COÑO, EL DE TU HERMANA (Y EL DE TU PRIMA MÁS CERCANA)

Dolors-Miquel_Hay una izquierda perdedora, con un miedo terrible a la victoria, que se siente mejor ofendiendo que luchando por combatir la injusticia. Es una izquierda cobarde, que aunque le duele la derrota, ha terminado por cogerle el gusto a compadecerse de ella misma. Es una izquierda torpe, infantil, que paga sus frustraciones con otros. Que no son otros cualesquiera, sino aquéllos que no les van a presentar batalla, tal es su cobardía.

Esa izquierda desbarra en presencia de quienes cree que son como ellos, en entornos de impunidad, porque les faltan huevos, o coño, para enfrentarse a quienes les puedan hacer pupa, no vayan a cagarse patas abajo. Una izquierda lerda y mostrenca que además, saca a relucir el coño para denostarlo.

Como persona que se siente de izquierdas, aunque por lo que veo puede que sólo sea una pose burguesa la mía, siento vergüenza de esa izquierda y no poca frustración, por las alas que dan esos payasos (en el sentido despectivo que aparece en el diccionario), a quienes han hecho de este país el reino de la desigualdad. Gracias a esta izquierda del coño mantendremos a los de siempre en el poder, que se descojonan con estas salidas de pata de banco de nenas malas, porque así continuarán esquilmando este país a su antojo y dejándolo como el erial  que hoy es, y seguirá siendo, con la inestimable colaboración de estos nenes o nenas malcriados.

Para ganar unas elecciones de verdad, porque espero que lo que querrán, si es que saben lo que quieren, es llegar al poder por vías democráticas, hay que convencer a muchos de los que rezan el padrenuestro de que se puede confiar en ellos para hacer un país más justo, y eso no se hace ni a hostias ni ofendiendo a quienes no se te van a abrazar con un cinturón de bombas alrededor del cuerpo.

Quizás después de escribir esto me quiten el carnet de izquierdas. Qué le vamos a hacer. Pero lo que sí tengo claro es que éstas del coño, me tienen hasta los cojones.

UN TREN PARA HORODO KANA

HORODO KANAHoy desayuno con la noticia de que en Japón hay una línea ferroviaria que utiliza una única persona, una estudiante de diecisiete años llamada Horodo Kana, que reside en un pueblo de treinta y ocho habitantes y lo necesita para acudir al instituto. La línea se cerrará a final de curso, cuando Horodo finalice sus estudios y, quizás, vaya a la Universidad.

Cuando he visto en la televisión al tren acercarse a la solitaria estación en medio de la nieve, he pensado que querría formar parte de un estado como el que atiende a esta chica. Me da igual que sea más grande o más pequeño, plurilingüe o monolingüe. Al fin y al cabo, qué es el estado sino un acuerdo entre personas para juntos alcanzar a ser, sobre todo a ser, más que cada uno por separado.

De ahí que mi estado ideal no tenga fronteras definidas. Siempre estaría dispuesto a que sus habitantes decidan si ser más grandes o más pequeños. Mi estado ideal, sería aquel que se preocupa por sacar adelante a los menos dotados, a los más frágiles. Y también sería aquel en el que prevalezca la igualdad entre sus miembros para discernir de un modo justo en sus confrontaciones, que proteja la salud de todos, y que garantice la educación y el acceso a la cultura como medios para hacer a las personas más libres.

Por eso me gusta que haya un tren para Horodo. Un tren que no es rentable ni competitivo, que aumenta el déficit público y la prima de riesgo, pero protege, a través de los impuestos, el derecho a ser en plenitud de cualquiera de sus habitantes.

