EXPERIENCIAS MEXICANAS

Taller GuadalajaraQuienes me conocen saben que cruzar el Atlántico en dirección a Iberoamérica es para mí un gran estímulo. Desde que llegué a Colombia en el año 2000, he realizado más de cincuenta viajes hacia allá, y mis colegas farmacéuticos saben que ha sido en América donde he desarrollado nuevas técnicas docentes.

Fue en Argentina donde por primera vez entrevisté a un paciente en directo ante los alumnos; en Uruguay donde utilicé videos de grabaciones de pacientes; en Brasil donde hice mis primeras sesiones clínicas conjuntas; en Costa Rica donde impartí casi veinte horas de clase sin diapositivas y construyendo con los estudiantes la práctica asistencial desde la filosofía de estar en el mundo…. Grandes experiencias que luego he podido traer a España en los lugares en los que me han dejado.

Ha sido a mediados de junio y en Guadalajara , días antes de que escriba esto, cuando surgió la última innovación. Y esta , por casualidad.

Habíamos preparado un taller con dos pacientes que los colegas mexicanos habían traído. Una de ellas, esperaba con la cabeza apoyada en una cristalera del aula. Había sufrido un accidente de tráfico meses antes y tenía bastante dañado el cuello. Era muy molesto para ella adoptar otra postura, así que se me ocurrió que nos sentásemos en círculo a su alrededor para que no se moviese. Y comenzamos.

No sé cómo fue, pero cuando nos dimos cuenta estábamos haciendo una sesión clínica con la paciente integrada en la misma, y repetimos con la segunda. Discutimos en ambos caso los tratamientos con cada una de ellas, vimos diferentes aspectos de mejora, consideramos aspectos científicos, personales y culturales, adaptamos los mensajes al conocimiento y capacidad de comprensión… Las pacientes se abrieron, mostraron sus temores y expectativas, aquello que tan poco tenemos en cuenta y que se parece tanto a nuestra experiencia clínica, que finalmente nos hizo encontrar puntos de acuerdo y estrategias para alcanzar objetivos terapéuticos concretos y entender por qué hacerlo de esa manera.

Por cierto, no utilizamos más que bolígrafos, papel, conocimientos y experiencias. Ah, y el sentido común. No sé qué programa informático podrá ofrecernos esto, pero nos fue muy bien. Más que bien. Y desde ahora, es lo que pienso hacer.

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A POR ELLOS

A POR ELLOSHace algunos años, bastante pocos, me invitaron por primera vez a dictar una clase de Seguimiento Farmacoterapéutico en una asignatura de grado en la Facultad en la que me licencié y doctoré. Me resultó curioso, puesto que aunque había formado parte del cuerpo docente de su Master en Atención Farmacéutica, nunca hasta entonces había tenido la oportunidad de dirigirme a los estudiantes, como si lo había hecho en el Grado en Farmacia de otra Universidad española, como la San Jorge de Zaragoza, o de Facultades en países más lejanos, solo en la distancia, como Argentina o Chile. No sé si es cierto aquello de que nadie es profeta en su tierra, pero de lo que si tengo más certeza es de que al menos yo, no.

Aquella clase era la primera de la asignatura en ese curso. Antes de comenzar, la profesora que me invitó se dirigió a los alumnos. Anunció que se iniciaba el plazo de admisión de alumnos internos en su Departamento, el de Farmacia y Tecnología Farmacéutica, y que quien estuviera interesado podría solicitar su ingreso para trabajar con ella, aunque advertía que su investigación no tenía nada que ver con la materia que comenzaba a impartir, el seguimiento farmacoterapéutico de pacientes, sino con los aspectos tecnológícos de los medicamentos y sus formas farmacéuticas.

