PHILOMENA

PHILOMENALa última película de Stephen Frears me ha gustado mucho. Philomena trata la historia de Philomena Lee, interpretada por una fantástica Judi Dench.

Una joven adolescente queda embarazada y sus padres la internan en un convento católico, en el que dará a luz a un hijo y trabajará para las monjas a cambio de su manutención. Cuando el niño, Anthony, tiene unos tres años de edad, las religiosas lo entregan en adopción a un matrimonio norteamericano. Philomena no destapa la historia hasta el día en el que su hijo Anthony cumpliría cincuenta años, en 2002. Ese día se lo confiesa a su hija, que contacta con un periodista fracasado, expulsado como asesor del Partido Laborista británico, Martin Sixsmith, aquí interpretado por Steve Cooghan, el cual inicia la búsqueda de Anthony contratado por una publicación sensacionalista.

En estos últimos años se ha tomado una gran conciencia sobre el tema de los niños robados por religiosas católicas en España, aunque estos casos han sido aún más graves si cabe, por haber sido dados por muertos y entregados luego a padres adoptivos. Es de triste recuerdo también lo ocurrido en Argentina durante la dictadura militar, en la que hijos de desaparecidos los acogían matrimonios afectos al régimen. La primera pregunta que me hago al ver la película es el por qué de que estos hechos hayan ocurrido en el seno de la iglesia católica y no en otras iglesias cristianas.

Es probable que la adopción de niños en riesgo de exclusión pudiera tener un fundamento. De hecho, las adopciones son así. Pero por qué saltarse todas las normas éticas habidas y por haber es algo que se me escapa. Esa superioridad moral que se arrogan muchos religiosos y religiosas aún hoy, que se convencen de su verdad y de lo que ellos creen que hay que hacer, para imponérselo a los que tienen alrededor. Ese fin que justifica los medios, unos medios con frecuencia atroces para unos fines en los que solo ellos creen.

Recuerdo el caso que me contó una señora en el Polígono Sur de Sevilla. Llevaba una vida desastrosa. Sus hijas las internaron en un colegio de monjas y ella las veía los fines de semana. Un día llegó y sus hijas ya no estaban. Y no volvió a verlas hasta que muchos años después su búsqueda incesante dio sus frutos. Hoy sigue viviendo de las limosnas que le entregan a la puerta de una iglesia sevillana, pero nunca olvidará cómo se las arrebataron.

Me gusta mucho el planteamiento que se hace en la película porque en mi opinión hace una crítica muy dura sin caer en maniqueísmo. Creo que hay un respeto importante por la mayoría de edad del espectador, por presentar unos hechos, unos cuestionamientos, unos conflictos, ante los que el público debe reflexionar y adoptar una postura. Ni el director ni el guionista nos tienen que dar lecciones, sino que nos deben abrir una puerta a la reflexión. Y eso no es incompatible con tomar una postura firme y convencida ante los hechos que se plantean.

La dualidad creencia- increencia de los dos protagonistas me parece muy interesante, así como el poder del perdón. Sigo creyendo que a quien más beneficia el perdón es al que perdona y la mayor humillación que sufre la religiosa que urdía aquellas adopciones lucrativas, fue la de sentirse perdonada. Interesante, en una España en la que el castigo, la cárcel, se clama muchas veces como venganza en lugar de como forma de resarcimiento social, de oportunidad para rescatar a la persona que hizo daño.

Echo en falta un mayor dibujo del personaje de Martin Sixsmith. Creo que era compatible con centrar la historia en la auténtica protagonista, Philomena. Pero ese perfil de metepatas, de falta de formas y de pelea con la vida, quizás hubiera merecido algún detalle más.

En resumen, una muy buena película, a la que hay que llegar desprovisto de planteamientos previos, para dejarse influir por lo que se plantea y sacar nuestras propias, las de cada uno, conclusiones.

La imagen que ilustra fue obtenida de www.filmaffinity.com

I LOVE ESTADO. AND YOU?

