CARNE FRESCA PARA LOS ZOMBIS

Días después de la selecciones en Andalucía, aún me encuentro estupefacto con los resultados,tratando de comprender por qué y cómo hemos llegado hasta aquí. La irrupción de una extrema derecha violenta (expulsar, muros, memoria histórica, religión…) me ha sobrecogido.

Siempre me he considerado un hombre de izquierdas, mi voto ha oscilado entre partidos nacionalistas andaluces y diversos colectivos progresistas. Por una parte, porque estoy convencido de que hay un modo de nacionalismo deseable, que dista mucho de ser de corte supremacista o excluyente, que lo entiendo como respuesta a la forma tan despiadada de globalización que se ha desarrollado, que no ha resultado ser más que una mera oportunidad para ampliar mercados para, una vez rotas las reglasen nombre de un concepto de libertad a la medida de los que más tienen,esquilmar a quien venga. Una globalización la de ahora que abomino, y que explica las migraciones y las guerras, los nacionalismos xenófobos y el resurgir del totalitarismo, de los patriotas de lo suyo. Defiendo un nacionalismo que preserva la cultura de los pueblos frente al monocultivo cultural de la hamburguesa doble con queso, que realza el valor de la propia para contribuir a la diversidad del mundo. Porque la riqueza es el mestizaje, el respeto a la diversidad y nunca la imposición de un modelo para todos. Por eso soy nacionalista para mi cultura y por eso la quiero como algo que se ofrece a las demás y que también recibe las influencias de otras, para su progreso y el de la humanidad.

Por otra parte, me he considerado de izquierdas porque un día bebí de pensamientos e influencias cristianas, por las que interpreté que todos éramos hermanos y teníamos derecho a desarrollarnos como personas; a tener las mismas oportunidades, a que nadie es menos ni más que nadie. Unas influencias que hace tiempo que abandoné pero de las que también se han alejado no pocos de los que continúan considerándose cristianos, esa facción que pretende hacernos comulgar con ruedas de molino a quienes pensamos diferente, que se siente perseguida ante la pérdida de poder político.

Me reconozco cándido, qué puedo decir después de haber escrito lo anterior. Y a pesar de eso, o precisamente por eso, trataba de entender a esos cientos de miles de votantes que habían elegido dar su voto a Vox, que la dirige un señor que va armado, que no sonríe ni en la victoria, con un programa marcadamente xenófobo, machista, violento,que nos lleva a tiempos pasados, a una nueva reconquista, en palabras de uno de sus líderes.

Trataba de entender,decía, a los votantes. No me han importado mucho las reflexiones de articulistas acerca del fenómeno, aunque me duelan las de algunos amigos que defienden que lo que viene no es fascismo porque sus votantes no son fascistas.Menuda reflexión, como si a Hitler lo hubieran aupado los nazis al poder, o a Mussolini gente que se considerase nazi o fascista. Hay veces que pienso si sirve para algo haber leído mucho, haber escrito. Evidentemente para algunos no es sino un oficio, una forma como otra cualquiera de ganarse la vida en lugar de una oportunidad para comprender el mundo. De qué poco les ha servido a algunos tanta lectura. Quien vota a un partido que anuncia de forma explícita lo que pretende hacer no es inocente de lo que pueda suceder, y más si lo que llegue a suceder no sea más que volver a repetir la historia.

Tampoco me ha sorprendido cómo el Partido Popular, que tanto le chorreaba la baba al defender su amada Constitución española, rápidamente se echa en brazos de los que abominan de ella. Constitucionalistas accidentales, de pose, no tienen empacho alguno en abrir el camino a lo que sucedió en Alemania en los años 30 del siglo pasado.Tampoco este partido será inocente, ni sus votantes ni voceros, esos que claman ahora diciendo que Vox no es extrema derecha.

 Como decía, trataba de comprender como en una de las regiones más pobres de Europa cientos de miles de votos habían ido a parar a manos de quienes solo van a luchar por defender los privilegios perdidos, si es que han perdido alguno en estos cuarenta años, porque cuando se es totalitario no es posible conformarse con algo que no sea el total.