La foto se ha obtenido de http://www.taringa.net 

NUESTRO MURO DE BERLÍN

MuroAyer por la mañana fui con mi amiga Constanza a pasear junto al muro del tren que aísla la zona occidental del Polígono Sur de otras zonas de la ciudad. Reconozco que ese muro me tiene algo obsesionado. Durante las últimas semanas he paseado muy temprano por allí, alguna vez solo y otras en compañía. Si hace unos días lo hice con mis amigas poetas Anabel y María Magdalena, ayer le tocó a la pintora. Tengo, tenemos todas, y ahí me incluyo, muchos deseos de realizar actos culturales en ese paseo para el próximo otoño, actos que también sirvan para denunciar y tomar conciencia de la existencia de ese muro de hormigón que me recuerda tanto al que había en Berlín. Sí, Sevilla tiene también su muro de Berlín, que impide a miles de familias formar parte de la ciudad con pleno derecho, y que contribuye a que una delincuencia minoritaria en número, se haga ama del barrio. Con nuestra complicidad, con esa indiferencia e ignorancia que permite que muchas personas decentes, la inmensa mayoría, viva presa en esa cárcel de muros invisibles.

Detuvimos el coche en la zona sur del muro y caminamos a través de la zona peatonal que recorre paralela a las vías del tren. En un día tan caluroso – por la tarde se sobrepasaron los 40˚C − apenas se escuchaba algo más que el rumor de las chicharras. Las sombras de los numerosos árboles conformaban una penumbra agradable, que por unos minutos nos hizo olvidar las temperaturas este durísimo mes de julio de 2015. Nos detuvimos en cada grafiti del muro, impresionantes y hablamos sobre la belleza del barrio, de la luz tenue de sus plazoletas; conversamos acerca de qué sería de ese paseo si no existiera el miedo.

Llegamos hasta el mercadillo que ocupaba parte del solar en el que se ubicará la nueva Facultad de Farmacia y regresamos por la avenida que discurre paralela al muro para cambiar algo la ruta. Constanza llevaba su cámara de fotos y no dejaba de disparar a todo aquello que suscitaba su curiosidad. Nos llamó la atención la enorme cantidad de antenas parabólicas que salían de las ventanas. Mucha tele para no pensar, para alienar, para atontar. La tele es el opio del pueblo. Siempre hay opio para el pueblo, aunque cambia su composición según sean los adelantos tecnológicos.

Una señora se nos acercó para preguntarnos por qué hacíamos fotos. Tenía la esperanza de que fuéramos técnicos del ayuntamiento con el cometido de detectar posibles mejoras en el barrio. Bendita inocencia, pensé. De señoras como ella está lleno el Polígono Sur, de gente que desea poder sentirse orgullosa de su barrio, que no tenga que dar explicaciones u ocultar que vive allí.

Continuamos hasta el final de la avenida y cruzamos para volver a subir al coche. Allí, junto a un contenedor de basuras nos encontramos al Neno, ¿o era el None? Sesenta y un años nos dijo que tenía. Llevaba varios tatuajes de los antiguos. Acababa de salir de la cárcel, seis días llevaba en libertad. Vivía con su madre, a la que según sus propias palabras le faltaban siete años para cumplir los cien, y su hermano. Cada uno con su paguita, y él con la que le van a dar después de haber pasado por prisión, a la que no quería volver más. Rebuscaba entre la basura para poder sacar algo que vender. También ayudaba en una tienda del barrio a cambio de una litrona de cerveza. Litrona, dormir; dormir, litrona. No robaba en el barrio, porque temía que le dieran un tiro; si acaso se iba lejos para poder robar donde no le conocieran. Vino muy joven con su familia de las casitas bajas del Polígono de San Pablo, y antes de quién sabe dónde. Sus padres, expulsados hace más de medio siglo de barrios que hoy muchos sevillanos desean habitar, barrios en los que convivían diferentes clases sociales, pero que un día se limpiaron de pobres para poder construir edificios para los aspirantes a ricos. Y a esos pobres, y a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, los quitaron de en medio, y los condenaron a vivir en lugares así para que no molestasen, con su orden de alejamiento correspondiente.