Ese es el panorama de las Facultades de Farmacia actuales. Mi anfitriona, profesora de tecnología, tenía que afianzar su puesto de trabajo en la Universidad y las horas de docencia eran claves para ello. No le importaba lo más mínimo impartir una asignatura de la que no tenía ni idea, sobre la que no investigaba ni le interesaba, con tal de conseguir su objetivo. La investigación en la que mi anfitriona era especialista se centraba en aspectos de los que nadie puede dudar de su importancia en el ámbito del medicamento, pero que no tenían que ver con aquella materia. Sus trabajos se publicaban además en revistas que le proporcionaban mayor índice de impacto, y de esta forma ayudaba a conseguir sus propios fines, es decir, asentar su plaza en la Universidad.

Años atrás a esto, cuando todavía no me habían dado “la boleta” como docente en el Master de Atención Farmacéutica de la Universidad, hubo un cambio en la dirección del grupo de investigación sobre atención farmacéutica que existía en la Facultad. La nueva directora también comentó que debía afianzar su puesto en la Universidad y por ello no publicaría en esta materia sino en terapias anticancerosas. La investigación básica daba de nuevo índice de impacto y, como le escuché a una farmacóloga de otro país una vez, en sus investigaciones primero postulas y más adelante ya se verá si se demuestra lo que postulaste. Pero publicado quedaba. Aceitunita en forma de índice de impacto dentro, y huesecito fuera. ¡Qué diferente a la investigación asistencial!

Este es el panorama de la Atención Farmacéutica en la Universidad, visto con benevolencia. La farmacia asistencial, la que trata con el paciente, no interesa, a pesar de que hasta el 80% de sus estudiantes, los que sostienen la Facultad, van a trabajar en ese entorno y precisan de esa formación. Apenas existe la investigación en esa materia y muchos de los profesores que se encargan de su docencia lo hacen porque no tienen más remedio, obligados por los requisitos de la Unión Europea y con una enorme escasez de docentes que crean en ella. Los investigadores básicos la desprecian, llegando incluso a manifestar públicamente que los que nos dedicábamos a ella lo que publicábamos eran meras discusiones de taberna. Eso lo manifestó públicamente en un Congreso ante una ponencia mía, una persona que fue presidente de la Conferencia europea de Decanos de Farmacia, y también de la Asociación Iberoamericana de Facultades de Farmacia. No era ningún advenedizo profesor asociado.

Esta persona, por cierto, lideraba un movimiento por cambiar el nombre de muchas Facultades iberoamericanas que se denominan como de Química y Farmacia. Quería que todas fueran Facultades de Farmacia a secas, como las españolas, cuando las nuestras son de todo menos de Farmacia, dominadas por los químicos, que han encontrado un chollo en nuestras Facultades, en las que, gracias al gran número de alumnos que deben tragarse sus planes de estudio para hacerse farmacéuticos, pueden investigar de lo que les dé la real gana, enseñar lo que les parece, a costa de una profesión sin personalidad y unas Facultades sin misión ante la sociedad. ¿Qué más da llamarse Facultad de Farmacia o de Química y Farmacia si al final son lo mismo? Quizás valdría la pena que todas se llamasen Facultad de Química Farmacéutica, porque es lo que parecen. Eso, sin hablar de la Botánica.

Soy consciente de que muchos profesores del área no química, aún no invadida, sufren esto que opino, pero es lo que hay. Este círculo vicioso va a ser muy difícil de romper, y más en un entorno universitario público tan opaco, tan cerrado y tan paquidérmico en su evolución. Y así es imposible.

Este no es el único problema que existe para que se desarrolle la Atención Farmacéutica, pero en estos días he visto un movimiento alentador entre estudiantes de Facultades de Farmacia preocupados por su futuro. Creo que esos aires nuevos que traen pueden contribuir a los cambios y es lo que me ha motivado a salir de mi apatía y hacer pública mi opinión.

