EL AÑO DE LA LUNA AZUL

Quiero agradecer a Lucía Feliu la oportunidad de permitirme presentar su libro El año de la luna azul que ha editado con tanto gusto Ediciones Alfar.

Conocía Lucía con motivo de la publicación de su anterior novela, Cartas a Siracusa, en la que ya hallé una escritora de prosa limpia, de lectura ágil y que maneja de una forma excelente los tiempos y el entramado de sus historias para conseguir que los lectores no perdamos nunca el interés, para mantenernos en una tensión que puede abocarnos al insomnio si somos de leer en la cama.

Otro aspecto muy relevante a destacar, que salta a la vista, es la labor de documentación de la novela, una realización cuidadosamente confeccionada, que ya resultó ser sobresaliente en su obra anterior y que aquí continúa por la misma senda. Puedo afirmar que Lucía Feliu es una escritora que no deja nada al azar, a la improvisación, que detrás de sus novelas hay un trabajo paciente,honesto y responsable, de auténtica ratona de biblioteca. Es algo de lo que me gustaría conversar ahora con Lucía, que contase cómo es ese trabajo que lleva acabo para dotar de verosimilitud a su narración.

Estos dos aspectos que he señalado hasta ahora, su prosa limpia y su prolija documentación, uno más agradecido o más apreciado que otro, tienen tras de sí una elaboración ardua, tediosa, que requiere de una gran minuciosidad, algo que solo es posible realizar si se ama, se disfruta con la escritura. Quiero resaltarlo porque los lectores solemos valorar la documentación, aunque nos encante cazar algún error que pueda habérsele escapado al autor, pero, con más frecuencia de la deseable no reparamos en el duro trabajo de cincel y pulidora al que hay que someter a la palabra escrita para conseguir que esta sea ligera y entretenida, adjetivo este con mala prensa en la literatura, como si no fuera meritorio entretener sino hacer sufrir con verbos seculares y adjetivos retorcidos. Escribir no es teclear, sino que es un oficio que precisa de arquitectura y belleza por igual, diseño y herramientas; cartabón, escuadra y compás, y también cincel, martillo y destornillador.

En otro orden de cosas, al preparar estas palabras me ha venido a la memoria el escritor estadounidense Jim Thomson, que afirmaba que hay treinta y dos formas de contar una historia, pero solo una buena; y a colación de esto quisiera señalar, y dialogar también con la escritora, acerca del punto de vista elegido para contar la historia. Lucía Feliu ha escogido narrar en primera persona desde la figura de Carlos Céspedes, un músico indeciso, inestable, y hasta un punto acomplejado ante la figura de su hermano Gregorio, periodista de éxito,cuyo fallecimiento en un atentado en Israel, en el que cae herido el famoso historiador Johannes Swartz, desencadena la trama principal de la novela, de la que obviamente no puedo adelantar nada, más allá de incluir el tráfico de obras de arte y diamantes desde la Alemania nazi a nuestros días, con la que la autora nos traslada por España, Rusia, Israel, Alemania o Bélgica entre otros lugares. No puedo dejar de mencionar a Raquel, antigua novia de Gregorio y compañera de trabajo de Carlos en el hotel donde el músico se gana la vida, amenizando las veladas al piano.

Con frecuencia, las narraciones de intriga, me abstengo de calificar el género dela novela porque es otra de las cosas que me gustaría conversar con Lucía, se realizan mediante un narrador omnisciente, alguien que no existe, pero todo lo sabe, y que se utiliza a veces por comodidad, al tener más ojos que un narrador en primera persona. Creo que la narración en primera persona de una novela de estas características añade riesgo, y más si, como es el caso, el narrador elegido, es hombre, y nuestra autora, mujer. Otro aspecto sin duda del que me interesaría conocer cómo lo ha vivido, porque es algo que yo he realizado como escritor, el cambio de sexo, me refiero, lógicamente en sentido literario, que no literal, y sin duda denota ambición.

Los personajes principales, los hermanos Céspedes y Raquel, están bien trazados,tienen personalidad, aunque sea la dubitativa y voluble del pianista. Somos capaces de reconocerlos en su humanidad, dicho esto como sinónimo de imperfección, puesto que estoy convencido de que es la imperfección la que nos hace humanos.

Los diálogos resultan ser ágiles, acordes con la habilidosa narración, llena de oficio y lecturas, que dan esa capacidad para conducirnos por la historia hechos un mar de dudas al desconocer quiénes están detrás de los actos delictivos. Tramas y subtramas viajan de forma misteriosa a lo largo del libro,y quizás escondan algún mensaje que la autora desee desvelar, o quizás permanezca oculto hasta las últimas páginas.

