INTELECTUALES

EINSTEIN

Sevilla, 2 de marzo de 2016

Ayer y hoy he leído sendos artículos en torno a la actualidad política firmados por un crítico literario el del martes, y por un escritor, el de hoy miércoles, intelectuales reconocidos en la ciudad. El primero hacía referencia al pasado día de Andalucía y al presunto sentimiento andalucista de los habitantes de la comunidad autónoma, mientras que el segundo defendía la bondad del pacto entre el Partido Socialista y Ciudadanos que en estos días se somete a examen en el Congreso de los Diputados.

Nada que objetar al fondo de cada uno de los artículos. Aunque discrepe de lo que defienden ambos articulistas, cada cual es libre de tener y expresar sus ideas, en este caso en un medio de difusión, como podría ser en la barra de un bar o en cualquier otro escenario. Sin embargo, lo que sí me molesta es la prepotencia con la que esas ideas se expresan, única verdad posible por lo que se les lee.

Soy firme defensor de la libertad de expresión, me gusta leer a quien no piensa como yo por eso mismo, porque me hace pensar, ampliar mi espectro, caer en la cuenta de aspectos que no he valorado, tratar de entender la perspectiva del otro. Pero hay dos cosas que detesto: una, el defender las ideas menospreciando a las personas, vejándolas en lo personal; la otra, la prepotencia de los que se autoproclaman como intelectuales, que es lo que me lleva a escribir estas palabras.

Intelectual, esa palabra sobrevalorada y poco precisa, y al parecer, patrimonio exclusivo de quienes ejercen el intelecto en materia de letras, ya que los de ciencias al parecer no lo usamos. Dicen que muchos intelectuales no ganan demasiado dinero, aunque hay quienes sí que están pagados de sí mismos, y quizás por ello no lo necesiten.

Algunos de los que se creen intelectuales sienten la necesidad imperiosa de expresar lo que piensan sobre los acontecimientos que suceden en el día a día. Aunque me temo que no son pocas las veces que lo hacen por no perder visibilidad, en especial en este mundo de las redes sociales, es saludable que gente que trata de pensar, de analizar, de profundizar en tener una visión del mundo, nos ayuden a entenderlo, aun a riesgo de que entren en temas en los que son tan legos como otros que les leen. Pero qué lamentable me resulta sentir esas opiniones como las únicas posibles. Y me parece que eso no tiene que ver tampoco con el saludable apasionamiento que cada cual puede acompañar a su libertad de pensamiento y a la difusión del mismo.

La presunta intelectualidad se pierde cuando uno se sube al pedestal que se ha fabricado, o le han fabricado otros pero que se utiliza con gusto. El conocimiento o el manejo de algunas artes, en especial de la literatura, no da patente de corso para darnos lecciones a los demás acerca de cómo debemos estar en el mundo. Ser intelectual es ayudar a abrir la mente de otros, para que esos otros puedan tener más argumentos a la hora de desarrollar su propia opinión, y en ningún caso puede ser un arma de adoctrinamiento. Qué diferencia tan enorme con el tono del artículo que hoy compartía página con el que cito, firmado por un señor sin curriculum literario, pero que, mostrando sus ideas, ayudaba a pensar tanto a los más cercanos a ellas como a los más alejados. Por cierto, ese señor también escribió un artículo con una actitud similar la semana pasada, aquella vez en referencia al sentimiento andaluz. ¿Será este señor un intelectual, aunque no se lo crea como los otros dos?

La foto está tomada de la página web bonitasimagenesconreflexiones.com 

A VECES ME CANSO

CIELOS

 

 

 

 

 

A veces me canso

de decirle a mis hijos que se laven las manos después de cagar,

que recojan los platos después de comer,

que hagan las camas.

 

A veces me canso

de escuchar gilipolleces de los que se jiñan con los cambios

de los que no les importa que les roben

porque sólo aguardan su turno.

 

A veces la vida es muy cansada,

al ver que siempre ganan los mismos

y lo único que nos dejan

es el reino de los cielos.