None, o Neno, nos contó por qué había estado preso, nos habló de su vida en la cárcel, de su vida en general. Hay vidas que nadie quisiera vivirlas, sobre todo quien las ha vivido. Qué triste y qué vergüenza para nuestra sociedad no encontrar respuestas para evitar que existan personas condenadas a vivir así.

Y allí lo dejamos, rebuscando entre lo que ya no quieren ni los pobres. Parias de la tierra, famélica legión a unos minutos de nuestra casa. Al fin llegamos al automóvil. Y los árboles continuaban dando sombra, y las chicharras cantaban. Y la ropa se desparramaba bajo los tendederos de las ventanas entre antenas parabólicas. Y a pesar de todo, había belleza.

28 de julio de 2015

BROTES VERDES

2015-05-21 09.15.15Aunque esta metáfora de la superación de la crisis se le atribuye a Elena Salgado, ministra de economía del gobierno zapaterista, que la utilizó en 2009 para anunciar el cambio  para abrir una nueva época de prosperidad de ciclo económico que nunca existió, parece que fue el ministro de hacienda británico Norman Lamont quien casi veinte años antes, fue el primero que tuvo la ocurrencia de utilizarla con la carga semántica política que hoy tiene.

Seis años después aquella ocurrencia, que rima con flatulencia, de Elena Salgado, nos parece resultado de una combinación de ignorancia y estupidez difícil de olvidar. Imagino y espero que algo parecido suceda con las soflamas de superación de la crisis que hoy profieren Mariano Rajoy, Luis de Guindos y demás compañeros nada mártires. Porque los únicos brotes verdes que encuentro hoy son estos que he fotografiado durante mi paseo matinal con mi perro.

Hoy los únicos brotes verdes que hay salen de las alcantarillas. Los puestos de trabajo que se crean son pocos y mal pagados, y los que los tienen hacen horas extra gratuitas si no quieren verse de patitas en la calle. Se crean puestos de trabajo que vencen después de las elecciones para quitar pegatinas de las señales de tráfico, en las que se ofrecen señoras muy españolas para cuidar enfermos, o jóvenes licenciados para dar clases particulares a niños que suspenden.

Los indicadores macroeconómicos son una cuenta de la vieja en la que el enriquecimiento de unos dividido por el empobrecimiento de otros sale positivo. Positivo para los que alimentan esos brotes que surgen entre el cieno de las alcantarillas. Cuatro años más y convertirán la sanidad en un negocio, la educación en un negocio, y los huesos de Cervantes, otra metáfora más de la política que nos aplasta, en otro negocio. España, esa España que dicen que aman tanto, se convertirá en una sociedad anónima que no cotizará en bolsa puesto que las acciones las tendrán aquellos que nunca las soltaron.

En unos días toca votar, y en unos meses otra vez, para decidir si este pueblo prefiere comer de las miguitas que unos dejan caer de sus bigotes, o se planta. Mucho me temo que haya gente que vaya a votar desde el váter de su casa. Porque, al fin y al cabo, desde allí sale el humus orgánico que alimenta a esos brotes verdes que salen desde la alcantarilla.

TIEMPO DE ELECCIONES

TIEMPO DE ELECCIONESEn los barrios pobres de mi ciudad hay gente que ha comenzado a trabajar. Parados de larga duración, de escaso nivel formativo, han obtenido contratos para limpiar y quitar pegatinas y carteles de paredes, farolas o señales de tráfico de avenidas y parques. No son los jardineros que aparecen en la foto, pero cumplen una labor similar. Entre todos tratan de adecentar la ciudad a tres semanas vista de las elecciones. Porque sí, su contrato acaba a finales de mes, justo después de que los ciudadanos (¿o ya no se nos puede llamar así porque hay un partido que se ha quedado con el nombre?) haya ejercido su derecho al voto.

