DESMEDICALIZAR. ¿CON NOSOTROS?

Artículo publicado en mi sección YA VIENE EL SOL de la revista El Farmacéutico nº 526 (octubre de 2015)

http://www.elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/6390-desmedicalizar-con-nosotros#.VidIOPnhC02

Desmedicalizar a los pacientes  está de moda. Cada vez se cuestionan más tratamientos farmacológicos y por muy diversos motivos. Así, a bote pronto, podría recordar la utilización crónica de omeprazol, o de las benzodiacepinas; el papel de los bifosfonatos en la prevención de osteoporosis; la administración de vacunas como las de la varicela o el papiloma humano; los suplementos de calcio, los antidepresivos en no pocas situaciones, las estatinas o el ácido acetilsalicílico en prevención primaria… No se trata de hacer una lista exhaustiva de medicamentos cuya utilidad y seguridad a largo plazo está en cuestión.

La medicalización de la vida no se circunscribe a los medicamentos tradicionales. Se cuestiona la homeopatía en un reciente estudio, creo recordar que australiano, que demuestra su nula eficacia en cualquier patología. La opción por la medicalización natural que representa la fitoterapia resulta ser más de lo mismo, y qué decir de la importación de costumbres extrañas a nuestra tradición como el crecimiento en el consumo de preparados multivitamínicos o de complementos nutricionales para la alopecia, o para prevenir el inexorable envejecimiento. Estos productos no son considerados medicamentos desde un punto de vista legal, aunque los pacientes sí esperan de ellos un efecto terapéutico similar a si lo fueran, y además, los que se venden en farmacias carecen de exclusividad, por lo que los fabricantes utilizan este canal o no en función de sus estrategias comerciales.

Dicen casi todas las bolsas, ahora ecológicas, en las que se entregan los medicamentos en las farmacias, que el farmacéutico es el único especialista en el medicamento. Esta frase no me gusta, pero sin entrar en discutirla, entiendo que significa que es el profesional que salvaguarda a la sociedad para que obtenga el mayor beneficio posible de esta compleja tecnología sanitaria. De ahí mi reflexión acerca del papel que farmacéuticos y farmacias comunitarias debemos cumplir en relación a nuestra especialización.

¿Cuál debe ser nuestra función ante la sociedad en estos momentos? No tengo dudas acerca de que debe ser el profesional que dispense los medicamentos que necesita la sociedad, pero creo que para que esto sea útil, debe hacerlo en libertad, y ahora mismo esta libertad la coarta el modelo de remuneración. El farmacéutico no será libre para garantizar un uso eficiente de este recurso terapéutico si continúa cobrando sus honorarios en función de lo que vende. Por eso los farmacéuticos de hospital y los de atención primaria son más libres para actuar.

Los costes para la sociedad del sistema tradicional son brutales, puesto que el farmacéutico podría ejercer actividades asistenciales que previenen y evitan daños muy importantes en las personas, y costes económicos dramáticos al estado. Un farmacéutico del siglo XXI, si quiere continuar siendo el profesional del medicamento, debe de intervenir en la resolución del principal problema de salud pública que genera, el enorme impacto clínico y económico que genera la falta de control y vigilancia de sus efectos sobre la salud de las personas.

El farmacéutico lleva más de veinte años pensándose si apostar o no por la atención farmacéutica. Que tenga más tiempo o no para decidirse es algo que se me escapa. Pero lo que sí se ve venir es que su función tradicional tal como hoy la conocemos tiene fecha de caducidad.

HIDRA VERDE EN DIARIO DE SEVILLA

Esta semana es semana fantástica para los farmacéuticos literatos. Presentamos Hidra verde, relatos de farmacéuticos hispanoamericanos, en Toledo, en el Cigarral de las Mercedes, lugar emblemático que acogió a científicos y humanistas durante la II República. Qué mejor enclave para un libro como este.

