MUROS

PANO_20160330_162719 (1)Este pintura es un grito y una vergüenza. Está en el muro de hormigón que separa Bami del Polígono Sur, tras el que circula el tren cuyas vías no se han querido soterrar. Ni en su día, antes de 1992, cuando la ciudad eliminó sus barreras ferroviarias, ni después, los diferentes gobiernos han creído oportuno eliminar esta barrera. Es más, durante este tiempo vallaron el el nuevo parque en torno a La Zúa, la zona de esparcimiento de los habitantes del Polígono Sur durante años, y sólo en estos meses las múltiples presiones de sus habitantes han permitido que puedan acceder a un lugar que fue testigo de las primeras alegrías y de la degradación del barrio por la droga.

La pintura representa la destrucción del muro y su apertura a la ciudad que aman y de la que forman parte sus habitantes. Todavía recuerdo, cuando pasaba por allí los primeros años de la época de los 90, contemplar con emoción en La Vegas, la parte más degradada del barrio, una pancarta con corazones rojos y el lema AMO SEVILLA de la candidatura andalucista de Alejandro Rojas- Marcos a la alcaldía. ¿Se puede amar a quien te ignora y se avergüenza de ti?

El Polígono Sur no sólo es Sevilla, sino que está lleno de ella. En ese barrio encerramos a los auténticos trianeros, a la gente de San Bernardo, a los habitantes de las casas de vecinos de esta ciudad, a los que con un perverso y superficial sentido de la caridad cristiana expulsamos de sus barrios y aislamos en lo que se convirtió luego en el espacio ideal para el desarrollo trágico de la floreciente industria de la droga, aquélla que se llevó por delante a gran cantidad de hijos de aquellas personas humildes, que habían tenido que dejar sus casas y sus barrios para que otros especularan con los suelos liberados y los convirtieran en parques temáticos de la “grasia sevillana” o en viviendas de lujo. Todo ello construido sobre la sangre y las venas rotas por la heroína de sus hijos.

Triana, San Bernardo, los corrales de vecinos, están en el Polígono Sur. El arte por el que la “ciudad de la grasia” es conocida, está en el Polígono Sur, inmejorable correlato de la decrepitud casposa y decadente de una ciudad que vive de lo que no es y quizás tampoco fue.

A pesar de todo, de nuestra ignorancia y nuestros prejuicios, este barrio irá levantándose poco a poco. Su aislamiento está dando lugar a nuevas formas de arte, a fusión entre tradición y modernidad. Está emergiendo una nueva cultura de las personas que esta ciudad inculta siempre despreció. Para así, cuando pasen los años, volver a tener elementos que sustraer y que la rueda de la injusticia vuelva a girar.

¡Ay, Sevilla, qué poco te quieres! Cómo refleja ese muro tu desprecio al futuro, tu mirada a tu propio ombligo. Tanto miedo te da derribar ese muro como afrontar tu triste realidad de decorado de cartón piedra. Derriba esa vergüenza, que es tuya y de nadie más.

VIERNES SANTO

LA ZUAA mediodía regresé al Polígono Sur junto a Miguel. Queríamos hacer fotos, conversar sobre el barrio y preparar la presentación de Tres mil viajes al sur. Miguel, joven periodista, es otra de las personas a las que tengo que agradecer mucho, en una lista que no acaba.

Paseamos junto al muro del tren, lo recorrimos desde el paso a nivel que permite acceder al Hospital Virgen del Rocío hasta la frontera de Carretera Su Eminencia. Cuántas fronteras, cuántas barreras tiene este barrio para mantenerlo prisionero. Durante el paseo, llegamos a la altura de una tienda de comestibles muy limpia que anunciaba diez vienas andaluzas por un euro, a diez céntimos la unidad, y bocadillos al mismo precio. Nos dieron ganas de entrar, pero ni era hora de bocata ni hubiéremos podido gastar la oferta aun dividiéndola.

