CÓMO ADQUIRIR “TRES MUERTOS” FUERA DE ESPAÑA

A continuación os cuento cómo poder conseguir mi última novela fuera de España. Muchos habéis sido los que me habéis preguntado, en especial en el continente americano, así que aquí va la explicación.

Antes que nada, los datos del libro:

Título: Tres muertos.

Autor: Manuel Machuca.

Editorial: Ediciones La isla de Siltolá.

ISBN: 978-84-17352-42-4

Ediciones La Isla de Siltolá, editora de Tres muertos, tiene dos distribuidoras internacionales para sus libros:

LA PANOPLIA EXPORT

Dirección web: www.panoplialibros.com

Pedidos: pedidos@panopliadelibros.com

CENTRO DE EXPORTACIÓN DE LIBROS ESPAÑOLES (CELESA)

Dirección web: www.celesa.com

Pedidos: celesa@celesa.com

La solicitud del libro puede realizarse de dos formas:

  1. A través de vuestra librería de confianza.

Esta es la forma que personalmente más me agrada, ya que creo que las librerías son una pieza fundamental en el sector de los libros. Cuando vayáis a encargarlo, decid a vuestro librero, además del título, autor, editorial, e ISBN si queréis, que lo encargue a cualquiera de las dos distribuidoras que se lo podrían facilitar. Vuestra librería os dirá cuándo estará disponible.

  • Directamente a través de la distribuidora.

Podéis dirigiros directamente a las distribuidoras a través de sus direcciones web o de correo electrónico para que os lo envíen.

Espero que esta entrada os aclare la forma de encargarlo. Solo me resta agradeceros a los que lo solicitéis y que me enviéis vuestros comentarios sobre su lectura al Rincón de los lectores de mi página www.tresmuertos.es

¡Gracias y buenas lecturas!

EN EL TIRO DE LÍNEA, CLARO QUE SÍ

Quien haya venido a las presentaciones de mis libros, sabe que son diferentes, pero que tienen un sentido. Tan solo la primera, la de Aquel viernes de julio, tuvo, por así decirlo, un formato clásico, aunque con la suerte de que me acompañase una mujer como Concha Caballero, a la que echamos tanto de menos en momentos políticos como este.

Cuando presenté El guacamayo rojo, que contaba la historia de tres generaciones de emigrantes andaluces en Brasil, lo pude hacer junto a escritores y profesores de literatura emigrantes, que saben del desarraigo, y con Vicky Luna e Ismael Rodríguez, el gran dúo Chez Luna, que con tanta generosidad inundó aquella noche lluviosa de notas de samba y bossa nova.

He tenido mucha suerte en las presentaciones. Por tantas personas que acudieron a mis llamadas y también por todos los que me dijeron sí a compartir conmigo aquellos días: Concha, Raquel Campuzano, Alejandro Mejías, Rocío Muñoz, John Julius Reel, Ismael, Vicky… como después la tuve con Anabel Caride, Antonio Ortega o Mar González, la Fundación Alalá, el grupo de teatro No nos duele na y los Poetas Sureños cuando se presentó Tres mil viajes al sur en San Bernardo, un lugar especial en el que sus habitantes fueron de las primeras víctimas de la gentrificación, ese mal moderno que arrasa los barrios tradicionales de las ciudades.

Esta vez, para la cuarta novela, nos iremos al Mercado del Tiro de Línea, a la plaza de abastos del barrio en el que nací y del que me fui muy pronto, a los dos años, cuando la casa de mi abuela pasó a ser la de mis tíos. Es en este barrio en el que se desarrolla buena parte de la historia que cuenta Tres muertos, y por eso, la intención de presentarla en un espacio emblemático del barrio.

Y nuevamente la generosidad, la de los placeros, encabezados por su presidente Paco Ávila y por Manolo Rodríguez, que han puesto todas las facilidades posibles y casi imposibles para que la presentación tenga lugar y sea un éxito. Un mercado implicado en lo cultural y en lo social. En lo cultural, porque celebran actividades de todo tipo, como lecturas del Quijote, y porque tienen un espacio para lectura e intercambio de libros; y en lo social, porque dispone de un frigorífico solidario para alimentar a personas de bajos recursos de forma gratuita. Lo dicho, este mercado es un sostén del barrio, que alimenta el estómago y el alma de los necesitados.

