EXPERIENCIAS MEXICANAS

Taller GuadalajaraQuienes me conocen saben que cruzar el Atlántico en dirección a Iberoamérica es para mí un gran estímulo. Desde que llegué a Colombia en el año 2000, he realizado más de cincuenta viajes hacia allá, y mis colegas farmacéuticos saben que ha sido en América donde he desarrollado nuevas técnicas docentes.

Fue en Argentina donde por primera vez entrevisté a un paciente en directo ante los alumnos; en Uruguay donde utilicé videos de grabaciones de pacientes; en Brasil donde hice mis primeras sesiones clínicas conjuntas; en Costa Rica donde impartí casi veinte horas de clase sin diapositivas y construyendo con los estudiantes la práctica asistencial desde la filosofía de estar en el mundo…. Grandes experiencias que luego he podido traer a España en los lugares en los que me han dejado.

Ha sido a mediados de junio y en Guadalajara , días antes de que escriba esto, cuando surgió la última innovación. Y esta , por casualidad.

Habíamos preparado un taller con dos pacientes que los colegas mexicanos habían traído. Una de ellas, esperaba con la cabeza apoyada en una cristalera del aula. Había sufrido un accidente de tráfico meses antes y tenía bastante dañado el cuello. Era muy molesto para ella adoptar otra postura, así que se me ocurrió que nos sentásemos en círculo a su alrededor para que no se moviese. Y comenzamos.

No sé cómo fue, pero cuando nos dimos cuenta estábamos haciendo una sesión clínica con la paciente integrada en la misma, y repetimos con la segunda. Discutimos en ambos caso los tratamientos con cada una de ellas, vimos diferentes aspectos de mejora, consideramos aspectos científicos, personales y culturales, adaptamos los mensajes al conocimiento y capacidad de comprensión… Las pacientes se abrieron, mostraron sus temores y expectativas, aquello que tan poco tenemos en cuenta y que se parece tanto a nuestra experiencia clínica, que finalmente nos hizo encontrar puntos de acuerdo y estrategias para alcanzar objetivos terapéuticos concretos y entender por qué hacerlo de esa manera.

Por cierto, no utilizamos más que bolígrafos, papel, conocimientos y experiencias. Ah, y el sentido común. No sé qué programa informático podrá ofrecernos esto, pero nos fue muy bien. Más que bien. Y desde ahora, es lo que pienso hacer.

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ME GUSTA LA NAVIDAD

NAVIDAD_PSUR¡Me gusta la Navidad! Me encanta, me divierte, me asombra; y a veces me entristece, me enoja.

Me gusta la Navidad. Me encanta ver a la gente alegre, corriendo de un lado para otro, con las manos llenas de bolsas, cargadas de paquetes, todos con su nombre escrito, al menos en la cabeza de quien los lleva.

Me gusta la Navidad, porque por primera vez en el año, a pesar de que ya esté a punto de finalizar, todos como colectivo pensamos en los otros, aunque los otros no sean muchos, aunque a los más otros no les dediquemos más que un gesto superficial. Me gusta la Navidad, porque nos saca de nuestro ensimismamiento y nos acerca a los demás. Me gusta la Navidad y sus comidas de Navidad. A pesar de los crápulas, que lo son todo el año, aunque no se les note.

Sí, ya sé, hay quien critica la Navidad, a quien le enoja. Se la ataca por el  consumismo que genera. Nos acusamos de derroche, de malgastar, de valorar más un objeto que un acto de amor, de afecto, y no seré yo quien diga lo contrario. Pero también pregunto: ¿es la Navidad la causa, o es simplemente el reflejo de la sociedad que nos hemos dado? ¿Somos así todo el año o es ahora cuando más se nota? ¿No será que debemos modificar nuestro comportamiento el resto del tiempo antes de pretender hacerlo solo por Navidad? Sí, claro que debemos cambiar; y mucho más en estos momentos en los que el planeta está dando muestras de su incapacidad para sostener más el crecimiento desmedido. Debemos sustituir el consumo como patrón oro de la sociedad por otro más solidario con el ser humano y con el planeta, y no nos va quedando más remedio que hacerlo. Claro que hay que buscar otro norte, y si lo buscamos el resto del año, también lo encontraremos en Navidad.