Sociedad civilPatricia Flores, viceconsejera de Asistencia Sanitaria en la Comunidad de Madrid, afirma que no tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema sanitario. Estas declaraciones no son nada inocentes, pues encierran un modelo de entender el estado, que va mucho más allá de una mera elucubración sobre qué tipos de prestaciones sanitarias deben ofrecerse.

El estado moderno no es una bandera o un territorio geográfico; es un modelo de convivencia, una manera de relacionarse y vivir juntos entre sus pobladores, de poder conseguir un grado de bienestar que sería muy difícil de obtener cada uno por su lado, por mucho poder económico o político que se tuviera. Y por eso el estado moderno tiene que ser necesariamente democrático y todos debemos de contribuir a su sostenimiento.

No encuentro modelo de convivencia más perfecto que el que puede garantizar un estado, aunque como organización sustentada y gobernada por seres humanos, corre el riesgo de utilizarse en beneficio de unos cuantos. Pero esto no quita un ápice a la necesidad de esa estructura, sino que lo que nos indica sobre todo es la necesidad de reforzar sus estructuras y los organismos de contrapeso: una sociedad civil fuerte, organizada, atenta y beligerante contra toda posibilidad de corrupción o de abuso por parte de quienes ostenten el gobierno.

Como ciudadanos que formamos parte del estado, debemos decidir qué aspectos nos parecen básicos, importantes, para entregar su manejo y gobierno a una estructura como la del estado. La salud, a pesar de lo que diga la vicenconsejera madrileña, parece que es un aspecto clave. La salud en un país depende de la salud de cada uno de los ciudadanos que conviven en ese país y no de la capacidad económica de cada uno de sus miembros. La persona más rica del Congo tiene peores expectativas de salud que un oficinista inglés y eso tiene que ver con el entorno sanitario y no con lo que cada uno pueda pagarse. Tener una salud pública fuerte es beneficioso no solo para el enfermo, sino también para el que está sano, y que esa tarea la tutele y la salvaguarde el estado, es decir, la mantenga a través de los impuestos que sus ciudadanos pagan para contribuir al sostenimiento de las áreas básicas, parece suponer un adelanto como civilización; gestionarlo desde lo privado, y en eso da igual que sea en relación directa de los ciudadanos con empresas que ofrecen ese tipo de servicios, o mediante la gestión privada de los recursos públicos, es un atraso, además de mucho más caro, como demuestran los porcentajes de Producto Interior Bruto que diferentes países con diferentes modelos de atención sanitaria destinan a sanidad.

Al igual que la sanidad, hay otros pilares básicos del estado que debe garantizar un estado evolucionado. Por ejemplo, la educación, la justicia, la información, y no solo la defensa frente al enemigo exterior que marca un modelo de estado basado exclusivamente en el poder sobre un territorio y en la defensa de sus símbolos.

El estado debe garantizar igualdad de oportunidades para sus ciudadanos y para ello el acceso a la educación se antoja básico y es el único camino hacia la excelencia que no genera desigualdad. Asimismo, una justicia accesible a todos los ciudadanos, independiente del poder del estado pero siendo parte de este, es esencial para ejercer el contrapeso necesario y obligado que la sociedad civil debe ejercer como vigía ente cualquier abuso. La educación es una vía básica contra la desigualdad social, esa cuyo crecimiento gracias a los modelos neoliberales y contrarios a este modelo de estado tanto daño está haciendo. La desigualdad no solo empobrece económicamente, sino también social y culturalmente, y ello provoca un descenso en la calidad democrática del estado, con el riesgo creciente de debilitarlo frente a los populismos y convertir la democracia en algo meramente decorativo.

Un estado fuerte necesita sostenerse a través de las contribuciones que sus ciudadanos deben ofrecer. No es posible un estado sin ingresos, y esos ingresos, o esos pagos que deben realizar sus ciudadanos, han de verse como la contribución necesaria para conseguir que esos anhelos se conviertan en derechos de todos los ciudadanos. Y por tanto, la sociedad debe también generar una conciencia de corresponsabilidad a la hora de contribuir a esa estructura, cuyo objetivo necesario debe ser el beneficio de todos.

