SABER GANAR

RONALDOLa figura de Cristiano Ronaldo me echa para atrás desde hace mucho tiempo, en especial desde que llegó al Real Madrid y habló con desprecio del trofeo Pichichi, el que otorga el diario Marca al máximo goleador de la Liga, llamándolo Pochocho en un tono chulesco que desde entonces se nos ha hecho muy familiar a todos.

He de reconocer que ha habido momentos en los que me ha producido ternura. Todos tenemos instantes de debilidad, es la única explicación que encuentro a esto que alguna vez me ha pasado. Reconozco que este futbolista tiene mucho mérito. Cristiano es de origen muy pobre, iba a decir humilde, pero me cuesta utilizar esa palabra en este tipo. Ha luchado muchísimo por llegar a ser el gran jugador de fútbol que es, no había más que ver a su familia el día que le dieron el Balón de Oro. Es muy admirable, pero me parece que ese ha sido también el origen de sus males, porque de tanto luchar por sí mismo que al final ha acabado despreciando a los demás.

En su día, me resultó repulsivo su comportamiento hacia sus compañeros de selección cuando cayeron eliminados en Eurocopa y Mundial. Ronaldo busca culpables en la derrota, pero cuando llega la victoria esta es solo suya. De su pierna musculosa a la que señala con orgullo, de su cuerpo Danone que señala y permite que sus compañeros adoren….Para Cristiano Ronaldo el equipo es un mal menor, únicamente el elemento necesario que le permite obtener su gloria particular, la única que le interesa.

Pero lo de ayer me resultó sencillamente vergonzoso. Me incorporé al partido en el último cuarto de hora del tiempo regular. Ni me iba ni me venía el resultado y estuve paseando la mar de tranquilo. Cuando llegué, los comentaristas afirmaban que Ronaldo no había sido de los destacados. Algo normal, pensé, porque salvo el encuentro de su selección contra Suecia y la final de la Copa del Rey frente al Barcelona, pocas veces lo he visto ser decisivo. Ayer tampoco lo estaba siendo, aunque sus ansias por marcar de penalti a un equipo derrotado que había recibido tres goles en unos minutos, un equipo hundido, le retrató por completo. Cómo me acordé del “Respect to Italy”con el que Iker Casillas recriminó al árbitro de la final de la Eurocopa cuando España ganaba cuatro a cero y el trencilla insistía en alargar el partido. Era otra camiseta.

La celebración del cuarto gol quitándose la camiseta ante un equipo que merece el respeto y la admiración de todos los que aman el fútbol, fue en mi opinión bastante lamentable. Y sus compañeros detrás de él, simbolizaban un liderazgo pernicioso de su estrella, o por otra parte, y es lo que quiero creer, eran conscientes de que tienen a un gran futbolista que también es un niño tonto, caprichoso y profundamente egoísta, al que hay que pasarle la mano por el lomo de vez en cuando para que no llore.

Patética me resultó también la celebración del otrora inconmovible presidente, y su cómplice saludo con el ex presidente Aznar. Pero ahí reconozco que tengo otras fobias particulares y debería dedicarle un comentario aparte.

Y así terminó la temporada de clubes, a la espera del Campeonato del Mundo. En breve el señor Florentino sacará la chequera y comenzará con su tarea veraniega de desestabilizar equipos. Con el dinero del reparto económico tan desigual de la Liga, desarmará equipos pujantes quitándoles sus estrellas y a continuar el camino establecido, a buscar nuevos Cristianos con los que mantener una religión en la que solo hay dos dioses, su equipo y el Barcelona. Sí, así gana el Madrid.

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