En definitiva, y antes de pasar a dialogar con Lucía Feliu acerca de El año de la luna azul creo que esta obra supone un punto y seguido en la carrera literaria de la autora, lo cual es una gran noticia por el riesgo que podría suponer bajar el listón de expectativas. En Lucía hallamos un estilo definido que hará las delicias de los lectores que amen embarcarse en historias como esta, en las que la acción y el suspense encuentran una autora experta que sabemos que no nos va a decepcionar.Todo lo más, nos provocará algunas ojeras de más al despertarnos. Pero para resolver este problema, hasta eso habrá pensado, están farmacéuticos como su marido.

Presentación de El año de la luna azul, de Lucía Feliu, el 18 de diciembre de 2018 en la librería Botica de Lectores.

CARNE FRESCA PARA LOS ZOMBIS

Días después de la selecciones en Andalucía, aún me encuentro estupefacto con los resultados,tratando de comprender por qué y cómo hemos llegado hasta aquí. La irrupción de una extrema derecha violenta (expulsar, muros, memoria histórica, religión…) me ha sobrecogido.

Siempre me he considerado un hombre de izquierdas, mi voto ha oscilado entre partidos nacionalistas andaluces y diversos colectivos progresistas. Por una parte, porque estoy convencido de que hay un modo de nacionalismo deseable, que dista mucho de ser de corte supremacista o excluyente, que lo entiendo como respuesta a la forma tan despiadada de globalización que se ha desarrollado, que no ha resultado ser más que una mera oportunidad para ampliar mercados para, una vez rotas las reglasen nombre de un concepto de libertad a la medida de los que más tienen,esquilmar a quien venga. Una globalización la de ahora que abomino, y que explica las migraciones y las guerras, los nacionalismos xenófobos y el resurgir del totalitarismo, de los patriotas de lo suyo. Defiendo un nacionalismo que preserva la cultura de los pueblos frente al monocultivo cultural de la hamburguesa doble con queso, que realza el valor de la propia para contribuir a la diversidad del mundo. Porque la riqueza es el mestizaje, el respeto a la diversidad y nunca la imposición de un modelo para todos. Por eso soy nacionalista para mi cultura y por eso la quiero como algo que se ofrece a las demás y que también recibe las influencias de otras, para su progreso y el de la humanidad.

Por otra parte, me he considerado de izquierdas porque un día bebí de pensamientos e influencias cristianas, por las que interpreté que todos éramos hermanos y teníamos derecho a desarrollarnos como personas; a tener las mismas oportunidades, a que nadie es menos ni más que nadie. Unas influencias que hace tiempo que abandoné pero de las que también se han alejado no pocos de los que continúan considerándose cristianos, esa facción que pretende hacernos comulgar con ruedas de molino a quienes pensamos diferente, que se siente perseguida ante la pérdida de poder político.

Me reconozco cándido, qué puedo decir después de haber escrito lo anterior. Y a pesar de eso, o precisamente por eso, trataba de entender a esos cientos de miles de votantes que habían elegido dar su voto a Vox, que la dirige un señor que va armado, que no sonríe ni en la victoria, con un programa marcadamente xenófobo, machista, violento,que nos lleva a tiempos pasados, a una nueva reconquista, en palabras de uno de sus líderes.

Trataba de entender,decía, a los votantes. No me han importado mucho las reflexiones de articulistas acerca del fenómeno, aunque me duelan las de algunos amigos que defienden que lo que viene no es fascismo porque sus votantes no son fascistas.Menuda reflexión, como si a Hitler lo hubieran aupado los nazis al poder, o a Mussolini gente que se considerase nazi o fascista. Hay veces que pienso si sirve para algo haber leído mucho, haber escrito. Evidentemente para algunos no es sino un oficio, una forma como otra cualquiera de ganarse la vida en lugar de una oportunidad para comprender el mundo. De qué poco les ha servido a algunos tanta lectura. Quien vota a un partido que anuncia de forma explícita lo que pretende hacer no es inocente de lo que pueda suceder, y más si lo que llegue a suceder no sea más que volver a repetir la historia.