Aquí os dejo la primera entrevista que se realiza en torno a ella. Y ya os contaré más.

http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/2131433/la/hispanidad/los/boticarios.html

CAMBIO OVARIOS POR PUNTOS

Quiste-en-el-ovario

De todos es sabido que existen comisarios políticos llamados gerentes que pululan por la sanidad pública, que hacen Másteres de gestión sanitaria e inventan indicadores en los que lo de menos son las personas. Esos aspirantes a ascender creen que un paciente es un papel que gasta mucho, que siempre es sospechoso de abusar de los recursos que sus jefes ponen a su disposición, que solo es un cacho de carne que se queja mucho y que trinca lo que puede y se lo toma como le viene en gana. A esos gerentes expertos en cuentas de la vieja versión 2.0 no les importa establecer indicadores de eficiencia que reduzcan el gasto en su presupuesto, pase lo que pase a los demás, para seguir siendo aspirantes a ascender, aunque ello implique aumentar los de otros que no estén bajo su jurisdicción, ya que esos otros indicadores no manchan su hoja de servicios. No importa tampoco que se trate de vidas humanas, porque al final a quien van a culpar de mala praxis es al pobre diablo con título de Medicina que da la cara por sus indicadores en lugar de por sus pacientes, que se fija en los puntos que tiene para no dejar de cobrar lo que sin duda cree que merece.

Una amiga los lleva padeciendo durante los dos últimos años. La pobre ha estado rogándole durante todo este tiempo a su médico de familia que la derivase a un ginecólogo, porque tenía un problema que le preocupaba y que no se resolvía. Claro, un indicador muy importante, por el que le reducen complementos salariales a los médicos de familia es la derivación a un especialista de forma innecesaria. Y la cosa no debía estar para hacer tonterías, con lo que se quejan y exigen los pacientes, en especial las mujeres.

Dos años después de que empezara a encontrase mal y que su médico hiciera caso omiso, mi amiga ha sufrido dos intervenciones quirúrgicas, con sus correspondientes estancias hospitalarias. Tenía varios tumores en los ovarios y en mes y medio, como dicen las mujeres mayores, la dejaron hueca. Eso sí, los indicadores se han cumplido dos años. Qué mérito.

Es un caso, vale. También digo que es un ser humano, que ha padecido durante dos años esos terribles indicadores y la falta de piedad de esos toreros de salón que juegan con las vidas de los demás.

Qué miedo está pasando ella (el miedo no provoca gasto). Y qué desazón, qué rabia, qué impotencia saber que hay otra forma de hacer las cosas, beneficiosa para todos, y que lo único que puedo hacer es escribir este texto. Y porque tengo un blog. Malditos sean.

La ilustración se tomó de http://www.quistesdeovarios.com

SANIDAD PÚBLICA O SANIDAD PRIVADA

Artículo publicado en la revista El Farmacéutico en mi sección YA VIENE EL SOL el 12 de junio de 2015

http://elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/6051-sanidad-publica-o-privada#.VbnewPntmko

SANIDAD PUBLICA PRIVADAQue el estado garantice a sus ciudadanos el derecho a la salud es una muestra de su madurez como organización colectiva. Porque un estado, como conformación política, incluya o no los sentimientos de patria o nación entre sus ciudadanos, si tiene sentido para estos se debe a que juntos se consigue crecer como individuos, como personas, y a que existe igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de cada cual y nos sostiene en la enfermedad y en las dificultades de la vida. Que el estado garantice ese derecho, como el de la educación, es una manifestación palpable de que es instrumento para el bienestar de sus integrantes, y por eso las medidas de estos últimos años, penalizando la enfermedad mediante cuotas extra a los ciudadanos en el pago de los medicamentos, además de las que realizan a través de los impuestos, van en contra de ese derecho. Porque el gran problema de lo público es lo político. Lo público es muy bonito sobre el papel, y en la realidad si esto se alcanza; pero corre el riego, en sociedades poco maduras como la nuestra, de escasa tradición democrática, de que todo se politice y se llegue a poner en cuestión los avances que se consiguen de vez en cuando. En cambio, lo privado tiene menos política, aunque la tiene, y es el legítimo beneficio económico lo que prima. Esto, en salud, significa que pasa de ser un derecho a una cuestión más de mercado, orientándose los servicios sanitarios hacia la rentabilidad, como en cualquier otro sector.