Desconozco si otros ayuntamientos de distinto signo político han hecho lo mismo. Me temo que sí. Pero de lo que estoy más seguro es de que contratos como estos son los responsables de la bajada del paro que hoy 5 de mayo de 2015 ha anunciado a bombo y platillo el gobierno de la nación. Y si esto significa que la crisis se ha acabado y hay alguien que lo cree, será porque unos nos faltan el respeto y otros no tenemos remedio.

GOYTISOLO, NO ESTÁS SOLO

GOYTISOLOLeo que han sentado muy mal las palabras de Juan Goytisolo, con motivo de su discurso de recepción del Premio Cervantes. Su nada disimulado apoyo al partido Podemos y su crítica al gobierno no han gustado nada, y hay quien le reprocha que critique a quienes han puesto en su mano el cheque de ciento veinticinco mil euros que supone el galardón. La respuesta a su discurso fue las ausencias en el almuerzo que se realizó tras la ceremonia del alcalde de Alcalá de Henares, del presidente de la Comunidad de Madrid, del ministro de cultura y del presidente del gobierno de la nación, a quienes se les debió atragantar la alocución.

Se le reprocha a Goytisolo que no haya tenido empacho alguno en recibir el dinero a pesar de las críticas vertidas, y yo me pregunto por qué. Que yo sepa, el premio se otorga por una comisión que valora la trayectoria literaria de los candidatos, y el cheque sale del erario público, es decir, de lo que todos y cada uno de los que pagamos impuestos en España. ¿Acaso lo pagó Wert con sus ahorros?

Creo que existe en la derecha española una antigua percepción de que el dinero público sale de sus propios bolsillos, de ahí que quien recibe este tipo de premios tenga la obligación de rendirles pleitesía. Ese concepto patrimonialista, tan poco democrático, viene de lejos. Probablemente la ex- izquierda que ha gobernado también en este país no es ajena tampoco a esos tics. Por aquí han sido muchos los estómagos agradecidos los que han esperado pacientemente su premio, y puede que hayan sido escasas las excepciones, y no solo en el ámbito de la literatura, de que hayan sido reconocidos, vivos, personajes contrarios al orden establecido, de ahí que premiar a Goytisolo en una época como esta es positivo en lo político. Porque tener libertad de pensamiento suele salir muy caro en España. Quizás ya no te maten en lo físico como hasta hace poco, aunque sí que lo intentan de otras formas más sutiles como el ninguneo o la condena al ostracismo.

Estimo que las críticas vertidas por Goytisolo son legítimas y oportunas, más allá de que podamos estar de acuerdo o no con ellas. Las ha realizado al legítimo gobierno elegido por los españoles, en el marco de un premio que dan los españoles a través de quienes nos representan en ello. Ni el Premio Cervantes es del alcalde de Alcalá, ni de ningún otro a los que el discurso les quitó el apetito, ni mucho menos lo ha alquilado por cuatro años el Partido Popular. Solo espero que esto no influya en posteriores concesiones si continúan en el gobierno para próximas ediciones.

Por tanto, Goytisolo, no estás solo. A mí sí me parece bien que critiques lo que te parezca. Y era el momento y el lugar. ¿Dónde si no vas a tener a quienes dicen ser nuestros representantes?

Discurso íntegro:  http://www.rtve.es/alacarta/videos/premio-cervantes/discurso-integro-juan-goytisolo-premio-cervantes-2014/3103044/

La foto se tomó de http://www.rtve.es

O ELLOS O NOSOTROS

Ruta de muerteY pasaron los días. De compungidos minutos de silencio a reuniones grandilocuentes. Resolver el problema de África se circunscribe en decidir si se envía una fuerza militar a bombardear los barcos en los que las mafias transportan emigrantes, en reforzar la vigilancia marítima, o en legislar para que los trámites de expulsión rápida sean más ágiles.