Es importante una reflexión sobre la forma de realizar esas aportaciones. En España, el 71% de los ingresos tributarios del estado lo realizan los ciudadanos particulares, mientras que la contribución de las empresas es de solo el 12%. Los riesgos además de aquellos es muy superior en estos momentos, ya que un traspiés del ciudadano le produce directamente la pérdida de su patrimonio, no hay más que ver la ingente cantidad de desahucios que ha habido y continúa habiendo en este país, y los continuos rescates que se han hecho y continúan haciendo a empresas como los bancos o la próxima de Sacyr para que entre todos paguemos la construcción del canal de Panamá y luego ellos se queden con los beneficios.

Que un estado se gestione mal no debe implicar su destrucción; que los políticos que dirigen ese estado sean calamitosos no debe implicar otra cosa que la necesidad de sustituirlos; que crezca la animadversión a los políticos y que de ello se beneficien partidos políticos carentes de ideología, lo que demuestra es la necesidad de progresar y trabajar por la salud democrática de este país y el reforzamiento de su sociedad civil.

Necesitamos reforzar el estado y en estos momentos estamos haciendo justo lo contrario. Y para ello hay que acercar el poder y la responsabilidad a los ciudadanos. El federalismo, como modelo de asunción de responsabilidades propias y de solidaridad con los demás, parece el camino a seguir. Aunque eso da para una reflexión tan amplia como esta. Una reflexión que  Patricia Flores no creo que esté dispuesta a realizar.

La imagen se extrajo de http://www.claroscurosocial.bligoo.com

INFO FARO EN LA IV ESCUELA SEDOF

???????????????????????????????La Junta Directiva de SEDOF acordó conceder una beca de inscripción a un miembro latinoamericano de INFO FARO para participar en la IV Escuela SEDOF que tendrá lugar en Sevilla.

INFO FARO es un colectivo latinoamericano de profesionales de la salud interesados en el diálogo enriquecedor entre la salud y en la cultura, abiertos a nuevas formas de atención a la salud más holistas, vinculadas de manera indefectible a la persona y su desarrollo integral como objetivo final.

Con acciones como esta, SEDOF no solo desea colaborar en el desarrollo de nuevos profesionales latinoamericanos que desarrollen prácticas asistenciales tan humanizadas como la optimización de la farmacoterapia. En SEDOF estamos convencido que la mutua colaboración y compartir experiencias exitosas, en un diálogo constante entre lo construido y lo que queda por construir, sin olvidar los errores cometidos, conforman el camino para realizar tareas transformadoras del ámbito sanitario.

Porque SEDOF tiene mucho que enseñar, pero también bastante que aprender. Todos debemos reconocer que el extraordinario conocimiento científico desarrollado en España en torno a al Atención Farmacéutica, luego denominada Seguimiento Farmacoterapéutico y más tarde Optimización de la Farmacoterapia, tiene experiencias palpables, reales y exitosas, en el ámbito latinoamericano.

La Unidad de Optimización de la Farmacoterapia implantada en Rosario (Argentina), con el apoyo del Colegio de Farmacéuticos, es un proyecto que sin duda va a extenderse por el resto del país, y muy probablemente en el ámbito latinoamericano. Lamentablemente, estas experiencias distan mucho todavía de ser implantadas en un país como España, en el que la falta de valentía institucional para abordar estos retos, lleva impidiendo décadas el desarrollo de una práctica asistencial tan necesaria. Por eso para SEDOF estrechar lazos con países hermanos no es una opción, sino una necesidad, para poder continuar desarrollando sus fines en un escenario tan complicado como el español.

Bienvenido Info Faro a estas jornadas de trabajo, en las que los pacientes son el fin y el motor de nuestro aprendizaje, y en las que también hemos apostado por realizarlas en un entorno social complicado, en uno de los barrios marginales de una ciudad como Sevilla, para acompañar y aprender de las gentes que lo habitan. Ojalá sirva para construir una práctica que tanto bien puede hacer a nuestros países. El esfuerzo y el desafío en ciernes, merecen la pena.