Reflexionaba sobre estos aspectos escuchando una conferencia sobre el éxito de la implantación de los servicios de Medication Therapy Management en estados en los que la salud es un negocio y no un derecho. Envidio que existan cientos de farmacéuticos, cada vez más, que ejercen su profesión previniendo y resolviendo los problemas que producen los medicamentos, una de las tragedias más graves que existe en la actualidad en el ámbito de la salud pública de los países desarrollados. Me causa una profunda tristeza ser testigo de cómo un estado como el español, que ha sido referencia docente e intelectual para este tipo de servicios en Europa, se encuentre a la cola a la hora de implantarlos, y sea hasta el momento poco más que una entelequia vislumbrar que ello sea factible.

Es absolutamente lamentable que sigan muriendo ciudadanos a causa de los medicamentos, que continúen sufriendo sus problemas evitables, que gastemos millones y millones de euros en algo que se podría ahorrar, con que solo existiera altura de miras, voluntad de avanzar y vocación de servicio a los ciudadanos. Es descorazonador llegar a la conclusión de que en este país no existen este tipo de servicios porque en la sanidad pública prima la política sobre el bien común, y la economía, la verdadera economía y no las cuentas de la lechera que se hacen para cautivar votos, se subordine al sectarismo. Sectarismo al que no somos ajenos los profesionales de la salud en general y nosotros en particular, anteponiéndose los intereses de los agentes implicados a los de los ciudadanos a los que dicen defender.

Algún día esto se revertirá. Esperemos que los afrancesados que defienden de verdad el cambio, no tarden de nuevo dos siglos en ganar esta batalla.

La ilustración se tomó de http://www.ofertasbancarias.com/foros.php?t=48551

PRÁCTICAS TUTELADAS

Artículo publicado en la revista El Farmacéutico en mi sección YA VIENE EL SOL el 13 de julio de 2015

http://elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/6162-practicas-tuteladas#.VbndFfntmkp

Durante varios años, la farmacia que dirigí estuvo acreditada por la Universidad estadounidense de Minnesota como centro autorizado para realizar prácticas tuteladas. En ese tiempo, recibí dos alumnas, porque además de tener capacidad económica para viajar a España, había que conocer el castellano para poder interactuar con mis pacientes.

El programa de formación en prácticas tuteladas de Estados Unidos, o al menos de esa Universidad, contemplaba una duración de diez meses, tiempo en el que el alumno debía rotar por diez servicios farmacéuticos diferentes, todos acreditados, en los que aprender las distintas prácticas profesionales en las que aquellos servicios destacaban. Una de las estudiantes quiso estar más tiempo y no fue autorizada, ya que se entendía que era muy importante para su formación que tuviera un conocimiento global de la que iba a ser su profesión.

Durante muchos años también, fui formador de prácticas tuteladas para nuestras Facultades de Farmacia. Un buen número de veces nos enterábamos de que venía un alumno en prácticas el día anterior al comienzo de su periodo de formación, y todos, salvo escasísimas excepciones que se podrían contar con los dedos de la mano de un mutilado de guerra, acudían, por tres o por seis meses, por la proximidad de su domicilio. Ningún estudiante había oído en la Facultad que tuviésemos un servicio diferenciado dentro de la farmacia para ver pacientes, ni conocían nuestra tradición investigadora o asistencial.

Aquella farmacia era excelente, por decir algo, porque tampoco había muchas, en cuanto a la consulta de seguimiento farmacoterapéutico. Pero dejaba mucho que desear en formulación magistral y en otros muchos servicios para los que hay grandes profesionales en otras farmacias. Por tanto, el estudiante podía recibir una buena formación en lo que sabíamos, y otra bastante deficiente, o no tan buena, en otras áreas. Y lo mismo se podría decir de otras farmacias.

Me pregunto cómo sería si los estudiantes rotaran por servicios de excelencia, y que las farmacias especializadas enseñaran lo que para ellos es lo que mejor hacen. Probablemente los alumnos saldrían muy bien formados en distintas áreas, los farmacéuticos enseñaríamos sobre nuestras fortalezas y todo sería mucho mejor. Y quizás muchos profesores que ahora miran con cierto desprecio a la farmacia comunitaria, conociesen la realidad y dejasen de criticarla ante sus alumnos.