Hay que ir a por ellos, hay que cambiar las Facultades o crear estudios nuevos que faciliten que existan profesionales que atiendan la inmensa tragedia humana y económica que está produciendo la falta de control sobre los efectos de los medicamentos. Con el dinero de todos no podemos estar manteniendo a gente que no trata de resolver los problemas de la sociedad sino únicamente su puesto de trabajo.

La imagen del post ha sido captada en la página web www.urbanres.blogspot.com

 

INFO FARO EN LA IV ESCUELA SEDOF

???????????????????????????????La Junta Directiva de SEDOF acordó conceder una beca de inscripción a un miembro latinoamericano de INFO FARO para participar en la IV Escuela SEDOF que tendrá lugar en Sevilla.

INFO FARO es un colectivo latinoamericano de profesionales de la salud interesados en el diálogo enriquecedor entre la salud y en la cultura, abiertos a nuevas formas de atención a la salud más holistas, vinculadas de manera indefectible a la persona y su desarrollo integral como objetivo final.

Con acciones como esta, SEDOF no solo desea colaborar en el desarrollo de nuevos profesionales latinoamericanos que desarrollen prácticas asistenciales tan humanizadas como la optimización de la farmacoterapia. En SEDOF estamos convencido que la mutua colaboración y compartir experiencias exitosas, en un diálogo constante entre lo construido y lo que queda por construir, sin olvidar los errores cometidos, conforman el camino para realizar tareas transformadoras del ámbito sanitario.

Porque SEDOF tiene mucho que enseñar, pero también bastante que aprender. Todos debemos reconocer que el extraordinario conocimiento científico desarrollado en España en torno a al Atención Farmacéutica, luego denominada Seguimiento Farmacoterapéutico y más tarde Optimización de la Farmacoterapia, tiene experiencias palpables, reales y exitosas, en el ámbito latinoamericano.

La Unidad de Optimización de la Farmacoterapia implantada en Rosario (Argentina), con el apoyo del Colegio de Farmacéuticos, es un proyecto que sin duda va a extenderse por el resto del país, y muy probablemente en el ámbito latinoamericano. Lamentablemente, estas experiencias distan mucho todavía de ser implantadas en un país como España, en el que la falta de valentía institucional para abordar estos retos, lleva impidiendo décadas el desarrollo de una práctica asistencial tan necesaria. Por eso para SEDOF estrechar lazos con países hermanos no es una opción, sino una necesidad, para poder continuar desarrollando sus fines en un escenario tan complicado como el español.

Bienvenido Info Faro a estas jornadas de trabajo, en las que los pacientes son el fin y el motor de nuestro aprendizaje, y en las que también hemos apostado por realizarlas en un entorno social complicado, en uno de los barrios marginales de una ciudad como Sevilla, para acompañar y aprender de las gentes que lo habitan. Ojalá sirva para construir una práctica que tanto bien puede hacer a nuestros países. El esfuerzo y el desafío en ciernes, merecen la pena.

IV ESCUELA SEDOF

IMG-20140205-WA0000El próximo 29 de marzo la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF) va a organizar su IV Escuela SEDOF en Sevilla. Hasta ahí más o menos lo de siempre en estos últimos años: una sociedad científica que se aglutina en torno a una práctica asistencial definida, que trabaja con pacientes para disminuir la morbi- mortalidad asociada al uso de medicamentos, organiza unas jornadas para continuar avanzando y aprendiendo.

Por otra parte, es característica de esta sociedad desde su primera escuela, llevar pacientes a sus eventos, trabajar en directo con ellos, discutir, analizar casos y que la línea que separa ponente de participante sea difícil de visualizar. También en Sevilla será así. Quizás haya más pacientes que otras veces, pero son variaciones que dependiendo del lugar se pueden dar.

La fórmula funciona y quienes hemos acudido a las anteriores jornadas salimos satisfechos y con ganas de seguir avanzando. Por tanto, la IV Escuela parece que va a ser igual que las otras, que no es poco, ni mucho menos.

