LOS DERECHOS DE HOY SON LAS LUCHAS DE AYER

PACO ACOSTA. PROCESO 1001

Librería Yerma, 9 de noviembre de 2018

Palabra de presentación a Paco Acosta durante el acto.

El proceso 1001 de 1972 del Tribunal de Orden Público de la dictadura franquista tuvo su origen en la detención aquel verano de la dirección del entonces sindicato ilegal Comisiones Obreras, reunida en el convento de Oblatos de Pozuelo de Alarcón.

El juicio a aquellos sindicalistas se inició el 20 de diciembre de 1973, un día que todos recordaremos porque aquella mañana ETA asesinó al almirante Luis Carrero Blanco, presidente del gobierno. Acusados de formar parte de una asociación ilícita vinculada al Partido Comunista de España, y sin duda influenciados por el atentado al entonces presidente del gobierno, los acusados fueron condenados con toda severidad, asumiéndose las peticiones de pena del fiscal.

Paco Acosta fue uno de los encausados, junto a dirigentes como Marcelino Camacho o Nicolás Sartorius y otros cercanos a nosotros como Fernando Soto y Eduardo Saborido. A Paco le cayeron doce años y un día de cárcel, pena mayor, rebajada posteriormente a dos por el Tribunal Supremo. El indulto llegó cinco días después de la muerte del dictador.

Las luchas de personas como Paco Acosta, y la de tantas otras personas, hicieron posible la apertura a un nuevo régimen, a derechos y libertades que hoy se encuentran en peligro. Nada está ganado para siempre, al igual que nada está perdido, y cito palabras pronunciadas por el expresidente uruguayo Pepe Múgica ante el triunfo de Bolsonaro en las elecciones brasileñas. El mundo parece haber olvidado, en apenas una generación, lo que el fascismo y el nazismo derramó por toda Europa. Hoy nazis y fascistas avanzan en países como Alemania, Italia o los Países Bajos, por no citar a Hungría o Polonia, países todos arrasados por guerras mundiales que dejaron millones de muertos. Qué decir de Donald Trump en los Estados Unidos, de Bolsonaro en Brasil, y qué reflexionar sobre el avance de Vox en nuestro país y la competencia por ocupar su espacio del Partido Popular o Ciudadanos, el trío de Alsasua, que nos han hecho caer en la cuenta de que la transición democrática en España no se culminó de la forma más adecuada para una verdadera reconciliación.

Es un buen momento recordar que las luchas de ayer nos sirvieron para avanzar, pero que no podemos acomodarnos ni dejar de estar alerta. El cuestionamiento y politización del poder judicial, la influencia de los poderes económicos en la democracia, el desmantelamiento del estado de bienestar y el ataque a la educación y sanidad públicas nos obligan a hacer un examen de conciencia, y qué mejor que hacerlo con una de las personas a las que le debemos lo que tanto trabajo costó conseguir.

Paco Acosta, sevillano nacido en 1945, comenzó a trabajar cuando apenas tenía diez años, compaginando los estudios con su ocupación en una taberna para poder ayudar a su familia. Con diecisiete años pasó a ser aprendiz mecánico en lo que hoy conocemos como TUSSAM, los transportes urbanos de Sevilla, participando desde los diecinueve años, en aquellos años 60 del siglo pasado que los más benévolos denominaron dictablanda, en reuniones clandestinas de obreros, sufriendo el despido años después por estas actividades consideradas ilícitas, pero que ya nunca abandonó, en el sindicato Comisiones Obreras, y que le llevaron a aquel infausto proceso. Pocas personas como Paco para hablarnos de lo duro que es pelear frente a dictadores sanguinarios que han llenado de muertos muchos valles de los caídos, y de lo importante que es mantenernos firmes y no dejarnos vencer por aquellos lobos que regresan con nuevos y relucientes collares.

La foto se ha tomado de http://unidadylucha.es/index.php?option=com_content&view=article&id=493:el-proceso-1001&catid=21&Itemid=120

UN ASCO. O VARIOS

Este mes de noviembre, nuestros pacientes y cuidadores que precisan de estabilizadores del ánimo inyectables con periodicidad mensual y alto coste nos han comunicado que a partir de ahora ya no vendrán a retirar la medicación en la farmacia, sino que directamente se la administrarán en su centro de salud, una medida que ahorrará mucho dinero al sistema público gracias a la centralización de compras y precios de concurso.