Foto tomada de encuentrame-sipuedes.blogspot.com

UN TREN PARA HORODO KANA

HORODO KANAHoy desayuno con la noticia de que en Japón hay una línea ferroviaria que utiliza una única persona, una estudiante de diecisiete años llamada Horodo Kana, que reside en un pueblo de treinta y ocho habitantes y lo necesita para acudir al instituto. La línea se cerrará a final de curso, cuando Horodo finalice sus estudios y, quizás, vaya a la Universidad.

Cuando he visto en la televisión al tren acercarse a la solitaria estación en medio de la nieve, he pensado que querría formar parte de un estado como el que atiende a esta chica. Me da igual que sea más grande o más pequeño, plurilingüe o monolingüe. Al fin y al cabo, qué es el estado sino un acuerdo entre personas para juntos alcanzar a ser, sobre todo a ser, más que cada uno por separado.

De ahí que mi estado ideal no tenga fronteras definidas. Siempre estaría dispuesto a que sus habitantes decidan si ser más grandes o más pequeños. Mi estado ideal, sería aquel que se preocupa por sacar adelante a los menos dotados, a los más frágiles. Y también sería aquel en el que prevalezca la igualdad entre sus miembros para discernir de un modo justo en sus confrontaciones, que proteja la salud de todos, y que garantice la educación y el acceso a la cultura como medios para hacer a las personas más libres.

Por eso me gusta que haya un tren para Horodo. Un tren que no es rentable ni competitivo, que aumenta el déficit público y la prima de riesgo, pero protege, a través de los impuestos, el derecho a ser en plenitud de cualquiera de sus habitantes.

La foto se ha obtenido de http://www.taringa.net 

GOYTISOLO, NO ESTÁS SOLO

GOYTISOLOLeo que han sentado muy mal las palabras de Juan Goytisolo, con motivo de su discurso de recepción del Premio Cervantes. Su nada disimulado apoyo al partido Podemos y su crítica al gobierno no han gustado nada, y hay quien le reprocha que critique a quienes han puesto en su mano el cheque de ciento veinticinco mil euros que supone el galardón. La respuesta a su discurso fue las ausencias en el almuerzo que se realizó tras la ceremonia del alcalde de Alcalá de Henares, del presidente de la Comunidad de Madrid, del ministro de cultura y del presidente del gobierno de la nación, a quienes se les debió atragantar la alocución.

Se le reprocha a Goytisolo que no haya tenido empacho alguno en recibir el dinero a pesar de las críticas vertidas, y yo me pregunto por qué. Que yo sepa, el premio se otorga por una comisión que valora la trayectoria literaria de los candidatos, y el cheque sale del erario público, es decir, de lo que todos y cada uno de los que pagamos impuestos en España. ¿Acaso lo pagó Wert con sus ahorros?

Creo que existe en la derecha española una antigua percepción de que el dinero público sale de sus propios bolsillos, de ahí que quien recibe este tipo de premios tenga la obligación de rendirles pleitesía. Ese concepto patrimonialista, tan poco democrático, viene de lejos. Probablemente la ex- izquierda que ha gobernado también en este país no es ajena tampoco a esos tics. Por aquí han sido muchos los estómagos agradecidos los que han esperado pacientemente su premio, y puede que hayan sido escasas las excepciones, y no solo en el ámbito de la literatura, de que hayan sido reconocidos, vivos, personajes contrarios al orden establecido, de ahí que premiar a Goytisolo en una época como esta es positivo en lo político. Porque tener libertad de pensamiento suele salir muy caro en España. Quizás ya no te maten en lo físico como hasta hace poco, aunque sí que lo intentan de otras formas más sutiles como el ninguneo o la condena al ostracismo.

Estimo que las críticas vertidas por Goytisolo son legítimas y oportunas, más allá de que podamos estar de acuerdo o no con ellas. Las ha realizado al legítimo gobierno elegido por los españoles, en el marco de un premio que dan los españoles a través de quienes nos representan en ello. Ni el Premio Cervantes es del alcalde de Alcalá, ni de ningún otro a los que el discurso les quitó el apetito, ni mucho menos lo ha alquilado por cuatro años el Partido Popular. Solo espero que esto no influya en posteriores concesiones si continúan en el gobierno para próximas ediciones.