Pero hay una diferencia sustancial. Por primera vez un evento científico de profesionales de la salud va a celebrarse en un barrio que sufre la marginación y la exclusión del resto de la ciudad, un barrio que sufre cada día, con unas tasas de desempleo escandalosas, en el que vive muchísima gente buena, en el que hay muchas personas de dentro y de fuera que luchan por erradicar esa mala fama.

Hay miembros de SEDOF que trabajan con la gente del barrio desde hace ocho años, que lo conocen por dentro y que creen en la gente que vive allí. Para SEDOF lo fácil hubiera sido solicitar el apoyo del Colegio de Farmacéuticos para organizar allí estas Jornadas, o cualquier otra institución para la que una asociación sin ánimo de lucro como la nuestra hubiera encontrado apoyos. Podríamos haber llevado pacientes del barrio, que colaboran en otros cursos a un lugar más “tranquilo” de la ciudad. ¡Con la de lugares bonitos que tiene! Es probable que haya incluso farmacéuticos que no quieran ir por temor a que les pase algo y restará afluencia… ¡Mal negocio!

Pero en SEDOF hemos apostado por trabajar con el barrio, por aprender con sus pacientes, por estar allí, aunque solo sea durante un día, acompañándoles, aprendiendo con ellos y recordando que el Polígono Sur también es Sevilla.

Utilizaremos el salón de actos del Centro Don Bosco, los pacientes serán del barrio y utilizaremos el Catering de mujeres de allí para los cafés y el almuerzo. Serán unas Jornadas científicas y de compromiso social y nos sentimos orgullosos de ello.

Si puedes acudir ten por seguro que no te arrepentirás. Aprenderás una práctica necesaria y animarás a un barrio que necesita sentirse importante y orgulloso de tener mucho que enseñar.

Te esperamos

RESET

Volver a empezarHay que luchar por conseguir tus sueños, pero no morir en el intento. Esta es la conclusión que saco cuando, después de casi veinte años dedicado en cuerpo y alma a la Atención Farmacéutica, ese concepto revolucionario profesional que ha sido manoseado y prostituido, vaciado de todo sentido social por culpa del onanismo profesional de unos, la falta de visión de otros, los miedos de unos cuantos más y el borreguismo de una mayoría que tanto daño ha hecho y va a seguir haciendo en cualquier faceta de la vida. Ya se sabe, igual que ese poema de Martin Niemöller que luego adaptó Bertolt Brecht:

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista, Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista, Cuando vinieron a por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío, Cuando finalmente vinieron a por mi, no había nadie más que pudiera protestar.»

Uno tiene que pensar hasta dónde llega su limitada capacidad y la mía se agotó. Al menos, para intentarlo en la farmacia comunitaria, un establecimiento sanitario privado de interés público en el que lo público jamás ha tenido interés ni confianza. Se hace muy difícil que una idea que no venga de los de siempre triunfe en un país con tantos prejuicios a un lado y otro del arco político. Cuando digo los de siempre me refiero a las profesiones sanitarias que molan; cuando digo lo del arco político no me refiero al arquito que separa al PP y al PSOE, que son la derecha sociológica de este país, sino al arco de verdad. Porque en este país lo que vengan de ciertas instituciones o corporaciones que no estén bien vistas se pierde por alguno de nuestros importantes agujeros éticos socavados por la endogamia.

Pero no se trata de echarle la culpa a nadie de los fracasos de uno, cuando retos más importantes en el mundo se han conseguido con liderazgos apropiados.

He escrito la palabra fracaso, a pesar de que no sienta que mi carrera profesional lo haya sido. Simplemente no he conseguido ver lo que esperaba vivir. No obstante pienso que he puesto mi granito de arena en el proceso y que mi aportación, en el ámbito de la farmacia comunitaria, ya no va a dar más de sí.