Nada que objetar a medidas económicas que beneficien a nuestro sistema público, el de todos, y más ahora, cuando nadie quiere pagar más impuestos e incluso muchos partidos prometen reducirlos, y de paso romper los servicios públicos para privatizarlos, al dejar de ser sostenibles, en beneficio de sus amigos, y que de ser derechos pasen a convertirse en oportunidades de negocio. Mantener o aumentar impuestos a los que más tienen solo lo defienden los podemitas chavistas amigos de Irán, de China (no, de China, no, que esos son amigos de los otros).

Los medicamentos, para todos los partidos, incluso podemitas chavistas, constituyen una partida que se considera como un coste de adquisición de productos en lugar de una tecnología sanitaria capaz de dar o quitar salud. De ahí que fraccionar la administración de medicamentos en hospitalarios, ambulatorios y comunitarios sea, en principio, una acertada gestión económica avalada por esos iluminados que son los gestores de salud. Qué asco.

Hace tiempo que se sabe, menos nuestros gestores sanitarios y nuestros políticos, que el mayor coste que producen los medicamentos no es el de adquisición sino el derivado de su inefectividad e inseguridad. Dividir la dispensación, no tener una política sanitaria a la consecución de mejores objetivos de salud con los medicamentos, no hará sino aumentar enormemente los costes sanitarios y sociales, además de cagarse encima del derecho a la salud de los votantes pacientes. ¿O se diría pacientes votantes?

Lo peor es que no tiene solución, porque esos políticos que dicen defender los derechos de los pacientes no lo van a hacer. Y también porque los representantes profesionales de los farmacéuticos, que no han salido a escena, o no con la debida fuerza ni mucho menos con el sentido de garantes del medicamento ante la sociedad, solo defenderán la pérdida de poder adquisitivo que se pueda producir.

Lo que decía, un asco. O varios a la vez

HERIDAS DE GUERRA

Somos los que fuimos tanto

siendo nada.

Entre poetas y presos (La Raíz)

Conozco a mucha gente de origen humilde que a base de empeño ha sabido labrarse un futuro. Gente que tiene detrás las luchas de sus padres por salir de la pobreza y las de ellos mismos por no elegir el camino fácil que escogieron muchos otros vecinos o compañeros de colegio, para continuar viviendo a las mismas puertas oscuras de la exclusión cuando no en la cárcel o dos metros bajo tierra clavados a una jeringuilla. Gente que para llegar donde ahora está ha tenido que esquivar situaciones difíciles incluso a codazos, porque solo a codazos, porque únicamente siendo héroes les ha sido permitido salir de los sótanos de la sociedad.

Verdaderos supervivientes, conocen como nadie nuestras cloacas y no quieren volver a pisarlas. Se han dejado la piel en el camino, y muchas veces, y esto es lo trágico, hasta la conciencia de clase. Hablarles de políticas sociales y correctoras de la desigualdad les hace recordar a aquellos otros que no quisieron o no supieron luchar. No son para ellos las políticas sino el mérito personal el que posibilita salir del agujero.

Desgraciadamente, en este sector de la sociedad encuentran un nada despreciable nicho de votantes los partidos más reaccionarios, que en nada los van a favorecer, que los van a dejar caer al menor de los fallos, pero que en democracia (si democracia es votar solamente) les van a servir para seguir mandando y sosteniendo sus privilegios, los de unos pocos, nunca los de ellos. Tan solo les permitirán abrigarse con sus banderas, esos trapos que agitan para continuar esnifándose el país. Son las heridas que deja la pobreza, de las que se alimentan.

FELICIDADES

Todos los que tenemos hijos sabemos cuánto nos preocupa su futuro. Qué será de ellos, serán felices o, tendrán salud… Dinero, no. No me ha preocupado más que en su justa medida, porque solo produce miedo, el miedo a perderlo, ese terror que nos hace capaces de lo peor, empezando por perder el sentido de humanidad.