 

Me encanta la Navidad. Me encantan los mantecados, los polvorones. Mis primeros recuerdos de Navidad tienen que ver con ellos, en la cocina de la casa de mis abuelos paternos en Estepa. Mi abuelo era impresor. Tenía una imprenta cuya principal línea de negocio, como se dice ahora, era fabricar las cajas y los envoltorios de papel de los mantecados. Me encantaba entrar en aquella casa y, después de saludar a la familia lo más rápido que podía, correr a abrir aquella puerta secreta que no daba a los bosques de Narnia, sino a la imprenta. Tras ella, el ruido acompasado de las máquinas trabajando, el olor a papel, el ir y venir de personas enfundadas en batas de color café. ¿Eran de ese color o me traicionan los recuerdos?

Por aquella época, casi todas las casas de Estepa tenían su horno para hacer mantecados. Fue así hasta que, como luego se ha replicado al prohibir que produzcamos nuestra propia electricidad con placas solares, dejó de permitirse que se fabricasen, aduciendo razones de higiene. Como tanta gente, mi abuela María hacía mantecados en la casa, y luego el abuelo Antonio le imprimía sus propios papelillos. Nosotros tomábamos Mantecados Antonio y María. Las cajas lucían una foto de Estepa, con la torre de la Victoria bien visible, y en los envoltorios destacaban unas letras A y M de lo más barrocas, entrelazadas. Eran mantecados grandes, que se deshacían al partirlos. Los restos que quedaban en el interior los aplastábamos de nuevo con ayuda del papel para compactarlos y comernos hasta el último trozo.

Mis primeros recuerdos navideños son golosos, como podéis comprobar. Imagino que es así para todos. Lo primero que evocamos de estas fechas tiene que ver o con comida o con los Reyes Magos, y en mi caso son los mantecados y el pollo a la naranja que hacía mi madre cada cena de Nochebuena, lo primero que se me viene a la memoria. Pero también los Reyes Magos.

Me encanta la Navidad, me divierte, me asombra, aunque a veces me entristezca o me enoje. Y si me divierte, es sobre todo por la Cabalgata de Reyes Magos. Para mí, sin duda, el 5 de enero es el día más alegre de esta ciudad. Con todos mis respetos a otras fiestas y tradiciones solemnes de esta ciudad, que muestran una elegancia popular refinada e incomparable, la Cabalgata de Reyes Magos saca lo mejor de cada sevillano. ¿Quién no se ha lanzado a la calle, dispuesto a luchar a muerte por un caramelo, incluso armado de paraguas aunque no fuera un día de lluvia? ¿Quién no ha cantado La gallina turuleca al son de alguna de las bandas de Semana Santa que ambientan la Cabalgata, quién no ha gritado, saltado al paso de los beduinos, a cualquier edad? ¿Quién no se ha emocionado al ver los ojos de un niño, sea o no de su familia, y su mirada de asombro ante esa grandiosa representación? ¿Quién no ha sido niño de nuevo al disfrutar de un espectáculo así?

Resulta conmovedor reconocer que es posible ilusionarse al menos una vez al año, que se puede forjar una emoción colectiva de felicidad, de alegría. ¿Qué sería de nosotros, de esta ciudad adormecida y rehén de su pasado y de sus cronistas más trasnochados, si generásemos una ilusión por nuestro futuro como la que trasmina esta ciudad la noche del 5 de enero? ¿Por qué el día 6, o el 7, vuelve a dormirse, por qué regresan nuestros complejos, la culpa y el arrepentimiento por habernos comportado así durante la Navidad? ¿Qué sería de nosotros si cada día del año fuese un 5 de enero?

