila antes de entrar en la sala donde me la inyectarían, no he podido evitar acordarme de muchas personas, enfermos de riesgo, que podrían sufrir graves consecuencias o incluso la muerte y que tendrán que aguardar su turno para ser inmunizados. Cómo no, también de tantos fallecidos para los que nunca podrá existir siquiera esa posibilidad, entre los cuales hay no pocos farmacéuticos, compañeros de profesión, que se han dejado la vida en el camino.

Atravesé la puerta pensando en todas estas personas con agradecimiento por haberme cedido su turno y con la esperanza de hacer honor a ellas en la medida de mis posibilidades. Luego me dirigí a un mostrador en el que me dieron un número y desde allí me derivaron a otro espacio en el que dos miembros del personal de urgencias se interesaron por mis alergias, recordaron mis antecedentes y me informaron sobre los efectos secundarios más comunes de la vacuna. Desconozco si eran enfermeros, en su uniforme solo aparecía la palabra Urgencias, pero no eran farmacéuticos.

Durante este año de pandemia, he asistido al ofrecimiento del colectivo a las autoridades para dispensar test de diagnóstico, ofrecer el espacio de las farmacias para realizarlos e incluso para vacunar. Sin embargo, y a pesar de las buenas intenciones que no dudo albergasen dichas propuestas, hoy he echado de menos que hubiera farmacéuticos informando sobre los riesgos de ese medicamento de la comunidad al que denominamos vacuna.

Con esto no quiero culpar a nadie. Desconozco si se ha intentado y no se ha logrado, o si no se ha tenido en cuenta. Como tampoco sé si nuestros representantes y sociedades científicas están o tienen previsto realizar algún tipo de investigación sobre los efectos secundarios sufridos por las personas que nos vamos a vacunar. Qué gran lugar una farmacia para comunicar si se ha experimentado algún problema o, por el contrario, como es de desear, todo ha ido de perlas.

Quizás esté mal del oído, pero lo cierto es que he escuchado demasiado ruido en las redes sociales sobre todo aquello que tuviera que ver con dispensar algo y, poco, o nada, sobre colaborar en la información y seguridad de un medicamento en cuyo éxito nos va la vida. Desconozco si mi audífono no funciona o es el de la profesión, que no sabe escuchar a la sociedad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s