Nada se puede hacer contra la pobreza, contra las matanzas de índole religiosa, étnica, de género o de lo que sea. Nada se puede hacer contra gobiernos corruptos que se sientan sobre las riquezas naturales de sus países, para enriquecerse ellos a costa de empobrecer a sus ciudadanos malvendiéndolas a nuestros gobiernos cómplices. Nada se puede hacer porque eso significa que nuestros hijos llorarían mucho por no poder tener cada año un móvil más nuevo y más rápido; porque no podríamos tener esas amenas charlas de café ―tendríamos que volver al anís El Mono― y Marca, porque no tendríamos café. Ni tampoco Cola Cao. Dejaríamos de cantar lo de soy aquel negrito del África tropical a soy aquel blanquito de la Europa Septentrional. Y eso no gusta.

Bombardeemos, vallemos, hundamos y recemos. Sigamos rezando. No dejemos de rezar, ni de darnos golpes en el pecho. Ataquemos, no vaya a ser que suba la prima de riesgo. Ocupemos, no vaya a ser que los analistas financieros, esos gurús que mueven el mundo gracias a su economía fantasma, esos trileros cuyos dados cotizan en las más importantes bolsas del mundo, se vayan a enfadar con nosotros.

Esto es algo muy simple. Son o ellos o nosotros, no hay que darle más vueltas. Para que haya un rico tiene que haber un pobre, y yo no quiero comer mierda. Que la sigan comiendo otros, que ya están acostumbrados y tienen el estómago hecho a ello. El mío necesita omeprazol con la segunda loncha de jamón.

La foto se tomó de http://www.rtve.es 

ELECCIONES AL CONSEJO GENERAL DE COLEGIOS FARMACÉUTICOS

CALLE SIN SALIDANos guste o no, el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, y sus equivalentes autonómicos, son la entidades que representan al colectivo ante la sociedad hasta la fecha, y son las que toman las decisiones importantes en torno a la profesión. En el caso del Consejo General una de las esas decisiones, quizás la más trascendental y también más tradicional, es la de  no hacer nada, la de limitarse a parar los golpes que nos lanzan desde fuera, muchos causados por su proverbial inmovilismo, y también a detener toda evolución que nace desde dentro. Porque domesticar a los librepensadores, a los que decían serlo, por ser más precisos,  ha sido otra de sus actividades más sobresalientes. No hay más que ver lo que los dirigentes han hecho con el un día revolucionario movimiento de la Atención Farmacéutica, ahora constreñido en foros, consensos, declaraciones y otras actividades tan rimbombantes como estériles, que continúan dando espacio y visibilidad a quienes llevan ya décadas demostrando su incapacidad por implantar unos servicios asistenciales de impacto en la sociedad.

elecciones_CGCOF_2012Que esto sea así no lo causa la ausencia de movimientos de regeneración en el seno de los farmacéuticos. El colectivo de base se mueve y se está moviendo desde hace tiempo. Con mayor o menor calidad, hay muchos profesionales que investigan, que se interesan por cambiar, que tratan de hacer mejor las cosas. Hace veinte años era impensable que un farmacéutico comunitario presentara una comunicación a un Congreso, y hoy publican cientos en cada reunión científica que se celebra, al igual que los farmacéuticos de hospital o de atención primaria, a quienes, no se olvide, también representa el Consejo General. Es la estructura misma de la organización y la elección de quien dirige la institución la que no responde a las exigencias que los profesionales se han puesto en su día a día, con no poca frustración ante lo que otros deciden por ellos sin que puedan hacer nada, o muy poco, al respecto. Esa forma tan cerrada, tan opaca, tan poco democrática por la imposible aspiración a cambiarla desde fuera, es en buena parte responsable de la situación ante la que nos encontramos. No es cuestión de que Carmen Peña haya sido una buena o mala presidenta, que el desaparecido Pedro Capilla lo hiciera mejor o peor. Es que no se puede elegir quien va a representar a decenas de miles de farmacéuticos de diversos ámbitos profesionales, en una votación que solo tienen derecho de ejercerla cincuenta y dos de ellos, que además, encima de que representan a sus colectivos provinciales, pueden votar lo que a ellos les parece sin tener por qué consultar a sus bases.