 Me divierte el día de Reyes, me asombra, me emociona. Y me han divertido y emocionado los 5 de enero como padre. La cabalgata pasa por delante de casa de mis padres. Es una segunda planta y ha sido siempre el lugar de reunión para la familia este día. Mi madre aún compra confeti, serpentinas, globos, que mis hijos y sobrinos lanzaban al paso de la comitiva. Cuando eran pequeños y terminaba de pasar, todos corrían a la habitación de mis padres. Siempre había un despistado que se había dejado una ventana abierta, por la que se habían encaramado los pajes de los Reyes Magos para dejar los regalos antes que en ningún sitio y así aliviarse del duro trabajo que les quedaba por hacer esa noche. Sí, me gusta, me encanta el día de Reyes porque representa momentos como este en muchas casas, porque seguro que al escucharme contar esta anécdota familiar se les ha venido a la memoria instantes parecidos en sus familias.

Otro momento especial de esta época del año, el primero en orden cronológico, es poner el Nacimiento. El día de la Inmaculada es el que solemos escoger para ello, como para tantas otras familias. A pesar de que ya son mayores, mis hijos son los primeros en continuar la liturgia de colocar todas las piezas que hemos ido comprando a lo largo de los años. Y eso, a pesar de que en nuestra casa tenemos una vitrina llena de Nacimientos de muchos países de América Latina, que lucen todo el año. Nacimientos de Chile, Colombia, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay…Nacimientos guaraníes, incas, araucanos…Esto no es excusa para volver a poner cada año nuestro Belén, el que hemos ido construyendo con el paso de los años, y disfrutar de esos sencillos ritos que estrechan los lazos entre generaciones y se guardan en nuestra memoria colectiva.

Por días así de entrañables disfruto de la Navidad, pero no debo olvidarme del significado profundo de un tiempo como este. Muchos cristianos se sintieron tremendamente molestos cuando hace años un concejal, sin duda con afán provocador, denominó a estas fiestas como las del solsticio de invierno. También hay quien se queja de la descristianización de los motivos que se utilizan para iluminar nuestras calles. Pero hay que reconocer, y eso no le quita nada a nadie, que en su momento también el cristianismo se apropió de fiestas que estaban en la raíz profunda de la humanidad, en los cultos relacionados con la tierra y el sol. Esto no les resta nada a los creyentes, pero también quienes no creen pueden hacer suyas estas fechas.

¡Me gusta la Navidad! Me encanta, me divierte, me asombra; y a veces me entristece, me enoja. Y me gusta la Navidad porque no sucede en cualquier momento, sino en una época muy especial, como es el del momento en el que la luz vence a la noche.

El cristianismo celebra mañana el nacimiento del Hijo de Dios. El Niño Jesús no podría haber nacido en otra época del año que en el solsticio de invierno: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida”, dice el Evangelio de San Juan. El solsticio de invierno no es solo una fiesta para el cristianismo; también es un día sagrado para otros pueblos y religiones. Por mi cercanía personal a los pueblos de América, quiero recordar el Inti Raymi, o del Wawa Inti Raymi (la fiesta del sol o del niño sol), celebración que se hace durante el solsticio de invierno del hemisferio sur, el 24 de junio, nuestro día de San Juan).

El solsticio es el día en el que la luz vence a las sombras. Es un día en el que la esperanza se abre paso ante el pesimismo. Representa el derecho que toda persona tiene a rehacer su vida, a nacer de nuevo, a resucitar en vida; a superar sus contradicciones, sus fallos, sus inconsistencias. Es el día para volver a empezar, para resurgir. Vuelve la luz a la vida, vuelve a abrirse camino entre las tinieblas para vencer a la noche. A caminar. La luz del mundo, quien me sigue no andará entre tinieblas, luz de vida. Esta frase tan evangélica, puede ser asumida por cualquier persona, crea en lo que crea.

La luz viene para volver a empezar. Quizás los resultados que se han dado en las elecciones del domingo no hayan sido casualidad, en un momento como el del solsticio de invierno. Quizás necesitamos volver a empezar, puede que ese haya sido el mensaje que hayamos dejado los españoles en las urnas. Y necesitamos luz para recorrer ese camino.

El solsticio de invierno nos muestra que hay que resistir, que hay que tener paciencia y no hay que perder la esperanza. Aunque luego la luz  avance en su insolencia y terminemos por volver a caer en nuestros propios errores de soberbia, y nuestra falta de humildad acabe por arrojarnos a las llamas en las hogueras de San Juan, día en el que la noche vuelve a abrirse paso para hacernos pagar nuestros errores.