IV ESCUELA SEDOF

IMG-20140205-WA0000El próximo 29 de marzo la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF) va a organizar su IV Escuela SEDOF en Sevilla. Hasta ahí más o menos lo de siempre en estos últimos años: una sociedad científica que se aglutina en torno a una práctica asistencial definida, que trabaja con pacientes para disminuir la morbi- mortalidad asociada al uso de medicamentos, organiza unas jornadas para continuar avanzando y aprendiendo.

Por otra parte, es característica de esta sociedad desde su primera escuela, llevar pacientes a sus eventos, trabajar en directo con ellos, discutir, analizar casos y que la línea que separa ponente de participante sea difícil de visualizar. También en Sevilla será así. Quizás haya más pacientes que otras veces, pero son variaciones que dependiendo del lugar se pueden dar.

La fórmula funciona y quienes hemos acudido a las anteriores jornadas salimos satisfechos y con ganas de seguir avanzando. Por tanto, la IV Escuela parece que va a ser igual que las otras, que no es poco, ni mucho menos.

Pero hay una diferencia sustancial. Por primera vez un evento científico de profesionales de la salud va a celebrarse en un barrio que sufre la marginación y la exclusión del resto de la ciudad, un barrio que sufre cada día, con unas tasas de desempleo escandalosas, en el que vive muchísima gente buena, en el que hay muchas personas de dentro y de fuera que luchan por erradicar esa mala fama.

Hay miembros de SEDOF que trabajan con la gente del barrio desde hace ocho años, que lo conocen por dentro y que creen en la gente que vive allí. Para SEDOF lo fácil hubiera sido solicitar el apoyo del Colegio de Farmacéuticos para organizar allí estas Jornadas, o cualquier otra institución para la que una asociación sin ánimo de lucro como la nuestra hubiera encontrado apoyos. Podríamos haber llevado pacientes del barrio, que colaboran en otros cursos a un lugar más “tranquilo” de la ciudad. ¡Con la de lugares bonitos que tiene! Es probable que haya incluso farmacéuticos que no quieran ir por temor a que les pase algo y restará afluencia… ¡Mal negocio!

Pero en SEDOF hemos apostado por trabajar con el barrio, por aprender con sus pacientes, por estar allí, aunque solo sea durante un día, acompañándoles, aprendiendo con ellos y recordando que el Polígono Sur también es Sevilla.

Utilizaremos el salón de actos del Centro Don Bosco, los pacientes serán del barrio y utilizaremos el Catering de mujeres de allí para los cafés y el almuerzo. Serán unas Jornadas científicas y de compromiso social y nos sentimos orgullosos de ello.

Si puedes acudir ten por seguro que no te arrepentirás. Aprenderás una práctica necesaria y animarás a un barrio que necesita sentirse importante y orgulloso de tener mucho que enseñar.

Te esperamos

PATRIAS

ESPAÑAPerdona, pero no entiendo tu concepto de patria. Me hablas de que la unidad de lo que tú llamas patria no se puede cuestionar, de la Constitución como Sagrada Escritura que jamás puede estar en tela de juicio. Igual que te refieres a la economía, a tu particular concepto de economía―porque para ti no existen otros―, como el único punto de partida posible para aplicar la lógica deductiva.

Te llenas la boca de la palabra patria, pero únicamente entiendes la tuya como legítima. No aceptas que te lleven la contraria en esto, que haya quien piense que puedan existir otras. Es la tuya la que quieres imponer a los demás porque así lo dice la ley. Entiendes la ley además como algo inamovible. Venías de dictaduras, aceptaste a regañadientes la democracia y hoy has aprendido a valerte de ella para tus fines. Por eso para ti la ley es el marco inamovible, tu particular evangelio que nos quieres imponer a los demás.

Te gusta tu patria así, te sientes orgulloso de sus hazañas, de sus emblemas, de sus tradiciones. Impasible el ademán ya están presentes en nuestro afán. Una patria en la que uno de cada cuatro hogares se encuentran en riesgo de pobreza, con quinientos desahucios diarios, un veintiséis por ciento de personas que no pueden trabajar y casi trece millones de ciudadanos en situación de pobreza o exclusión social. Una patria cada vez más desigual, apta para quien tiene dinero aunque lo haya evadido, una patria buena para quien se porta bien, según tu concepto de bondad por supuesto.