A pesar de su título, Tres muertos es un libro con mucha vida, con la vida que resiste tras el dolor, tras la muerte, y qué mejor que presentarlo en un espacio que es vida de barrios como el Tiro de Línea, alejados de rutas turísticas pero que, sin embargo, albergan la esencia más pura de la ciudad. Y allí se presentará, entre puestos de flores, de carnes y pescados, de ultramarinos; alma y vida.

Y nuevamente gracias a quienes me van a acompañar esta vez: a Eduardo y a Ana, a Lola, a Elena e Isaac, a Amparo y a las canciones de mi vida; a todos los que deseéis acercaros a compartir esta noche tan especial.

Y no voy a terminar sin acordarme y agradecer a una persona esencial para mí desde que ambos nos desviamos de la autopista de nuestra carrera universitaria para adentrarnos en carreteras secundarias, sin duda las más bellas y luminosas: Lourdes Ramírez Mota, mi amiga, mi compañera de camino artístico, siempre generosa cada vez que la necesito, y a la que solo le puedo achacar el defecto de que hace tiempo que me debe un cartel que nunca me da. Pero es tanto lo recibido, tanto lo que me ha dado, que esta vez será la última que se lo recordaré.

Os espero el viernes 17 de mayo, una noche de voces, de baile y de vida. De mucha vida. Y no os olvidéis de que hay una lista de Spotify denominada Tres muertos, la banda sonora de esta historia.

POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN (Y IV)

Jaime Román, en el Care Center de su farmacia.

Cuando finalicé la penúltima entrada en referencia a las elecciones al Colegio de Farmacéuticos de Sevilla, escribí que iba a referirme en esta a los nuevos candidatos a la Junta de Gobierno de la candidatura antigua, en especial, por conocerlos, a María de la Matta y a Domingo Ortega, porque su inclusión en la lista me ha decepcionado. Creo que toman el estéril papel que un día cumplió Jaime Román, que mucho antes asumí brevemente yo, de personas con inquietudes que tratan de cambiar lo que no les gusta desde dentro. Al menos, eso quiero pensar. Ya me lo advirtieron a mí en una conversación inolvidable con un veterano farmacéutico; imagino que ya se lo avisaron a Jaime, y ahora siento que debo hacerlo yo, asumiendo el papel de aquel compañero al que no quise escuchar.

No es momento de dudar de vuestras buenas intenciones, el tiempo dirá si las eran, pero quienes tratamos de cambiar las cosas por dentro acabamos donde estamos ahora, fuera, después de servir para blanquear y atraer las voluntades de un sector joven de votantes que suele estar bastante desinformado. Allí se lleva mal sacar los pies del tiesto, las ideas propias, el pensamiento crítico. Y, al igual que las puertas giratorias quedan estrechas como ya se sabe, aquello de que quien se mueva no sale en la foto es dogma de ley, se esté dentro o fuera de la Junta de Gobierno. Cada cual sabe por qué da el paso para representar a la profesión, pero los que blanquean una candidatura han de saber que también ellos se manchan con la roña de los que los la integran.

Creo que en estas cuatro entradas, más que hablar acerca de por qué voy a votar a Jaime Román, lo que he hecho es decir por qué no voy a apoyar la de Manuel Pérez. Es cierto, he traicionado el título, aunque no lo es menos que cuando aparece una alternativa a lo que hay surge por el descontento hacia lo que hay. No obstante, creo que antes de terminar debo dedicarle unas palabras a quien, además de compañero, y a pesar de ello, como se suele decir, considero mi amigo.

A Jaime lo considero mi amigo, no porque pensemos y creamos en lo mismo, no porque no existan diferentes maneras de ver el mundo, sino porque es un tipo honesto a carta cabal, aunque por ahí lo hayan tratado de atacar de manera tan miserable. Al menos en mi caso, no busco amistades en quienes piensen como yo sino en aquellos que hacen cuestionarme mis creencias, los que me mueven el suelo por su forma de estar en el mundo.