Por tanto, Goytisolo, no estás solo. A mí sí me parece bien que critiques lo que te parezca. Y era el momento y el lugar. ¿Dónde si no vas a tener a quienes dicen ser nuestros representantes?

Discurso íntegro:  http://www.rtve.es/alacarta/videos/premio-cervantes/discurso-integro-juan-goytisolo-premio-cervantes-2014/3103044/

La foto se tomó de http://www.rtve.es

ANDALUCES, LEVANTAOS

2014-02-28 12.46.46Viernes 28 de febrero de 2014. Día de Andalucía. Subo a la azotea a colgar ropa. La mañana se ha levantado soleada, anunciando una primavera que se aproxima y que a Andalucía llega antes que a cualquier lugar del resto de Europa. Abro la puerta y me encuentro con esto. No sé si es una sábana, una colcha, una gigantesca toalla, pero de lo que sí que estoy seguro es que está donde no tiene que estar. Porque yo vivo en un edificio de viviendas y no en sede alguna del Servicio Andaluz de Salud. Un vecino se ha apropiado de algo que no es suyo sino de todos, que no lo ha pagado él sino entre todos. Y lo que es peor, lo seca a la vista de todos. Nada teme.

No sé quién será el que ahora utiliza esta prenda que se pagó para que la pudiera usar quien la necesitara y no el que se la llevase a su casa. Posiblemente sea alguien que en una barra con sus amigos se queje de lo que roban los políticos. De esos que dicen que estamos gobernados por una panda de chorizos que no tienen vergüenza; que todos los políticos son iguales, que esta democracia es una puta mierda; que tenemos lo que nos merecemos. Quizás sea alguien que haya puesto esa excusa para también llevarse lo que se cree merecer, que haya dicho que si los otros roban yo también puedo llevarme esto a mi casa, aunque, sabiendo cómo son las habitaciones de nuestro edificio, no exista posibilidad de extender esa pieza en ningún lugar sin antes doblarla al menos cuatro veces.

Creo que tengo un vecino muy cutre y bastante desahogado y que ha colgado sobre un alambre su conciencia como andaluz. La tiene entre alfileres…de la ropa.

Quizás mi vecino piense que hay que privatizar la sanidad, porque si no, no funciona; que los funcionarios son unos vagos que están todo el día rascándose la barriga y que la policía atrapa a los chorizos para soltarlos a los cinco minutos, porque la justicia es un cachondeo. Puede que se le llene la boca de vivas a España porque el invento de las autonomías solo ha servido para que una buena panda de politiquillos  se suba a un puesto que no existiría si  este país fuera uno y grande, aunque no importase que no fuera libre.

Este vecino le da la razón a quienes piensan que los andaluces somos parásitos de España (Madrid) y Europa; a quienes se apropian de nuestra cultura para su marca España, a quienes expolian nuestras costas y nuestras tierras y solo nos otorgan el papel de camareros o el de bufones.

Así seguiremos hasta que queramos. Con gente como mi vecino representando quiénes somos los andaluces. Y esto ha pasado el día de Andalucía, cuando ha llegado el cadáver de Paco de Lucía a nuestra tierra, cuando sigo dándome cuenta de que unos carecemos de conciencia de pueblo y otros de escrúpulos.

I LOVE ESTADO. AND YOU?

Sociedad civilPatricia Flores, viceconsejera de Asistencia Sanitaria en la Comunidad de Madrid, afirma que no tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema sanitario. Estas declaraciones no son nada inocentes, pues encierran un modelo de entender el estado, que va mucho más allá de una mera elucubración sobre qué tipos de prestaciones sanitarias deben ofrecerse.

El estado moderno no es una bandera o un territorio geográfico; es un modelo de convivencia, una manera de relacionarse y vivir juntos entre sus pobladores, de poder conseguir un grado de bienestar que sería muy difícil de obtener cada uno por su lado, por mucho poder económico o político que se tuviera. Y por eso el estado moderno tiene que ser necesariamente democrático y todos debemos de contribuir a su sostenimiento.