Intentaba descifrar quién podría haber votado a la extrema derecha más allá de su caladero predecible devotos. Y en esas estaba cuando me encontré a Antonio.

Antonio es de una edad similar a la mía, mediada la cincuentena. Lo conozco desde que comencé a trabajar. Él es vigilante de una empresa de alimentación cercana, en la que ejerce no solo de guarda, sino que también ha de mantener limpio el establecimiento, retirar basuras, hacer recados,buscar cambio para sus jefes, etc. Trabaja en eso desde que lo conozco, heredó el puesto de su padre y lo compartió con su hermano, ya fallecido por enfermedad cardíaca, durante años.

A Antonio le gusta el fútbol, se lleva bien con todo el mundo, con emigrantes que comercian de forma legal en tenderetes, con el chino que le arregla el móvil que se le estropea, con las empleadas del hogar latinoamericanas que acuden a hacer las compras que les ordenan las señoras… La crisis le redujo la jornada laboral y el sueldo, pero al menos no lo dejó en la calle como a otros del barrio obrero en el que vive,como a parte de su familia. Antonio es uno de los nuevos votantes de Vox, según me contó sin tapujo alguno. Sus argumentos, que ya estaba bien, que ya estaba harto de tanto ladrón, que había que cambiar.

Luego hablé con María,una chica de casi cuarenta años que trabaja como empleada del hogar, una extraordinaria trabajadora, una mujer dedicada a sus hijos, a su familia, que se crió con sus tíos porque sus padres eran incapaces de darle a su prole un mínimo de educación. Así salieron muchos de sus hermanos, relacionados con ámbitos muy oscuros de nuestra sociedad. Los tíos de María la recogieron casi recién nacida al regresar de Australia, en donde se habían exiliado tras sucesivas detenciones en la dictadura debido a la militancia sindicalista, esto es, por defender los derechos de los trabajadores bajo una dictadura. María no votó a Vox, simplemente se le olvidó votar, aunque no incumplió la promesa que le había hecho a su hijo de llevarlo esa tarde a comerse unas tortas con nata en un centro comercial, antes de ir a conocer la nueva iluminación navideña del centro. Se me olvidó, se me olvidó, fue la respuesta a mi pregunta.

Antonio y María han vivido cuarenta años de democracia que han sido un modelo de fracaso en la educación, en la que se han confundido acumular conocimientos con formar para la libertad de pensamiento. Eso nos ha tocado a todos, porque el problema de Antonio y María es similar, el mismo diría yo, al de esos escritores que defienden que no hay fascismo y que pretenden ser intelectuales sin intelecto. Mientras unos han vivido aislados en sus barrios obreros a las buenas de dios,otros han sufrido otro tipo de aislacionismo, el de vivir en un mundo de Yupi anestesiados por ese estado del bienestar que no llegaba a todos. Y el resultado es parecido,una falta de comprensión de la realidad que vivimos.

Antonio por acción, y María por omisión, también son responsables de haber resucitado a los zombis. La única diferencia es que ellos serán de los primeros en ser devorados, porque de ellos solo les interesa el voto o la abstención, sin duda son los más frágiles de la cadena y, ya se sabe, las fieras devoran primero a los animales debilitados.

La pregunta que me hago es por qué la izquierda, ese movimiento que dice defender a los desheredados de la sociedad, no ha llegado hasta ellos, hasta gente como Antonio o como María. Cuando escuché a Antonio decir que había votado a Vox, no pude sino recordar a Pablo Iglesias durante la noche electoral, diciendo algo tan digno de no sé qué de salud o de fraternidad. Antonio no entendería nada de aquello, al igual que para María, la Internacional debe de ser alguna jugadora de la selección de fútbol femenino.

La nueva izquierda tiene poca, muy poca calle. También vive en su propio mundo de Yupi de consignas y de reflexivas reuniones en horarios solo aptos para funcionarios y profesores universitarios, mientras sus posibles votantes  tratan de sobrevivir como pueden en la ciudad sin ley que son los suburbios; o anestesiados por la televisión, por telenovelas, por María del Monte o Juan Imedio, de tarde en tarde. Canal Sur no se debe cerrar porque los medios de comunicación públicos son el único ámbito ajeno a intereses particulares en información, pero la televisión pública de Andalucía ha hecho mucho daño con ciertos programas, y lo sigue haciendo, a la dignidad de los andaluces. En especial a la de las andaluzas. Ha confundido cultura popular con chabacanería y lo que podría ser un motor de culturización se ha convertido en un abrevadero para alimentar de bazofia y debilitar aún más a los últimos de esta sociedad.