Admiro a Jaime porque es íntegro, perseverante, paciente, tenaz. Jamás se rindió, como yo, ante la adversidad. Gane o pierda va a hacer una labor impagable por la profesión, porque contribuye a construir, verbo que sus enemigos no entienden. Además, es una persona que se deja aconsejar sin perder su criterio. Jaime es prudente, escucha y luego hace lo que honestamente cree que debe hacer. Una persona con criterio, el que se ha formado con muchísimos años de profesión, participando en órganos de gobierno de empresas, colegios, sociedades científicas y organismos internacionales. Jaime ha sido secretario de la Organización de Farmacéuticos Ibero- Latinoamericanos, delegado de su sección española; fundador de SEDOF, miembro de SEFAC, presidente de comités organizadores de Congresos, ponente en infinidad de ellos, incluso dentro de sociedades médicas; ha sido vocal de nuestro Colegio y lo conoce por dentro; y consejero en CECOFAR y la actual BIDAFARMA. A sus cincuenta años, ¿quién puede decir que no tiene experiencia?

Por ello mismo, por el profundo conocimiento que tiene de nosotros, Jaime consciente de que la profesión anda por los suelos, desprestigiada entre los profesionales de la salud, pero ama su profesión. La ama casi tanto como a su familia, otro baluarte en su vida.

Jaime es, además, un gran profesional, de los pocos que en este país trabaja y se compromete con los pacientes. Por eso no será, ni por edad ni por forma de ser, presidente para los próximos treinta años. Es más, tengo la certeza de que en cuanto la sucesión esté lista, volverá a su botica, a su espacio natural, a su barrio de San Julián. Con su gente.

Sé que no será fácil su labor como presidente, que cuando haga balance de su mandato es muy probable que sienta hasta una cierta frustración por no haber conseguido todo lo que soñaba. Me encantará escuchárselo. La política es el arte de lo posible, los cambios ni son fáciles ni rápidos, y es por eso que debemos instaurar cuanto antes otra cultura en este colegio.

Finalizo dirigiéndome a los farmacéuticos que pueden votar, en especial a los que se dejan ir, a los que remolonean, a los que piensan que da igual. No es cierto, no da igual. Y, sobre todo, no tengáis miedo al cambio. Tened miedo a lo que hay. El 7 de abril hay que salir a votar, a abrir las ventanas del colegio a través de las urnas. La elección es bien fácil, el debate se centra en quien está con vosotros o con quien está consigo mismo. Ya lo dije, tu voto no es inocente. Elige lo que quieres para ti, no te quedes en tu casa. Estás a tiempo. Dentro de cuatro años será demasiado tarde.

POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN (III)

Antes de continuar, he de aclarar que mis reflexiones no son más que las de un votante. Exclusivamente esas, las de un votante que, como dije el primer día, ha visto que años de trabajo para ayudar a transformar una profesión no han servido para mucho, y ello debido a sus torpezas, sin duda, y también, y eso es lo peor, a la firme oposición de quienes ocupan cargos precisamente para eso, para el bien común, y se dedican a la caza de todo el que pretenda sacar los pies de un tiesto que consideran suyo.

Dicho esto, en la entrada electoral anterior me referí a la mezcla de intereses personales y colectivos que nos condicionan el voto, y hablé de los míos. Desconozco lo que moviliza a otros votantes, a los candidatos a tomar sus decisiones, y por eso me gustaría hacer una serie de preguntas para que, si alguno de los que pensáis votar (votad, por favor, a quien creáis, a quien os dicte vuestra conciencia, pero votad) se las hagáis a los candidatos o reflexionéis acerca del tema. Porque muchas cuestiones no son de ideales, sino de la pasta que ponemos entre todos para que el Colegio funcione, para que los cargos elegidos se dediquen en cuerpo y alma, pues para eso les pagamos sustitutos, a defender nuestra profesión.

