DARSE EL LOTE

Son las nueve de la mañana del domingo, de un domingo cualquiera, a pesar de que sea hoy domingo cuando escriba esto y hoy haya sido también el día que haya hecho esta foto. Una mala foto, por cierto. Sin que valga como excusa, la hice apresuradamente, entre la indignación del suelo y la del cielo― la indignación de ver a ese anciano subido a la escalera― y con un profundo respeto hacia la persona que recogía aceitunas en un jardín público. Justo lo contrario a lo que sentía por quienes fueran los protagonistas de la escena que se dibujaba en el suelo.

Cristales rotos de botellas compradas en cualquier cadena de supermercado horas antes. Bolsas, latas, basura esparcida al compás de la risa y la educación. Papeleras arrancadas de cuajo de sus sujeciones como hitos y como mitos de esos héroes jóvenes gracias a los que continuaremos liderando en el mundo los trasplantes hepáticos.

Cada noche de cada fin de semana se abren las puertas de esos sepulcros blanqueados que son nuestras residencias y de ellas salen los zombis que se dirigirán a las selectas bodegas a comprar sus lotes. Para darse el lote, expresión que en mis tiempos era otra cosa bien distinta. Se acercarán a cualquier supermercado, en el que adquirirán lo que les plazca, mostrando cualquier carnet de identidad con la habilidad de trilero, para obtener esos lotes que incluyen bebidas, hielos o vasos de plástico.

Los muchachos que destrozan su hígado mientras destrozan nuestro mobiliario urbano, son hijos de un sistema educativo con religión y sin filosofía, hijos de un sistema económico en el que la ley del más fuerte o el engaño constituyen los modelos a seguir, hijos de un sistema político en el que hay un rey y una familia que hará lo que le plazca, inviolable, y heredará el poder sin más razón que su apellido, y de una democracia en la que prima la libertad de expresión a la vez que se coarta la de pensamiento. Son hijos de un mundo al que hay que mirar borracho, porque es la borrachera la que parece permitir la única vía de escape posible.

Estos muchachos son también hijos de padres universitarios, que un día fueron guays y trabajaban para multinacionales que parecían suyas, que viajaban por el mundo y se lo comían si hacía falta, que te miraban complacientes, satisfechos, creyéndose los putos amos, hasta que dejaron de necesitarlos y ahora se debatan entre continuar en el paro o vender seguros a comisión, dando sablazos a antiguos amigos que aún resisten en el mundo que ellos contribuyeron a crear y siguen manteniendo con sus votos, con la esperanza de que solo estén viviendo un mal sueño, con el anhelo de volver a formar parte del mundo al que solo pertenecieron en su imaginación.

He visto a alguno de estos muchachos de madrugada apedrear a vagabundos y salir corriendo, escupiendo su miseria sobre los parias, aquellos que justifican que ellos se sientan privilegiados a pesar de que solo vayan a acabar siendo millonarios en transaminasas. Porque la riqueza no es un valor absoluto sino relativo, y la mierda puede llegar a ser satisfactoria siempre que la de los otros huela peor.

¿Qué le habrían hecho al pobre viejo si en lugar de haber ido de día hubiera ido de noche a recoger aceitunas, las aceitunas que luego revenderá o meterá en salmuera para sacar un jornal o matar el hambre? Me temo que el viejo hubiera sido un residuo orgánico más entre tantos a la mañana siguiente. Unos ganándose la paga en el cielo y otros vomitándola en el suelo.

Si quieren ver cuál es la salud democrática de este país, atrévanse a entrar de noche cualquier fin de semana en los jardines de un barrio pijo. No hace falta irse al extrarradio canalla. Basta con ver a los nuestros. Seguid votándolos, que vuestra bilis ni la de vuestros hijos os ahogue, cobardes.

4 DE DICIEMBRE

El 4 de diciembre de 1977 tenía catorce años. Los días previos, mis amigos y yo nos acercamos al Siglo Sevillano a comprar dos o tres metros de bandera blanca y verde. Una de nuestras madres, no recuerdo cuál,  cosió las puntas de la tela para hacer un forro en los extremos y que pudiésemos introducir unos palos de marquetería que habíamos conseguido en el Arca de Noé, aquella tienda increíble que había en la trianera calle Trabajo.