El muro del tren, una de las vergüenzas de esta ciudad que no se sonroja por ello, es una auténtica obra de arte y un grito de los artistas graffiteros de este barrio. En particular, nos llamó la atención el dibujo de un muro derribado, muro dentro del muro, a través del que se podían ver los monumentos más reconocidos de la ciudad. No habrá símbolo mayor de lo que significa el aislamiento del barrio, de esa reclusión que tantos perjuicios ha causado, gracias a la que han encontrado una guarida excelente la mala gente que le da la fama. Nosotros también formamos parte de Sevilla, parecía gritar ese lienzo de hormigón, no nos escondas tras el muro.

El tren, ese vehículo desconocido para los sevillanos que no visiten la Estación de Santa Justa, es compañero habitual de los habitantes del Polígono Sur que viven a ese lado. Esperamos un rato a que pasara uno para fotografiarlo. Mientras tanto, dio tiempo para conversar en un excelente tiempo muerto, y de paso contemplamos a unos chiquillos jugando al fútbol en un terreno de albero. Uno, por cierto, que iba vestido de naranja, quién sabe si en homenaje al gran Johan Cruyff que acababa de morir, lanzó a la escuadra un tiro de rabona que hubiera firmado más de un tuercebotas.

LA ZUA (2)Continuamos nuestro paseo, atravesamos plazoletas de sur a norte del barrio. Vimos a un chiquillo correr sosteniendo  un gallo entre sus manos, a muchachas pasear a sus niños en los carritos como en cualquier otro punto de la ciudad, a personas sentadas dejando pasar un día como cualquier otro en su vida.

Regresamos luego al coche para buscar el camino a la Zúa, ubicada en el nuevo parque que se ha inaugurado en estos últimos años junto a la zona de Las Vegas, al que recientemente, y tras no pocas protestas, ha tenido acceso la gente del barrio, ya que una vez más, los habitantes veían dificultado su acceso a lo en tiempos fue lugar de esparcimiento y más tarde correlato de la tragedia de un barrio, y así mantener su aislamiento en perfecto estado de revista, un encierro entre barrotes invisibles al que han colaborado alcaldes de todo color, gobernando solos o en coalición con el resto de colores posibles, para que la vergüenza no sea ajena a nadie que se haya sentado alguna vez en un sillón de concejal de la lejana Plaza de San Francisco.

Hacía calor y a la entrada del Parque por el barrio de Pedro salvador, buscamos un bar para tomar una cerveza antes de comenzar a andar. Encontramos uno, que también era panadería. Fuera del muro la andaluza había subido a treinta y cinco céntimos la unidad.

Caminamos y alcanzamos aquel aparentemente placentero pero peligroso brazo de río convertido en un pequeño lago bordeado de cañas. Un lugar ante el que no puedes permanecer indiferente si has leído, y yo lo he hecho varias veces, el magnífico libro de Antonio Ortega Rubio titulado así: La Zúa. Léanlo, por favor.

En la Zúa perecieron ahogados, o rematados por la Guardia Civil si salvaban las aguas que ocultaban cañas traicioneras, presos que, en época de la dictadura, se fugaban de la construcción del canal de riego conocido popularmente así canal de los presos, por esta gente que se dejó las manos y el alma levantando terrones para que el agua del río llegase a las propiedades agrícolas de los vencedores. La Zúa fue también fue lugar de veraneo de pobres, puesto que hasta allí llegaban los vecinos de los suburbios de la zona a darse un baño en los meses más calurosos; y además,  se convirtió en el paraíso para los juegos de los primeros niños del Polígono, y el infierno para no pocos que perecieron atrapados entre las cañas de sus fondos. También fue lugar de pesca de albures para matar el hambre y, cuando el barrio se echó a perder por culpa de la droga, el sitio en el que pincharse, al que arrojar coches o motos robadas, animales muertos, convirtiéndose con el paso del tiempo en un vertedero que encerraba lo peor, en el trasero sur de la ciudad ensimismada.

Las aguas de la Zúa fueron reflejo de la degradación de un barrio y hoy aparecen ante los escasos visitantes del parque como un charco inofensivo. Me pregunté, contemplando al fondo la zona de Las Vegas, si habrían sacado, en palabras de Antonio Ortega, todos sus secretos del fondo de sus aguas a la hora de recuperar la zona.