Hablando de sustitutos…

Comentan que Manuel Pérez, actual presidente del Colegio, en razón de su cargo y de su puesto en el Consejo Andaluz de Colegios, goza de sustituto y medio para desarrollar su importante labor, un farmacéutico sustituto a tiempo completo por parte del colegio provincial, y medio por el autonómico, fracción a la que han renunciado otros miembros del Consejo Andaluz que ya tienen sustitución íntegra en su Colegio provincial. ¿Es tan grande nuestro presidente que debe sustituir su labor un farmacéutico y medio pagado por nuestras cuotas? No hablo de legalidad sino de ética. A una persona la sustituye una persona; no hay más, no hay menos. ¿Es esto así? ¿Estamos de acuerdo en eso? Yo, particularmente, si esto es así, creo que no es moral y que lo justo sería pagar una sustitución. Y me gustaría que Jaime Román, si llegara a ser presidente, renunciara, se comprometiera, a jamás tener más de un farmacéutico sustituto.

He oído también que el vicepresidente Manuel Ojeda, del que cuentan también que cobra importantes honorarios como farmacéutico-piloto de las innovaciones informáticas que nos llegan, he oído, digo, que ha despedido a la farmacéutica, o farmacéutico, no sé, que tenía como sustituto con cargo a nuestro presupuesto, que en su lugar ha contratado a un hijo, y que la indemnización por despido la hemos pagado entre todos, con cargo a nuestro presupuesto, decenas de miles de euros. ¿Es así? Ojalá no lo sea, porque es probable que continúe siendo el vicepresidente de todos, y no me agradaría que nadie así me representara ni defendiera mis intereses (es un decir). Lo he escuchado de algún cargo más, pero ha sido solo una vez. Espero que no sea cierto y que, si lo es, retire su candidatura. Y si ganase Jaime Román, que tiene una hija que pronto será farmacéutica, nos garantice a todos que ningún familiar se contratará con cargo a nuestros presupuestos. No sé si será legal. Pero la ética…

Y regresando al presidente actual, que goza de sustituto y medio para ejercer su labor profesional, aquella que comenzó a compatibilizar con cargos gremiales cuando tenía veintinueve años, mucho más joven que el 95% de la candidatura de Jaime Román (atacada por joven, Dios mío, cuando Manuel Pérez, Pedro Sánchez, Juanma Moreno y tantos otros han llegado a presidentes  de estructuras más complejas con más de diez años de antelación que Jaime), hay otra cuestión que me preocupa: Previsión Sanitaria Nacional.

Nuestro presidente es consejero de esta compañía de seguros, antaño de profesionales sanitarios y hoy de universitarios en general, al igual que otros cargos relevantes de diferentes colectivos. Incluso dicen que se le busca acomodo allí la antigua presidenta de la FIP y del Consejo General, para que continúe luchando por nuestra profesión desde los seguros y previsión del riesgo. Según las cuentas que aparecen en la web, haciendo una somera división de la retribución agrupada que recibe el Consejo de Administración de la compañía, cada consejero ganaría una media de unos cien mil (100.000) euros anuales por formar parte del mismo, por ejercer su labor, dietas aparte. ¿Son ciertas estas cifras? ¿Ese dinero que se percibe, para un puesto al que difícilmente se accedería si no se tiene el cargo corporativo que se tiene, es un ingreso personal del presidente? ¿Lo dona al Colegio de Sevilla? ¿Seguiría siendo consejero mucho tiempo si dejara de ser presidente? ¿Tiene que ver eso con las continuas ofertas de seguros que recibimos de esa compañía, con los seguros que tiene acordado el Colegio? ¿Tiene relación con el expositor de seguros que hay a la entrada de nuestra sede? No lo sé, me gustaría saberlo, y que la respuesta fuera negativa, por el bien de todos. Porque no se trata de un tema de puertas giratorias, ni siquiera habría habido que atravesar puerta alguna. Es más, si se atraviesa la puerta giratoria podría perderse. Y me gustaría, si Jaime Román llegara a ser presidente, que renunciara a ocupar puesto alguno que no sea el inherente a su cargo profesional.