Hemos abandonado a su suerte a quienes no entienden de consignas, porque en cuarenta años no hemos sabido o querido, y hemos tenido la oportunidad para ello, que recorran el camino a la libertad que es la educación. Hemos creado guetos expulsando a los más pobres y a los más débiles de sus barrios tradicionales. Lo seguimos haciendo apostando por la economía de pisos turísticos, a favor de los que más tienen, en contra de los que han de marcharse. Continuamos abriendo centros comerciales, e inaugurándolos nuestros próceres además, espacios ajenos a nuestra cultura de barrio que destruyen multitud de empresas familiares que constituyen la verdadera riqueza económica de pueblos y ciudades; lo mismo que hacemos con el taxi, para favorecer a grandes empresas multinacionales de empleo precario y coches y corbatas inmaculadas, como ya hicimos antes con la desaparición de las empresas de comestibles para crear supermercados donde explotar a sus empleadas, porque son mujeres por lo general las explotadas.

Si Vox está aquí también es porque nos cargamos a los pequeños autónomos para crear puestos de trabajo precarios y mal pagados, por parte de empresas que pagan sus impuestos fuera o explotan a trabajadores del tercer mundo que luego tienen que huir de sus países para llenar pateras y superpoblar nuestros extrarradios, esos espacios que la izquierda no entiende y que son el nuevo caladero de votos para fascistas y probablemente el del terrorismo que venga, allí donde vive gente como Antonio o como María, el lugar que jamás pisará un intelectual salvo para hacer un dibujo que le reafirme de sus convicciones.

Hablábamos de desenterrar a Franco y sin llegar a levantar su tumba han surgido de la tierra removida los zombis que arrasaron Europa de sur a norte. No han tenido ni que cambiar de carnaza. Basta una generación para que volvamos a picar en el cebo envenenado.Hay muchas responsabilidades en esto. Yo he preferido sacar las mías.

DIARIO DE ABORDO. LIBERTAD AHOGADA

Tengo a mi disposición dos de los termómetros sociales más potentes de la sociedad actual: trabajo en una farmacia y paseo un perro. Aunque ambos me sirven durante toda la semana,la farmacia es más eficiente en cuanto para registrar la temperatura en días laborables y el perro para los festivos y sus vísperas. Digo vísperas porque los viernes por la noche son un anticipo de lo que vendrá. Hoy sábado el parque apareció arrasado.

He decir que vivo en un barrio de clase media alta, tirando a alta, que no se me olvide, de familias con formación universitaria en su mayoría, menos rancio que otros similares dela ciudad, en el que, por poner un ejemplo, el lucimiento a lo largo de este último año de banderas rojigualdas no ha sido tan irritativo para mis ojos como el que de otros lugares de la ciudad.

El barrio cuenta con un instituto público de enseñanza y un par de famosos y prestigiosos colegios concertados a los que los hijos de estas familias acuden a labrarse un futuro,esos que forman parte, a decir del pichaflojismo, de la generación más preparada de la historia de este país y que en cuanto crezcan, si sobreviven al alcohol de garrafa, habrán de exiliarse en otras ciudades y otros países de Europa.

Los veo salir cadaviernes por la noche. Se arremolinan a las puertas de los supermercados, de chinos,intentando obtener botellas de alcohol destilado con el carnet de identidad deun hermano mayor o de algún cómplice, o simplemente con la mirada hacia otro lado del dueño del garito. Luego avanzan con el botín hacia plazoletas y parques,en los que luego los jardineros recogerán sus inmundicias en lugar de cuidarlos árboles para que padres que no se quieren enterar de lo que pasa se quejen del alcalde, clamando por la suciedad de los espacios públicos o del mal cuidado de las plantas. El caso es echarle la culpa a alguien que no sea a sus hijos.