Tampoco me ha sorprendido cómo el Partido Popular, que tanto le chorreaba la baba al defender su amada Constitución española, rápidamente se echa en brazos de los que abominan de ella. Constitucionalistas accidentales, de pose, no tienen empacho alguno en abrir el camino a lo que sucedió en Alemania en los años 30 del siglo pasado.Tampoco este partido será inocente, ni sus votantes ni voceros, esos que claman ahora diciendo que Vox no es extrema derecha.

 Como decía, trataba de comprender como en una de las regiones más pobres de Europa cientos de miles de votos habían ido a parar a manos de quienes solo van a luchar por defender los privilegios perdidos, si es que han perdido alguno en estos cuarenta años, porque cuando se es totalitario no es posible conformarse con algo que no sea el total.

Intentaba descifrar quién podría haber votado a la extrema derecha más allá de su caladero predecible devotos. Y en esas estaba cuando me encontré a Antonio.

Antonio es de una edad similar a la mía, mediada la cincuentena. Lo conozco desde que comencé a trabajar. Él es vigilante de una empresa de alimentación cercana, en la que ejerce no solo de guarda, sino que también ha de mantener limpio el establecimiento, retirar basuras, hacer recados,buscar cambio para sus jefes, etc. Trabaja en eso desde que lo conozco, heredó el puesto de su padre y lo compartió con su hermano, ya fallecido por enfermedad cardíaca, durante años.

A Antonio le gusta el fútbol, se lleva bien con todo el mundo, con emigrantes que comercian de forma legal en tenderetes, con el chino que le arregla el móvil que se le estropea, con las empleadas del hogar latinoamericanas que acuden a hacer las compras que les ordenan las señoras… La crisis le redujo la jornada laboral y el sueldo, pero al menos no lo dejó en la calle como a otros del barrio obrero en el que vive,como a parte de su familia. Antonio es uno de los nuevos votantes de Vox, según me contó sin tapujo alguno. Sus argumentos, que ya estaba bien, que ya estaba harto de tanto ladrón, que había que cambiar.

Luego hablé con María,una chica de casi cuarenta años que trabaja como empleada del hogar, una extraordinaria trabajadora, una mujer dedicada a sus hijos, a su familia, que se crió con sus tíos porque sus padres eran incapaces de darle a su prole un mínimo de educación. Así salieron muchos de sus hermanos, relacionados con ámbitos muy oscuros de nuestra sociedad. Los tíos de María la recogieron casi recién nacida al regresar de Australia, en donde se habían exiliado tras sucesivas detenciones en la dictadura debido a la militancia sindicalista, esto es, por defender los derechos de los trabajadores bajo una dictadura. María no votó a Vox, simplemente se le olvidó votar, aunque no incumplió la promesa que le había hecho a su hijo de llevarlo esa tarde a comerse unas tortas con nata en un centro comercial, antes de ir a conocer la nueva iluminación navideña del centro. Se me olvidó, se me olvidó, fue la respuesta a mi pregunta.

Antonio y María han vivido cuarenta años de democracia que han sido un modelo de fracaso en la educación, en la que se han confundido acumular conocimientos con formar para la libertad de pensamiento. Eso nos ha tocado a todos, porque el problema de Antonio y María es similar, el mismo diría yo, al de esos escritores que defienden que no hay fascismo y que pretenden ser intelectuales sin intelecto. Mientras unos han vivido aislados en sus barrios obreros a las buenas de dios,otros han sufrido otro tipo de aislacionismo, el de vivir en un mundo de Yupi anestesiados por ese estado del bienestar que no llegaba a todos. Y el resultado es parecido,una falta de comprensión de la realidad que vivimos.

Antonio por acción, y María por omisión, también son responsables de haber resucitado a los zombis. La única diferencia es que ellos serán de los primeros en ser devorados, porque de ellos solo les interesa el voto o la abstención, sin duda son los más frágiles de la cadena y, ya se sabe, las fieras devoran primero a los animales debilitados.

La pregunta que me hago es por qué la izquierda, ese movimiento que dice defender a los desheredados de la sociedad, no ha llegado hasta ellos, hasta gente como Antonio o como María. Cuando escuché a Antonio decir que había votado a Vox, no pude sino recordar a Pablo Iglesias durante la noche electoral, diciendo algo tan digno de no sé qué de salud o de fraternidad. Antonio no entendería nada de aquello, al igual que para María, la Internacional debe de ser alguna jugadora de la selección de fútbol femenino.