La asignatura de prácticas tuteladas es la que otorga más créditos de formación en la carrera y me parece que pocos se la toman en serio. Es más un requisito, una orden que viene de Europa, una obligación. Es algo de lo que profesores, estudiantes y formadores tenemos que salir del paso como sea. Resulta muy triste, pero si desde que se empieza con la formación asistencial esto es así, luego no podemos quejarnos de la mediocridad de nuestro ejercicio profesional.

La foto que aparece fue tomada de www.blog.uchceu.es 

UNA PROFESIÓN AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD

Prólogo encargado para el libro “Atención Farmacéutica en Panamá: marco conceptual, aspectos legales y bases para la solución de casos”, escrito por el profesorado del Departamento de Farmacia Clínica de la Universidad de Panamá, y que editará la Imprenta Universitaria

CIMG3005Una profesión se sustenta en un conjunto de conocimientos, algunos específicos y otros compartidos con otras profesiones, que se aplican de una forma diferente y única para resolver un problema que tiene la sociedad. Es en este contexto en el que surge una nueva profesión farmacéutica, la que se sustenta bajo el paradigma de la Atención Farmacéutica, que intenta minimizar un enorme problema de salud pública como es la morbi- mortalidad asociada a los medicamentos, responsable de uno de los retos más importantes a los que se enfrentan los sistemas de salud en la actualidad, uno de los más costosos en términos económicos y sobre todo en vidas humanas, que además puede ser evitado con la implantación de esta práctica asistencial.

Que existe un problema importante de salud pública en materia de medicamentos es algo de lo que hay conciencia en el ámbito sanitario desde la epidemia de focomelia causada por talidomida en los primeros años de la década de 1960. Sin embargo, hasta ahora, los intentos por minimizar los problemas que producen los medicamentos por las profesiones tradicionales, medicina o enfermería, han sido infructuosos, ya que se han limitado a tratar de perfeccionar sus prácticas asistenciales habituales, cuando en realidad lo que se necesitaba era una forma diferente de hacer las cosas, es decir, una nueva práctica, o lo que es lo mismo, una nueva profesión.

Hoy se sabe que los costes económicos producidos por una utilización ineficiente de ese recurso terapéutico llamado medicamento doblan de largo las inversiones en dicho recurso. Asimismo, se ha demostrado que solo cuatro de cada diez medicamentos prescritos alcanzan los efectos deseados. También es conocido que las muertes causadas por medicamentos llegan a quintuplicar las producidas por accidentes de tráfico. A pesar de todo eso, la instauración de esta nueva práctica asistencial denominada Atención Farmacéutica, traducción libre al español del concepto filosófico Pharmaceutical Care y de su puesta en práctica Medication Therapy Management, es   todavía testimonial. Los sistemas sanitarios todavía no son conscientes de la dimensión del problema y de lo que un nuevo farmacéutico puede contribuir a resolver. De ahí la importancia de textos como este que, realizados desde la Universidad, pueden contribuir a formar profesionales farmacéuticos capaces de realizar tan alta contribución a la sociedad.

Estudios recientes indican que un nuevo profesional farmacéutico puede elevar la tasa de efectividad y seguridad de los medicamentos desde el 40% que muestra la literatura científica al 82%, y que por cada dólar invertido en este tipo de servicios, los proveedores de salud ahorran entre 8 y 10 dólares gracias a evitar recursos terapéuticos mucho más costosos o bajas laborales.

No tengo dudas de que la aparición de nuevos farmacéuticos que ejerzan la práctica de la Atención Farmacéutica constituirá uno de los avances más importantes para los sistemas sanitarios del siglo XXI. Y para que ello sea así, es esencial la implicación de las Facultades de Farmacia y sus docentes, porque solo ellos pueden garantizar la formación de profesionales al servicio de la sociedad. Por esto es para mí un orgullo prologar este libro escrito por colegas de gran valía, comprometidos desde hace muchos años con esta causa.

Dr. Manuel Machuca González

Presidente de la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF)

SEGUIMIENTO FARMACOTERAPÉUTICO EN OFICINAS DE FARMACIA

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Hace unos días preguntaba al presentarme a mis alumnos del Master de Atención Farmacéutica de la Universidad de Costa Rica qué era una profesión. Después de escuchar la opinión de todos, llegamos a la conclusión de que una profesión acoge a un grupo de personas con un conocimiento y experiencia concretos, que trabaja y recibe su remuneración para resolver un problema que tiene la sociedad, de una forma que ninguna otra lo hace.