Bien. Llegado este punto, y para no dilatar más esta entrada. Tengo la sospecha de que, de ser ciertos estos rumores, el interés por continuar en los cargos no tiene sentido colectivo alguno, que el interés es continuar disfrutando de estos beneficios personales que, ojalá, y lo digo sinceramente, no sean verdad. Y que es por eso nos infunden el miedo a cambiar. El miedo, esa arma tan destructora para quienes no desean pararse a pensar. No tengamos miedo al cambio (el dinero de la Consejería de Salud lo cobra el Consejo Andaluz, no se le va a perder a la gente de Iniciativa Farmacéutica).

Que nos expliquen, que nos aclaren, que nos digan a la verdad. Y que si esta es la verdad, que se vayan. CONTINUARÁ.

P.D.: La próxima, y última entrada electoral prevista, se la dedicaré a los nuevos de la candidatura de Manuel Pérez, a los que blanquean con juventud y/o profesionalidad el más de siglo que en su conjunto llevan los pesos pesados de la actual Junta de Gobierno. Y en especial, a María de la Matta y a Domingo Ortega, por lo mucho que me decepciona que hayan entrado en ese juego.

El voto esta vez no será inocente. La culpabilidad, o responsabilidad, la introduciremos en una urna. O quizás no haya que pasar ese apuro y prefiramos votar por correo.

POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN (II)

La democracia implica poner en valor el deseo de la mayoría de una organización, decidir entre todos hacia dónde pilotar la nave y, sobre todo, a quiénes se lo encargamos. Esa es su grandeza, aunque a la hora de emitir el voto no sepamos lo que moviliza a tomar la decisión de cada cual, si es un interés personal o el colectivo, el que prima en la decisión. Asimismo, quienes se postulan como candidatos dicen siempre hacerlo en beneficio de ese todos que tan mal resuena en una era tan individualista como la que vivimos, a pesar de que más veces de las deseables sea un interés personal relacionado con el poder el que los movilice. Esas son las miserias de algo tan grande como la democracia, porque cualquiera, y menos mal, puede, o podría, acceder al poder, y eso enciende las ambiciones de muchos con intereses muy diferentes a los colectivos. Voy a dedicar las dos siguientes entradas en relación a las elecciones en el Colegio de Farmacéuticos de Sevilla a esos intereses, empezando, lógicamente, por los míos.

En lo personal, destacaría dos circunstancias a lo largo de mi trayectoria profesional, que marcan mi deseo de que la actual Junta de Gobierno deje de serlo, incluidos sus nuevos candidatos, a los que más adelante dedicaré también unas palabras.

Fuertes con los débiles. Débiles con los fuertes.

Corría el verano de 2005, hace ya casi catorce años, cuando por unas circunstancias familiares dejé de ostentar la titularidad de una farmacia, lugar en el que he ejercido siempre desde mis inicios y en el que he desarrollado toda mi actividad clínica, docente e investigadora, y obtuve una beca en la Universidad de Granada para dirigir tesis doctorales a farmacéuticos comunitarios. Como llevaba muchos años viendo pacientes (yo los veo, ¿sabes?) pensé que sería una buena idea tener una consulta legal en la que no perder mi experiencia clínica. Hablé con el director de un centro médico privado, le expliqué lo que pretendía hacer y le encantó mi propuesta, para que luego digan de los médicos. Era agosto, y en previsión de que no hubiera nadie en el Colegio para hablar el tema y hacer todo de forma escrupulosamente legal, redacté un escrito al que le di entrada en la institución, un escrito que al igual que otros a los que me voy a referir, igual que esos papeles personales de Jaime Román que airean, estará en el Colegio y que podrían pedir (doy mi consentimiento, a diferencia de Jaime, al que no le preguntaron) a la espero que Junta de Gobierno saliente. Tuve la suerte de encontrarme con el vicepresidente, obvio el nombre porque es el mismo desde entonces y desde antes, y le expliqué en su despacho lo que pensaba hacer. Me escuchó y me propuso acudir a una Comisión Permanente a explicarlo. Obvio dar detalles sobre el primer grado al que me sometieron, pero el resultado fue, de palabra, para no dejar rastro, supongo, y a través del gerente, que me quedaba sin seguro de responsabilidad civil porque iba a ejercer una actividad alegal. Como consecuencia de eso, tuve que ponerme en manos de un abogado, evidentemente no el colegial, y elevar una consulta al Ministerio de Sanidad para que reconociera mi actividad. La contestación también está en el registro colegial, lamento no adjuntarla ahora al encontrarme en Uruguay pero díganmelo si la quieren ver y, a partir del 19 de marzo, fecha de mi regreso, la subo (o pídanla a sus representantes colegiales). La respuesta del Ministerio de Celia Villalobos, la del decreto de los medicamentos caros, fue que no tenía por qué reconocerme nada porque lo que iba a ejercer estaba recogido desde 2003 en la legislación estatal sobre profesiones sanitarias. En este embrollo me metieron, y mi dinero que me hicieron gastar para mi defensa, por tratar de continuar aprendiendo para cuando regresara a la farmacia después de que terminase la beca de investigación que disfrutaba. La respuesta fue el silencio y en la consulta continué aprendiendo con los pocos pacientes que vi pero que me sirvieron para crecer como profesional. La respuesta fue el silencio.

