ESTE PARTIDO… LO GANAMOS

El domingo por la noche, después de reírnos un rato a costa del atracón de merengues que se estaba dando el vecino, Jul y Gan, más un servidor, nos quedamos un rato de tertulia. No teníamos mucha prisa, porque lo único que teníamos que hacer al día siguiente es ir a sellar la tarjeta del paro, y la cita era a las doce.

Cambiamos de tema, no sin despedirnos de nuestro ilustre colindante dándole las buenas noches al son del Arrebato. […]

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DECIMOSÉPTIMA

Sí, diecisiete finales en los últimos doce años. Hemos llegado a otra, esta vez en la Copa del Rey, y quién sabe si la de la Champions no espera. ¿Muy optimista, exceso de euforia? Sin duda. Puede que además, ayuno de realismo, como algunos aficionados de nuestros reales vecinos, que en cuanto ganan dos partidos hacen un mundo de estadísticas y probabilidades con las emanaciones de la chimenea. […]

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EXISTE UN EQUIPO LLAMADO SEVILLA ATLÉTICO

Imagino que ustedes no saben que en 1994 trabajé durante dos meses como voluntario en la frontera entre la República Democrática del Congo, entonces Zaire, y Ruanda, en un campo de refugiados de hutus ruandeses que habían huido de la guerra civil en la que sucumbieron aproximadamente un millón de los seis millones de habitantes del país. Allí, en la ciudad de Goma, conocí a un Hermano Marista español que me dijo que Dios lo sabía todo menos tres cosas: lo que piensa un jesuita, lo que va a decir en una homilía un dominico y cuántas órdenes de monjas hay. Sin embargo, yo creo que Dios no sabe algo más, la cuarta, y es por qué continúa Tevenet entrenando al Sevilla Atlético, […]

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EL RETORNO DEL ALMA

Quién nos lo iba a decir hace seis días tan solo. Ni el más optimista de los nuestros hubiera pensado que el Sevilla iba a ganar en el Wanda, y menos aún después de ver perforada nuestra portería cuando aún había tiempo para caer de nuevo por goleada. Meses atrás, qué digo meses, semanas atrás, el misil lanzado por Diego Costa hubiera sido el principio de una bajada de brazos del tipo de la aciaga noche frente al Spartak de Moscú, por citar una de las vergonzosas goleadas que hemos sufrido durante esta temporada. Pero no, el equipo no se descompuso como otras veces, no le perdió la cara al partido y […]

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FICHAR UN ALMA

El Sevilla continúa en caída libre, por el momento no parece haber límites para el equipo en el peor sentido en el que se puede marchar, cuesta abajo y sin frenos. Si el Sevilla no viajase en avión y tuviera que regresar por la AP- 6, la bola de nieve que podría formar en su descenso no cabría en la tan palangana Dirección General de Tráfico.

Los sevillistas, habituados a la gloria de una década prodigiosa― esa sí que es histórica, vecinos y no la que o inventáis y extraéis de los pozos oscuros de la estadística―, estamos desconcertados y […]

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DARSE EL LOTE

Son las nueve de la mañana del domingo, de un domingo cualquiera, a pesar de que sea hoy domingo cuando escriba esto y hoy haya sido también el día que haya hecho esta foto. Una mala foto, por cierto. Sin que valga como excusa, la hice apresuradamente, entre la indignación del suelo y la del cielo― la indignación de ver a ese anciano subido a la escalera― y con un profundo respeto hacia la persona que recogía aceitunas en un jardín público. Justo lo contrario a lo que sentía por quienes fueran los protagonistas de la escena que se dibujaba en el suelo.

Cristales rotos de botellas compradas en cualquier cadena de supermercado horas antes. Bolsas, latas, basura esparcida al compás de la risa y la educación. Papeleras arrancadas de cuajo de sus sujeciones como hitos y como mitos de esos héroes jóvenes gracias a los que continuaremos liderando en el mundo los trasplantes hepáticos.

Cada noche de cada fin de semana se abren las puertas de esos sepulcros blanqueados que son nuestras residencias y de ellas salen los zombis que se dirigirán a las selectas bodegas a comprar sus lotes. Para darse el lote, expresión que en mis tiempos era otra cosa bien distinta. Se acercarán a cualquier supermercado, en el que adquirirán lo que les plazca, mostrando cualquier carnet de identidad con la habilidad de trilero, para obtener esos lotes que incluyen bebidas, hielos o vasos de plástico.

Los muchachos que destrozan su hígado mientras destrozan nuestro mobiliario urbano, son hijos de un sistema educativo con religión y sin filosofía, hijos de un sistema económico en el que la ley del más fuerte o el engaño constituyen los modelos a seguir, hijos de un sistema político en el que hay un rey y una familia que hará lo que le plazca, inviolable, y heredará el poder sin más razón que su apellido, y de una democracia en la que prima la libertad de expresión a la vez que se coarta la de pensamiento. Son hijos de un mundo al que hay que mirar borracho, porque es la borrachera la que parece permitir la única vía de escape posible.

Estos muchachos son también hijos de padres universitarios, que un día fueron guays y trabajaban para multinacionales que parecían suyas, que viajaban por el mundo y se lo comían si hacía falta, que te miraban complacientes, satisfechos, creyéndose los putos amos, hasta que dejaron de necesitarlos y ahora se debatan entre continuar en el paro o vender seguros a comisión, dando sablazos a antiguos amigos que aún resisten en el mundo que ellos contribuyeron a crear y siguen manteniendo con sus votos, con la esperanza de que solo estén viviendo un mal sueño, con el anhelo de volver a formar parte del mundo al que solo pertenecieron en su imaginación.

He visto a alguno de estos muchachos de madrugada apedrear a vagabundos y salir corriendo, escupiendo su miseria sobre los parias, aquellos que justifican que ellos se sientan privilegiados a pesar de que solo vayan a acabar siendo millonarios en transaminasas. Porque la riqueza no es un valor absoluto sino relativo, y la mierda puede llegar a ser satisfactoria siempre que la de los otros huela peor.

¿Qué le habrían hecho al pobre viejo si en lugar de haber ido de día hubiera ido de noche a recoger aceitunas, las aceitunas que luego revenderá o meterá en salmuera para sacar un jornal o matar el hambre? Me temo que el viejo hubiera sido un residuo orgánico más entre tantos a la mañana siguiente. Unos ganándose la paga en el cielo y otros vomitándola en el suelo.

Si quieren ver cuál es la salud democrática de este país, atrévanse a entrar de noche cualquier fin de semana en los jardines de un barrio pijo. No hace falta irse al extrarradio canalla. Basta con ver a los nuestros. Seguid votándolos, que vuestra bilis ni la de vuestros hijos os ahogue, cobardes.