No encuentro modelo de convivencia más perfecto que el que puede garantizar un estado, aunque como organización sustentada y gobernada por seres humanos, corre el riesgo de utilizarse en beneficio de unos cuantos. Pero esto no quita un ápice a la necesidad de esa estructura, sino que lo que nos indica sobre todo es la necesidad de reforzar sus estructuras y los organismos de contrapeso: una sociedad civil fuerte, organizada, atenta y beligerante contra toda posibilidad de corrupción o de abuso por parte de quienes ostenten el gobierno.

Como ciudadanos que formamos parte del estado, debemos decidir qué aspectos nos parecen básicos, importantes, para entregar su manejo y gobierno a una estructura como la del estado. La salud, a pesar de lo que diga la vicenconsejera madrileña, parece que es un aspecto clave. La salud en un país depende de la salud de cada uno de los ciudadanos que conviven en ese país y no de la capacidad económica de cada uno de sus miembros. La persona más rica del Congo tiene peores expectativas de salud que un oficinista inglés y eso tiene que ver con el entorno sanitario y no con lo que cada uno pueda pagarse. Tener una salud pública fuerte es beneficioso no solo para el enfermo, sino también para el que está sano, y que esa tarea la tutele y la salvaguarde el estado, es decir, la mantenga a través de los impuestos que sus ciudadanos pagan para contribuir al sostenimiento de las áreas básicas, parece suponer un adelanto como civilización; gestionarlo desde lo privado, y en eso da igual que sea en relación directa de los ciudadanos con empresas que ofrecen ese tipo de servicios, o mediante la gestión privada de los recursos públicos, es un atraso, además de mucho más caro, como demuestran los porcentajes de Producto Interior Bruto que diferentes países con diferentes modelos de atención sanitaria destinan a sanidad.

Al igual que la sanidad, hay otros pilares básicos del estado que debe garantizar un estado evolucionado. Por ejemplo, la educación, la justicia, la información, y no solo la defensa frente al enemigo exterior que marca un modelo de estado basado exclusivamente en el poder sobre un territorio y en la defensa de sus símbolos.

El estado debe garantizar igualdad de oportunidades para sus ciudadanos y para ello el acceso a la educación se antoja básico y es el único camino hacia la excelencia que no genera desigualdad. Asimismo, una justicia accesible a todos los ciudadanos, independiente del poder del estado pero siendo parte de este, es esencial para ejercer el contrapeso necesario y obligado que la sociedad civil debe ejercer como vigía ente cualquier abuso. La educación es una vía básica contra la desigualdad social, esa cuyo crecimiento gracias a los modelos neoliberales y contrarios a este modelo de estado tanto daño está haciendo. La desigualdad no solo empobrece económicamente, sino también social y culturalmente, y ello provoca un descenso en la calidad democrática del estado, con el riesgo creciente de debilitarlo frente a los populismos y convertir la democracia en algo meramente decorativo.

Un estado fuerte necesita sostenerse a través de las contribuciones que sus ciudadanos deben ofrecer. No es posible un estado sin ingresos, y esos ingresos, o esos pagos que deben realizar sus ciudadanos, han de verse como la contribución necesaria para conseguir que esos anhelos se conviertan en derechos de todos los ciudadanos. Y por tanto, la sociedad debe también generar una conciencia de corresponsabilidad a la hora de contribuir a esa estructura, cuyo objetivo necesario debe ser el beneficio de todos.

Es importante una reflexión sobre la forma de realizar esas aportaciones. En España, el 71% de los ingresos tributarios del estado lo realizan los ciudadanos particulares, mientras que la contribución de las empresas es de solo el 12%. Los riesgos además de aquellos es muy superior en estos momentos, ya que un traspiés del ciudadano le produce directamente la pérdida de su patrimonio, no hay más que ver la ingente cantidad de desahucios que ha habido y continúa habiendo en este país, y los continuos rescates que se han hecho y continúan haciendo a empresas como los bancos o la próxima de Sacyr para que entre todos paguemos la construcción del canal de Panamá y luego ellos se queden con los beneficios.

Que un estado se gestione mal no debe implicar su destrucción; que los políticos que dirigen ese estado sean calamitosos no debe implicar otra cosa que la necesidad de sustituirlos; que crezca la animadversión a los políticos y que de ello se beneficien partidos políticos carentes de ideología, lo que demuestra es la necesidad de progresar y trabajar por la salud democrática de este país y el reforzamiento de su sociedad civil.