De regreso, el tren volvió a atravesar la vía en dirección a Santa Justa y rompió el silencio de la tarde. Pasó por un pequeño viaducto antes de alcanzar el barrio amurallado. Por el parque no hay muro, tampoco personas. Tras esa extensión de césped inglés y vegetación artificial, contemplo al regresar un nuevo trozo de Sevilla hurtado a los habitantes del Polígono Sur. Pasión y muerte de este barrio en Viernes Santo, al que la ciudad no le permite alcanzar su resurrección.

COÑO, EL DE TU HERMANA (Y EL DE TU PRIMA MÁS CERCANA)

Dolors-Miquel_Hay una izquierda perdedora, con un miedo terrible a la victoria, que se siente mejor ofendiendo que luchando por combatir la injusticia. Es una izquierda cobarde, que aunque le duele la derrota, ha terminado por cogerle el gusto a compadecerse de ella misma. Es una izquierda torpe, infantil, que paga sus frustraciones con otros. Que no son otros cualesquiera, sino aquéllos que no les van a presentar batalla, tal es su cobardía.

Esa izquierda desbarra en presencia de quienes cree que son como ellos, en entornos de impunidad, porque les faltan huevos, o coño, para enfrentarse a quienes les puedan hacer pupa, no vayan a cagarse patas abajo. Una izquierda lerda y mostrenca que además, saca a relucir el coño para denostarlo.

Como persona que se siente de izquierdas, aunque por lo que veo puede que sólo sea una pose burguesa la mía, siento vergüenza de esa izquierda y no poca frustración, por las alas que dan esos payasos (en el sentido despectivo que aparece en el diccionario), a quienes han hecho de este país el reino de la desigualdad. Gracias a esta izquierda del coño mantendremos a los de siempre en el poder, que se descojonan con estas salidas de pata de banco de nenas malas, porque así continuarán esquilmando este país a su antojo y dejándolo como el erial  que hoy es, y seguirá siendo, con la inestimable colaboración de estos nenes o nenas malcriados.

Para ganar unas elecciones de verdad, porque espero que lo que querrán, si es que saben lo que quieren, es llegar al poder por vías democráticas, hay que convencer a muchos de los que rezan el padrenuestro de que se puede confiar en ellos para hacer un país más justo, y eso no se hace ni a hostias ni ofendiendo a quienes no se te van a abrazar con un cinturón de bombas alrededor del cuerpo.

Quizás después de escribir esto me quiten el carnet de izquierdas. Qué le vamos a hacer. Pero lo que sí tengo claro es que éstas del coño, me tienen hasta los cojones.

BROTES VERDES

2015-05-21 09.15.15Aunque esta metáfora de la superación de la crisis se le atribuye a Elena Salgado, ministra de economía del gobierno zapaterista, que la utilizó en 2009 para anunciar el cambio  para abrir una nueva época de prosperidad de ciclo económico que nunca existió, parece que fue el ministro de hacienda británico Norman Lamont quien casi veinte años antes, fue el primero que tuvo la ocurrencia de utilizarla con la carga semántica política que hoy tiene.

Seis años después aquella ocurrencia, que rima con flatulencia, de Elena Salgado, nos parece resultado de una combinación de ignorancia y estupidez difícil de olvidar. Imagino y espero que algo parecido suceda con las soflamas de superación de la crisis que hoy profieren Mariano Rajoy, Luis de Guindos y demás compañeros nada mártires. Porque los únicos brotes verdes que encuentro hoy son estos que he fotografiado durante mi paseo matinal con mi perro.

Hoy los únicos brotes verdes que hay salen de las alcantarillas. Los puestos de trabajo que se crean son pocos y mal pagados, y los que los tienen hacen horas extra gratuitas si no quieren verse de patitas en la calle. Se crean puestos de trabajo que vencen después de las elecciones para quitar pegatinas de las señales de tráfico, en las que se ofrecen señoras muy españolas para cuidar enfermos, o jóvenes licenciados para dar clases particulares a niños que suspenden.