En estos años, los varios miles de pacientes me han ayudado a aprender muchas cosas. Quizás la más importante, a entender la verdadera importancia de optimizar la farmacoterapia de los pacientes, sus consecuencias, lo que puede significar en el ámbito de la salud pública su instauración, las posibilidades de crecimiento que le podría dar a una profesión denostada que sigue empeñándose en autoengañarse.

He publicado decenas de artículos científicos, he enseñado a cientos de profesionales de muchísimos países, he conocido lugares fantásticos, personas y profesionales excelentes, maravillosos, de una talla humana y científica fuera de lo común; he hecho amigos para siempre como dice la canción; y sobre todo, me ha ayudado a ser mejor persona y a entender algo mejor la vida. Creo que no puedo pedir más. “Que me quiten lo bailao”, que además, he bailado mucho, por cierto.

¿Y a partir de ahora, qué? En lo profesional, disponible, aunque reconociendo las dificultades. Hoy estoy más convencido que nunca de que optimizar la farmacoterapia de los pacientes es prioritario. Prioritario para los pacientes y prioritario para los sistemas sanitarios. Que sea prioritario para los farmacéuticos es algo que tienen que decidir quienes tienen capacidad de hacerlo y actuar de forma coherente a esa capacidad.

Si hubiera algún proyecto serio implantación de esta tecnología sanitaria, en el que alguien creyera que mi experiencia pudiera ser útil, no dudaría en subirme a ese carro con la misma ilusión de siempre, porque creo que mi experiencia y conocimiento pueden ser aprovechables. Pero continuar mareando la perdiz, no. Soy consciente de que es algo realmente difícil que se dé, y por tanto, tengo más que asumido y estoy preparado para cerrar esta etapa de mi vida y continuar con otra que abrí hace unos años y que hoy me está dando sus frutos personales, la literatura. El motor de mi vida siempre fue la ilusión por hacer cosas en las que creo. Solo espero morirme cabreado porque no me dé tiempo de seguir haciendo cosas nuevas y poniéndome retos por alcanzar.

Estos cuatro meses de 2013 que restan me servirán, además de para terminar mi segunda novela, para cumplir mis compromisos profesionales adquiridos y cerrar esta etapa de mi vida. Porque ya, sin farmacia y con la Unidad de Optimización de la Farmacoterapia, no es coherente continuar participando de lo que no se ejerce. Si me he quejado mucho de tanto charlatán de feria que ha habido y sigue habiendo en el entorno de la Atención Farmacéutica, lo peor que me podría pasar sería convertirme en uno de ellos.  Me hace una ilusión especial volver a Medellín a finales de septiembre, ciudad en la que empecé mi actividad docente en América Latina. Será como finalizar el relato circular de esta aventura maravillosa de conocer este continente que tanto me ha dado como profesional y como persona, y en el que me he sentido respetado, reconocido y sobre todo, querido. No tengo palabras para describir lo que América ha sido para mí.

Y para finalizar, todo mi apoyo y mi aliento a quienes continúan en la lucha, a esos farmacéuticos y farmacéuticas que siguen creyendo en ellos mismos y en su capacidad para ser útiles a la sociedad, que sienten su profesión como un servicio público, como su modesta contribución a hacer un mundo más justo y humano. Este partido lo vais a ganar. Ya lo creo que sí.

Para terminar, un himno apropiado: We shall overcome, con Pete Seeger. ¿Aún tienes dudas de cómo será el final de todo esto?

http://www.youtube.com/watch?v=QhnPVP23rzo

DEBATE SOBRE LA FORMACIÓN ASISTENCIAL DEL FARMACÉUTICO

El pasado 2 de marzo de 2012 intervine en una mesa de debate, en el marco del XV Congreso de OFIL, sobre la formación asistencial del farmacéutico. El moderador, Borja García de Bikuña, organizó el debate en torno a tres preguntas. Los ponentes fueron Wanda Maldonado, Decana de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Puerto Rico,  Leida Barrios, Decana de la Facultad de la Universidad de Panamá, y yo mismo.