Las próximas elecciones deberían suponer una oportunidad de revertir esto, aunque solo un cándido incurable podría creer que esto se vaya a dar. Cambiar el reglamento electoral y abogar por el voto directo de cada uno de los colegiados no haría otra cosa que legitimar la institución. Tener una asamblea representativa del sentir de los farmacéuticos de base permitiría dinamizarla y que pudiera nutrirse de las diferentes visiones profesionales, en lugar de hacer todo lo posible por ocultarlas o ningunearlas, como ha sido tradición hasta la fecha. Y todo ello iría en beneficio de la profesión, de una profesión que muchos elegimos para contribuir, desde nuestro conocimiento de los medicamentos, a una sociedad más libre y justa.

Ojalá exista la valentía necesaria para el cambio. Quizás no nos podamos permitir cuatro años más de falta de transparencia y de democracia real. Porque este camino no conduce a ningún lado y cambiarlo beneficiaría a todos. A todos, y no solo a los farmacéuticos. Es el momento de moverse.

Las fotos se han tomado de http://www.granadablogs.com y de http://www.portalfarma.com

DONDE DIJE DIEGO DIRÉ BARTOLOMÉ

Sandro Botticelli - La Mappa dell'InfernoA veces recibo críticas sobre lo que escribo en el blog, lo que comparto en mi muro de Facebook, o mis aportaciones en Twitter. Hasta ahí lo normal. Y no sólo lo normal, sino lo deseable.

Yo  concibo estas formas de comunicación como vías para contrastar opiniones, compartir dudas, ideas, propias o de otros, Incluso las afirmaciones más rotundas pueden, deben y de hecho son, discutibles, rechazables, mejorables y todo lo “able” que se pueda pensar. Lo más positivo de una red social es que te da la oportunidad de aprender de otros y con otros, porque en mi opinión, nuestras ideas se construyen de forma dinámica, de acuerdo a nuestra sensibilidad, el prisma a través del cual vemos las cosas, y la de los otros. No entiendo por tanto, las ideas como algo absoluto sino evolutivo, y por eso veo matices positivos en aquello de “donde dije digo, digo Diego”, tan denostado en mi país, que le parece mejor lo de “sostenella y no enmedalla”. Por supuesto que hay cambios y cambios, pero resulta difícil aquí no empezar por echarle en cara su pasado a quien hace una nueva propuesta o es crítico con alguna posición.

Esto no es exclusivo de España. Cambiar de idea, sobre todo cuando se ha tenido la posibilidad de ponerla en práctica y se ha comprobado lo erróneo que fue, debería implicar pedir disculpas por ello de forma paralela a la introducción de una nueva propuesta. Pero pedir perdón es algo prohibido en nuestra sociedad, algo que tarda en producirse. Desde al menos cuatro años en lo político, hasta siglos en instituciones religiosas.

De las diatribas que aparecen en las entradas que comparto, a veces estas se basan en que la persona citada antes pensaba o hizo alguna cosa y ahora defiende otra, no fue crítica con algo y ahora sí que lo es. Parece como si el tiempo no fuera un factor decisivo a la hora de evaluar. O que lo que ahora se propone pueda ser aún peor de lo que había, a pesar de que ahora se haya demostrado que también aquello era malo.

En todo caso, para mí no es un argumento de valor absoluto aquello que dijo o hizo alguien en su momento. Si soy contrario a la pena de muerte física, también lo soy por igual a la social. Me gustaría que me dieran la oportunidad de rehacerme antes de soportar la condena eterna en los infiernos. Y esto, en un país católico, se crea o no, es una cuestión de la religión social que se profesa.