El 4 de diciembre de 1977, como tanta gente, nos dirigimos Chiqui, Francis, Domingo y yo al Prado de San Sebastián, con nuestra bandera a participar en nuestra primera manifestación, quizás en la más multitudinaria que jamás hubo en la ciudad, la que sin duda, más entusiasmo despertó nunca.

Allí, en aquella manifestación de cientos de miles de personas, estaba la niña de once años que con el paso del tiempo sería mi esposa y madre de mis hijos. Fue con sus padres y con sus hermanos, al igual que muchas otras familias que se lanzaron a la calle, probablemente sin saber muy bien lo que pedían, pero siendo todos plenamente conscientes de lo que nos unía, lo que nos une aún, nuestra matria andaluza.

El 4 de diciembre de 1977 fue el inicio de una conciencia de pueblo que supo rebelarse, luchar y vencer a la injusticia con las armas de la paz. Nunca hubiera habido un 28 de febrero sin un 4 de diciembre.

Luego se fue todo al carajo, cuando unos tuvieron los reflejos y la habilidad de capitalizar este movimiento de libertad, y así someterlo, y vaciarlo de contenido durante estos cuarenta años, a mayor gloria de la oligarquía que empobrece esta tierra. Y nos convertimos en una Muñeca de Marín, aquellas flamencas que colocábamos sobre el televisor.

El 4 de diciembre de 1977 yo tenía catorce años, y hoy tengo cincuenta y cuatro. Cuarenta años de puños y rosas falsas, que lo que desprendían no era perfume sino cloroformo. Hoy continuamos dormidos, con un treinta por ciento de paro y con la mano abierta, otrora andalucista, pidiendo limosnas a quienes antes nos esquilman.

Cuarenta años después Andalucía no ha sido libre. Ojalá que algún día seamos capaces de romper las cadenas del miedo que nos atenaza, y que lo hagamos con las mismas armas de la paz con las que, hace ya casi cuarenta años, nos liberamos y liberamos a muchos de los pueblos de este país que tanto se ríe con nosotros, y que tan poco nos ama.

SOBRE NACIONES Y ESTADOS

Un atrevimiento inexperto, una opinión, de alguien que necesita decir algo en días como estos

La hipótesis de la que parto es la de que una nación   es un territorio que agrupa a una población a la que le vincula una cultura común. Una nación, por tanto, se conformaría a lo largo de la historia, de ahí que no me quepa duda de que Andalucía lo es, al igual que no es la única en la Península Ibérica: lo son Portugal, Castilla, Cataluña… y no me extiendo más para que cada cual cierre la lista.

Un estado es, en la hipótesis de la que parto también, una entidad política, que agrupa a una o más naciones en función de dicha organización estatal colme o no las aspiraciones de las diferentes naciones que la conforman, esto es, que otorguen a sus ciudadanos un mayor grado de bienestar por su vida en común, y es por eso que a los estados no se les puede otorgar la cualidad de históricos, puesto que han cambiado a lo largo de los siglos. De hecho, la conformación del estado español tal y como hoy lo conocemos, tiene tres siglos y es consecuencia de los resultados de la Guerra de Sucesión. En mi opinión, la unidad mínima de estado es la nación, y por tanto, no estoy de acuerdo con quienes ridiculizan las aspiraciones políticas de naciones como la catalana, por teorizar que eso podría llegar a desmenuzar los estados tanto como cada aldea quisiera. Aunque, quién sabe, la historia nos ha enseñado que si hay algo inabarcable es la capacidad humana para la idiotez.

Una nación tiene un origen esencialmente cultural, en lo que lo político ha tenido enormes influencias, y en un estado, en el que lo cultural influye también de modo notorio, es un concepto básicamente político, y ambos tienen sus raíces en que el ser humano es un animal de manada, y la manada es una organización en beneficio del bien común.