Años después, antes de un congreso sobre enfermedades raras, eso lo recuerdo bien, quizás de 2009 o de 2011 (tampoco tengo aquí en Uruguay el registro de entrada, pero se puede obtener por las mismas vías que comenté con anterioridad), solicité una entrevista al presidente para entregarle un proyecto, desarrollar dentro del Colegio una Unidad de Optimización de la Farmacoterapia de carácter docente,  similar a la que existe de formulación magistral, con el objeto de enseñar a los farmacéuticos a ejercer la práctica de manera tutelada, de forma que pudieran llevar sus pacientes al Colegio y alguien experto, no yo, sino una de las farmacéuticas que trabajan en la institución a la que se formaría, formase al farmacéutico y ayudase a los pacientes con sus medicamentos. Era copiar la exitosa experiencia que habíamos implantado años antes en la ciudad argentina de Rosario de la mano de su colegio profesional y la Facultad de Farmacia. El presidente quedó en llamarme en cuanto pasara el Congreso. Aún no lo ha hecho.

En ambas situaciones, me movía ofrecer una práctica asistencial al servicio de los pacientes, y también, por mi faceta docente que ejerzo desde hace veintiún años, a los farmacéuticos. Ofrecer una experiencia personal en beneficio de un colectivo que podía ofrecer herramientas útiles y necesarias a las personas, más salud con los medicamentos en nuestro caso, el deber de cualquier profesional de cualquier sector de contribuir al desarrollo de la sociedad en la que vive. Sin duda que podrían haber pensado diferente, verlo de otra manera, pero nunca dijeron nada, jamás pude saber si estaba equivocado, porque la respuesta fue el silencio. Mientras tanto, la experiencia argentina, a pesar de sus crisis crónicas, ha cumplido diez años.

Amenazas y silencio, eso es lo que he recibido de una Junta fuerte con los débiles y débiles con los fuertes. Fuertes con farmacéuticos individuales como yo, que en cuanto salen respondones no los enfrentan sino que mascullan; débiles frente al poder, que día tras día socava el papel profesional y, lo que más duele a un profesional, en su retribución económica, visto el papel que cumple.

Hay un error de base en muchos colegios de farmacéuticos, el de que todos debemos crecer profesionalmente a la vez, que los avances profesionales deben ir a pasos que todos puedan dar. ¿Fue el colegio médico británico quien le pidió a Fleming que descubriera la penicilina, o el francés el que le pidió a Pasteur que desarrollase las vacunas? No, los cambios se consiguen permitiendo que la gente puntera en la profesión descubra nuevos caminos, y el papel que debería ejercer el colectivo es ayudar a conseguirlo y poner las bases para normalizar esos avances, diseñando un modelo ético para su ejercicio y un camino, incluido el retributivo, para que todos los demás tengan la oportunidad de asumir los cambios. Por eso no es verdad que la Junta de Gobierno actual con maquillajes blanqueadores vaya a cambiar nada. No sé si Jaime lo podrá conseguir, pero continuar por la misma senda nos llevará a perder cuatro años más, irrecuperables y, quizás con un precio muy alto.  