En el caso del seguimiento farmacoterapéutico, ejercerlo y ser un profesional significa asimilar un conocimiento y tener una experiencia para resolver, de una forma específica y diferente al del resto de profesiones de la salud, el enorme problema de salud pública que significa la morbi- mortalidad evitable asociada al uso de los medicamentos. Y esto, como cualquier otra profesión que exista en el globo terráqueo, incluyendo la pesca con lanza, con una remuneración coherente a la responsabilidad contraída.

Por tanto, para que una profesión como la que significa ejercer el seguimiento farmacoterapéutico pueda ejercerse, esta debe estar incluida y reconocida como una actividad dentro de las prestaciones y políticas sanitarias, lo que como es obvio, incluye un modelo de remuneración y la forma en que va a integrarse con el resto de prestaciones y profesionales.

Además de esto, algo que parece obvio, pero que hasta ahora no lo ha sido, requiere un cuerpo de conocimientos que refleje de forma precisa de qué trata esta prestación sanitaria, qué persigue, cómo se enseña y se aprende, qué formación se necesita para ejercerla y quién no está capacitado para ello.

Si analizamos por qué todavía no se ha implantado de forma generalizada el seguimiento farmacoterapéutico en oficinas de farmacia, y quiero puntualizar que en ningún otro entorno asistencial, digan lo que digan los que trabajan en esos escenarios, bastaría con repasar lo dicho anteriormente: no existen políticas que lo incluyan, no se enseña ni hay modelo de formación ni acreditación que defina las cualidades que debe tener el profesional, y como consecuencia, en entornos asistenciales como el de la farmacia comunitaria, su implantación es testimonial. También en los otros bastante discutible, porque aunque dicen ejercerla y reciben remuneración para ello, lo que practican es algo que de seguimiento farmacoterapéutico, en su esencia, solo tiene el nombre.

Creo que es necesario hacer esta reflexión, puesto que no puede apelarse a la falta de voluntad o patriotismo profesional de los farmacéuticos de oficina de farmacia el problema. No es así. Las causas de la escasa implantación tienen que ver con la hipocresía de los políticos, que nos utilizan y nos regalan el oído cuando necesitan nuestro apoyo y luego se olvidan, de su falta de compromiso con los problemas reales de la sociedad; de las Facultades de Farmacia, que se han apuntado al carro para no caerse pero que no quieren dirigirlo hacia espacios nuevos por miedo; y obviamente de quienes nos representan dentro, devotos de Lampedusa y de Alfonso Guerra, que no es que no saquen en la foto a los que se mueven, sino que directamente les disparan. Y no precisamente con la cámara fotográfica.

BISNES

BISNESTe propongo un negocio. Es muy fácil, sencillo. No tendrás que hacer mucho, solo poner el dinero. Es un negocio redondo, créeme. Por cada euro que inviertas te voy a devolver entre 5 y 8 euros al año siguiente. No  miento, la empresa ganará eso y en el beneficio está incluido lo que ganen los profesionales que trabajan para nosotros.

Tranquilo, no se trata de tráfico de drogas. Tampoco de venta de armas. No, no vamos a destrozar ningún país, ni vamos a quedarnos con sus pensiones o sus bancos. Con Grecia ya tenemos bastante. Se trata de un negocio legal. Y además, moral, porque beneficia a todos los ciudadanos. Sí, puedo ver tu cara de incredulidad. Te preguntas en qué puedes ganar tanto dinero sin tener que abusar de nadie, sin tener que medrar, sin tener que prevaricar, si además ni la bolsa ni los bancos dan tanto.  Y no, no vas a salir imputado de nada, ni después vas a pasar años o meses en la cárcel, aunque te pongan ordenador, impresora y aire acondicionado. No, repito: es legal y es moral.