Una patria con menos filosofía y más religión, apta solo para triunfadores. Una patria abierta al mundo para que por allí salgan aquellos que no dan la talla. Una patria que expulsa a quienes no entran dentro de tus reglas. Una patria feliz de que te puedas buscar otra patria si en la suya no cabes, y que te da el derecho a decidir la que quieres para ti. Gracias a ella podrás ser brasileño o peruano, alemán o inglés, chino o japonés. Lo que quieras ser, aunque eso sí, solo tienes seis meses para arrepentirte.

No, no acabo de entender esa patria. Y verás, no es una cuestión de marco territorial, es mucho más de personas, de ciudadanos. Un concepto como el tuyo de patria me espanta, ya sea de tamaño XL o S. No se trata de eso. Se trata de quiénes son tus compatriotas, de tu concepto del bien común, de lo que te hace sentir feliz y orgulloso. No es cuestión de banderas, aunque alguna haya que nos dice que el poder es algo hereditario y me rebele contra eso. No me importa la bandera con la que te envuelves; me espanta lo que escondes tras de ella.

Lo siento, pero no puedo entender una patria que distingue entre diferentes tipos de ciudadanos, y en eso me da igual que se refiera a los que están dentro o a los que están fuera de lo que tú o cualquier otro le llame patria. Al fin y al cabo clasismo y racismo son aspectos que tienen mucho en común.

Y no acepto que me digas que no soy patriota. Lo que pasa es que has manoseado tanto la palabra que necesita un buen lavado. En frío, porque en caliente, se le corren a tu patria los colores.

La imagen que ilustra el post ha sido obtenida de la página http://www.incerba.com

TE VOY A ECHAR DE MENOS

CIMG1089Me extrañó no verla sábado pasado. En los últimos tiempos solíamos tomarnos un café en el bar de la Plaza. En la calle al solecito cuando el tiempo acompañaba, o dentro, en tiempos invernales como los de ahora. Nos reíamos o nos contábamos cosas más serias según terciara, aunque la mayor parte de las veces era la risa y las ordinarieces las que copaban nuestras conversaciones.

— ¡Hijo de la gran puta! ¿De qué coño habrás salido tú? — solía decirme muchas veces.

Años atrás el café era diario, pero desde que tuvo una obstrucción intestinal se mudó con una de sus hijas y solo aparecía por su barrio los fines de semana, a la que fue su hogar casi desde que se vino recién casada a Sevilla desde su Constantina.

Rosario era de esas mujeres inteligentes a las que la vida — mejor dicho, a las que este país y sus profundas desigualdades — no le dio la oportunidad de acceder a una formación como merecía. Pero tenía esa cultura que enraíza en Andalucía y nutre a sus hijos más humildes. Rápida, con sentido del humor, afectuosa, protectora de los suyos, era una mujer que demostraba sin pretenderlo que no son los títulos universitarios los que hacen maestras a las personas sino el sentido común y el ejemplo.

La conocí recién salido de la Universidad, cuando entré a trabajar en la farmacia. Fue entonces, al abandonar la burbuja en la que vivimos los universitarios, cuando comencé a aprender de verdad gracias a personas como ella. Escuchar su visión de la vida, su historia, su forma de estar en el mundo, me han enseñado tanto o más que muchos estudios que pueda haber finalizado. Cuando comencé a investigar para diseñar el relato de lo que sería mi primera novela, Aquel viernes de julio, ella vino a las meriendas que organicé con personas que fueron niños de la Guerra Civil.

El lunes nos enteramos que estaba ingresada en el hospital desde el jueves. El martes, una hora antes de convertirse en miércoles, expiró rodeada de su familia. Abrió los ojos antes de irse y los volvió a cerrar, para dejar de existir en la vida, que no en el corazón de tantos que la queríamos y que hemos perdido una auténtica maestra de la vida.