Dicho esto, que las naciones quisieran o no formar parte de un estado debería ser, es lo que opino, una opción posible que sus ciudadanos deberían decidir y no los de otras naciones que conformen el estado, ya que es previo a éste, y que las naciones tengan o no aspiraciones políticas de constituir un estado dependería del grado de bienestar común conseguido en el existente.

Personalmente también, no me extraña que, en un contexto neoliberal a ultranza llevado a extremos como el actual, que tantísimas desigualdades ha provocado, el sentimiento independentista haya vuelto a aparecer, si bien estimo que con connotaciones muy diferentes a los nacionalismos del siglo XIX o los de carácter supremacista del XX, aunque a ello se sumen esos que lo mismo acusan de Botifler a Marsé que izan enseñas franquistas, tales para cuales, por cierto. Asemejar el sentimiento independentista actual al de nacionalismos anteriores es una simplificación que agrada a muchos intelectuales pero que no se sostiene. Una de las razones por las que los independentismos resurgen es la de que los estados actuales han dejado de tener el objetivo del bienestar de sus ciudadanos, y los han entregado a los grandes grupos empresariales y financieros, las únicas élites que existen, que además de gobernar sin presentarse a las elecciones, han convertido la prensa en gabinetes de comunicación propios, sesgando el derecho a la información ciudadana e intoxicándola de intereses particulares.

El anhelo del independentismo ha aparecido en primer lugar en las naciones con mayores aspiraciones y conciencia política, pero, si la gran política y el estado no vuelve a retomar el poder y sus únicos objetivos de extender el máximo grado de bienestar a la totalidad de sus ciudadanos, corre el riesgo de que se extienda como un reguero de pólvora. Andalucía, una de las naciones con tanta identidad cultural, nacional, como nula aspiración política, estatal, es sin duda, por sus niveles de pobreza y exclusión social, una de las más perjudicadas por esa alianza política llamada estado español, España, y por tanto, aunque a día de hoy sería impensable, podría transformar, y en un periodo de tiempo más corto de lo que pudiera pensarse, ese identidad de nación en un sentimiento político. Salvo, eso sí, que algunos nos tachen, por el mero hecho de ser andaluces, de gente vaga, con nula capacidad para el trabajo, etc, es decir, de constituir una raza inferior digna de lástima o desprecio, por el mero hecho de haber nacido en el sur, y también no haber experimentado la oscura Edad Media del resto de Europa o de haber dotado de señas culturales externas a ese estado con pretensión de nación llamado España.

Por tanto, en mi opinión, la solución al conflicto que acaba de comenzar, porque esto no termina el uno de octubre, es político, y precisa de una nueva conformación del modelo de estado. La solución nunca debería ser fraccionar sino cohesionar. Y para ello, y siempre en mi opinión, dotar de mayor capacidad política a las diferentes naciones, entendiendo como autogobierno y responsabilidad será tan importante y compatible, como construir más Europa. Al final todo se resume en el lema del escudo de Andalucía, tan exportable para los demás como lo han sido sus señas culturales: Andalucía, por sí, para España y la humanidad. Si no hay humanidad no habrá estado que valga.

SEÑOR ZOIDO, EN ESPAÑA SÍ HAY GUETOS

Señor ex Alcalde de mi ciudad:

El sábado pasado le escuché decir que en España no había guetos. Me dejó estupefacto, tengo que reconocerlo. ¿Cómo pudo decir eso? Nada más que en la ciudad que usted gobernó, la que le mando a Paseo…del Prado cuatro años después, tras haber dilapidado la mayoría absoluta más grande de la reciente historia de la ciudad.

¿Cómo llamaría usted a la periferia sevillana? Me refiero a ella, porque imagino que es la que mejor podría conocer. Mejor dicho, la que le sonará. Una periferia que no es exclusiva de la ciudad de la gracia―maldita gracia esta, por cierto―, pero que usted debería haber conocido.

Pondré ejemplos únicamente de la ciudad ex-gobernada por usted, a ver si recuerda algo:

¿Por qué no le llama gueto a Los Pajaritos, el barrio más pobre de todo ese país al que ustedes llaman España y que parece no existir más allá de la M-40? Los Pajaritos es una jaula inmensa de indigencia, de marginalidad, aislada entre grandes avenidas para que la gente con poca memoria como usted se olvide pronto.