Aquí dejo mis contestaciones a las preguntas, sobre mi opinión acerca de la formación asistencial del farmacéutico en España

¿Cuál cree usted que son los puntos fuertes y débiles de la formación asistencial del farmacéutico en su país y por qué?

 

En mi opinión, la formación asistencial del farmacéutico en España es inexistente, porque solo se basa en la buena voluntad de un profesional, que cuando adquiere la titulación profesional no ha recibido formación asistencial alguna, y para la que después no hay titulación reglada, que garantice que la práctica asistencial se ejerce de una forma concreta, siguiendo un proceso racional de toma de decisiones, para garantizar unos objetivos concretos que la sociedad requiere y demanda de ese profesional.

No podemos olvidar que una titulación profesional oficial, garantizada por el Estado, es una garantía jurídica. En España hay leyes desde 1997 que obligan al farmacéutico a realizar el seguimiento de los tratamientos farmacológicos de los pacientes. De esta práctica asistencial se habla además en la ley de regulación de los profesiones sanitarias de 2003 y en la de garantías y uso racional del medicamento de 2006. Sin embargo, en ningún momento se ha hecho esfuerzo político alguno para desarrollar lo que era, según se mire, o buenas intenciones o, en un país tan taurino como este, un brindis al sol pleno de intencionalidad política en el peor sentido de la palabra.

Los ciudadanos españoles pueden sentirse estafados por los políticos, que no han desarrollado una legislación que garantice que se ejercen y se enseñan prácticas asistenciales que evitarían el sufrimiento y muerte, evitables en muchas ocasiones, que produce una farmacoterapia muchas veces mal indicada, poco efectiva, a menudo insegura y también mal utilizada.

Pero también pueden sentirse engañados por una Universidad que no forma en excelencia al 70% de sus estudiantes farmacéuticos, los que se orientan a actividades asistenciales. La Universidad no cumple la demanda de las leyes que hablan de los requisitos que debe cumplir un farmacéutico asistencial, hace oídos sordos a ello, y con el dinero de los contribuyentes sigue orientada a su pura endogamia, a estar pendientes de ellos mismos en vez de tener en cuenta lo que necesita la sociedad.

Además, los profesionales farmacéuticos tampoco hemos tratado de corregir hasta ahora lo que la Universidad no ha dado en la formación asistencial. No se han movido por tener una formación posgraduada reglada fuera de la Universidad, tal y como otros profesionales tienen con las especialidades, reguladas por el Ministerio de Sanidad. Han preferido dedicarse a defender de forma gremial algo que está dejando de tener sentido, y les ha faltado valor para afrontar el futuro de la única forma que se puede afrontar, que es siendo sensibles a lo que la sociedad necesita de ellos en un mundo cambiante.

La buena formación asistencial para el farmacéutico en España es anecdótica. El gran problema ha sido que se ha discutido y se ha discutido….pero de espaldas a la sociedad y mirando cada cual a su propio ombligo o a su propio ego, cuando no se ha despreciado o se ha ninguneado, pensando que el problema de los farmacéuticos asistenciales es que son científicos de segunda o tercera división.

Por tanto, y para concluir. No existe formación asistencial para los farmacéuticos, para desgracia de los pacientes, de nuestro sistema público de salud y para los propios farmacéuticos.

¿Cuál cree usted que debe ser la función de la Universidad respecto a la formación asistencial del farmacéutico y por qué?                                       

 La Universidad en España ha perdido una oportunidad irrepetible con el desarrollo del Documento de Bolonia. Ha sido trágico para el 70% de sus alumnos, que luego se orientan a actividades asistenciales, y lo ha sido para ser profesionales competitivos en Europa respecto a otros farmacéuticos.