Necesitamos reforzar el estado y en estos momentos estamos haciendo justo lo contrario. Y para ello hay que acercar el poder y la responsabilidad a los ciudadanos. El federalismo, como modelo de asunción de responsabilidades propias y de solidaridad con los demás, parece el camino a seguir. Aunque eso da para una reflexión tan amplia como esta. Una reflexión que  Patricia Flores no creo que esté dispuesta a realizar.

La imagen se extrajo de http://www.claroscurosocial.bligoo.com

A QUIÉN ENGAÑAMOS CON ESTA POLÍTICA FARMACÉUTICA

2014-01-18 10.03.55La sociedad estima que la mejor forma de reconocer la labor del farmacéutico comunitario es que perciba sus honorarios de acuerdo a un margen comercial al dispensar los medicamentos. Y por tanto, como Ronaldo o Messi, que ganan mucho como futbolistas porque meten muchos goles, cuanto más vendan esos farmacéuticos más altos serán su salario y mejor  considerados socialmente estarán, al disfrutar de mejores coches, viviendas en localizaciones más exclusivas y todo aquello que el dinero puede ofrecer, que no es mucho pero sí muy deseado por nuestra sociedad, inclusive para aquellos que hacen las leyes.

Pensar que un colectivo, no hablo de los bienintencionados héroes y los malvados villanos que en cualquier profesión existen,  va a hacer algo distinto de lo que le marca la ley y el sentido común es de tontos o de hipócritas. Pensar también que si cambia esa orientación los profesionales no vayan a hacerlo, también.

SIN COBRAR NO SE PUEDE TRABAJARUna profesión también es su remuneración escribí en este blog hace unos meses. Por tanto, al igual que a Ronaldo no se le pide que marque menos goles para salvaguardar la honorabilidad de un guardameta, al lobo que guarde las ovejas del pastor o al banquero que deje de estrujar a sus clientes para sacarles lo máximo que pueda, al farmacéutico no se le debe exigir nada que no marque la legislación vigente de manera precisa y que esté definido por su modelo de percepción de honorarios. Así que, mientras exista ese perverso modelo solo se va a conseguir lo que ya se consigue. Decir lo contrario no es más que hipocresía; criticarlo por quien tiene en la mano que sea de otra forma, practicar un deporte tan propio de este país, clerical hasta para los anticlericales, como el del prejuicio.

El problema no es lo que hacen los farmacéuticos comunitarios, sino lo que podrían hacer, y si eso que podrían hacer resultaría de utilidad para la sociedad. Rasgarse las vestiduras por lo que hacemos estaría bien si a pesar de que se ofrece el camino para cambiar no lo hacemos. Por tanto, ¿a qué coño juegan quienes nos critican? Que yo sepa, a eso: al prejuicio, a rasgarse las vestiduras y a la hipocresía.

El colectivo no quiere cambiar. Por supuesto, ¿qué colectivo quiere cambiar, y más si no hay una alternativa concreta? Pero el problema no es que se quiera o no cambiar, las resistencias internas. El verdadero problema es que quien tiene la capacidad de que esto cambie ejerza ese poder que tiene. A los políticos, y no me refiero solo a quienes elegimos para nuestros parlamentos, sino también a los de nuestra profesión, se les llena la boca de palabras contenidas de vacío, las idóneas para mirar hacia otro lado. Resulta tremendamente triste cómo un sistema público de salud, pagado por los impuestos de los ciudadanos, se permite mirar hacia otro lado con la sangría social y económica que producen los medicamentos. Esta ineficiencia es la excusa perfecta para los depredadores del estado, que ven en la privatización de servicios públicos el nicho que necesitan para seguir haciendo negocios a nuestra costa.

Es vomitivo que un problema de tan altísimo coste, como la morbi- mortalidad evitable producida por medicamentos, que encarece los costes de atención sanitaria y prestaciones sociales, con una mortalidad que multiplica varias veces la de los accidentes de tráfico, que tiene tecnología sanitaria capaz de disminuirlo drásticamente, que goza de un profesional con el que, si se tiene un mínimo de paciencia y un mínimo de coherencia, no se le dé la respuesta adecuada, la que se le está dando en otros países con éxito. Quizás porque este país no es un país de éxito sino de fracaso, y donde el fracaso social no es más que el espejo del de los colectivos y las personas que lo integramos.