/ ©GARCIA CORDERO

¿Por qué no llama gueto a las Tres Mil Viviendas, ese barrio al que usted le ha negado una Comisaría de Policía―vergüenza le debía de dar como ex Alcalde― como vía de entrada de las instituciones, algo esencial para normalizar un barrio? Esas Tres Mil a las que niegan el soterramiento de las vías del tren y les dificultan la entrada al nuevo parque que se ha hecho alrededor.

¿Por qué no llama gueto al Vacie, a ciertas calles del Polígono Norte, a tantos lugares de la ciudad que usted tan mal gobernó, a la vista de lo que opinaron los votantes, y a tantos y tantos barrios de tantos y tatos lugares?

España es un país muy retrasado, señor Zoido, y por eso, lo que pasa en muchos lugares de Europa se está cociendo a fuego lento ―cocina mediterránea le llaman― en la periferia de nuestras ciudades, se reproducirá con una generación de retraso en este país. Y el combustible no lo pondrá la religión. La religión arde, claro que arde, cualquiera puede llegar a ser muy inflamable. Es la desigualdad la que todo lo provoca, esa desigualdad que produce las políticas de su partido, esas políticas económicas liberales basada en el crecimiento a costa de otros, en la producción a costa de todo, en la contaminación del planeta; o esas esas políticas de trabajo que dirige otra andaluza como usted, que obliga a elegir entre esclavitud o huida (lo mismo que pasa en los países del sur). Es la economía, …. Eso.

Mucho me temo que si los suyos, los de su partido y los satélites, no se enteran a tiempo, que la siguiente generación, que hablará andaluz como usted, quizás mejor que usted, o cualquier otro acento hispano tan bien como nosotros, sea la que nos ponga un petardo en el culo. Y todos tendremos nuestra parte de responsabilidad. Ustedes porque ejecutan (esas políticas), y nosotros, porque les votamos.

España posee todos los ingredientes necesarios para fabricar esa bomba atómica que produce la desigualdad. Y esto no se resuelve mandando pobres a las escuelitas, como usted insinuó en su intervención, sino mandando a la escuelita a ustedes. Pero me temo que antes de que ocurra eso, Kim Jong-un se hace pastelero.

 

ALEGRÍA EN EL TEATRO ENCANTADO

Queremos una piscina para las Tres Mil, y también parques infantiles. Y una piscina, y un cine, y que barran todos los días, y que…

El martes 27 de junio tuve la oportunidad de asistir al estreno de la obra teatral “El colegio encantado”, protagonizado por niñas y niños de las Tres Mil Viviendas, segundo barrio más pobre de España según estadísticas recientes, y sin duda líder a la hora de prejuicios y estigmas, esos tatuajes sociales con los que etiquetamos a quienes no tenemos el gusto de conocer.

Los alumnos de teatro de la Fundación Alalá incluidos en el taller “Pequeños Autores”, fueron los protagonistas de una obra que atrapó a un público entusiasmado. La Fundación Alalá, alegría en lengua caló, defiende la integración social a través del arte y la cultura y la alegría, y bien que puede presumir de hacerlo.

La pieza teatral, una reflexión sobre los valores personales que deben ilustrar al artista, y por ende, a cualquier ser humano, nos ofreció a los espectadores el arte de esos jóvenes como actores y actrices, músicos e intérpretes, con el flamenco y el rap y su fusión, como elementos predominantes en los cantes.

Tenía mucho interés en asistir, cambié mi turno de trabajo por estar, y más después de la invitación que me hizo la madre de una de las artistas, María del Carmen Fernández Pisa, una auténtica heroína de la vida, a quien admiro mucho y desde hace mucho tiempo por sus tremendos valores personales. Llevo más de once años de voluntario en el barrio y sé que aquella es tierra de heroínas, mucho más que de heroína, como algunos malpensados puedan sospechar.