Los indicadores macroeconómicos son una cuenta de la vieja en la que el enriquecimiento de unos dividido por el empobrecimiento de otros sale positivo. Positivo para los que alimentan esos brotes que surgen entre el cieno de las alcantarillas. Cuatro años más y convertirán la sanidad en un negocio, la educación en un negocio, y los huesos de Cervantes, otra metáfora más de la política que nos aplasta, en otro negocio. España, esa España que dicen que aman tanto, se convertirá en una sociedad anónima que no cotizará en bolsa puesto que las acciones las tendrán aquellos que nunca las soltaron.

En unos días toca votar, y en unos meses otra vez, para decidir si este pueblo prefiere comer de las miguitas que unos dejan caer de sus bigotes, o se planta. Mucho me temo que haya gente que vaya a votar desde el váter de su casa. Porque, al fin y al cabo, desde allí sale el humus orgánico que alimenta a esos brotes verdes que salen desde la alcantarilla.

HALA, MADRID

RONALDO CABREADOEl martes pasado, cuando jugaba el Barcelona su partido contra el Bayern de Munich, la noche anterior a la eliminación del Real Madrid por la Juventus, discutíamos en una cena sobre esta semana de fútbol europeo.

Como aficionado, tengo la suerte de vivir en una ciudad en la que hay dos grandes equipos, aunque uno de ellos pase momentáneas horas bajas. Es un privilegio, porque así no tengo que optar por ser ni del Real Madrid ni del Barça, como hacen fuera de sus ciudades muchos futboleros que carecen de un equipo con un mínimo de entidad.

Me encanta que en mi ciudad, la gente sea del Sevilla o del Betis y que la afición por los otros sea mínima, o secundaria a la de nuestros equipos. No importa que perdamos mucho más que ellos, que no ganemos casi ningún título aunque deseemos ganarlos todos. En la vida se aprende de la victoria y de la derrota, sobre todo de esta, y disfrutamos mucho más de las victorias por su excepcionalidad, que aquellos que la tienen por costumbre.

En aquella cena centramos el debate en los partidos de Champions de la semana, antes de saber ningún resultado. Asumiendo que cualquiera podía tener amor por cualquiera de los colores que jugaban, estábamos de acuerdo en que, para aquellos que nos daba igual uno que otro, que no entendíamos de nacionalismos aplicados al fútbol, el Real Madrid no era santo de nuestra devoción. En especial, para los que tenían hijos pequeños. Porque, cómo se les podría explicar a ellos que la trayectoria de Cristiano Ronaldo era ejemplar, un modelo a imitar. Cómo se podría defender a un club cuyos aficionados olvidan lo que Iker casillas, probablemente el mejor portero que haya tenido nunca el Real Madrid, pase lo que está pasando a estas alturas de su carrera deportiva. Cómo explicar a nadie que en la vida lo único que importa es mi gloria personal, y que a los demás hay que utilizarlos en beneficio propio, como hace el delantero portugués. Cómo defender que alguien como Iker, que ha dado todo tipo de títulos, tanto para su club como para la selección de su país, esté viviendo lo que está viviendo porque esa afición, al igual que su delantero portugués, ha aprendido a utilizar a los futbolistas para su propio beneficio (títulos) y los desprecia cuando ya no les sirve.

RONALDO PEINETANo, muchos no queríamos que ganase el Madrid. Es más, durante la noche del miércoles coincidí con otros amigos y ninguno, ninguno, nos entristecimos por su derrota. Probablemente haya quien piense que hay que defender lo español por encima de todo, o el fútbol no es algo edificante, que no es modelo de nada. No estoy de acuerdo. El fútbol es un deporte, y como deporte, la belleza, el esfuerzo y el acierto deben estar por encima de cualquier bandera. Y el fútbol como negocio, ese segmento empresarial en cuyos fangos se mueven como peces en el agua los presidentes de ambos equipos a los que me refiero, no es ejemplo, sino reflejo de la propia sociedad. Es como el bipartidismo trasnochado que nos asola; es como las tremendas desigualdades sociales que sufre nuestro país, en las que los ricos no dejan de robar ni de esquilmar a los más modestos.

