JUAN Y PASCO

Juan vive en los suburbios del este de la ciudad; Pasco, en los del norte. Juan es sevillano y Pasco, Paco para la gente de mi barrio, congolés. Ambos son aparcacoches ilegales, ―trapitos en Argentina, gorrillas para el columnista de cámara de mi ciudad― en la calle en la que vivo, cercados por la zona azul que amenaza con expulsarles de su lugar de trabajo.

Por la voluntad, un euro como norma no escrita, ayudan a aparcar los coches, los vigilan e incluso, al conocer a los que vivimos en el barrio y tener identificados nuestros coches, nuestros horarios, nuestros hábitos, avisan a los que vienen de los huecos que en breve habrá para aparcar. Vecinos que salen a trabajar y trabajadores que vienen al barrio a lo mismo, encuentran en Pasco y en Juan apoyo y tranquilidad para una necesidad cada vez más cara y difícil como es la de dejar el automóvil a buen recaudo.

Juan, en sus ratos libres, cuando deja el turno a su sustituto en los horarios que ellos pactan, se presta a subir las bolsas de la compra de algunas vecinas cuya edad o enfermedades le impiden hacerlo por ellas mismas. También, a cambio de un desayuno, una cerveza con tapa, blanquea algún grafiti que afee los muros de un comercio y, en general, se ofrece a todo lo que alguien pueda necesitar. Sus ojos, y esas venas que resaltan en sus mejillas, delatan su complicada relación con el alcohol, lo que no le resta un ápice de responsabilidad.

Pasco comenzó a estudiar Medicina en su país, pero tuvo que abandonar los estudios cuando falleció su padre y no le quedó otra que asumir la responsabilidad de mantener a su familia dirigiendo la tienda que regentaba el difunto. Un tiempo después, cuando ya todo se volvió insostenible, emigró a Francia y luego recaló en España.

Juan vive con su hermana. Ella recibe a veces una ayuda estatal, y cuando esto sucede, le aconseja que no vaya a trabajar mientras tengan para comer. Él no le hace caso, porque sabe bien que si pierde su sitio pierde también sus derechos, al igual que cuando, como él dice, “se va de permiso” en verano, ha de dejar quien lo sustituya.

Pasco es de religión protestante, y abrazó aquí el catolicismo porque el pastor español nada más que hacía pedirle dinero y en cambio, Caritas le ayuda a llegar a fin de mes. Él fue una de las personas que entrevisté para escribir la trama africana de Tres mil viajes al sur, y, como casi todos los africanos subsaharianos que conozco, me da los buenos días cada vez que me cruzo con él, que son muchas a lo largo de cada jornada.

Juan y Pasco trabajan de forma ilegal, es cierto. Como también lo es que forman parte de esas redes que sostienen los barrios, esas estructuras paralelas tuteladas por reglas no escritas que son conocidas y respetadas por todos, que conforman la solidaridad real entre los habitantes de las ciudades.

Próximos a ellos, están los vigilantes legales, esos para los que se cobra tres o cuatro veces más por el aparcamiento, a través de una maquinita que no entiende de personas. Sus sueldos son de risa, y ni vigilan el coche (la empresa no se hace cargo de los desperfectos ni de las sustracciones en los vehículos de elementos dejados a la vista) ni hacen otra cosa que ir de un lado para otro a la caza de no pagadores, a los que se les impone una multa caso de que sean sorprendidos. Qué cara resulta a veces la legalidad.

El día que las zonas en las que trabajan Pasco y Juan sean invadidas por la marea azul, la empresa no los contratará. Serán expulsados, como esas historias de gentrificación por las que se echa de los barrios apetitosos urbanísticamente a los inquilinos molestos, y tendrán que buscarse la vida lejos de allí y volver a empezar, hasta que de nuevo la historia se repita. Mientras esto suceda, no dejo de pensar en las diversas acepciones, a menudo contradictorias, que tiene la palabra legalidad en países tan injustos como el nuestro. Y ellos continuarán haciendo su ruta migratoria, uno desde el este, el otro desde el norte.

Anuncios

BENGALAS EN EL GUADALQUIVIR

El sábado pasado, en el momento decisivo de la regata Sevilla- Betis masculina, cuando ambas embarcaciones luchaban por tomar la delantera a la atura del Puente de Triana, en la zona que los entendidos consideran como clave para llevarse la victoria, en una regata igualada como la que estaba aconteciendo, un aficionado bético, por denominarlo de alguna forma, lanzó una bengala contra el bote del Sevilla FC. El artefacto rozó el brazo de uno de los remeros, uno de los que iba en el centro de la embarcación― eso es tirar “a matar”, para nada es casualidad― e impactó sobre su superficie sin que milagrosamente se produjeran consecuencias. A partir de ahí, casualidad o no, el equipo verdiblanco se distanció lo suficiente para vencer por séptimo año consecutivo. Una victoria, dicho sea de paso, ganada a pulso, merecida, porque en este deporte hay pocos trucos. […]

Continúa leyendo en:

http://www.lacolinadenervion.com/bengalas-gualdalquivir/

FARMACÉUTICOS ESPECIALISTAS

La creación en España de la especialidad en Farmacia Hospitalaria fue un enorme acierto estratégico. Su reconocimiento legal en 1982 asentó de forma definitiva el ejercicio profesional de los farmacéuticos en los hospitales españoles y desde entonces su reconocimiento y prestigio no ha dejado de crecer. De esta forma se superó el escollo por el que, al igual que en el caso de los médicos, únicamente facultativos especialistas pudieran ejercer en este ámbito. Eran tiempos en que los médicos de atención primaria carecían de especialidad, eran generalistas, al igual que todavía hoy sucede con los farmacéuticos comunitarios, no así con los farmacéuticos de atención primaria, que recientemente han logrado después de años de lucha que se reconozca la especialidad en farmacia hospitalaria y de atención primaria.