Gracias, Rosario, por enseñarme tanto, por sacar lo mejor de mí cada vez que te veía. No sé dónde voy a encontrar a alguien como tú. Te voy a echar mucho de menos. Mucho.

¿TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS?

ESTATUA LIBERTADUn reciente informe de Intermon Oxfam señala que en España 20 personas copan el 20%  de la riqueza. Tras el desastre de Zapatero, supe que muchas personas de izquierda, hartas de la política errante del Partido Socialista, acabó votando al Partido Popular.

En un país con tantas dictaduras y asonadas militares como España, ha quedado en la clase media un poso mental de que cuando pintan bastos, la derecha es la única que puede salir a resolver los problemas, al igual que antes había que sacar al ejército a la calle para salvar el país. Como la canción de Jarcha:

Dicen los viejos que no se nos dé rienda suelta,

que todos aquí llevamos,

la violencia a flor de piel.

Pero, como dice la canción también, yo solo he visto gente muy obediente hasta en la cama. Y así nos va.

Para resolver los problemas macroeconómicos de un país me da la impresión que no hay que saber mucha economía. La asfixia política que producían las dictaduras ahora se ha transformado en económica. Basta con hacer una reforma laboral para poder soltar lastre sin mucho coste económico, se produce una legión de parados a los que se les culpabiliza de la crisis, porque han vivido por encima de sus posibilidades, y cuando, cautivo y desarmado el ejército de parados levanta la bandera blanca, se les ofrece migajas en forma de puestos de trabajo, para poder así corregir la única cifra macroeconómica que puede fallar: las listas de desempleo.

A partir de ahí, con las empresas grandes cada vez más grandes, recogiendo subvenciones por reconstruir lo que destruyeron en empleo pero más baratito, ya se habrá resuelto la crisis. Y se demostrará, ante los ojos de los parias de la tierra versión remasterizada, que Jarcha tenía razón, y que solo nos merecemos ser vasallos de estos reyezuelos que, como todos los que han sido en el mundo hispano, no cuentan un pimiento fuera de su territorio, pero que dominan el mambo en su entorno. Al fin y al cabo la riqueza no es algo absoluto sino relativo. Depende de con quién te compares. Por eso, el rico español será tanto más rico cuanto más pobre sea su vasallo, y siempre querrá más, gracias a ese relativismo que siempre nos recordará que en materia de dinero, nunca será suficiente.

Otras estrategias interesantes para cerrar el círculo son expulsar a los cachorros que pueden mover el tinglado y destrozar la educación como vía de cambio. Ambas astucias van contra la generación de pensamiento independiente.

En cuanto a las migraciones, es probable que como dicen los informes, no sean cuantitativamente masivas, pero son cualitativamente demoledoras. Estamos expulsando de nuestro país a las mejores cabezas, a los universitarios. Decapitamos nuestra élite intelectual y empobrecemos el nivel educativo del país, es decir, restamos libertad de pensamiento.

En referencia a la educación, disfrazar de excelencia el elitismo en la nueva ley, restar asignaturas como la Filosofía, que nos ayudan a conformarnos como seres humanos libres, para favorecer conocimiento técnico y pensamiento único (religión) es el complemento idóneo a la estrategia de expulsión de jóvenes universitarios. Si la reforma laboral y la apuesta por las grandes empresas consiguen un gran efecto a corto plazo, las expulsiones intelectuales y reformas educativas garantizarán el futuro.

Una nueva Edad Media nace en España. La antigua casta nobiliaria hoy la constituyen esas veinte personas que copan de forma escandalosa la riqueza de este país y dominan la comunicación y la política. A nosotros los vasallos, no nos queda otra que transformar aquel refrán del medievo y actualizarlo:

Ni quito ni pongo en el Ibex, pero ayudo a mi Empresa.