Y no, no te voy a ocultar por más tiempo de qué se trata. Es muy sencillo. Se trata de apostar por servicios de optimización de la farmacoterapia para pacientes crónicos y polimedicados. Simplemente se basa en que profesionales farmacéuticos evalúen de forma integral los resultados de los medicamentos en los pacientes, para detectar, prevenir y resolver los problemas que actualmente producen los medicamentos. El resultado de la inversión está más que demostrado en países desarrollados. Pero en tu país son muy difíciles de implantar. Porque no lo proveen dioses médicos, y porque es legal y moral. Y además porque es un derecho de salud pública. Demasiado bonito para un país con políticos cutres como el tuyo. Este es el negocio que se pierden, con la deuda que tenemos. ¿Qué asco dices? Sí, qué asco.

RUEDAS DE MOLINO

Ruedas de molinoVivo la farmacia desde que fui engendrado. Ya en el vientre de mi madre, subí y bajé escaleras cuando ella trataba de alcanzar los medicamentos que se almacenaban en aquellas estanterías de madera que llegaban casi hasta el techo. Me acostumbré desde entonces a los olores de la farmacia, a todos aquellos potingues y líquidos que se almacenaban en preciosos frascos de cristal que todavía conservamos, con la etiqueta ya amarilleada por el paso del tiempo.
Cuando era un niño mi padre trabajaba en una empresa de distribución farmacéutica ya desaparecida hace muchos años. La sede estaba junto al colegio al que íbamos mi hermano y yo. Por aquel entonces vivíamos cerca, pero un buen día nos mudamos a un barrio alejado y mi padre habló con el chófer de la empresa que hacía la ruta de farmacias cercana a nuestro nuevo domicilio para que nos llevara. Aquel conductor era tan flojo y avispado como inocentes éramos mi hermano y yo. Nos hacía cargar la furgoneta con las bolsas de medicamentos que tenía que entregar. Lo hacíamos felices, no nos importaba en absoluto, como tampoco nos molestaba entrar en las farmacias a entregar aquellos pedidos recogidos a mano por telefonistas que escribían con letra más ilegible que la de un médico.
Mi hermano, el chófer y yo íbamos sentados delante, sin cinturón de seguridad porque entonces ni existía, y solíamos coincidir con la salida de las niñas de un colegio en una de las típicas calles estrechas del centro de mi ciudad. Pasábamos despacio mientras él las miraba. Recuerdo cómo una vez el avispado chófer me insinuó que diera un susto a las niñas que me pareció divertido. Al pasar junto a ellas les tendría que dar un golpe en el trasero, bajo la promesa de que luego saldríamos escopetados. Así lo hice, sin tener aún el desarrollo hormonal requerido para entender lo que ese sátiro de patillas y cabello largo me sugería. Cuando les di, el conductor, en vez de acelerar me recriminó delante de aquellas niñas lo que había hecho, enrojeciendo como nunca he olvidado.
Luego hice la carrera y mientras me chupé no pocas guardias y veranos de suplencias a los auxiliares, hasta que después comencé a ejercer y a luchar por que la farmacia fuese un establecimiento sanitario de prestigio en el que el farmacéutico continuará siendo un profesional reputado ante la sociedad. Entonces vinieron los años de lucha por hacer realidad la atención farmacéutica. Cuando inicié mi tesis doctoral en esta disciplina, un joven profesor de la Facultad me llegó a sugerir hacerla con él en su laboratorio galénico. Recuerdo que le dije que para mí la farmacia era un laboratorio tan digno como cualquier otro para hacer investigación y que, o hacía la tesis en la farmacia o no la hacía. Y lo conseguí.
Para mí la farmacia ha sido mi medio de vida desde antes de nacer y continúa siéndolo. Por eso veo con mucha tristeza continúe después de tantos años enrocada hacia adentro, incapaz de aprovechar su posición ante la sociedad; haciendo cursos para dispensar, como pude comprobar en la pasada Cuaresma, fajas para nazarenos y costaleros. Ojalá algún día acabe este viacrucis profesional en el que buscan culpables a quienes no comulgamos con ruedas de molino.

Entrada publicada en El Farmacéutico número 519 (15 de abril de 2015) http://www.elfarmaceutico.es/numeros-de-la-revista-desde-el-2011/ya-viene-el-sol/ruedas-de-molino#.VVTFDPntmko 

La foto se tomó de http://www.adurcal.com

SEDOF. TRES AÑOS CONTRA EL FRACKING FARMACÉUTICO

SEDOFNunca hemos estado tan informados;

jamás se ha hecho tan poco

para evitar catástrofes anunciadas mil veces. […]

 

Y no solo pretendemos mantener el mismo estilo de vida

sino que perseguimos continuamente el más allá,

el consumo infinito en un planeta finito.

