RAFA GARCÍA MALDONADO, UN TRAPERO DEL TIEMPO

Él me conminó a buscar tiempo e ilusiones, y me hizo sabedor de que además de existir hay que crear, gozar, sufrir y no dormir sin soñar. Muchas gracias a todos.(Roberto Quiles Maldonado)

Muchas gracias, Rafa, por este gran libro.

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Acabo de terminar de leer la opera prima de Rafa García Maldonado. De El trapero del tiempo (Almuzara, 2013) se podrán y deberán decir muchas cosas. Eso es magnífico, porque los buenos libros, como las grandes películas, no finalizan cuando aparece la palabra FIN, sino que continúan dando que pensar y que hablar mucho después.

Sin duda, para mí, es un gran libro. Me ha emocionado la historia, he admirado la compleja estructura que un escritor joven y novel ha elegido para contarla, su atrevimiento para hacerlo y su valentía para ir dejando jirones de su piel a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas.

Si la historia me ha gustado, aún más lo ha hecho el escritor. Detrás de la novela hay un trapero del tiempo, un comprador de minutos como él lo define, en la línea anterior a la cita que he elegido de su libro para comenzar este post. Si yo me catalogaría en estos momentos como un farmacéutico que quiere ser escritor, de Rafa diría que me costaría mucho verlo sin ser las dos cosas a la vez. Juventud y energía tiene para eso y más, y a mí la primera me va faltando, al menos la física. Hemos tenido pocas oportunidades para conversar, pero le considero, por lo que le leo en las redes sociales y por el olor que rezuma la novela, digno heredero de su admirado Gregorio Marañón. Un profesional que pone su conocimiento, su pensamiento y sus sentimientos al servicio de los seres humanos. Una persona para la que la creación tiene sentido solo si contribuye a hacer un mundo más feliz y más justo. Puede que se le considere un bicho raro, pero es mejor ser raro que feo, porque no hay bicho más feo que el de la mediocridad. Y de esos bichos el mundo anda más que sobrado.

No conozco mucho a Rafa, pero lo considero un tipo cabal. Se le nota en todas las huellas que va dejando. Creo que ha sido valiente al escribir sobre unos temas que no son pasado, porque explican la situación actual de este país mucho mejor que cualquier análisis socio- político que podemos leer a diario. Es esta novela el vivo reflejo de esas palabras de Mario Vargas Llosa, en las que considera que una novela es una gran mentira que cuenta una gran verdad. Somos de donde venimos, diría yo. No podemos explicar nuestros actos si no es desde nuestro pasado.

En la presentación de El trapero del tiempo en Sevilla, escuchando a su presentador Juan Torres López y a Rafa, pensé en qué era el compromiso intelectual. ¿Era encabezar una manifestación, firmar un texto de denuncia, solidarizarse con los más desfavorecidos? Seguro que sí. Pero estimo que hay un compromiso intelectual mucho más profundo, que es el que, en mi opinión, Rafa ha logrado de una forma extraordinaria, ficcionando (palabra horrible) la realidad haciéndola mucho más real si cabe que la auténtica verdad de lo que pasó. En ese sentido, creo que yo también he intentado hacer en Aquel viernes de julio y me alegra verlo en Rafa, que además vive en en el epicentro de la zona que tembló a gran escala, en el triste desarrollismo de este país de los años 60, al que todavía hay gente que le llama progreso. Un terremoto al revés, porque en vez de tirar edificios, los construyó contra toda norma ética y para beneficio de personajillos que nos han legado un modo de hacerse ricos en España. Es la triste historia que se repitió desde tiempo inmemorial en tantos lugares. En mi ciudad de Sevilla, sin ir más lejos, con las exposiciones de 1929 y 1992, y en todo el país con el ladrillazo que sufrimos en estos últimos años y que seguiremos pagando mucho tiempo.

Termino el post y apenas he dicho nada del libro ni de qué va. Hay que comprarlo y leerlo. Es probable que no guste a todo el mundo. Hay un estilo muy peculiar de escribir. La compleja estructura puede parecer que enlentece el principio, no lo veo así, pero hay quien pudiera opinar de esta forma, pero produce un efecto trepidante en el último tercio. Se nota a la legua que hay un lector compulsivo detrás, una persona culta que con treinta y un años ha leído mucho, y ha asimilado mucho. Mi duda es si tendrá la energía suficiente para sorprendernos pronto con otra novela, porque puedo imaginar el desgaste emocional que ha debido suponer escribirla. Voy a ponerle un pero: cita más de una vez al General sevillano Queipo de Llano, cuando esta lacra de nuestra historia nació en Tordesillas (Valladolid) y apareció por Sevilla para dar el golpe de estado que provocó la Guerra Civil y tantos miles de muertos en este país. Desgraciadamente, sí que se le acogió y sus restos aún reposan en un lugar de honor junto a la Virgen Macarena, para vergüenza de los sevillanos.

Ya sí que finalizo. Animo a todos a leer la novela de este trapero del tiempo que es Rafa García Maldonado. Un hombre del Renacimiento, un intelectual y un tío que está en el mundo para cambiarlo. No sobran muchos así.

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