La nueva izquierda tiene poca, muy poca calle. También vive en su propio mundo de Yupi de consignas y de reflexivas reuniones en horarios solo aptos para funcionarios y profesores universitarios, mientras sus posibles votantes  tratan de sobrevivir como pueden en la ciudad sin ley que son los suburbios; o anestesiados por la televisión, por telenovelas, por María del Monte o Juan Imedio, de tarde en tarde. Canal Sur no se debe cerrar porque los medios de comunicación públicos son el único ámbito ajeno a intereses particulares en información, pero la televisión pública de Andalucía ha hecho mucho daño con ciertos programas, y lo sigue haciendo, a la dignidad de los andaluces. En especial a la de las andaluzas. Ha confundido cultura popular con chabacanería y lo que podría ser un motor de culturización se ha convertido en un abrevadero para alimentar de bazofia y debilitar aún más a los últimos de esta sociedad.

Hemos abandonado a su suerte a quienes no entienden de consignas, porque en cuarenta años no hemos sabido o querido, y hemos tenido la oportunidad para ello, que recorran el camino a la libertad que es la educación. Hemos creado guetos expulsando a los más pobres y a los más débiles de sus barrios tradicionales. Lo seguimos haciendo apostando por la economía de pisos turísticos, a favor de los que más tienen, en contra de los que han de marcharse. Continuamos abriendo centros comerciales, e inaugurándolos nuestros próceres además, espacios ajenos a nuestra cultura de barrio que destruyen multitud de empresas familiares que constituyen la verdadera riqueza económica de pueblos y ciudades; lo mismo que hacemos con el taxi, para favorecer a grandes empresas multinacionales de empleo precario y coches y corbatas inmaculadas, como ya hicimos antes con la desaparición de las empresas de comestibles para crear supermercados donde explotar a sus empleadas, porque son mujeres por lo general las explotadas.

Si Vox está aquí también es porque nos cargamos a los pequeños autónomos para crear puestos de trabajo precarios y mal pagados, por parte de empresas que pagan sus impuestos fuera o explotan a trabajadores del tercer mundo que luego tienen que huir de sus países para llenar pateras y superpoblar nuestros extrarradios, esos espacios que la izquierda no entiende y que son el nuevo caladero de votos para fascistas y probablemente el del terrorismo que venga, allí donde vive gente como Antonio o como María, el lugar que jamás pisará un intelectual salvo para hacer un dibujo que le reafirme de sus convicciones.

Hablábamos de desenterrar a Franco y sin llegar a levantar su tumba han surgido de la tierra removida los zombis que arrasaron Europa de sur a norte. No han tenido ni que cambiar de carnaza. Basta una generación para que volvamos a picar en el cebo envenenado.Hay muchas responsabilidades en esto. Yo he preferido sacar las mías.

FELIZ FINAL

…la jodida libertad es la trampa con la que nos están quitando el suelo bajo los pies…

La lectura de la última novela de Isaac Rosa (Sevilla, 1974) me ha hecho sentirme así. De alguna forma el escritor ha socavado la tierra sobre la que pisaba y me ha hecho percibirque era mucho menos firme de lo que pensaba. Se dice que una novela, una obra artística en general, es un punto de encuentro entre el autor y el lector o, por extensión, el que se detiene a contemplar la creación. Esta es, tras La mano invisible (Seix Barral, 2011),la segunda vez que acudo a ese punto de encuentro con el escritor sevillano y puedo decir que en ambas me he llevado una buena hostia, como si hubiera pegado un tirón de la alfombra que pisaba y cayera de bruces contra esa realidad cogida con alfileres en la que vivimos.

Leer Feliz final no solo me ha interpelado acerca de mi propia relación de pareja, del significado del matrimonio, del papel de los hijos, sino que me ha llevado a cuestionarme sobre los valores de nuestra sociedad, que son,aunque me cueste reconocerlo, los míos, porque yo soy un ser social. De alguna manera,en Feliz final hay una nueva mano invisible, como en la novela publicada hace siete años, que maneja con habilidad los hilos emocionales que nos sostienen, tan frágiles y a merced de cualquier brisa. Mucho me temo que la mano sea la misma, o al menos sean los mismos personajes misteriosos los que la gobiernan.