Cada euro que se invierte en pagar a un farmacéutico clínico por disminuir esto, hace que la sociedad ahorre cuatro euros, que puede emplear en otras cosas.

Mientras esperamos alguna respuesta, sigamos en la misma línea. Aquí tiene la foto de trece Glucagon Hipokit® tirados en el contenedor de una farmacia para su destrucción ecológica. Como en el antiguo concurso de la tele: 13 glucagones, a  21,46 € cada uno, 278,98 € tirados a la basura. ¡Un, dos, tres, responda otra vez! Pero responda, responda quien tenga autoridad moral para decir que este es el camino para una profesión y para una sociedad en materia de medicamentos.

P.D.: Dedicado solo a los farmacéuticos comunitarios que me tachan de radical o de estar en contra de la farmacia comunitaria:si has leído esto y todavía lo crees, vete a la mierda.

Fotos: la del emdicamento es de mi archivo personal; la de la manifestación está publicada en http://www.sociedad.elpais.com

LOS NUEVOS INDIOS

“No creamos medicamentos para los indios, sino para occidentales que puedan pagarlos”.

“La independencia de Cataluña es un mal negocio”.

 

DEKKERSFrases como las del Consejero Delegado de Bayer Marijn Dekkers y del Ministro del Interior español Jorge Fernández Díaz espero que te deje bien clarito cuál es la diosa a la que servimos: la Sagrada Economía, bajo la advocación monoteísta capitalista, que es la única verdadera que reina sobre la faz de la tierra. Es su única religión, no existe otra, el mundo solo es para los que podemos pagarlo, así que mueve el culo y espabílate.

Desengáñate. Solo irás al cielo económico en la medida calvinista de tu éxito, si eres capaz de saltar por encima de otros, si miras para otro lado. Total, que haya miseria  en la humanidad se debe a la incapacidad de los parias de vivir bajo esas reglas. Tienen lo que se merecen, pero como la misericordia del Dios Capital es también infinita, siempre quedará la caridad, para espolvorear nuestras sobras a punto de caducar, para entregar nuestras limosnas que quiten las trazas que podamos conservar de mala conciencia y que, sobre todo, nos hagan sentirnos mejor y orgullosos del camino emprendido. Al fin y al cabo, la razón está de nuestra parte.

INDIOTuvimos que ocultarnos bajo una piel de cordero en los años de al sociedad del bienestar, aprendimos a manejar los hilos de la democracia. Tomamos nota de la verborrea de la izquierda, tan aficionada a frases grandilocuentes y con frecuencia vacías, y establecimos nuestro lenguaje, nuestras propias premisas, nuestra lógica. Seguiríamos haciendo lo mismo que hasta ahora, pero ya no tendríamos que disimular ni mucho menos avergonzarnos en público como algunos pusilánimes. Y ese momento ha llegado. Después de corromper a la socialdemocracia y provocar la crisis económica, pudimos comenzar la tala del estado de bienestar.

Y comenzamos a transmitir nuestros mensajes clave. Supieron que habían vivido por encima de sus posibilidades (ahora verán cuáles son), que todos los políticos son unos corruptos (ya no los necesitamos, nos bastamos y sobramos con nuestros Consejos de Administración), que la Sanidad pública era insostenible (y un buen negocio en el que invertir), y que como eran abusones y de alma pecadora y corrupta, deberían pagar por sus culpas. Pero, nada de hacerlo con oraciones o penitencias. En esta nueva religión hay que hacerlo con tasas.

Y en esas estamos. Tenemos que ir paso a paso, sin prisas. Todavía no es prudente que nuestra nueva religión se separe de la antigua, porque es muy útil usarla para seguir captando adeptos. La izquierda anticlerical es un excelente aliado para ello. Esos meapilas que todavía siguen a dioses antiguo, aún se asustan con ellos. Por eso nos viene tan bien hacer una nueva ley del aborto, para cabrear a los rojos y que se les echen encima. Así no se nos escapan sus votos. Es un despelote esto, ya no nos hacen falta dictaduras ni nada por el estilo. Es mucho mejor ser demócratas.