Pero el fútbol, como deporte que une lo físico y el esfuerzo, con el talento, la inteligencia, la astucia, con la madurez, ese juego en el que pueden participar altos y bajos, fuertes y menos fuertes, lentos y rápidos, sí que es edificante. Y el Real Madrid, que consiente que siga jugando en sus filas alguien como Cristiano Ronaldo, que ha tenido como entrenador a una ponzoña humana como José Mourinho, no es un ejemplo edificante para nada. Y por eso está bien que se pase el año del color de su camiseta. Así que hala, Madrid. Lo peor de todo es que no van a aprender. Cortarán cabezas y pondrán otras. Y a vender camisetas y falsas ilusiones. Y a seguir envenenando este deporte, con la ayuda de vuestros periodistas de cámara. Porque en eso sí que hacen nacionalismo español. Del peor, por cierto.

La primera foto se obtuvo de http://www.cortarporlosano.com . La segunda de http://www.canalfutbolista.com 

TIEMPO DE ELECCIONES

TIEMPO DE ELECCIONESEn los barrios pobres de mi ciudad hay gente que ha comenzado a trabajar. Parados de larga duración, de escaso nivel formativo, han obtenido contratos para limpiar y quitar pegatinas y carteles de paredes, farolas o señales de tráfico de avenidas y parques. No son los jardineros que aparecen en la foto, pero cumplen una labor similar. Entre todos tratan de adecentar la ciudad a tres semanas vista de las elecciones. Porque sí, su contrato acaba a finales de mes, justo después de que los ciudadanos (¿o ya no se nos puede llamar así porque hay un partido que se ha quedado con el nombre?) haya ejercido su derecho al voto.

Desconozco si otros ayuntamientos de distinto signo político han hecho lo mismo. Me temo que sí. Pero de lo que estoy más seguro es de que contratos como estos son los responsables de la bajada del paro que hoy 5 de mayo de 2015 ha anunciado a bombo y platillo el gobierno de la nación. Y si esto significa que la crisis se ha acabado y hay alguien que lo cree, será porque unos nos faltan el respeto y otros no tenemos remedio.

OTRA MÁS

TERREMOTOAún reciente una de las últimas tragedias que acontecen en el Mar Mediterráneo, próxima la siguiente, si no está siendo ya, asistimos a otra más, esta vez en Nepal, y también relacionada con la miseria y la pobreza. Miseria económica y miseria moral a la que nadie somos ajenos.

Veo las noticias que aparecen en los medios de comunicación. Es mucho más extenso, infinitamente más, el espacio que se le da al rescate de españoles que a los muertos, heridos y damnificados de ese país, como dijo nuestro rey, lejano. Los muertos de tragedias como esta son tanto más importantes y dolorosos cuanto más tienen que ver con nosotros, cuanto más nos acercan a la posibilidad de que seamos las próximas víctimas. Los muertos tienen nacionalidad y color de piel.

Nuestra civilización se sentirá bien enviando ayuda humanitaria. Aparecerán cuentas bancarias de oenegés, se realizarán programas de televisión, teletones en los que exprimir nuestros ahorros, y festivales musicales en los que todos seremos Nepal. O Haití, o Sri Lanka, o Somalia. O Mar Mediterráneo. Es cuestión de cambiar el cartel. Y burgueses compungidos como yo escribiremos sobre nuestra indignación, sobre el egoísmo occidental, sobre las causas de la pobreza. Todo ello antes de almorzar, no nos vayamos a indigestar, no vaya a ser que en un golpe de pecho regurgitemos la comida.

Nuestra civilización se resquebraja como el suelo que aparece en la foto de El País. Y qué poco podemos hacer, qué poco estamos dispuestos a hacer. En mi caso, ni siquiera he alcanzado a rellenar un folio.

La foto se ha obtenido en http://www.elpais.com