Aunque existe la tentación, y me resultó casi inevitable no hacerlo, de comenzar a leer la obra en clave personal, Isaac Rosa tiene la grandeza de invitarnos a interpretarla en modo social. Ángela y Antonio, la pareja protagonista nos relatan su historia emocional y también la nuestra, la de esa democracia que cuentan que comenzó hace cuarenta años, la de la sociedad del bienestar que inició su construcción en Europa sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, la que creíamos que gozaba de sólidos cimientos, a salvo de cualquier embate. Sí, al igual que el comienzo de la novela, íbamos a envejecer juntos: Ángela y Antonio, Carmen y yo, ustedes dos, nuestra democracia, nuestros derechos sociales… hasta que la brisa nos desnudó, hasta que la mano invisible nos arrancó de cuajo las vestimentas y nos mostró una etiqueta de Primarkbajo el lienzo que vestíamos.

Me ha parecido un gran acierto el contar la historia desde el final. Quizás esta lectura particular no hubiera sido posible si la obra no hubiera estado escrita así. Qué importancia tienen las formas en la literatura, escoger el punto de vista adecuado para lo que se quiere contar, o para lo que he interpretado como lector. Hay gente que sabe escribir muy bien, en el sentido de elegir las palabras correctas y conjugarlas de una manera académica, pero que no sabe contar historias. La forma que ha elegido Isaac Rosa me ha parecido extraordinaria, con una prosa que ha actuado como un pedernal contra mi conciencia.

Una obra magnífica que invito a leer a quien no tema sentir que el suelo se resquebraja bajo sus pies.Aunque no por dejar de leer a Isaac Rosa este será más sólido.

DIARIO DE ABORDO. LIBERTAD AHOGADA

Tengo a mi disposición dos de los termómetros sociales más potentes de la sociedad actual: trabajo en una farmacia y paseo un perro. Aunque ambos me sirven durante toda la semana,la farmacia es más eficiente en cuanto para registrar la temperatura en días laborables y el perro para los festivos y sus vísperas. Digo vísperas porque los viernes por la noche son un anticipo de lo que vendrá. Hoy sábado el parque apareció arrasado.

He decir que vivo en un barrio de clase media alta, tirando a alta, que no se me olvide, de familias con formación universitaria en su mayoría, menos rancio que otros similares dela ciudad, en el que, por poner un ejemplo, el lucimiento a lo largo de este último año de banderas rojigualdas no ha sido tan irritativo para mis ojos como el que de otros lugares de la ciudad.

El barrio cuenta con un instituto público de enseñanza y un par de famosos y prestigiosos colegios concertados a los que los hijos de estas familias acuden a labrarse un futuro,esos que forman parte, a decir del pichaflojismo, de la generación más preparada de la historia de este país y que en cuanto crezcan, si sobreviven al alcohol de garrafa, habrán de exiliarse en otras ciudades y otros países de Europa.

Los veo salir cadaviernes por la noche. Se arremolinan a las puertas de los supermercados, de chinos,intentando obtener botellas de alcohol destilado con el carnet de identidad deun hermano mayor o de algún cómplice, o simplemente con la mirada hacia otro lado del dueño del garito. Luego avanzan con el botín hacia plazoletas y parques,en los que luego los jardineros recogerán sus inmundicias en lugar de cuidarlos árboles para que padres que no se quieren enterar de lo que pasa se quejen del alcalde, clamando por la suciedad de los espacios públicos o del mal cuidado de las plantas. El caso es echarle la culpa a alguien que no sea a sus hijos.

Estos muchachos y muchachas beben sin medida y sin control, ávidos de perder la voluntad. En eso consiste su diversión, además de en dejar el mobiliario de todos listo para ser sustituido ante la próxima campaña electoral.

Si en estos cuarenta años el progreso en el derecho a la salud ha sido notable, el fracaso del derecho ala educación no lo ha sido menos. Educarse no es amasar conocimientos sin oponerlos al servicio de la sociedad, igual que emborracharse no es lo mismo que beber para compartir, tradición tan mediterránea.

Urge cambiar el modelo educativo pero hay miedo a la libertad; a la verdadera, no a esa que venden Albert y Pablo y su liberalismo para listos, esa de hacer lo que me dé la gana y que el que venga detrás que arree. La verdadera libertad continúa ahogada en alcohol de 40 grados.

NO APRENDEMOS, NO HACE FALTA

Una amiga uruguaya a quien adoro me da la noticia del fallecimiento de Luisa Cuesta. De noventa y ocho años de edad, era activista por los derechos humanos y encabezó la agrupación Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, en la que se apoyó para buscar a su hijo Nebio Melo Cuesta, apresado en Buenos Aires en 1976 por la dictadura hermana argentina y que hasta el día de hoy continúa desaparecido. Luisa falleció, pues, sin haber encontrado a su hijo, como tantas otras personas en Argentina o en Uruguay, en España, en…

Luisa, me contó mi amiga, era un símbolo de justicia y paz que solo buscaba respuestas, una madre coraje, me comentó otra buena amiga.