Deseemos lo mejor, pero preparémonos para cualquier cosa.

León Lasa: EN NORUEGA

Extraigo estas frases del epílogo de este fantástico libro de viajes que Almuzara editó al letrado y articulista sevillano León Lasa. Para mí es inevitable leer en clave farmacéutica este y muchos otros libros. Defiendo con vehemencia que la vida es una y que lo que pasa en algún entorno puede y debe leerse en cualquier otro. El cambio climático, el cambio político, el cambio farmacéutico…estamos ante una crisis sistémica y de punto final. Se ve en todo. Cuando escuchamos que la crisis desaparece y que el sector de la construcción remonta en España, con tantos pisos vacíos, con tantos desahucios, con tanta gente en la calle, es para tentarse la ropa. Que baje el precio del petróleo, que se extienda el fracking como modelo extractivo, es para tentarse la ropa. Que la gente se asuste ante los nuevos partidos políticos que aparecen, es para tentarse la ropa.

El mundo farmacéutico también es para tentarse la ropa. Como en la vida real, un importante número de farmacéuticos no quiere ver más allá de su cúter y de su cinta celo. Al fin y al cabo, uno de los grandes regalos que nos da la vida es que es demasiado corta, de forma que podemos subsistir haciendo fracking profesional, explotando lo que hay sin límite, y que quien venga después que le vayan dando.

Porque fracking farmacéutico es el invento de la cartera de servicios, y también lo son los documentos, declaraciones y todas sus variables en las que llevamos ya décadas, sin que nada cambie. Fracking farmacéutico es explotar un modelo agotado, al que se le pretenden extraer las zurrapas caiga quien caiga.


SEDOF
nació hace tres años para tratar de generar un cambio, apostando por una sociedad científica basada en una práctica asistencial definida y concreta, a diferencia de otras sociedades farmacéuticas, que se enfocan en un profesional y un determinado entorno asistencial.

La apuesta por una práctica asistencial no ha sido bien entendida por quien no quiere entenderlo y es una pena, porque eso no provoca nada más que poner palos en la rueda de la regeneración profesional, una regeneración que no podemos hacer cada uno por nuestra cuenta. Como el climático, el cambio que necesita la profesión farmacéutica se escapa a la capacidad de diferentes agentes por separado. Como dice León Lasa, nunca hemos estado tan informados como ahora de la que se nos viene encima, y jamás se ha hecho tan poco para evitar una catástrofe mil veces anunciada. Pretendemos seguir haciendo lo mismo, mantener un mismo estilo de vida, recortar y recortar códigos de barra y seguir poniendo la mano a papá Estado, sabiendo que ese modelo no da más de sí, y que son las profesiones las que dan propuestas a la sociedad y no al revés como algunos pretenden.

Después de tres años, en SEDOF se han hecho muchas cosas, pero también es cierto que habíamos soñado con hacer muchas cosas más. Esto no se justifica solo con la inesperada animadversión de muchas instituciones profesionales, sino que también es algo que hay que pensar desde dentro. A pesar de todo, en la medida de nuestras posibilidades, se han hecho cosas y las seis escuelas SEDOF, y el apoyo a la creación de Unidades de Optimización de la Farmacoterapia (UOF) son apuestas de enorme calado que irán dando sus frutos.

Deseo que en los próximos tres años, y en especial tras las elecciones que en 2016 traerán una nueva presidencia a la sociedad, se dejen de ver fantasmas en torno a SEDOF, y que esta sociedad mantenga el proyecto de hacer realidad una práctica asistencial cuya ausencia está provocando muchas muertes y no pocos problemas en la sociedad, que es como decir en nuestras familias, nuestros amigos, nuestros allegados. Incluso entre aquellos a los que no les gusta SEDOF. Porque la parca, amigos y amigas, no entiende de política.

Ojalá dejemos de agachar la cabeza y seamos capaces de crear un futuro más allá de nosotros mismos. Deseemos lo mejor para nuestra profesión en ese sentido. Si no, preparémonos para cualquier cosa.