EL ABRAZO


Imagen de Borka Szabó en Pixabay

Hoy me he dejado abrazar en la farmacia. Ella acababa de leer mi última novela publicada, Tres muertos (Ediciones La Isla de Siltolá). A sus casi setenta años, me confesó que se había visto reflejada como mujer en las dos primeras historias, y afirmó que todas las mujeres de su generación deberían leer la novela, porque habla de ellas, de generaciones esforzadas y machacadas por una sociedad en la que eran seres de segunda fila, apenas perpetuadoras de la especie o cuidadoras de quienes lo necesitaran.

Me dio la mano, y yo se la tomé, antes de preguntarme si yo era el protagonista de la tercera y última historia. Cuando le respondí que sí, me miró y me dijo que en ese momento lo que más le gustaría era abrazarme. Y nos abrazamos. Estoy convencido de que en un gesto así no hay virus que se interponga. Y si lo hay, no importa. El amor todo lo puede, todo lo vence, hasta la enfermedad. Porque incluso si esta aparece, lo que suceda habrá merecido la pena.

A veces pienso que he tirado por la borda mi carrera literaria. Siento que mis libros, en buena parte descatalogados o próximos a ello, no han tenido el recorrido que corresponde al amor recibido de lectores y lectoras desconocidos. Creo que no he sabido manejarme en un mundo que desconocía, y ahora que me cuesta tanto trabajo publicar mi quinta novela, ante el riesgo de equivocarme de nuevo, me lo vuelvo a preguntar.

Sin embargo, gestos como el de hoy, demuestran que lo recogido ha merecido la pena. Quizás frustre que no pueda recoger más, y no hablo necesariamente de dinero, sino de cariño.; que no pueda haber dado más a quienes como ella también podrían haberse sentido identificadas y consoladas por estas historias. Siempre he dicho que un libro es un encuentro entre el lector y el escritor, y qué mejor encuentro que el que produce un abrazo sentido. Pero me hubieran gustado muchos más abrazos. Muchos más. Abrazos como el de hoy, aun con mascarillas. Dos cuerpos unidos, rodeados y protegidos por los brazos del otro. No hay nada más bello, jamás lo habrá. Y por eso quiero más, muchos más. Ojalá esté a tiempo.

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