En España los que han vivido por encima de sus posibilidades van a seguir haciéndolo. Y como siempre, a costa de quienes no han sabido utilizar la democracia para transformar de verdad este país. Ojalá digamos eso de “Hasta aquí hemos llegado”, porque ellos ya lo dijeron allá por 2007. Y lo están cumpliendo, vaya si lo están cumpliendo. Ya hasta se han quitado el disfraz de cordero. No lo necesitan.

LEGISLAR LA AUTORIDAD

La_letra_con_sangre_entraLa nueva ley de educación reconocerá al profesor como autoridad pública. En los últimos años hemos conocido muchas agresiones por parte de padres de alumnos a sus maestros, al igual que también han sido notorias las que han sufrido profesionales de la medicina, a los que la legislación ya les reconoce el rango que próximamente van a alcanzar los educadores.

La educación es en mi opinión el pilar básico para una sociedad próspera de verdad, y la figura del profesor es esencial para ello. Lamentablemente creo que esta nueva ley nos va a empobrecer aún más porque fomenta el elitismo, es decir la desigualdad social, aunque la figura del educador pueda salir más o menos fortalecida. Las sucesivas leyes de educación que desde la Constitución de 1978 hemos tenido demuestran nuestra falta de cultura democrática y la influencia que tienen grupos de poder que nunca se presentan a las elecciones pero acaban moviendo sus hilos. Las leyes tienen siempre vocación de caducidad tipo yogur, porque en lugar de señalar los límites del poder se empeña en demostrar el que tienen los que legislan.

Yo comencé a estudiar primaria en 1969, con Franco presidiendo el Consejo de Ministros. Era una época en la que una parte muy importante de la sociedad tenía muy difícil acceso a la educación. La enseñanza pública no estaba suficientemente extendida y la mayoría de los colegios eran privados y de la Iglesia Católica. Los trabajadores que pudieron dar estudios a sus hijos lo hicieron con mucho esfuerzo. He visto médicos y otros profesionales cuyos padres, analfabetos, hicieron posibles sus carreras universitarias desde andamios, o sirviendo en las casas. Una generación que trabajó durísimo y que entendió que la educación era el motor para salir de la pobreza.

A mí no me hizo falta, mis padres tenían carrera universitaria ambos, y ese esfuerzo se hizo una generación antes de la mía, en la dura posguerra. En la generación de mis padres había pocos universitarios y mucho menos, mujeres. Mi abuelo materno, un represaliado de la Guerra Civil, hizo lo imposible porque su hija, y también sus sobrinas, accedieran a la Universidad y lograran culminar una carrera. Gracias  a ese esfuerzo yo estudié con menos dificultades que otros y mis padres me llevaron a un colegio privado que no pertenecía a la Iglesia Católica, en el que se reconocía la autoridad de los profesores. Quizás fuera una época en la que cualquier autoridad infundía respeto. El respeto que produce el temor a unas consecuencias en las que siempre había un presunto culpable.

He recordado manifestaciones de autoridad de aquella época en mi colegio. En primero, allá por 1969, recuerdo al maestro lanzar desde su mesa un tampón de madera de los antiguos a los niños de seis años que se distraían hablando. Ese tampón para sellar documentos era grande, de forma curvada en su superficie, que para mojarlo bien en la tinta había que balancearlo bien.

Del profesor de segundo apenas tengo más recuerdos, salvo que fue nuestro catequista para la Primera Comunión. Aunque no se me olvida que me enseñó tres canciones en un campamento: “Cara al sol”, “Prietas las filas” y “Montañas Nevadas”. Todavía puedo visualizar la imagen de mi madre, hija de republicano, cuando subí al coche después del campamento y le canté aquello de la camisa nueva.

En tercero tuve un maestro al que le daba mucho sueño en las clases de por la tarde. De él sí que recuerdo un guantazo que me dio por hablar con mi compañero de atrás. Cuando entrábamos a las tres escogía a uno de los más gorditos de la clase, menos mal que por aquel entonces yo era flacucho, se lo sentaba en sus piernas y le daba una pluma de ave para que le hiciera cosquillas en el cuello hasta quedarse dormido.