― Una lástima, porque no aprendemos― me dijo la primera.

No, no es cuestión de que no aprendamos, le respondí. Decir que no aprendemos como sociedad me resulta injusto, me suena a repartir la culpa entre todos para continuar igual porque no hay remedio, como un fatalismo al que estamos condenados. Y no, no es que no aprendamos, es que los deberían aprender no lo hacen porque no tienen necesidad.¿Para qué? Los que salen indemnes, victoriosos de las atrocidades que han provocado no aprenden porque no tienen que aprender.

Recuerdo a Luisa Cuesta y también a los miles de muertos que continúan sepultados en las cunetas de nuestras carreteras, en fosas comunes, que fueron asesinados de forma impune por quienes no han aprendido, por quienes no tuvieron nada que aprender porque nadie les reprendió. Qué molesto, ¿no, compatriotas?

Hoy los cachorros de estos que nunca han tenido necesidad de aprender emergen por todos lados. Un militar de la dictadura de Brasil gobierna el país, el presidente de Estados Unidos autoriza matar a los desgraciados que avanzan hacia su país huyendo de otros tan salvajes como el tocayo del pato Donald, el día en el que sus votantes se aprestan a arrasar las ofertas del Black Friday inermes a su negra conciencia, puede hasta que rifles de saldo. Aprovecha la oferta para matar aun espalda mojada. In God we trust te lo agradecerá.

Coincidiendo con el fallecimiento de Luisa Cuesta, el Partido Popular y Ciudadanos se abstuvieron de condenar a Franco en el Senado, a pesar de los centenares de miles de muertos que dejó. ¿Cuál es el argumento que les impide esa condena, es de forma o es en realidad de fondo la cuestión?

Buenistas, equidistantes,cobardes en suma, que amparan a los quisieron pasar página cubriendo con una alfombra cómplice los huesos de los que cayeron bajo las balas del no condenable, fueron los que absolvieron a aquellos cuyos herederos regresan.

Si fuera solo Vox el problema…

Luisa Cuesta murió sin que se hiciera justicia. Ni fue la primera ni será la última. No solo no aprenden ni se arrepienten; ni siquiera tienen empacho a la hora de lucir sus enseñas en los balcones, las de una patria que les pertenece y en la que los demás estamos de prestado. Mientras nos lo consientan.

LOS DERECHOS DE HOY SON LAS LUCHAS DE AYER

PACO ACOSTA. PROCESO 1001

Librería Yerma, 9 de noviembre de 2018

Palabra de presentación a Paco Acosta durante el acto.

El proceso 1001 de 1972 del Tribunal de Orden Público de la dictadura franquista tuvo su origen en la detención aquel verano de la dirección del entonces sindicato ilegal Comisiones Obreras, reunida en el convento de Oblatos de Pozuelo de Alarcón.

El juicio a aquellos sindicalistas se inició el 20 de diciembre de 1973, un día que todos recordaremos porque aquella mañana ETA asesinó al almirante Luis Carrero Blanco, presidente del gobierno. Acusados de formar parte de una asociación ilícita vinculada al Partido Comunista de España, y sin duda influenciados por el atentado al entonces presidente del gobierno, los acusados fueron condenados con toda severidad, asumiéndose las peticiones de pena del fiscal.

Paco Acosta fue uno de los encausados, junto a dirigentes como Marcelino Camacho o Nicolás Sartorius y otros cercanos a nosotros como Fernando Soto y Eduardo Saborido. A Paco le cayeron doce años y un día de cárcel, pena mayor, rebajada posteriormente a dos por el Tribunal Supremo. El indulto llegó cinco días después de la muerte del dictador.

Las luchas de personas como Paco Acosta, y la de tantas otras personas, hicieron posible la apertura a un nuevo régimen, a derechos y libertades que hoy se encuentran en peligro. Nada está ganado para siempre, al igual que nada está perdido, y cito palabras pronunciadas por el expresidente uruguayo Pepe Múgica ante el triunfo de Bolsonaro en las elecciones brasileñas. El mundo parece haber olvidado, en apenas una generación, lo que el fascismo y el nazismo derramó por toda Europa. Hoy nazis y fascistas avanzan en países como Alemania, Italia o los Países Bajos, por no citar a Hungría o Polonia, países todos arrasados por guerras mundiales que dejaron millones de muertos. Qué decir de Donald Trump en los Estados Unidos, de Bolsonaro en Brasil, y qué reflexionar sobre el avance de Vox en nuestro país y la competencia por ocupar su espacio del Partido Popular o Ciudadanos, el trío de Alsasua, que nos han hecho caer en la cuenta de que la transición democrática en España no se culminó de la forma más adecuada para una verdadera reconciliación.