Nunca pretendí imponerles el futuro a los míos. A mí me lo impusieron, o permití que lo hicieran y me inocularon el miedo a desarrollar mis propias capacidades, algo que me ha costado mucho superar. Y no lo he querido para ellos, a pesar de que conlleve la incertidumbre de encontrar el camino propio. Mejor eso que no tener que torcerlo cuando han pasado años que no se van a recuperar. Y aun mejor si con de esta forma se aprende a buscar, a ser curioso, a estar atento; en definitiva, a vivir.

Me gusta la gente que busca, la gente que del camino hace la meta; la gente que navega y no se conforma; la que es honesta, o intenta serlo en una época que tan difícil nos lo pone. Me gusta la gente que no piensa en ella sino en el mundo, la gente que no tiene miedo a perder, porque nunca la derrota es definitiva ni completa y la victoria no es más que un espejismo. Me gusta la gente que camina. Solo la que camina se tropieza, solo la que se cae se levanta, solo la que resiste vive, y ama. Lo demás es de zombis, de personas que viven en un Halloween de 365 días al año (los bisiestos, uno más).

No puedo decir que mis hijos sean así, pero sí que están en el camino. Y al final, solo el camino es lo importante. Lo demás es mera anécdota. Hoy en uno de los cumpleaños, en medio de los de los otros dos tanto en edad como en el día de celebración, es buen momento para evaluar. Y para felicitarnos por seguir caminando.

Gracias por todo lo que me habéis enseñado.

HEDUCADOS

Fue Fernando Pessoa quien dijo algo así como que la distancia entre el ser humano formado y el analfabeto era mucho mayor que la que existía entre este y el animal salvaje. También dijo que si el conocimiento no se hacía entendimiento, no servía para nada.

Dicen también muchos meapilas de la socialdemocracia buenista que estamos ante la generación más formada de la historia, esa que ha tenido que emigrar fuera del país, o fuera de su comunidad para engordar a otras que lo amasan todo.

También estamos ante la generación que se lo bebe todo, que lo destroza todo, que lo mea y lo caga todo, hijos de los que creamos y votamos las políticas educativas que hoy tenemos, esas que no enseñan a pensar ni a ser libres, sino a ser piezas engrasadas de la máquina de producción. Y hoy lo que toca producir es el fascismo.

Hoy miramos el fascismo como algo ajeno, cuando todos, por acción u omisión, tenemos algo que ver con su eclosión. Y lo que viene, es para echarse a temblar. Aún más con patriotas como los de Alsasua. Patriotas unidos en una sola vox, que agrede con banderas y odia la filosofía.

JACARANDAS DE AMÉRICA

Hoy, cuatro de noviembre, atravieso el ecuador camino de los cincuenta y seis. Seis meses atrás, en plena primavera, las jacarandas florecían en mi ciudad. Hoy, lo estarán haciendo en el cono sur americano. Recuerdo en especial las jacarandas de la ciudad de Buenos Aires, quizás la ciudad americana, junto a Rosario, que más me ha recordado a Sevilla.

Hoy siento la tristeza de constatar que 2018 será el primer año, desde 1998, que no cruzaré el charco atlántico, que no me llenará de vida esa tierra aún de promisión que se llama América, tierra que me ha dado tanto.

El escritor uruguayo Joaquín DHoldán corre a defenderme de la melancolía: Que estamos en otras personas y no en otros lugares. Que somos historias y no paisajes. 

Y sí, puede que no pise este año América, pero la tengo muy dentro del corazón, y la tendré siempre, porque estamos en otras personas y somos las historias que alberga nuestro corazón. Por eso sé que permaneceré en América cada día que me reste. Para mí siempre, todos los días, habrá una jacaranda en flor.

TRUCO O TRATO

Llego a la farmacia y me encuentro con este cartel de promoción por el que una cooperativa de distribución farmacéutica anuncia una oferta irrechazable para sus asociados, que podrán obtener medicamentos y diversos productos sanitarios con un descuento tan legal como atractivo. La cooperativa nos invita a atrevernos, a ser valientes… y comprar. Comprar para luego vender. O dispensar.

Hubo un tiempo en el que creí a pies juntillas que los farmacéuticos pretendían convertirse en profesionales de la salud, y que las cooperativas farmacéuticas, tan importantes para el gremio, ayudarían a que el cambio fuera posible.