Continúa leyendo en:

http://www.elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/8546-farmaceuticos-especialistas#.WgLgq1vWxxB

LOS RAMONES

La semana ha discurrido con un triple dos a uno, y por ahondar más en estas cifras, dos a favor y uno en contra, y con la sensación personal de que el equipo se ha achicado. Sí, es probable que haya mejorado (tampoco era tan difícil), pero la impresión es desalentadora, porque parece que, después de una inversión histórica en fichajes, hemos descendido unos cuantos peldaños en esa escalera hacia la gloria que con tanto trabajito subimos. El conformismo en las declaraciones del entrenador tampoco ayuda a sostener un discurso contrario, y el regreso a la mediocridad es un riesgo que se otea en el horizonte[…]

 

Continúa leyendo en:

http://www.lacolinadenervion.com/los-ramones/

AUTOESTIMA

La autoestima la define José Vicente Bonet como un conjunto de percepciones, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la forma en la que nos vemos a nosotros mismos. Esto, que lo podemos ver de una forma individual, también tendría una perspectiva en los colectivos.

En eso pensaba, y más o menos sobre eso discutimos mi vecino de columna Joaquín DHoldán y un servidor el pasado sábado en nuestro estadio, durante el Sevilla- Leganés, partido que presenciamos, disfrutamos y sufrimos juntos como buenos amigos que somos, desde dos años atrás según Facebook, bastante antes en el mundo real.

Continúa leyendo la entrada en:

http://www.lacolinadenervion.com/autoestima/

DESAPROVECHADOS

La vida es una. Puede que no sea ni grande ni libre. No es grande incluso para los que llevan una doble vida, porque quienes la llevan, en realidad la viven a la mitad por la necesidad de ocultar la otra parte. Tampoco es libre, porque llevemos doble vida o una sola, las obligaciones carcomen nuestro tiempo y, si no estamos dispuestos a hacer vida de cada minuto de nuestra existencia, corremos el peligro de dar la razón a quienes piensan que esto es un valle de lágrimas.

Pensaba esto después de recibir la felicitación de un colega al que aprecio, en referencia a la lectura de las notas que preparé para un acto en el que intervine el pasado 20 de octubre en Madrid, con motivo de la celebración del 62º Congreso de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria. Después de la enhorabuena, el compañero, con todo el cariño, manifestó su pesar por que yo fuera un farmacéutico desaprovechado, a lo que respondí que en modo alguno me sentía desaprovechado, que si acaso los desaprovechados eran los otros.

Sí, hay que admitir que de unos años para acá la profesión farmacéutica, en especial algunos de sus dirigentes y no pocos de sus pseudo científicos, me han hecho el vacío, que han tratado, con esa forma tan española de actuar, de ningunearme, de tratar de ocultar mi existencia. Pero, ¿y qué?, ¿puede eso impedir que alguien trate de desarrollarse, de evolucionar a la medida de sus progresos y de sus torpezas, de aprender de los aciertos y de las meteduras de pata? Imposible, salvo que vuelvan los tiempos de pistolas, lo que a la vista de los últimos acontecimientos, no hay que descartar.

No sé lo que me deparará la vida en el futuro, ni tampoco me preocupa mucho. Sí sé que el éxito, al menos para mí, no tiene que ver con el eco de lo que haga sino de mi capacidad de vivir la vida de forma intensa, abierto a crecer y a escuchar, a caer y a levantarme, y, sobre todo, a compartir con quienes aparezcan por el camino.

He vivido la profesión farmacéutica de manera intensa, tanto que me ha ayudado a entender mejor la vida. Y la literaria, como mucho antes la deportiva, también me ha permitido seguir creciendo como nunca imaginé. El secreto de todo es saber que en cada soplo de aire que se inspira hay una vida por vivir.

No, no hay vidas sino vida: una, tan grande por intensa como la que cada cual quiera vivir, tan libre como uno esté dispuesto a ser a lo largo de ella. Una vida que nos pone a prueba en cada minuto, una vida que hay que aprovechar y compartir con quien esté dispuesto en cada momento. Y si los sectarios pretenden como único objetivo echar a perder la de otros, es su problema. Los muertos no matan. Los muertos están muy desaprovechados y, además, no tienen solución.

CONFUCIO EN NERVIÓN

El primer partido de la Liga 2016/17 se saldó para el Sevilla con una victoria sobre el Espanyol por 6-4. Dos veces estuvimos por detrás en el marcador, con el 0-1, y con un 2-3 con el que se adelantó el equipo barcelonés después de perforar dos veces seguidas nuestra meta. Gobierna el caos, tituló un conocido diario deportivo, y bien cierto que lo fue, porque la primera parte se saldó con tres goles para cada equipo, seis en cuarenta y cinco minutos, a los que siguieron cuatro más en el tiempo restante. Una locura que aquel loco que nos entrenaba, Jorge Sampaoli, no estuvo dispuesto a repetir y corrigió a partir de la jornada siguiente, por mucha fe que tuviera en su vistoso sistema. Ya lo dijo Confucio, un pensador chino que, a pesar de que su nación no vale un pimiento en esto del fútbol, dijo algo de mucha aplicación a este deporte y a nuestro equipo: “Cometer un error y no corregirlo es otro error”.

[… ] Continúa leyendo el artículo en:

http://www.lacolinadenervion.com/confucio-en-nervion/