RESET

Volver a empezarHay que luchar por conseguir tus sueños, pero no morir en el intento. Esta es la conclusión que saco cuando, después de casi veinte años dedicado en cuerpo y alma a la Atención Farmacéutica, ese concepto revolucionario profesional que ha sido manoseado y prostituido, vaciado de todo sentido social por culpa del onanismo profesional de unos, la falta de visión de otros, los miedos de unos cuantos más y el borreguismo de una mayoría que tanto daño ha hecho y va a seguir haciendo en cualquier faceta de la vida. Ya se sabe, igual que ese poema de Martin Niemöller que luego adaptó Bertolt Brecht:

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista, Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista, Cuando vinieron a por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío, Cuando finalmente vinieron a por mi, no había nadie más que pudiera protestar.»

Uno tiene que pensar hasta dónde llega su limitada capacidad y la mía se agotó. Al menos, para intentarlo en la farmacia comunitaria, un establecimiento sanitario privado de interés público en el que lo público jamás ha tenido interés ni confianza. Se hace muy difícil que una idea que no venga de los de siempre triunfe en un país con tantos prejuicios a un lado y otro del arco político. Cuando digo los de siempre me refiero a las profesiones sanitarias que molan; cuando digo lo del arco político no me refiero al arquito que separa al PP y al PSOE, que son la derecha sociológica de este país, sino al arco de verdad. Porque en este país lo que vengan de ciertas instituciones o corporaciones que no estén bien vistas se pierde por alguno de nuestros importantes agujeros éticos socavados por la endogamia.

Pero no se trata de echarle la culpa a nadie de los fracasos de uno, cuando retos más importantes en el mundo se han conseguido con liderazgos apropiados.

He escrito la palabra fracaso, a pesar de que no sienta que mi carrera profesional lo haya sido. Simplemente no he conseguido ver lo que esperaba vivir. No obstante pienso que he puesto mi granito de arena en el proceso y que mi aportación, en el ámbito de la farmacia comunitaria, ya no va a dar más de sí.

En estos años, los varios miles de pacientes me han ayudado a aprender muchas cosas. Quizás la más importante, a entender la verdadera importancia de optimizar la farmacoterapia de los pacientes, sus consecuencias, lo que puede significar en el ámbito de la salud pública su instauración, las posibilidades de crecimiento que le podría dar a una profesión denostada que sigue empeñándose en autoengañarse.

He publicado decenas de artículos científicos, he enseñado a cientos de profesionales de muchísimos países, he conocido lugares fantásticos, personas y profesionales excelentes, maravillosos, de una talla humana y científica fuera de lo común; he hecho amigos para siempre como dice la canción; y sobre todo, me ha ayudado a ser mejor persona y a entender algo mejor la vida. Creo que no puedo pedir más. “Que me quiten lo bailao”, que además, he bailado mucho, por cierto.

¿Y a partir de ahora, qué? En lo profesional, disponible, aunque reconociendo las dificultades. Hoy estoy más convencido que nunca de que optimizar la farmacoterapia de los pacientes es prioritario. Prioritario para los pacientes y prioritario para los sistemas sanitarios. Que sea prioritario para los farmacéuticos es algo que tienen que decidir quienes tienen capacidad de hacerlo y actuar de forma coherente a esa capacidad.

Si hubiera algún proyecto serio implantación de esta tecnología sanitaria, en el que alguien creyera que mi experiencia pudiera ser útil, no dudaría en subirme a ese carro con la misma ilusión de siempre, porque creo que mi experiencia y conocimiento pueden ser aprovechables. Pero continuar mareando la perdiz, no. Soy consciente de que es algo realmente difícil que se dé, y por tanto, tengo más que asumido y estoy preparado para cerrar esta etapa de mi vida y continuar con otra que abrí hace unos años y que hoy me está dando sus frutos personales, la literatura. El motor de mi vida siempre fue la ilusión por hacer cosas en las que creo. Solo espero morirme cabreado porque no me dé tiempo de seguir haciendo cosas nuevas y poniéndome retos por alcanzar.

Estos cuatro meses de 2013 que restan me servirán, además de para terminar mi segunda novela, para cumplir mis compromisos profesionales adquiridos y cerrar esta etapa de mi vida. Porque ya, sin farmacia y con la Unidad de Optimización de la Farmacoterapia, no es coherente continuar participando de lo que no se ejerce. Si me he quejado mucho de tanto charlatán de feria que ha habido y sigue habiendo en el entorno de la Atención Farmacéutica, lo peor que me podría pasar sería convertirme en uno de ellos.  Me hace una ilusión especial volver a Medellín a finales de septiembre, ciudad en la que empecé mi actividad docente en América Latina. Será como finalizar el relato circular de esta aventura maravillosa de conocer este continente que tanto me ha dado como profesional y como persona, y en el que me he sentido respetado, reconocido y sobre todo, querido. No tengo palabras para describir lo que América ha sido para mí.

Y para finalizar, todo mi apoyo y mi aliento a quienes continúan en la lucha, a esos farmacéuticos y farmacéuticas que siguen creyendo en ellos mismos y en su capacidad para ser útiles a la sociedad, que sienten su profesión como un servicio público, como su modesta contribución a hacer un mundo más justo y humano. Este partido lo vais a ganar. Ya lo creo que sí.

Para terminar, un himno apropiado: We shall overcome, con Pete Seeger. ¿Aún tienes dudas de cómo será el final de todo esto?

http://www.youtube.com/watch?v=QhnPVP23rzo

CRÓNICAS DE BRASIL (II)

  Brasil está creciendo muchísimo. Se nota. La Universidad tiene cada vez   más medios, sus investigadores son de primera categoría, se ve en el  optimismo que hay con la gente con la que se comparte una    conversación. También se notan las inmensas desigualdades que ha    habido, y que todavía habrá por mucho tiempo. La pobreza continúa  saltando a la vista en muchos lugares, pero un país de emigrantes, tan  luchador siempre y tan anárquico también, tiene esas cosas. Los que  vinieron aquí lo hicieron para salir de la pobreza de sus países de origen  y han luchado por la supervivencia. Brasil es un país de 180 millones de  supervivientes que lucha por ser un país.

Brasil crece, a costa de Brasil. Eso es lo que está ocurriendo en los países  llamados emergentes. No aprenden de la experiencia depredadora de Europa consigo misma ahora, y con África o América antaño, y persisten en continuar ese modelo antropofágico de explotar sus propios recursos y aprovechar una coyuntura limitada en el tiempo, con recursos finitos, para un crecimiento que va en contra de las necesidades del planeta.

Sí, es muy duro decir eso. Ahora que les toca a ellos, decirles que no es por ahí por donde tienen que ir. Pero están destruyendo sus mayores tesoros ambientales a cambio de producir soja; están sacando de la tierra los últimos recursos de petróleo, gases, minerales; están contaminando y contaminándose de las peores maneras de hacer las cosas del llamado primer mundo.

Dicen que lo peor de las personas que han sufrido abusos es convertirse en un abusador. Creo que lo peor de los países que han sido explotados de forma inmisericorde por otros, como el caso de los países latinoamericanos, es explotarse a sí mismos, convertirse en rehenes de sí mismos. Y mucho me temo que ese crecimiento que ahora hay, puede convertirse en el plazo de unos años, en un triste boomerang sin solución. Ojalá no sea así.