Y por eso, me gusta la Navidad, porque es parte de la vida. Y me encanta, me divierte, me asombra; aunque a veces me entristezcan o me enojen las miradas superficiales hacia ella.

La luz está llegando y nos ayudará a que nuestro aliento de vida se sobreponga a las tinieblas. Queridos amigos, feliz llegada de la luz, Feliz Navidad; paz a las mujeres y los hombres de buena voluntad; fuerza y aliento para que hagamos entre todos un mundo más justo, para ayudarnos a ver al otro como parte de nosotros. Somos humanos a través de la humanidad de los otros, dice la filosofía Ubuntu, de la que tan buen embajador era Nelson Mandela.

Y mucho amor. Mucho amor a la madre tierra que nos acoge. Liberémonos del miedo de las tinieblas, dejemos las tinieblas de ese pasado lleno de injusticias, de avaricia y soberbia. Hágase la luz, que ilumine nuestros pasos y nos haga caminar juntos. Que como los Reyes Magos, sigamos nuestra Estrella de Oriente, y que sepamos que no todos los caminos conducen a Roma si se trata de justicia. Sigamos la Estrella sin temor. Ya viene el sol, y viene para darnos luz a todos. No importa cuán dura fuera nuestra noche; es hora de caminar y de dejarnos iluminar.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz llegada de la luz!

Sevilla, 23 de diciembre de 2015

HIDRA VERDE EN DIARIO DE SEVILLA

Esta semana es semana fantástica para los farmacéuticos literatos. Presentamos Hidra verde, relatos de farmacéuticos hispanoamericanos, en Toledo, en el Cigarral de las Mercedes, lugar emblemático que acogió a científicos y humanistas durante la II República. Qué mejor enclave para un libro como este.

Aquí os dejo la primera entrevista que se realiza en torno a ella. Y ya os contaré más.

http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/2131433/la/hispanidad/los/boticarios.html

UNA PROFESIÓN AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD

Prólogo encargado para el libro “Atención Farmacéutica en Panamá: marco conceptual, aspectos legales y bases para la solución de casos”, escrito por el profesorado del Departamento de Farmacia Clínica de la Universidad de Panamá, y que editará la Imprenta Universitaria

CIMG3005Una profesión se sustenta en un conjunto de conocimientos, algunos específicos y otros compartidos con otras profesiones, que se aplican de una forma diferente y única para resolver un problema que tiene la sociedad. Es en este contexto en el que surge una nueva profesión farmacéutica, la que se sustenta bajo el paradigma de la Atención Farmacéutica, que intenta minimizar un enorme problema de salud pública como es la morbi- mortalidad asociada a los medicamentos, responsable de uno de los retos más importantes a los que se enfrentan los sistemas de salud en la actualidad, uno de los más costosos en términos económicos y sobre todo en vidas humanas, que además puede ser evitado con la implantación de esta práctica asistencial.

Que existe un problema importante de salud pública en materia de medicamentos es algo de lo que hay conciencia en el ámbito sanitario desde la epidemia de focomelia causada por talidomida en los primeros años de la década de 1960. Sin embargo, hasta ahora, los intentos por minimizar los problemas que producen los medicamentos por las profesiones tradicionales, medicina o enfermería, han sido infructuosos, ya que se han limitado a tratar de perfeccionar sus prácticas asistenciales habituales, cuando en realidad lo que se necesitaba era una forma diferente de hacer las cosas, es decir, una nueva práctica, o lo que es lo mismo, una nueva profesión.

Hoy se sabe que los costes económicos producidos por una utilización ineficiente de ese recurso terapéutico llamado medicamento doblan de largo las inversiones en dicho recurso. Asimismo, se ha demostrado que solo cuatro de cada diez medicamentos prescritos alcanzan los efectos deseados. También es conocido que las muertes causadas por medicamentos llegan a quintuplicar las producidas por accidentes de tráfico. A pesar de todo eso, la instauración de esta nueva práctica asistencial denominada Atención Farmacéutica, traducción libre al español del concepto filosófico Pharmaceutical Care y de su puesta en práctica Medication Therapy Management, es   todavía testimonial. Los sistemas sanitarios todavía no son conscientes de la dimensión del problema y de lo que un nuevo farmacéutico puede contribuir a resolver. De ahí la importancia de textos como este que, realizados desde la Universidad, pueden contribuir a formar profesionales farmacéuticos capaces de realizar tan alta contribución a la sociedad.