Como verás, hay cuestiones personales que me inclinan a desear que Jaime Román y su equipo de Iniciativa Farmacéutica venzan en las elecciones, pero en esas cuestiones personales estaba lo colectivo, el deseo de que una profesión como la nuestra se sienta orgullosa de paliar la pandemia farmacológica que sufre nuestra sociedad, buscando como fin el mejor resultado clínico posible de los medicamentos en los pacientes. Por eso, lo personal, con ser importante por el dolor que he sufrido, no tiene nada que ver con el anhelo de que el colectivo pueda cambiar. CONTINUARÁ.

P.D.: La siguiente entrada la dedicaré a los intereses de quienes ostentan nuestra representación para continuar en una Junta a la que muchos de sus integrantes accedieron hace más de treinta años. Como no sé mucho, lo haré a modo de preguntas. A mí no me responderán, pero puede que a ti sí.

POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN

Al fin, hay elecciones a la presidencia del Colegio de Farmacéuticos de Sevilla. Después de muchos años aparece una candidatura alternativa para dirigir el destino de los farmacéuticos sevillanos. No pasa esto desde que yo, allá por los finales del siglo pasado, en mi inocencia, pensé que los cambios se podían hacer desde dentro y me presenté en la lista en la que iban varios de los que hoy pretenden continuar aferrados a sus sillones, metiendo el miedo en el cuerpo al cambio a un colectivo, el farmacéutico, que durante decenas de años, las que llevan gobernando estos que pretenden seguir y sus antecesores, han visto degradarse su profesión año tras año, ley a ley, decreto a decreto, norma a norma.

Me siento moralmente obligado a escribir por qué voy a votar a la candidatura de Jaime Román, a Iniciativa Farmacéutica, pero esencialmente voy a hacerlo sobre por qué no voy a votar a la candidatura que encabeza Manuel Pérez. De la capacidad de Jaime, de su profesionalidad, del valor de su equipo, no tengo dudas. Ni tampoco de su honestidad, y lo digo por escrito, aunque haya quienes traten de echarla por tierra utilizando información confidencial a la que tienen acceso desde la posición que ostentan.

Soy un farmacéutico que un día soñó colaborar en la construcción de una nueva profesión, comprometida con las necesidades del paciente de hoy en relación a sus medicamentos, capaz de protagonizar y liderar la lucha contra la primera gran pandemia del siglo XXI, la farmacológica, y que ha visto cómo sus sueños se han ido al traste. Y se han ido al traste a buen seguro que por cuestiones de las que soy responsable, pero también por dirigentes profesionales como los que se ofrecen para continuar en la senda autodestructiva por la que caminamos la profesión farmacéutica. Por mis sueños, por mis luchas, por todo aquello en lo que creí, por la profesión que ejerzo, siento que debo escribir esto. Y lo voy a hacer por capítulos.

Después de esta introducción general, contaré algunas de mis experiencias con estos dirigentes que hoy os infunden el miedo, que se aferran al poder de cualquier forma, ya sea denostando a los contrincantes o blanqueando sus candidaturas con nuevas promesas que deberían pensárselo muy bien ahora que están a tiempo. Luego, me gustaría hacer algunas preguntas económicas, como esas puertas giratorias a las que los políticos acceden cuando dejan los cargos y que aquí parece que se utilizan sin necesidad de dejarlos; o aquellas otras cuestiones sobre las sustituciones profesionales que disfrutan algunos cargos y que pagamos entre todos, incluso al parecer, también las indemnizaciones por despido. Me gustaría saber si es verdad o no aquello que, sin información confidencial, se dice o aparece en previsoras páginas web de sanidad nacional.

Cada farmacéutico es muy libre de votar a la candidatura que desee. Ojalá que el 7 de abril haya colas de farmacéuticos y farmacéuticas para decidir nuestro futuro, que no se queden en casa y elijan entre continuar caminando hacia nuestra autodestrucción de la mano de personas que nos han traído hasta donde estamos, o dar un giro a nuestra profesión antes de que pueda ser demasiado tarde. Nos la estamos jugando, ellos de una forma y nosotros, el resto, de otra. No es momento de seguir quejándonos, sino de tomar las riendas de nuestro destino. Y el cambio no es posible liderarlo por quienes durante treinta años tuvieron la oportunidad de hacerlo y no lo hicieron. CONTINUARÁ.