Hubo un tiempo además que esta cooperativa que nos invita a atrevernos también se lo creyó, aunque la fe, cuando hay dinero de por medio, dura lo que un caramelo a la puerta de un colegio., se pierde en un santiamén.

Pues nada, amigos farmacéuticos, compren por Halloween. Una máscara típica de estos días representa como nada en lo que han convertido su profesión, una profesión sin vida, ni con uve ni con be. A unos les provocará risa, y a otros, miedo.

 Atrévanse, entierren su futuro a cambio de los caramelos que les ofrecen. ¿Truco o trato?

ZARAGOZA OTRA VEZ

Me parece que el viaje a Zaragoza durante el último fin de semana de octubre va a dar para mucho. Ahí van otros pensamientos que surgieron.

Tras las clases del viernes por la tarde nos fuimos a cenar como tantas veces. Fuimos los cuatro profesores encargados de impartir las clases de las sesiones más nuestra anfitriona maña, responsable de las prácticas del Máster. En un momento dado, observando a mis compañeras de mesa (uso el femenino como genérico por referirme a personas), caí en la cuenta de que era el mayor de ellos. Recordé entonces mis inicios, cuando yo era el más joven del grupo, aunque no con tanta diferencia como la que teníamos los que compartíamos ilusiones en aquellos momentos. Quizás ilusiones no fuera la palabra correcta para algunas, reitero mi genérico femenino, sino ambiciones.

No, no fue melancolía ni cualquier otro sentimiento triste lo que en aquel momento me produjo el recuerdo. El equipo de ahora es magnífico, infinitamente mejor que aquel. Yo soy, y perdonen si se percibe inmodestia, mucho mejor que entonces. Me siento muy orgulloso de estar donde quiero estar y haciendo lo que creo, sin haber perdido la senda a pesar de la exasperante lentitud con la que la surcamos.

Sin embargo, hoy, quizás influido por el inicio del mes más triste, me vienen a la memoria aquellos compañeros de viaje de hace veinte años, los vivos, en sentido físico y también semántico. Aquellos que hoy copan espacios de poder y de honor en una profesión que parece haber tirado la toalla como corporación, aunque permanezcan resistiendo gente de una valía inconmensurable; aquellos que tiraron la toalla antes de que sus dirigentes lo hicieran, y pasaron de soñar con una profesión centrada en las necesidades del paciente a vivir centrados en las cajas registradoras, las de sus tiendas disfrazadas de farmacias y las de sus negocios paralelos; y aquellos que lo que buscaban, y consiguieron, fue poder, aunque ese poder sea reinar entre las tapias de un cementerio.

No he podido evitar hoy un sentimiento de rabia y frustración al pensar en esa gente que tiene nombres y apellidos, y por eso lo he escrito. Porque el mero hecho de escribirlo libera. Y al liberarme, puedo continuar mi camino. Un camino lento rodeado de fragancias que día a día me sorprenden, tan diferente del olor a muerte de ese reino funerario que aquellos compañeros de viaje se sienten tan dichosos de gobernar.

ESCRIBO

Hay días tristes y melancólicos, como este lluvioso y otoñal en Sevilla con el que finaliza octubre que, sin embargo, traen alegrías inesperadas. Las palabras del amigo Eduardo Cruz Acillona sobre mi opera prima Aquel viernes de julio han iluminado este día gris.

Escribo para entender el mundo. Escribo para saber de mí. Escribo para perdonar, para aliviar y para pedir disculpas. Escribo para caminar, para seguir viviendo, para sentirme pequeño en un mundo inmenso. Escribo para ser. Y escribo para continuar escribiendo.

FE Y JUSTICIA

En la Parroquia Jesús Obrero del Polígono Sur sevillano hay una pancarta con el lema “No hay fe sin justicia”. Desconozco si existen otras similares en diferentes parroquias. No sé por qué, pero me temo que no. Ojalá me equivoque, pero me parece que en otros barrios es la fe la que importa y no la justicia.

No es posible la fe si no hay justicia. Y si la justicia es lo primero, ¿para qué sirve la fe? Para nada. Desconozco si existe un Dios. Además, es algo que no me preocupa nada, Porque si lo hubiera, sería el primero en detestar la fe. La fe no une, divide a las personas en función de sus creencias. La justicia, en cambio, no, y aspirar a ella es lo que nos convierte en verdaderos seres humanos.