Contemplando el espectáculo, viendo a esos jóvenes actuar, la cabeza me comenzó a dar vueltas, y reflexioné sobre la marginalidad. Probablemente no haya situación más injusta hacia los tuyos, hacia tus propios convecinos, que expulsarlos de sus barrios tradicionales para confinarlos en guetos, creados expresamente para que no molesten, como se hizo a partir de 1960 con los habitantes de Triana, San Bernardo y otras zonas de la ciudad. Ese aislamiento, esa cirugía inhumana con la que se intervino sobre la ciudad de Sevilla, y sobre muchas otras, todo hay que decirlo, trajo muchos, por no decir todos, los males que hoy continúan asolando las periferias.

Sin embargo, esta dolorosa e injusta ignorancia hacia el pueblo más humilde, allí donde se crea y se concibe el arte y la cultura de un pueblo, ha traído, entre el dolor y la injusticia, nuevas formas emergentes de arte, creaciones originales y novedosas formas culturales que esa forma de ignorancia pedante que es la cultura establecida, ignora. Y hoy, entre el desprecio de la ciudad de la caspa, ajena a toda consideración hacia las personas que conforman el cinturón de la urbe, surgen formas de expresión que sin duda conformarán el futuro, como en su día lo fueron el mismo flamenco, el tango, el jazz, el blues o el rap, que nacieron entre el desdén y la indiferencia de los que se sentían el ombligo identitario de la metrópoli.

Qué injusto y qué doloroso es el camino de la creación. Qué rabia da contemplar la marginalidad y las tragedias de muchas personas, y aún más escuchar los prejuicios que vomitan quienes tengo muy cerca. Qué maravilla el arte que surge. Qué tragedia el precio que han pagado y deben pagar muchas personas para que el arte perviva.

Mi respeto, mi reverencia, a las buenas gentes de las Tres Mil, héroes que no solo merecen la piscina, el cine, los parques infantiles y que barran sus calles todos los días, porque son ellos y no nosotros los que soportan el mayor tesoro para la supervivencia de un pueblo: su cultura.

Sí, la cabeza me dio muchas vueltas. Y salí del teatro encantado, encantado.

Las fotos se han tomado de la página http://www.fundacion-alala.org 

¿LOS BARRIOS POBRES CREEN QUE SE VIVE MUY BIEN?

Introducción al acto que organizó Iniciativa Sevilal Abierta en la Fundación Cruzcampo de Sevilla el lunes 17 de abril de 2017

Buenas tardes, bienvenidos a este nuevo capítulo del ciclo SEVILLA A DEBATE, Causas y consecuencias del estancamiento de la ciudad, que organiza nuestra asociación INICIATIVA SEVILLA ABIERTA, y que lleva por título, a modo de pregunta:

¿Los barrios más pobres creen que en Sevilla se vive muy bien?

Para ilustrar este debate contamos con la presencia de Manuel Lara García y Lola García Blanco, a quienes en breve pasaré a presentarles. Antes de ello, y a modo de introducción, me atrevo a hacer una breve reflexión personal acerca de si la pobreza en Sevilla es causa o consecuencia del estancamiento de la ciudad, si es este un bucle del que es imposible salir y que nos lleva a perder la esperanza de que la ciudad tome un nuevo brío, para regocijo de quienes no están interesados en que ese nuevo brío exista.

Si cuando salgamos de aquí caminásemos hacia la izquierda, nos encontraremos de inmediato con una avenida que marca uno de los cinturones más importantes de marginalidad de esta ciudad, un cinturón que la recorre desde oriente hasta el sur y que no es el único, porque qué decir de ese asentamiento chabolista de la zona norte, que nunca se vacía, que al igual que el Palacio Real del Alcázar, es el más antiguo de Europa.

El enclave en el que estamos se encuentra en una de las zonas de transición hacia nuestras propias vergüenzas, unas vergüenzas que ignoramos a pesar de que quienes viven allí, se crean o no que vivan muy bien en sus barrios, vengan o no a hacer carreritas en la Madrugá, son víctimas del modelo productivo de esta ciudad, tan falto de iniciativa empresarial a lo largo de la historia como rebosante de especulación en muchas ocasiones.