Y seguiremos con el desmonte. Cada día un pasito más. Lo que yo no sé es dónde nos vamos a parar.

Ilustración tomada de El rincón de Mortadelón” www.mortadelon.blogspot.com y de ww.peoplesearch-online.com 

LEGISLAR LA AUTORIDAD

La_letra_con_sangre_entraLa nueva ley de educación reconocerá al profesor como autoridad pública. En los últimos años hemos conocido muchas agresiones por parte de padres de alumnos a sus maestros, al igual que también han sido notorias las que han sufrido profesionales de la medicina, a los que la legislación ya les reconoce el rango que próximamente van a alcanzar los educadores.

La educación es en mi opinión el pilar básico para una sociedad próspera de verdad, y la figura del profesor es esencial para ello. Lamentablemente creo que esta nueva ley nos va a empobrecer aún más porque fomenta el elitismo, es decir la desigualdad social, aunque la figura del educador pueda salir más o menos fortalecida. Las sucesivas leyes de educación que desde la Constitución de 1978 hemos tenido demuestran nuestra falta de cultura democrática y la influencia que tienen grupos de poder que nunca se presentan a las elecciones pero acaban moviendo sus hilos. Las leyes tienen siempre vocación de caducidad tipo yogur, porque en lugar de señalar los límites del poder se empeña en demostrar el que tienen los que legislan.

Yo comencé a estudiar primaria en 1969, con Franco presidiendo el Consejo de Ministros. Era una época en la que una parte muy importante de la sociedad tenía muy difícil acceso a la educación. La enseñanza pública no estaba suficientemente extendida y la mayoría de los colegios eran privados y de la Iglesia Católica. Los trabajadores que pudieron dar estudios a sus hijos lo hicieron con mucho esfuerzo. He visto médicos y otros profesionales cuyos padres, analfabetos, hicieron posibles sus carreras universitarias desde andamios, o sirviendo en las casas. Una generación que trabajó durísimo y que entendió que la educación era el motor para salir de la pobreza.

A mí no me hizo falta, mis padres tenían carrera universitaria ambos, y ese esfuerzo se hizo una generación antes de la mía, en la dura posguerra. En la generación de mis padres había pocos universitarios y mucho menos, mujeres. Mi abuelo materno, un represaliado de la Guerra Civil, hizo lo imposible porque su hija, y también sus sobrinas, accedieran a la Universidad y lograran culminar una carrera. Gracias  a ese esfuerzo yo estudié con menos dificultades que otros y mis padres me llevaron a un colegio privado que no pertenecía a la Iglesia Católica, en el que se reconocía la autoridad de los profesores. Quizás fuera una época en la que cualquier autoridad infundía respeto. El respeto que produce el temor a unas consecuencias en las que siempre había un presunto culpable.

He recordado manifestaciones de autoridad de aquella época en mi colegio. En primero, allá por 1969, recuerdo al maestro lanzar desde su mesa un tampón de madera de los antiguos a los niños de seis años que se distraían hablando. Ese tampón para sellar documentos era grande, de forma curvada en su superficie, que para mojarlo bien en la tinta había que balancearlo bien.

Del profesor de segundo apenas tengo más recuerdos, salvo que fue nuestro catequista para la Primera Comunión. Aunque no se me olvida que me enseñó tres canciones en un campamento: “Cara al sol”, “Prietas las filas” y “Montañas Nevadas”. Todavía puedo visualizar la imagen de mi madre, hija de republicano, cuando subí al coche después del campamento y le canté aquello de la camisa nueva.

En tercero tuve un maestro al que le daba mucho sueño en las clases de por la tarde. De él sí que recuerdo un guantazo que me dio por hablar con mi compañero de atrás. Cuando entrábamos a las tres escogía a uno de los más gorditos de la clase, menos mal que por aquel entonces yo era flacucho, se lo sentaba en sus piernas y le daba una pluma de ave para que le hiciera cosquillas en el cuello hasta quedarse dormido.