Estos muchachos y muchachas beben sin medida y sin control, ávidos de perder la voluntad. En eso consiste su diversión, además de en dejar el mobiliario de todos listo para ser sustituido ante la próxima campaña electoral.

Si en estos cuarenta años el progreso en el derecho a la salud ha sido notable, el fracaso del derecho ala educación no lo ha sido menos. Educarse no es amasar conocimientos sin oponerlos al servicio de la sociedad, igual que emborracharse no es lo mismo que beber para compartir, tradición tan mediterránea.

Urge cambiar el modelo educativo pero hay miedo a la libertad; a la verdadera, no a esa que venden Albert y Pablo y su liberalismo para listos, esa de hacer lo que me dé la gana y que el que venga detrás que arree. La verdadera libertad continúa ahogada en alcohol de 40 grados.

HAY ESPERANZA

Son las ocho de la mañana del lunes. Cualquier hora es buena para leer un libro, y más en un parque tranquilo, en el que apenas están en ese momento los trabajadores, el que suscribe y su perro. Tan absorta está en su lectura que no repara en la mirada sorprendida de mi can, tan extrañado como yo de encontrar a alguien leyendo bajo la sombra, aún innecesaria, de un árbol.

Ella viste el uniforme de una empresa de limpieza, de esas que pagan sueldos miserables a mujeres que corren de aquí para allá a limpiar comunidades de vecinos, oficinas de empresas y lo que toque. Quizás no haya comenzado aún su jornada, o puede que su horario le dé un respiro. Sea como fuere, no está leyendo mensajes de WhatsApp o curioseando muros de Facebook. Es una novela la que la tiene absorta, ajena a la mirada de Coke o a mi fotografía indiscreta.

Me voy del parque sin haberla visto levantar la mirada del libro. Nada la importuna, ni siquiera la labor de los jardineros del parque, que en lugar de cuidar sus árboles y sus plantas no tienen más remedio que recoger las botellas, plásticos e inmundicias que nos legan nuestros hijos en sus botellonas de fin de semana.

Dejo al perro en casa, subo a mi bicicleta y me dirijo a trabajar. Poco después me encuentro de nuevo con ella, que camina junto al carril bici en dirección, como yo, del lugar donde se gana la vida. Y para allá va, con el libro atrapado en su mano izquierda, quizás deseando tener otro receso para continuar internándose en ese nuevo mundo que le ofrece la lectura.

Gracias, mujer desconocida. Me has alegrado la mañana, me has hecho sentir que mientras haya personas como tú, habrá esperanza.

ALEGRÍA EN EL TEATRO ENCANTADO

Queremos una piscina para las Tres Mil, y también parques infantiles. Y una piscina, y un cine, y que barran todos los días, y que…

El martes 27 de junio tuve la oportunidad de asistir al estreno de la obra teatral “El colegio encantado”, protagonizado por niñas y niños de las Tres Mil Viviendas, segundo barrio más pobre de España según estadísticas recientes, y sin duda líder a la hora de prejuicios y estigmas, esos tatuajes sociales con los que etiquetamos a quienes no tenemos el gusto de conocer.

Los alumnos de teatro de la Fundación Alalá incluidos en el taller “Pequeños Autores”, fueron los protagonistas de una obra que atrapó a un público entusiasmado. La Fundación Alalá, alegría en lengua caló, defiende la integración social a través del arte y la cultura y la alegría, y bien que puede presumir de hacerlo.

La pieza teatral, una reflexión sobre los valores personales que deben ilustrar al artista, y por ende, a cualquier ser humano, nos ofreció a los espectadores el arte de esos jóvenes como actores y actrices, músicos e intérpretes, con el flamenco y el rap y su fusión, como elementos predominantes en los cantes.

Tenía mucho interés en asistir, cambié mi turno de trabajo por estar, y más después de la invitación que me hizo la madre de una de las artistas, María del Carmen Fernández Pisa, una auténtica heroína de la vida, a quien admiro mucho y desde hace mucho tiempo por sus tremendos valores personales. Llevo más de once años de voluntario en el barrio y sé que aquella es tierra de heroínas, mucho más que de heroína, como algunos malpensados puedan sospechar.