Hace unos días, a mitad de la Semana santa, quizás para que no se notara mucho, apareció en los medios un comunicado de Unicef que informa que España es el tercer país con mayores índices de pobreza infantil de la Unión Europea, tras Grecia y Rumanía; es el segundo, detrás de Letonia, en desigualdad económica, un país el nuestro en el que un informe de Intermón Oxfam afirma que 20 personas tienen tanto dinero como el 30% de la población. En el caso de Andalucía, tenemos además un 43,2% de riesgo de exclusión, muy superior a la media nacional, que es del 28,6% según la Universidad Loyola. Y qué decir de Sevilla, que alberga, a decir del Instituto Nacional de Estadística, a cinco de los diez barrios con menor renta per cápita de España.

La génesis de los barrios más pobres se explica por la migración rural a la ciudad ante la falta de oportunidades que el campo ofrecía a sus pobladores, allá por los años 60-70 del siglo pasado, y de los procesos de gentrificación de la segunda mitad del siglo pasado, por los que se expulsa a los habitantes tradicionales de arrabales como Triana, en los años 60 o San Bernardo en los 80-90, o los actuales, en la zona de Alameda de Hércules o en San Luis, en donde se sigue arrojando a sus vecinos históricos hacia la marginalidad, una marginalidad de la que no queremos saber o de la que no nos sentimos responsables aunque la generemos, y en la que, fruto de esa ignorancia, se instala y organiza la delincuencia, que victimiza por segunda vez a quienes no encuentran otro lugar en el que vivir, provocando la generación de una economía de subsistencia, sumergida y muchas veces relacionada con la delincuencia.

Por ello resulta indignante que oportunidades de normalización para estos barrios, como la construcción de una Comisaría de Policía en el Polígono Sur, que significa la entrada de las instituciones en el barrio y un paso importantísimo hacia su normalización, sean tiradas por la borda por la falta de sensibilidad de un Ministro, Juan Ignacio Zoido, que sí va a misa según vimos en una portada de prensa, pero que fue Alcalde de esta ciudad y concejal hasta hace bien poco. Y es que en Sevilla parece que somos muy dados a mantener muros que serían la envidia de Donald Trump, para poder lavar nuestras conciencias arrojando caritativas monedas desde el otro lado.

Índices de paro del 70% en estos barrios, de abstención en las elecciones de otro tanto, en un porcentaje sonrojantemente alto de nuestra población, nos deben hacer reflexionar sobre quiénes somos causa de esta pobreza y quiénes sufren sus consecuencias. Eso, o continuar encerrados detrás de esos muros ilusorios que marcan los límites de la ciudad de la gracia.

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

CEGUERAEn estos días, y a pesar de que cada día soy más pesimista con el futuro de los farmacéuticos como profesionales de la salud, por mucho onanismo triunfalista que se pregone en sus Congresos, he dirigido un modesto trabajo de investigación para que una alumna de un Máster de Farmacia cumpla los requisitos necesarios para la obtención de dicho título.

El objetivo propuesto era conocer si los usuarios de una farmacia que no hubieran recibido servicios de seguimiento/optimización farmacoterapéutica y que acudieran a retirar su medicación habitual sin quejarse de problema alguno con su medicación, alcanzaban o no los resultados esperados de la misma. Es decir, si había algún fallo de la farmacoterapia, o como les gusta decir a los consensuadores españoles que raramente han visto a un paciente, si experimentaban o corrían el riesgo de experimentar, resultados clínicos negativos.

La metodología seguida ―no me voy a extender mucho en esta entrada con la misma, ― consistía en ofrecer aleatoriamente a los candidatos una evaluación rápida de su farmacoterapia, aprovechando que acudían con su tarjeta sanitaria para prescripción electrónica. Se analizaba la medicación y se obtenían los resultados de efectividad en lo que se pudiese evaluar, ya que resultados analíticos o de otras pruebas han quedado sin verificar si el paciente luego no los traía, por no disponer de ellos o por la imposibilidad de acceder a la historia clínica del paciente.