El Documento de Bolonia no se supo entender. Se pensó que el grado era un paso atrás al compararse con la licenciatura, y se quiso equiparar el grado a la licenciatura, lo que ha sido un gran error. Y la realidad de lo que se pretendía era que lo que capacitase para trabajar era el grado de Master, ya con la orientación profesional adecuada. Esto ya no es posible, y tenemos unos graduados que deben hacer más cursos que sus coetáneos europeos, con una formación que no capacita para la actividad asistencial, y unos Masters impartidos por profesores de las Facultades, que no tienen ni idea de en qué consiste la función asistencial del farmacéutico.

Se perdió la oportunidad de hacer un grado generalista y luego un Master de dos años orientado a las distintas salidas, obligatorio para ejercer profesionalmente, y lo que se ha hecho es lo que suele hacer la Universidad española, llevar hasta sus últimos extremos la máxima de Lampedusa, de cambiar todo para que nada cambie. Eso, además, con el dinero de los contribuyentes, como dije anteriormente. Un dinero que no es de nadie, por lo que parece, un dinero que no sirve a la sociedad sino a los intereses particulares de los que se reparten la tarta de la docencia.

Se ha tirado por la borda una generación de profesionales que siguen sin acceder a un tipo de formación transformadora para su actividad asistencial.

Después, nadie puede extrañarse por lo que pasa ni rasgarse las vestiduras.

La Universidad debería formar también farmacéuticos asistenciales, al igual que puede formar farmacéuticos de otro perfil más tradicional. Con las posibilidades que daba el Documento de Bolonia no tendría por qué excluirse ni sentirse excluido nadie, pero ahora eso no es posible, y pasarán muchos años antes de que esto pueda ser posible.

Y la solución es tremendamente difícil. Los farmacéuticos de hospital crearon una especialidad para equipararse a los médicos. Eso se consiguió por sus méritos y porque estaban dentro del sistema. Si no es dentro del sistema, difícilmente podremos generar una especialidad. Si no nos quitamos las pesadas etiquetas del dónde trabaja usted, los farmacéuticos seguiremos perdiendo.

Hasta que quienes tengan capacidad de transformar no sean gente que mire más allá de su propio ombligo, habrá poco que hacer. La grandeza de miras ha sidoun bien escaso en España.

¿Considera usted que la formación reglada es competencia exclusiva de la Universidad y por qué?

Creo que no es así en otras profesiones asistenciales, y que los farmacéuticos deben seguir las mismas pautas que otras como la medicina o la enfermería, con las que debería aspirar a equipararse. La formación reglada en España necesita que no sea exclusiva de la Universidad, porque, o cambia de verdad, lo cual es tarea ingente, o sería un atraso para la profesión.

Las profesiones que trabajan con pacientes deben aprenderse también con profesionales con experiencia contrastada y acreditada, que desarrollan un proceso de formación reglada para adquirir un título de especialista. Eso no se hace en la Universidad, sino en establecimientos sanitarios. Y para poderse hacer esto, el sistema público de salud debería reconocer que esta práctica es posible y es útil para la sociedad. Esto en España no se ha demostrado suficientemente, aunque en otros países sí. Se podría probar con alguna experiencia, o aceptar los resultados de otros para probar. Así se han instaurado muchas tecnologías sanitarias en este país, pero, claro, no las traían farmacéuticos.

Hoy en España estamos inmersos en un nudo gordiano en el que no hay formación reglada universitaria o no universitaria en la actividad asistencial del farmacéutico, que entiendo que es un proceso racional por el que se identifican todas las necesidades farmacoterapéuticas de los pacientes, y se trabaja porque esas necesidades se cubran con medicamentos que se utilizan adecuadamente como para alcanzar las máximas cotas posibles de efectividad y seguridad.

Hoy  estamos ante la pescadilla que se muerde la cola. Y lo único que se nos ocurre al verla, es llorar y lamentarnos porque está así, o echarle la culpa al de al lado de que la pescadilla se haya mordido la cola. Necesitamos que alguien con capacidad para ello, se acerque a la pescadilla y le saque la cola de la boca, sin esperar a que le muerda.