Estudios recientes indican que un nuevo profesional farmacéutico puede elevar la tasa de efectividad y seguridad de los medicamentos desde el 40% que muestra la literatura científica al 82%, y que por cada dólar invertido en este tipo de servicios, los proveedores de salud ahorran entre 8 y 10 dólares gracias a evitar recursos terapéuticos mucho más costosos o bajas laborales.

No tengo dudas de que la aparición de nuevos farmacéuticos que ejerzan la práctica de la Atención Farmacéutica constituirá uno de los avances más importantes para los sistemas sanitarios del siglo XXI. Y para que ello sea así, es esencial la implicación de las Facultades de Farmacia y sus docentes, porque solo ellos pueden garantizar la formación de profesionales al servicio de la sociedad. Por esto es para mí un orgullo prologar este libro escrito por colegas de gran valía, comprometidos desde hace muchos años con esta causa.

Dr. Manuel Machuca González

Presidente de la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF)

SEGUIMIENTO FARMACOTERAPÉUTICO EN OFICINAS DE FARMACIA

UOFT_Entrevista

Hace unos días preguntaba al presentarme a mis alumnos del Master de Atención Farmacéutica de la Universidad de Costa Rica qué era una profesión. Después de escuchar la opinión de todos, llegamos a la conclusión de que una profesión acoge a un grupo de personas con un conocimiento y experiencia concretos, que trabaja y recibe su remuneración para resolver un problema que tiene la sociedad, de una forma que ninguna otra lo hace.

En el caso del seguimiento farmacoterapéutico, ejercerlo y ser un profesional significa asimilar un conocimiento y tener una experiencia para resolver, de una forma específica y diferente al del resto de profesiones de la salud, el enorme problema de salud pública que significa la morbi- mortalidad evitable asociada al uso de los medicamentos. Y esto, como cualquier otra profesión que exista en el globo terráqueo, incluyendo la pesca con lanza, con una remuneración coherente a la responsabilidad contraída.

Por tanto, para que una profesión como la que significa ejercer el seguimiento farmacoterapéutico pueda ejercerse, esta debe estar incluida y reconocida como una actividad dentro de las prestaciones y políticas sanitarias, lo que como es obvio, incluye un modelo de remuneración y la forma en que va a integrarse con el resto de prestaciones y profesionales.

Además de esto, algo que parece obvio, pero que hasta ahora no lo ha sido, requiere un cuerpo de conocimientos que refleje de forma precisa de qué trata esta prestación sanitaria, qué persigue, cómo se enseña y se aprende, qué formación se necesita para ejercerla y quién no está capacitado para ello.

Si analizamos por qué todavía no se ha implantado de forma generalizada el seguimiento farmacoterapéutico en oficinas de farmacia, y quiero puntualizar que en ningún otro entorno asistencial, digan lo que digan los que trabajan en esos escenarios, bastaría con repasar lo dicho anteriormente: no existen políticas que lo incluyan, no se enseña ni hay modelo de formación ni acreditación que defina las cualidades que debe tener el profesional, y como consecuencia, en entornos asistenciales como el de la farmacia comunitaria, su implantación es testimonial. También en los otros bastante discutible, porque aunque dicen ejercerla y reciben remuneración para ello, lo que practican es algo que de seguimiento farmacoterapéutico, en su esencia, solo tiene el nombre.

Creo que es necesario hacer esta reflexión, puesto que no puede apelarse a la falta de voluntad o patriotismo profesional de los farmacéuticos de oficina de farmacia el problema. No es así. Las causas de la escasa implantación tienen que ver con la hipocresía de los políticos, que nos utilizan y nos regalan el oído cuando necesitan nuestro apoyo y luego se olvidan, de su falta de compromiso con los problemas reales de la sociedad; de las Facultades de Farmacia, que se han apuntado al carro para no caerse pero que no quieren dirigirlo hacia espacios nuevos por miedo; y obviamente de quienes nos representan dentro, devotos de Lampedusa y de Alfonso Guerra, que no es que no saquen en la foto a los que se mueven, sino que directamente les disparan. Y no precisamente con la cámara fotográfica.