La imagen está tomada de : https://www.nationalgeographic.com.es/animales/serpientes

YA NO PUEDO MÁS

Estoy en Uruguay desde el pasado jueves. Esperaba que la lejanía mitigase el dolor de la nueva derrota como visitantes que se preveía, pero el hecho de estar por acá con el amigo Joaquín Dholdán ha logrado que la tragedia la hayamos vivido como si hubiésemos presenciado el partido en el mismísimo Alcoraz. Qué desastre. A Joaquín, la policía uruguaya le llamó la atención, porque al finalizar el encuentro se daba chocazos en la cabeza contra la puerta de la Ciudadela, monumento nacional, tal era su desesperación. Luego, cuando explicó lo que le pasaba, los mismos policías se abrazaron a él, lloraron de pura compasión y le mostraron su solidaridad. Hasta tal punto fueron cariñosos, que incluso nos ofrecieron una pistola para acabar de una vez con nuestra angustia vital. […]

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AL SEÑOR DE NERVIÓN

Hubiera sido muy bonito haber ganado el sábado. Sí, ya no te hubieras enterado, pero al fin y al cabo qué es la resurrección si no la pervivencia de unos valores más allá de nuestras vidas caducas. Qué ha sido el Sevilla sino continuar el legado de un presidente como tú, que nos enseñó que se pueden hacer las cosas de otra forma. De una forma tan sencilla como tan difícil de imitar. Sí, en este mundo tan difícil de entender, en el que, por ejemplo, los que monopolizan palabras como patria son los menos patriotas, los que menos miran por el interés colectivo; en este mundo tan difícil de entender, repito, por si alguien se hubiera perdido o cabreado por el ejemplo, las cosas más sencillas son las más difíciles de llevar a cabo. Y mucho más si al final, todo el esfuerzo realizado, todas las fatiguitas sufridas, nos llevan a tantos títulos, a tanta plata como la que se ha conseguido. En un escenario tan difícil, tan adverso a nuestros sueños como este en el que el fútbol y la televisión se han aliado en beneficio de los de siempre […].

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PESADILLA EN MACHÍN STREET

En casa estamos desesperados. Es llegar un partido de liga del Sevilla en campo ajeno y no dormir. La semana se hace terrible, insoportable. Y peor cuando más se acerca la fecha. Si al menos no nos hubiéramos clasificado para la UEFA, si el Ujpest o el Rxltxokodronov de Kapitolvska nos hubieran apeado de nuestro torneo fetiche, ahora jugaríamos los viernes y dormiríamos el fin de semana. Pero no, no pudo ser. Al menos hay un cierto alivio si jugamos el domingo por la mañana, pero casi nunca ocurre[…].

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UN ESTADO DE DESÁNIMO

Si alguien albergaba alguna duda sobre que el fútbol es un estado de ánimo quizás la despejara a partir del minuto 87 de partido frente al Éibar. A diferencia del encuentro frente al Real Madrid, con el que, a decir de don Pablo Machín, competimos hasta el minuto 80 y perdimos hasta la dignidad, o el de Barcelona, que según él también estuvo contra las cuerdas hasta el minuto 80, antes de que nos cayera la media docena, esta vez pasamos del más espantoso de los ridículos, por utilizar una frase hecha muy futbolera, a casi rozar la gloria. Si alguien, repito, hubiera pensado antes del encuentro que iba a salir contento con un empate ante un equipo que solo se parece al Barça en la camiseta, lo habríamos tomado por loco. Y respiramos, e incluso algunos alcanzaron la avenida de Eduardo Dato con ciertas dosis de euforia en vena si bien, conforme avanzaban hacia el casco turístico, perdón, histórico, la realidad se abría paso en las mentes de los obnubilados sevillistas al recordar los primeros 87 minutos de partido.[…]

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