Contemplando el espectáculo, viendo a esos jóvenes actuar, la cabeza me comenzó a dar vueltas, y reflexioné sobre la marginalidad. Probablemente no haya situación más injusta hacia los tuyos, hacia tus propios convecinos, que expulsarlos de sus barrios tradicionales para confinarlos en guetos, creados expresamente para que no molesten, como se hizo a partir de 1960 con los habitantes de Triana, San Bernardo y otras zonas de la ciudad. Ese aislamiento, esa cirugía inhumana con la que se intervino sobre la ciudad de Sevilla, y sobre muchas otras, todo hay que decirlo, trajo muchos, por no decir todos, los males que hoy continúan asolando las periferias.

Sin embargo, esta dolorosa e injusta ignorancia hacia el pueblo más humilde, allí donde se crea y se concibe el arte y la cultura de un pueblo, ha traído, entre el dolor y la injusticia, nuevas formas emergentes de arte, creaciones originales y novedosas formas culturales que esa forma de ignorancia pedante que es la cultura establecida, ignora. Y hoy, entre el desprecio de la ciudad de la caspa, ajena a toda consideración hacia las personas que conforman el cinturón de la urbe, surgen formas de expresión que sin duda conformarán el futuro, como en su día lo fueron el mismo flamenco, el tango, el jazz, el blues o el rap, que nacieron entre el desdén y la indiferencia de los que se sentían el ombligo identitario de la metrópoli.

Qué injusto y qué doloroso es el camino de la creación. Qué rabia da contemplar la marginalidad y las tragedias de muchas personas, y aún más escuchar los prejuicios que vomitan quienes tengo muy cerca. Qué maravilla el arte que surge. Qué tragedia el precio que han pagado y deben pagar muchas personas para que el arte perviva.

Mi respeto, mi reverencia, a las buenas gentes de las Tres Mil, héroes que no solo merecen la piscina, el cine, los parques infantiles y que barran sus calles todos los días, porque son ellos y no nosotros los que soportan el mayor tesoro para la supervivencia de un pueblo: su cultura.

Sí, la cabeza me dio muchas vueltas. Y salí del teatro encantado, encantado.

Las fotos se han tomado de la página http://www.fundacion-alala.org 

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿POR QUÉ EN SAN BERNARDO?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur cuenta la historia de cuatro mujeres que residen en un barrio marginal de una gran ciudad, lugar al que llegaron tras la expulsión de sus familias de los antiguos lugares en los que vivían para, a cambio de la concesión de una nueva vivienda en el extrarradio, liberar solares en los que construir edificios para las emergentes clases medias o altas que surgieron en los años 70 del siglo pasado en España.

La novela la ideo durante la presentación de la anterior, El guacamayo rojo, que trataba la emigración andaluza en Brasil a través de tres generaciones. Al día siguiente iba a participar en unas jornadas científicas en el Polígono Sur, donde trabajo como voluntario desde principios de 2006, y caí en la cuenta, esa idea tan potente que un escritor la transforma en una historia que merezca ser contada, de que hay emigraciones mucho tan duras como la anterior, o quizás mucho más, como la resultante de ser expulsado de tu barrio para enviarte a otro lugar alejado, y que quienes provocan eso aprovechen para enriquecerse, todo bajo el manto de una caridad que en realidad sólo esconde injusticia.

Las cuatro historias de Tres mil viajes al sur suceden en un solo día cada una de ella, en una estación diferente del año, pero se nutren de un viaje, el que realizan hasta llegar a esa prisión de muros invisibles, alejada de todo, para que nada incomode al resto de los habitantes de la ciudad. Aunque no se menciona ni el barrio ni la ciudad en el libro, es obvio que son Sevilla y su Polígono Sur los espacios en los que se desenvuelven los personajes, al igual que San Bernardo o Triana son dos de los barrios de expulsión. De ahí que, teniendo la firme idea de presentar el libro en un lugar emblemático y significativo, las posibilidades eran estos dos barrios y el Polígono Sur.