Se captaron diez pacientes, cinco hombres y cinco mujeres, y ahora estamos estudiando los datos. Dan miedo. Estoy convencido de que este trabajo merecerá ampliarse y hacer una tesis doctoral, que daría para mucho si lo que va apareciendo se confirma, a pesar de una muestra tan escasa.

Lo primero que hemos visto es que todos, absolutamente todos los pacientes, sufrían al menos dos resultados negativos de la medicación, y eso que, como he dicho con anterioridad, han quedado aspectos de efectividad, que no de seguridad, sin evaluar. Este dato me parece importantísimo: el 100% de la muestra de pacientes que toman medicamentos de forma crónica tiene al menos dos problemas con sus medicamentos,  a pesar de que no se haya podido evaluar todo.

Cuando se presente la investigación se podrán dar más detalles de la misma, aunque me pregunto si a alguien le importarán esos datos. Pero sí quiero adelantar el caso de una mujer que se encuentra en prediálisis, y que en la evaluación detectamos que el cansancio que mostraba se debía a una bradicardia a consecuencia de su dificultad de eliminación renal del atenolol que tenía que utilizar por un infarto previo que sufrió. Informamos a su médico para que los sustituyera por otro medicamento de la misma familia pero de eliminación biliar y no hizo caso (en Román paladino se dice se acojonó), pero la paciente, que afortunadamente tenía cita con su nefrólogo en los días siguientes, confió en nosotros, no se rindió y le llevó nuestro informe. El resultado fue quey su atenolol se sustituyó por carvedilol y la bradicardia desapareció. Así, los profesionales de la salud dejamos de joderle el riñón a la señora, al menos la jodienda gratuita de darle atenolol, y quizás ese trasplante que pudiera venir se retrase un tiempo más o no tenga que hacerse, lo cual no sé si es positivo o negativo para estos políticos de la Andalucía imparable, que quizás deseen seguir liderando los trasplantes en España y nosotros hayamos contribuído a fastidiarles (iba a poner joderles, pero ya me estaba repitiendo mucho) las cifras.

Pueden conocer los costes de los servicios sanitarios en Andalucía en esta dirección:

http://www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdesalud/ordenpreciospublicos/default.asp

Por decirles algo, un trasplante renal en Andalucía cuesta 39.181,42 euros. Ahorrando uno solo, podríamos comprar 15.672 cajas de carvedilol y tratar a 1.300 andaluces (y andaluzas) durante un año con ese medicamento, por poner un ejemplo.

Pero más allá de los costes económicos del trasplante, y de los medicamentos tan carísimos que debería tomar de por vida con posterioridad para evitar el rechazo al nuevo órgano, ¿alguien tiene idea de las consecuencias sobre la calidad de vida del paciente? No hay página web oficial que nos informe sobre cómo se sienten las personas que sufren procedimientos como éstos. Es cierto que, ante la posibilidad de la muerte, cualquier aspecto así les merece la pena a muchos. Pero, ¿y si llegaran a saber que su caso podría haberse evitado? Muchísimos procedimientos quirúrgicos, muchísimo sufrimiento se podría haber evitado si los pacientes crónicos dispusieran de servicios de gestión integral de la farmacoterapia para optimizar sus resultados y prevenir problemas como éstos.

Aquí tienen algunas razones por las que de un tiempo a esta parte, me dedico a la literatura. Para quienes me preguntan, aquí está la respuesta. Así he conseguido que mis frustraciones sean mías y sólo mías, y únicamente dependan de mi torpe manera de juntar palabras. No necesito a nadie más

Para modificar la situación expuesta, doctores tendrá la Iglesia, aunque me temo que esa Iglesia a la que aludo, sus feligreses y sus sacerdotes, padecen de una ceguera que sólo puede explicarse desde el talibanismo y la sinrazón. Y caerán en el infierno, que existe, claro que existe, al menos en lo que se refiere a quienes pudiendo hacer otra cosa, no la hicieron. Porque tuve hambre y no… pues eso.

La imagen que ilusta se ha obtenido de http://www.lamilanabonita.com