En cuarto nuestra clase tenía más de ochenta alumnos. Al maestro, que era toda una referencia diría que en la ciudad, le gustaba utilizar las reglas de dibujo para dar palmetazos a quienes, a los nueve años, hablaban más de la cuenta. En especial le gustaba mucho la de un compañero, que la tenía especialmente pequeña, la regla, con la que podía hacer más daño.

Cuando pasé a quinto, también al profesor le gustaba dar mamporros, pero el más temido era el de inglés, un antiguo héroe británico de la II Guerra Mundial, al que las leyendas colegiales le atribuían que estaba loco porque tenía metralla en la cabeza. A Mister …X, a quien con tanto respeto como poco nivel de inglés algunos alumnos llamaban don Mister …X, le gustaba pedir “one peseta” de multa a quien se expresara en castellano en la clase, acompañado de un buen reglazo en las nalgas, para lo que había que agacharse previamente en posición sodomizante.

En sexto no olvido la paliza que un profesor le dio a un chico minusválido, que hizo una gracia tirando un papel en la papelera (la gracia fue dar una vuelta alrededor de la cesta). Cuando pasaban estas cosas, en lugar de contárselo a tus padres había que callarlo, no fuera a ser que te ganaras otra buena tunda en tu casa. En la mía nunca fue así, pero alguno de mis vecinos se ganó buenos correazos por parte de su padre ante alguna situación similar. Si en clase la letra no entraba con sangre, después muchos padres se encargaban de que el cinturón ayudase a que terminara de penetrar.

Más adelante mis recuerdos son más vagos curiosamente. No sé si es porque ya éramos más mayores, pero sí me viene a la memoria las consecuencias de “no tener autoridad”. Claro, cuando la doma se hacía de esa manera, ver a un profesor, en este caso profesora, que no se imponía, era despertar a la bestia. No olvido a aquella profesora británica que era incapaz de mantener el orden, y cómo sus clases eran ingobernables y algunos de los alumnos más golfos se masturbaban en las últimas filas. Qué poco duró la pobre.

Por último, en aquel colegio que pagaban mis padres y los padres de mis compañeros de forma religiosa, aunque fuera laico, quiero contar una experiencia de autoridad que sufrí en mis carnes. Me la hizo el director del colegio, que por otra parte, me aconsejó estudiar una carrera de letras y no le hice caso. Suspendí la primera evaluación de su asignatura. Me sentí tan avergonzado, a mis dieciséis años, por aquello, que en el mismo examen, reconociendo lo desastroso que fue y sintiéndome culpable, le escribí al final de la hoja de examen una frase: “Prometo mejorar”.

Comencé la segunda evaluación estudiando mucho, decidido a que aquello que pasó fuera un borrón sin importancia. La primera vez que el profesor pidió un voluntario para resolver un problema de los que habían puesto en los deberes, me ofrecí de inmediato. Estaba estudiando mucho y tenía la voluntad de mejorar. Salí a la pizarra y el profesor, delante de toda la clase, lejos de preguntarme por aquel problema, lo hizo por la materia que había suspendido. Me preguntó delante de toda la clase si creía que bastaba con resolver ese problema, que qué era eso de que prometía mejorar. Aquel acto pedagógico de autoridad contribuyó sin duda a que tuviera que aprobar aquella asignatura en septiembre.

Eran otros tiempos, son anécdotas puntuales que presenciamos los alumnos con los que compartí clases hace ya muchos años. Es probable que en otros colegios, incluso en los institutos de enseñanza pública, pasasen cosas parecidas Como dicen algunos, hay que contextualizar, entender aquellos tiempos de represión.

Espero que no sea este el tipo de autoridad que añoran los legisladores. Quizás con un sistema educativo más igualitario, enfocado en valores universales, que pueda formar a las personas más libres, no habría que legislar tanto sobre la autoridad. No hay libertad verdadera sin una educación justa y accesible a todos. La libertad tiene que ver con la capacidad de elegir y desear el bien común en lugar del bien particular. Para conseguir un sistema educativo que se enfoque a construir individuos libres, obligatoriamente tendrá que ser equitativo. Y probablemente entonces no fuera tan necesario legislar sobre la autoridad.