La imagen que ilustra la entrada se titula La Mappa dell’Inferno”, de Sandro Botticelli y se obtuvo de la página http://infernofirenze.blogspot.com

CON EL SUELO EN LOS PIES

CON LEL SUELO EN LOS PIESRegresó feliz del entierro. Incluso se atrevió a acercarse a la viuda y presentarle sus condolencias. La mirada ausente de ella no varió cuando le confesó la admiración que sentía por su esposo y lo mucho que le debían por su trabajo, tan luminoso como adelantado en el tiempo, él y los colegas a los que representaba. Quizás ella no le recordara, puede que ni siquiera le hubiera escuchado, ajena a todo lo que le decían. Por si acaso, pensó que lo mejor sería no quedarse más tiempo del aconsejable ante aquella mujer.

Las circunstancias de la muerte no podían menos que otorgarle la razón. Demasiado idealista, poco apegado a la realidad que él se negaba a aceptar, como si en la vida fuera posible cambiar el orden establecido. Idealista y peligroso, porque en los últimos tiempos había enfrentado incluso a las instituciones democráticamente elegidas, como la que él representaba. Si este país era una democracia, tenía que haber acatado el veredicto de las urnas, aunque fueran ya tres las legislaturas en las que sólo él hubiera dado el paso adelante para presentarse como candidato.

Un suicidio, sí. Era lo esperado, por su orgullo, por ser tan emocional, tan vehemente defendiendo lo que no tenía defensa alguna con los pies en el suelo. Mientras abría la puerta de su automóvil en el garaje del tanatorio, no pudo evitar una sonrisa por la maldad que acababa de pensar. Por no tener los pies en el suelo había muerto así, con los pies colgando a unos metros del suelo, en el salón de su casa.

Miró el reloj y se dio cuenta de que no iba sobrado de tiempo. Tendría que dirigirse a toda prisa a la sede. Ya sabía lo que le esperaba: firmar una serie de documentos, devolver unas llamadas inaplazables y atender un par de citas antes del consejo de última hora de la mañana, en el que iban a discutir una vez más los cambios que necesitaban para recuperar la credibilidad social perdida. Hoy ya no les dolería la cabeza, ni a él ni a sus consejeros, por las críticas, afrentas decía más de uno, del difunto. Aunque tampoco estaba muy seguro de que las cosas fueran a cambiar con la desaparición de este hombre, ya que ahora más que nunca se daba cuenta de que el consejo estaba minado de contestatarios y de gente con poca altura de miras, que nada más que le preocupaba su propio interés.

Al llegar a la sede aparcó en la plaza que tenía reservada para él. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que el garaje estaba casi desierto. Mientras recogía su chaqueta del asiento contiguo tuvo una idea luminosa: al iniciar el consejo pediría un minuto de silencio en memoria del suicida, desaparecido en circunstancias desgraciadas, diría. Y al final, en ruegos y preguntas para que la sorpresa fuera, les propondría institucionalizar un premio que llevase el nombre del finado, para reconocer a los colegas más significados.

Volvió a sonreír, no era para menos. Al fin y al cabo él accedió al puesto que ocupa por transformar la realidad. Siempre había compartido los fines con el fallecido aunque su forma de hacerlo, su estrategia a la hora de conseguirlo, había sido bien diferente, más con los pies en el suelo, como a él siempre le gustaba decir. Y después de tantos años seguiría siendo así.

La alegría le impidió controlarse al cerrar la puerta del automóvil, aunque luego respiró aliviado al comprobar que no había roto nada. Mientras se dirigía al ascensor dudó si posponer su idea y dejarlo todo con el minuto de silencio. Las elecciones estaban próximas y quizás la propuesta podría ser un gancho electoral de primera. Y se habrían disculpado, u olvidado tal vez, las circunstancias de la muerte. Porque, al fin y al cabo, el tipo era un contestatario y se había suicidado.

La imagen que ilustra la entrada se tomó de cachunbanbe.wordpress.com/2012/02