Es un buen momento recordar que las luchas de ayer nos sirvieron para avanzar, pero que no podemos acomodarnos ni dejar de estar alerta. El cuestionamiento y politización del poder judicial, la influencia de los poderes económicos en la democracia, el desmantelamiento del estado de bienestar y el ataque a la educación y sanidad públicas nos obligan a hacer un examen de conciencia, y qué mejor que hacerlo con una de las personas a las que le debemos lo que tanto trabajo costó conseguir.

Paco Acosta, sevillano nacido en 1945, comenzó a trabajar cuando apenas tenía diez años, compaginando los estudios con su ocupación en una taberna para poder ayudar a su familia. Con diecisiete años pasó a ser aprendiz mecánico en lo que hoy conocemos como TUSSAM, los transportes urbanos de Sevilla, participando desde los diecinueve años, en aquellos años 60 del siglo pasado que los más benévolos denominaron dictablanda, en reuniones clandestinas de obreros, sufriendo el despido años después por estas actividades consideradas ilícitas, pero que ya nunca abandonó, en el sindicato Comisiones Obreras, y que le llevaron a aquel infausto proceso. Pocas personas como Paco para hablarnos de lo duro que es pelear frente a dictadores sanguinarios que han llenado de muertos muchos valles de los caídos, y de lo importante que es mantenernos firmes y no dejarnos vencer por aquellos lobos que regresan con nuevos y relucientes collares.

La foto se ha tomado de http://unidadylucha.es/index.php?option=com_content&view=article&id=493:el-proceso-1001&catid=21&Itemid=120

UN ASCO. O VARIOS

Este mes de noviembre, nuestros pacientes y cuidadores que precisan de estabilizadores del ánimo inyectables con periodicidad mensual y alto coste nos han comunicado que a partir de ahora ya no vendrán a retirar la medicación en la farmacia, sino que directamente se la administrarán en su centro de salud, una medida que ahorrará mucho dinero al sistema público gracias a la centralización de compras y precios de concurso.

Nada que objetar a medidas económicas que beneficien a nuestro sistema público, el de todos, y más ahora, cuando nadie quiere pagar más impuestos e incluso muchos partidos prometen reducirlos, y de paso romper los servicios públicos para privatizarlos, al dejar de ser sostenibles, en beneficio de sus amigos, y que de ser derechos pasen a convertirse en oportunidades de negocio. Mantener o aumentar impuestos a los que más tienen solo lo defienden los podemitas chavistas amigos de Irán, de China (no, de China, no, que esos son amigos de los otros).

Los medicamentos, para todos los partidos, incluso podemitas chavistas, constituyen una partida que se considera como un coste de adquisición de productos en lugar de una tecnología sanitaria capaz de dar o quitar salud. De ahí que fraccionar la administración de medicamentos en hospitalarios, ambulatorios y comunitarios sea, en principio, una acertada gestión económica avalada por esos iluminados que son los gestores de salud. Qué asco.

Hace tiempo que se sabe, menos nuestros gestores sanitarios y nuestros políticos, que el mayor coste que producen los medicamentos no es el de adquisición sino el derivado de su inefectividad e inseguridad. Dividir la dispensación, no tener una política sanitaria a la consecución de mejores objetivos de salud con los medicamentos, no hará sino aumentar enormemente los costes sanitarios y sociales, además de cagarse encima del derecho a la salud de los votantes pacientes. ¿O se diría pacientes votantes?

Lo peor es que no tiene solución, porque esos políticos que dicen defender los derechos de los pacientes no lo van a hacer. Y también porque los representantes profesionales de los farmacéuticos, que no han salido a escena, o no con la debida fuerza ni mucho menos con el sentido de garantes del medicamento ante la sociedad, solo defenderán la pérdida de poder adquisitivo que se pueda producir.

Lo que decía, un asco. O varios a la vez

HERIDAS DE GUERRA

Somos los que fuimos tanto

siendo nada.