En cuarto nuestra clase tenía más de ochenta alumnos. Al maestro, que era toda una referencia diría que en la ciudad, le gustaba utilizar las reglas de dibujo para dar palmetazos a quienes, a los nueve años, hablaban más de la cuenta. En especial le gustaba mucho la de un compañero, que la tenía especialmente pequeña, la regla, con la que podía hacer más daño.

Cuando pasé a quinto, también al profesor le gustaba dar mamporros, pero el más temido era el de inglés, un antiguo héroe británico de la II Guerra Mundial, al que las leyendas colegiales le atribuían que estaba loco porque tenía metralla en la cabeza. A Mister …X, a quien con tanto respeto como poco nivel de inglés algunos alumnos llamaban don Mister …X, le gustaba pedir “one peseta” de multa a quien se expresara en castellano en la clase, acompañado de un buen reglazo en las nalgas, para lo que había que agacharse previamente en posición sodomizante.

En sexto no olvido la paliza que un profesor le dio a un chico minusválido, que hizo una gracia tirando un papel en la papelera (la gracia fue dar una vuelta alrededor de la cesta). Cuando pasaban estas cosas, en lugar de contárselo a tus padres había que callarlo, no fuera a ser que te ganaras otra buena tunda en tu casa. En la mía nunca fue así, pero alguno de mis vecinos se ganó buenos correazos por parte de su padre ante alguna situación similar. Si en clase la letra no entraba con sangre, después muchos padres se encargaban de que el cinturón ayudase a que terminara de penetrar.

Más adelante mis recuerdos son más vagos curiosamente. No sé si es porque ya éramos más mayores, pero sí me viene a la memoria las consecuencias de “no tener autoridad”. Claro, cuando la doma se hacía de esa manera, ver a un profesor, en este caso profesora, que no se imponía, era despertar a la bestia. No olvido a aquella profesora británica que era incapaz de mantener el orden, y cómo sus clases eran ingobernables y algunos de los alumnos más golfos se masturbaban en las últimas filas. Qué poco duró la pobre.

Por último, en aquel colegio que pagaban mis padres y los padres de mis compañeros de forma religiosa, aunque fuera laico, quiero contar una experiencia de autoridad que sufrí en mis carnes. Me la hizo el director del colegio, que por otra parte, me aconsejó estudiar una carrera de letras y no le hice caso. Suspendí la primera evaluación de su asignatura. Me sentí tan avergonzado, a mis dieciséis años, por aquello, que en el mismo examen, reconociendo lo desastroso que fue y sintiéndome culpable, le escribí al final de la hoja de examen una frase: “Prometo mejorar”.

Comencé la segunda evaluación estudiando mucho, decidido a que aquello que pasó fuera un borrón sin importancia. La primera vez que el profesor pidió un voluntario para resolver un problema de los que habían puesto en los deberes, me ofrecí de inmediato. Estaba estudiando mucho y tenía la voluntad de mejorar. Salí a la pizarra y el profesor, delante de toda la clase, lejos de preguntarme por aquel problema, lo hizo por la materia que había suspendido. Me preguntó delante de toda la clase si creía que bastaba con resolver ese problema, que qué era eso de que prometía mejorar. Aquel acto pedagógico de autoridad contribuyó sin duda a que tuviera que aprobar aquella asignatura en septiembre.

Eran otros tiempos, son anécdotas puntuales que presenciamos los alumnos con los que compartí clases hace ya muchos años. Es probable que en otros colegios, incluso en los institutos de enseñanza pública, pasasen cosas parecidas Como dicen algunos, hay que contextualizar, entender aquellos tiempos de represión.

Espero que no sea este el tipo de autoridad que añoran los legisladores. Quizás con un sistema educativo más igualitario, enfocado en valores universales, que pueda formar a las personas más libres, no habría que legislar tanto sobre la autoridad. No hay libertad verdadera sin una educación justa y accesible a todos. La libertad tiene que ver con la capacidad de elegir y desear el bien común en lugar del bien particular. Para conseguir un sistema educativo que se enfoque a construir individuos libres, obligatoriamente tendrá que ser equitativo. Y probablemente entonces no fuera tan necesario legislar sobre la autoridad.