A través de relaciones familiares llegué a contactar con la Hermandad de San Bernardo, cuya Casa de Hermandad goza de un espacio amplio para poder realizar la presentación y, tras una conversación con el Teniente de Hermano Mayor, encuentro una disposición total y absoluta para desarrollar el acto en esa antigua casa de vecinos reformada que es su sede.

Las Hermandades de la Semana Santa sevillana son de las pocas organizaciones que articulan la ciudad y que conservan como pocas las huellas de su historia. La Hermandad de San Bernardo, tras la de la Macarena, es la que mayor número de hermanos tiene, también la segunda en nazarenos de todas las fiestas. San Bernardo fue un arrabal de los más pobres de la ciudad y hoy es un barrio selecto y apacible en el que adquirir una vivienda, construida sobre los solares de aquellos corrales y casas de vecinos, es inasequible para la mayoría de los sevillanos. La nómina de hermanos de San Bernardo vive en la diáspora, en los polígonos del extrarradio, en los suburbios de la ciudad. Donde ahora viven una, dos familias, antes lo hacían decenas y decenas de ellas. Éstas y sus descendientes constituyen la Hermandad, y cada Miércoles Santo, día de salida en estación de penitencia hacia la Catedral, se produce uno de los fenómenos más emocionantes y menos conocidos de toda la Semana Santa: el regreso del éxodo, del exilio. Eso me contaron en la Hermandad y eso pude presenciar el último Miércoles Santo. Aquellas familias, sus descendientes en primera y segunda generación, vuelven a ver pasar la cofradía desde las puertas de las que fueron sus casas. Hasta allí llevan sus sillas, su comida, para ver pasar a su Cristo de la Salud y a su Virgen del Refugio. Y allí se quedan después, vestidos con sus mejores ropas, que denotan su éxito en la vida o su persistir en la pobreza aún, pero todos juntos, abrazados, entre risas, orgullosos de pertenecer a un barrio del que no reniegan, a pesar de haber sido expulsados. Cada año faltan más mayores, pero sus herederos persisten en esa tradición, el único hilo conductor con el barrio que les hemos permitido conservar.

Por eso me siento orgulloso y agradecido a poder presentar Tres mil viajes al sur en un espacio tan significativo. Voy a ir, acompañado de gentes del Polígono Sur, a uno de los pocos lugares que conservan su memoria. Y entraré allí con emoción y respeto, con la emoción y el respeto que me produce el sufrimiento de tantas personas que hoy, cincuenta años después, continúa, para vergüenza nuestra.

MUROS

PANO_20160330_162719 (1)Este pintura es un grito y una vergüenza. Está en el muro de hormigón que separa Bami del Polígono Sur, tras el que circula el tren cuyas vías no se han querido soterrar. Ni en su día, antes de 1992, cuando la ciudad eliminó sus barreras ferroviarias, ni después, los diferentes gobiernos han creído oportuno eliminar esta barrera. Es más, durante este tiempo vallaron el el nuevo parque en torno a La Zúa, la zona de esparcimiento de los habitantes del Polígono Sur durante años, y sólo en estos meses las múltiples presiones de sus habitantes han permitido que puedan acceder a un lugar que fue testigo de las primeras alegrías y de la degradación del barrio por la droga.

La pintura representa la destrucción del muro y su apertura a la ciudad que aman y de la que forman parte sus habitantes. Todavía recuerdo, cuando pasaba por allí los primeros años de la época de los 90, contemplar con emoción en La Vegas, la parte más degradada del barrio, una pancarta con corazones rojos y el lema AMO SEVILLA de la candidatura andalucista de Alejandro Rojas- Marcos a la alcaldía. ¿Se puede amar a quien te ignora y se avergüenza de ti?

El Polígono Sur no sólo es Sevilla, sino que está lleno de ella. En ese barrio encerramos a los auténticos trianeros, a la gente de San Bernardo, a los habitantes de las casas de vecinos de esta ciudad, a los que con un perverso y superficial sentido de la caridad cristiana expulsamos de sus barrios y aislamos en lo que se convirtió luego en el espacio ideal para el desarrollo trágico de la floreciente industria de la droga, aquélla que se llevó por delante a gran cantidad de hijos de aquellas personas humildes, que habían tenido que dejar sus casas y sus barrios para que otros especularan con los suelos liberados y los convirtieran en parques temáticos de la “grasia sevillana” o en viviendas de lujo. Todo ello construido sobre la sangre y las venas rotas por la heroína de sus hijos.