JACARANDAS

20150430_162320Las jacarandas más impacientes han comenzado a florecer en la ciudad de Sevilla. Como cada mes de mayo, muchas avenidas y parques de la ciudad se teñirán de morado gracias a las delicadas campanas que cuelgan de sus ramas.

La jacaranda feminizó su nombre cuando llegó a España. En América sigue siendo el jacarandá. Como en Sevilla, resulta hermoso ver calles y avenidas de Buenos Aires, o de tantas ciudades americanas, adornadas por ese bellísimo árbol que allá regala sus flores por el mes de noviembre.

Los conquistadores trajeron sus semillas en los barcos a orillas del Guadalquivir. Acá se sembraron y se aclimataron, como tantas plantas americanas, y encontraron en una ciudad como esta, afligida por recuerdos de su grandeza, el lugar ideal para soportar la melancolía de su exilio.

Sin embargo, el jacarandá, la jacaranda continúa siglos después sin soportar la nostalgia de su tierra americana. Por eso en Sevilla florece ahora, durante su primavera, para agradecer a la tierra que la acoge, y en noviembre, en la primavera de sus añoranzas, para no olvidar nunca de donde vino. Y de paso, alegra la vista a los sevillanos que, como las jacarandas, continúan aferrados a un tiempo que ya no volverá.

Dedicado a Rosa, que me contó la historia en su maravillosa Libería Yerma

INFO FARO EN LA IV ESCUELA SEDOF

???????????????????????????????La Junta Directiva de SEDOF acordó conceder una beca de inscripción a un miembro latinoamericano de INFO FARO para participar en la IV Escuela SEDOF que tendrá lugar en Sevilla.

INFO FARO es un colectivo latinoamericano de profesionales de la salud interesados en el diálogo enriquecedor entre la salud y en la cultura, abiertos a nuevas formas de atención a la salud más holistas, vinculadas de manera indefectible a la persona y su desarrollo integral como objetivo final.

Con acciones como esta, SEDOF no solo desea colaborar en el desarrollo de nuevos profesionales latinoamericanos que desarrollen prácticas asistenciales tan humanizadas como la optimización de la farmacoterapia. En SEDOF estamos convencido que la mutua colaboración y compartir experiencias exitosas, en un diálogo constante entre lo construido y lo que queda por construir, sin olvidar los errores cometidos, conforman el camino para realizar tareas transformadoras del ámbito sanitario.

Porque SEDOF tiene mucho que enseñar, pero también bastante que aprender. Todos debemos reconocer que el extraordinario conocimiento científico desarrollado en España en torno a al Atención Farmacéutica, luego denominada Seguimiento Farmacoterapéutico y más tarde Optimización de la Farmacoterapia, tiene experiencias palpables, reales y exitosas, en el ámbito latinoamericano.

La Unidad de Optimización de la Farmacoterapia implantada en Rosario (Argentina), con el apoyo del Colegio de Farmacéuticos, es un proyecto que sin duda va a extenderse por el resto del país, y muy probablemente en el ámbito latinoamericano. Lamentablemente, estas experiencias distan mucho todavía de ser implantadas en un país como España, en el que la falta de valentía institucional para abordar estos retos, lleva impidiendo décadas el desarrollo de una práctica asistencial tan necesaria. Por eso para SEDOF estrechar lazos con países hermanos no es una opción, sino una necesidad, para poder continuar desarrollando sus fines en un escenario tan complicado como el español.

Bienvenido Info Faro a estas jornadas de trabajo, en las que los pacientes son el fin y el motor de nuestro aprendizaje, y en las que también hemos apostado por realizarlas en un entorno social complicado, en uno de los barrios marginales de una ciudad como Sevilla, para acompañar y aprender de las gentes que lo habitan. Ojalá sirva para construir una práctica que tanto bien puede hacer a nuestros países. El esfuerzo y el desafío en ciernes, merecen la pena.