PHILOMENA

PHILOMENALa última película de Stephen Frears me ha gustado mucho. Philomena trata la historia de Philomena Lee, interpretada por una fantástica Judi Dench.

Una joven adolescente queda embarazada y sus padres la internan en un convento católico, en el que dará a luz a un hijo y trabajará para las monjas a cambio de su manutención. Cuando el niño, Anthony, tiene unos tres años de edad, las religiosas lo entregan en adopción a un matrimonio norteamericano. Philomena no destapa la historia hasta el día en el que su hijo Anthony cumpliría cincuenta años, en 2002. Ese día se lo confiesa a su hija, que contacta con un periodista fracasado, expulsado como asesor del Partido Laborista británico, Martin Sixsmith, aquí interpretado por Steve Cooghan, el cual inicia la búsqueda de Anthony contratado por una publicación sensacionalista.

En estos últimos años se ha tomado una gran conciencia sobre el tema de los niños robados por religiosas católicas en España, aunque estos casos han sido aún más graves si cabe, por haber sido dados por muertos y entregados luego a padres adoptivos. Es de triste recuerdo también lo ocurrido en Argentina durante la dictadura militar, en la que hijos de desaparecidos los acogían matrimonios afectos al régimen. La primera pregunta que me hago al ver la película es el por qué de que estos hechos hayan ocurrido en el seno de la iglesia católica y no en otras iglesias cristianas.

Es probable que la adopción de niños en riesgo de exclusión pudiera tener un fundamento. De hecho, las adopciones son así. Pero por qué saltarse todas las normas éticas habidas y por haber es algo que se me escapa. Esa superioridad moral que se arrogan muchos religiosos y religiosas aún hoy, que se convencen de su verdad y de lo que ellos creen que hay que hacer, para imponérselo a los que tienen alrededor. Ese fin que justifica los medios, unos medios con frecuencia atroces para unos fines en los que solo ellos creen.

Recuerdo el caso que me contó una señora en el Polígono Sur de Sevilla. Llevaba una vida desastrosa. Sus hijas las internaron en un colegio de monjas y ella las veía los fines de semana. Un día llegó y sus hijas ya no estaban. Y no volvió a verlas hasta que muchos años después su búsqueda incesante dio sus frutos. Hoy sigue viviendo de las limosnas que le entregan a la puerta de una iglesia sevillana, pero nunca olvidará cómo se las arrebataron.

Me gusta mucho el planteamiento que se hace en la película porque en mi opinión hace una crítica muy dura sin caer en maniqueísmo. Creo que hay un respeto importante por la mayoría de edad del espectador, por presentar unos hechos, unos cuestionamientos, unos conflictos, ante los que el público debe reflexionar y adoptar una postura. Ni el director ni el guionista nos tienen que dar lecciones, sino que nos deben abrir una puerta a la reflexión. Y eso no es incompatible con tomar una postura firme y convencida ante los hechos que se plantean.

La dualidad creencia- increencia de los dos protagonistas me parece muy interesante, así como el poder del perdón. Sigo creyendo que a quien más beneficia el perdón es al que perdona y la mayor humillación que sufre la religiosa que urdía aquellas adopciones lucrativas, fue la de sentirse perdonada. Interesante, en una España en la que el castigo, la cárcel, se clama muchas veces como venganza en lugar de como forma de resarcimiento social, de oportunidad para rescatar a la persona que hizo daño.

Echo en falta un mayor dibujo del personaje de Martin Sixsmith. Creo que era compatible con centrar la historia en la auténtica protagonista, Philomena. Pero ese perfil de metepatas, de falta de formas y de pelea con la vida, quizás hubiera merecido algún detalle más.

En resumen, una muy buena película, a la que hay que llegar desprovisto de planteamientos previos, para dejarse influir por lo que se plantea y sacar nuestras propias, las de cada uno, conclusiones.

La imagen que ilustra fue obtenida de www.filmaffinity.com

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