Triana, San Bernardo, los corrales de vecinos, están en el Polígono Sur. El arte por el que la “ciudad de la grasia” es conocida, está en el Polígono Sur, inmejorable correlato de la decrepitud casposa y decadente de una ciudad que vive de lo que no es y quizás tampoco fue.

A pesar de todo, de nuestra ignorancia y nuestros prejuicios, este barrio irá levantándose poco a poco. Su aislamiento está dando lugar a nuevas formas de arte, a fusión entre tradición y modernidad. Está emergiendo una nueva cultura de las personas que esta ciudad inculta siempre despreció. Para así, cuando pasen los años, volver a tener elementos que sustraer y que la rueda de la injusticia vuelva a girar.

¡Ay, Sevilla, qué poco te quieres! Cómo refleja ese muro tu desprecio al futuro, tu mirada a tu propio ombligo. Tanto miedo te da derribar ese muro como afrontar tu triste realidad de decorado de cartón piedra. Derriba esa vergüenza, que es tuya y de nadie más.

INTELECTUALES

EINSTEIN

Sevilla, 2 de marzo de 2016

Ayer y hoy he leído sendos artículos en torno a la actualidad política firmados por un crítico literario el del martes, y por un escritor, el de hoy miércoles, intelectuales reconocidos en la ciudad. El primero hacía referencia al pasado día de Andalucía y al presunto sentimiento andalucista de los habitantes de la comunidad autónoma, mientras que el segundo defendía la bondad del pacto entre el Partido Socialista y Ciudadanos que en estos días se somete a examen en el Congreso de los Diputados.

Nada que objetar al fondo de cada uno de los artículos. Aunque discrepe de lo que defienden ambos articulistas, cada cual es libre de tener y expresar sus ideas, en este caso en un medio de difusión, como podría ser en la barra de un bar o en cualquier otro escenario. Sin embargo, lo que sí me molesta es la prepotencia con la que esas ideas se expresan, única verdad posible por lo que se les lee.

Soy firme defensor de la libertad de expresión, me gusta leer a quien no piensa como yo por eso mismo, porque me hace pensar, ampliar mi espectro, caer en la cuenta de aspectos que no he valorado, tratar de entender la perspectiva del otro. Pero hay dos cosas que detesto: una, el defender las ideas menospreciando a las personas, vejándolas en lo personal; la otra, la prepotencia de los que se autoproclaman como intelectuales, que es lo que me lleva a escribir estas palabras.

Intelectual, esa palabra sobrevalorada y poco precisa, y al parecer, patrimonio exclusivo de quienes ejercen el intelecto en materia de letras, ya que los de ciencias al parecer no lo usamos. Dicen que muchos intelectuales no ganan demasiado dinero, aunque hay quienes sí que están pagados de sí mismos, y quizás por ello no lo necesiten.

Algunos de los que se creen intelectuales sienten la necesidad imperiosa de expresar lo que piensan sobre los acontecimientos que suceden en el día a día. Aunque me temo que no son pocas las veces que lo hacen por no perder visibilidad, en especial en este mundo de las redes sociales, es saludable que gente que trata de pensar, de analizar, de profundizar en tener una visión del mundo, nos ayuden a entenderlo, aun a riesgo de que entren en temas en los que son tan legos como otros que les leen. Pero qué lamentable me resulta sentir esas opiniones como las únicas posibles. Y me parece que eso no tiene que ver tampoco con el saludable apasionamiento que cada cual puede acompañar a su libertad de pensamiento y a la difusión del mismo.