Entre poetas y presos (La Raíz)

Conozco a mucha gente de origen humilde que a base de empeño ha sabido labrarse un futuro. Gente que tiene detrás las luchas de sus padres por salir de la pobreza y las de ellos mismos por no elegir el camino fácil que escogieron muchos otros vecinos o compañeros de colegio, para continuar viviendo a las mismas puertas oscuras de la exclusión cuando no en la cárcel o dos metros bajo tierra clavados a una jeringuilla. Gente que para llegar donde ahora está ha tenido que esquivar situaciones difíciles incluso a codazos, porque solo a codazos, porque únicamente siendo héroes les ha sido permitido salir de los sótanos de la sociedad.

Verdaderos supervivientes, conocen como nadie nuestras cloacas y no quieren volver a pisarlas. Se han dejado la piel en el camino, y muchas veces, y esto es lo trágico, hasta la conciencia de clase. Hablarles de políticas sociales y correctoras de la desigualdad les hace recordar a aquellos otros que no quisieron o no supieron luchar. No son para ellos las políticas sino el mérito personal el que posibilita salir del agujero.

Desgraciadamente, en este sector de la sociedad encuentran un nada despreciable nicho de votantes los partidos más reaccionarios, que en nada los van a favorecer, que los van a dejar caer al menor de los fallos, pero que en democracia (si democracia es votar solamente) les van a servir para seguir mandando y sosteniendo sus privilegios, los de unos pocos, nunca los de ellos. Tan solo les permitirán abrigarse con sus banderas, esos trapos que agitan para continuar esnifándose el país. Son las heridas que deja la pobreza, de las que se alimentan.

FELICIDADES

Todos los que tenemos hijos sabemos cuánto nos preocupa su futuro. Qué será de ellos, serán felices o, tendrán salud… Dinero, no. No me ha preocupado más que en su justa medida, porque solo produce miedo, el miedo a perderlo, ese terror que nos hace capaces de lo peor, empezando por perder el sentido de humanidad.

Nunca pretendí imponerles el futuro a los míos. A mí me lo impusieron, o permití que lo hicieran y me inocularon el miedo a desarrollar mis propias capacidades, algo que me ha costado mucho superar. Y no lo he querido para ellos, a pesar de que conlleve la incertidumbre de encontrar el camino propio. Mejor eso que no tener que torcerlo cuando han pasado años que no se van a recuperar. Y aun mejor si con de esta forma se aprende a buscar, a ser curioso, a estar atento; en definitiva, a vivir.

Me gusta la gente que busca, la gente que del camino hace la meta; la gente que navega y no se conforma; la que es honesta, o intenta serlo en una época que tan difícil nos lo pone. Me gusta la gente que no piensa en ella sino en el mundo, la gente que no tiene miedo a perder, porque nunca la derrota es definitiva ni completa y la victoria no es más que un espejismo. Me gusta la gente que camina. Solo la que camina se tropieza, solo la que se cae se levanta, solo la que resiste vive, y ama. Lo demás es de zombis, de personas que viven en un Halloween de 365 días al año (los bisiestos, uno más).

No puedo decir que mis hijos sean así, pero sí que están en el camino. Y al final, solo el camino es lo importante. Lo demás es mera anécdota. Hoy en uno de los cumpleaños, en medio de los de los otros dos tanto en edad como en el día de celebración, es buen momento para evaluar. Y para felicitarnos por seguir caminando.

Gracias por todo lo que me habéis enseñado.

HEDUCADOS

Fue Fernando Pessoa quien dijo algo así como que la distancia entre el ser humano formado y el analfabeto era mucho mayor que la que existía entre este y el animal salvaje. También dijo que si el conocimiento no se hacía entendimiento, no servía para nada.

Dicen también muchos meapilas de la socialdemocracia buenista que estamos ante la generación más formada de la historia, esa que ha tenido que emigrar fuera del país, o fuera de su comunidad para engordar a otras que lo amasan todo.

También estamos ante la generación que se lo bebe todo, que lo destroza todo, que lo mea y lo caga todo, hijos de los que creamos y votamos las políticas educativas que hoy tenemos, esas que no enseñan a pensar ni a ser libres, sino a ser piezas engrasadas de la máquina de producción. Y hoy lo que toca producir es el fascismo.

Hoy miramos el fascismo como algo ajeno, cuando todos, por acción u omisión, tenemos algo que ver con su eclosión. Y lo que viene, es para echarse a temblar. Aún más con patriotas como los de Alsasua. Patriotas unidos en una sola vox, que agrede con banderas y odia la filosofía.