La presunta intelectualidad se pierde cuando uno se sube al pedestal que se ha fabricado, o le han fabricado otros pero que se utiliza con gusto. El conocimiento o el manejo de algunas artes, en especial de la literatura, no da patente de corso para darnos lecciones a los demás acerca de cómo debemos estar en el mundo. Ser intelectual es ayudar a abrir la mente de otros, para que esos otros puedan tener más argumentos a la hora de desarrollar su propia opinión, y en ningún caso puede ser un arma de adoctrinamiento. Qué diferencia tan enorme con el tono del artículo que hoy compartía página con el que cito, firmado por un señor sin curriculum literario, pero que, mostrando sus ideas, ayudaba a pensar tanto a los más cercanos a ellas como a los más alejados. Por cierto, ese señor también escribió un artículo con una actitud similar la semana pasada, aquella vez en referencia al sentimiento andaluz. ¿Será este señor un intelectual, aunque no se lo crea como los otros dos?

La foto está tomada de la página web bonitasimagenesconreflexiones.com 

A VECES ME CANSO

CIELOS

 

 

 

 

 

A veces me canso

de decirle a mis hijos que se laven las manos después de cagar,

que recojan los platos después de comer,

que hagan las camas.

 

A veces me canso

de escuchar gilipolleces de los que se jiñan con los cambios

de los que no les importa que les roben

porque sólo aguardan su turno.

 

A veces la vida es muy cansada,

al ver que siempre ganan los mismos

y lo único que nos dejan

es el reino de los cielos.

Foto tomada de encuentrame-sipuedes.blogspot.com

COÑO, EL DE TU HERMANA (Y EL DE TU PRIMA MÁS CERCANA)

Dolors-Miquel_Hay una izquierda perdedora, con un miedo terrible a la victoria, que se siente mejor ofendiendo que luchando por combatir la injusticia. Es una izquierda cobarde, que aunque le duele la derrota, ha terminado por cogerle el gusto a compadecerse de ella misma. Es una izquierda torpe, infantil, que paga sus frustraciones con otros. Que no son otros cualesquiera, sino aquéllos que no les van a presentar batalla, tal es su cobardía.

Esa izquierda desbarra en presencia de quienes cree que son como ellos, en entornos de impunidad, porque les faltan huevos, o coño, para enfrentarse a quienes les puedan hacer pupa, no vayan a cagarse patas abajo. Una izquierda lerda y mostrenca que además, saca a relucir el coño para denostarlo.

Como persona que se siente de izquierdas, aunque por lo que veo puede que sólo sea una pose burguesa la mía, siento vergüenza de esa izquierda y no poca frustración, por las alas que dan esos payasos (en el sentido despectivo que aparece en el diccionario), a quienes han hecho de este país el reino de la desigualdad. Gracias a esta izquierda del coño mantendremos a los de siempre en el poder, que se descojonan con estas salidas de pata de banco de nenas malas, porque así continuarán esquilmando este país a su antojo y dejándolo como el erial  que hoy es, y seguirá siendo, con la inestimable colaboración de estos nenes o nenas malcriados.

Para ganar unas elecciones de verdad, porque espero que lo que querrán, si es que saben lo que quieren, es llegar al poder por vías democráticas, hay que convencer a muchos de los que rezan el padrenuestro de que se puede confiar en ellos para hacer un país más justo, y eso no se hace ni a hostias ni ofendiendo a quienes no se te van a abrazar con un cinturón de bombas alrededor del cuerpo.

Quizás después de escribir esto me quiten el carnet de izquierdas. Qué le vamos a hacer. Pero lo que sí tengo claro es que éstas del coño, me tienen hasta los cojones.

AIRE

Foto de Luis Manuel Guerra Bernal

 

 

 

 

 

 

Airean la pestilencia,

airean la infamia,

la demagogia airean.

con mis manos airean.

 

Purifican las palabras,

el sol y el aire

liberan y sanan.

 

Sol que apaga la náusea

de los mercenarios,

asesinos de certezas.

 

Aire que aventa exabruptos

de los lacayos,

sicarios del poder.

 

Verde vivo da la vida

a papeles muertos.

Sillas que levantan

Lázaros impresos.

 

Cada mañana, hechiceros

de la palabra,

indultan la libertad

 

Nigromantes sobre ruedas

alzan sus blancas chisteras,

y esfuman el hechizo

del desencanto.

 

Foto de Luis Manuel Guerra Bernal