RECUPERAR EL PRESTIGIO DEL FARMACÉUTICO (III)

Autoestima_2Hace no mucho tiempo los tribunales dieron la razón a un farmacéutico sevillano que se negaba a dispensar anticoncepción de emergencia en su farmacia, aduciendo motivos de conciencia. Motivos de conciencia también tendrá nuestro farmacéutico madrileño que se niega a dispensar homeopatía en la suya, aunque es de suponer que por causas diferentes. Imagino que en el caso de mi paisano las que prevalecían eran sus creencias religiosas y en el de Madrid los argumentos científicos.

Pero hay algo más allá que subyace, y es cuál es el papel del farmacéutico en el proceso de atención sanitaria, y que justificaría, o por otro lado cuestionaría, la actuación de ambos farmacéuticos. Si nuestro rol se circunscribe a facilitar el acceso a la población de los medicamentos, los recetados por los profesionales legalmente capacitados o los no sujetos a la restricción de la receta, a menudo tan difusa y cuestionable, entonces nuestros dos colegas habrían cometido sendas infracciones, independientemente de sus creencias religiosas o pareceres científicos, porque la ética y la ciencia se circunscribirían a la del prescriptor y a la del paciente; si por el contrario el farmacéutico se considera un profesional experto en medicamentos, con capacidad para tomar decisiones sobre la farmacoterapia, de conciencia o científicas, entonces estaremos hablando de otra cosa y el farmacéutico sería un actor más en cuanto a argumentación científica y moral. Y aún más: si en el primer caso el farmacéutico es un mero distribuidor, la pregunta es para qué necesita la sociedad un farmacéutico en ese puesto; y si se trata del segundo caso, habrá que facilitar la libertad del farmacéutico para que pueda actuar con argumentos científicos en defensa del paciente, esto es, habrá que acabar con el pernicioso sistema de percepción de honorarios basados en márgenes comerciales.

Me hace mucha gracia que se le exija al farmacéutico que actúe con honorabilidad y en defensa de los pacientes cuando su sistema de remuneración lo hace ser el brazo alargado de la industria y el negocio farmacéutico. Cuando además sesudos periodistas especializados en salud, profesionales y políticos así lo exigen, quizás sea que no todo el prestigio está perdido, pues esperan del farmacéutico lo que no esperan de cualquier otro profesional, sea de la salud, el comercio o el armamento nuclear. Ni siquiera de ellos mismos. Seamos coherentes con lo que exigimos a los farmacéuticos, ¿no les parece?

Un cambio en el modelo de remuneración sería una condición necesaria para el cambio y posible recuperación del prestigio profesional, pero no suficiente. Porque el siguiente aspecto, aspecto esencial, será el para qué se hace ese cambio. Y su único sentido sería para resolver algún problema que la sociedad tenga con los medicamentos, y hacerlo con una propuesta mejor que las ya existentes. Porque el cambio no va a ser para lo que a nosotros nos parezca ni en la forma que nos parezca, ¿no? Las profesiones no son otra cosa que servidoras de la sociedad, y no un fin en sí mismas.

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CONTINUARÁ

La imagen se tomo de http://www.namagazine.es

 

TRES MIL VIAJES AL SUR. CARIDAD O JUSTICIA

Poligono surTres mil viajes al sur surge de mi actividad como voluntario en el Polígono Sur de Sevilla, las estigmatizadas Tres mil viviendas. Comencé a ejercer de voluntario a principios de 2006, después de que poco antes de la Navidad diese una charla sobre hipertensión arterial a mujeres del barrio, invitado por mi amiga Julia del Valle. Cuando conocí las instalaciones de la Parroquia Jesús Obrero, encontré muchas similitudes a la Clínica de Philips, un centro de cooperación y docencia que la Universidad estadounidense de Minnesota mantenía en una iglesia episcopaliana que había visitado meses atrás durante una estancia de investigación. Mi pretensión fue repetir aquella grandiosa experiencia, en la que profesores y estudiantes de Medicina, Farmacia, Enfermería y Fisioterapia compartían práctica asistencial tutelada, dirigida a emigrantes ilegales que residían en la ciudad de Minneapolis. Monté una consulta allí a principios de 2006 y allí sigo, a pesar de que la idea de repetir la experiencia fracasó, porque los profesores de la Universidad de Sevilla, y la forma de enseñar una profesión no son, desgraciadamente, iguales.

Una de las primeras personas a las que conocí fue a un antiguo trabajador de una empresa de cerámica de Triana. Padecía de un enfisema pulmonar del que murió poco tiempo después. Apenas pude verlo un par de veces y ni recuerdo su nombre. Lo que sí que no se me olvida era su historia. Carecía de medios para pagar sus tratamientos porque no tenía pensión. Nunca estuvo asegurado, lo supo cuando ya su enfermedad le imposibilitó para trabajar. Durante décadas su tarea se desarrolló dentro de un pozo de fango muchas horas al día. Antes de sumergirse encendía un cigarro, y con la colilla encendía el siguiente, ya que no podía echarse nada en los bolsillos. Aquel obrero que vivió muchos años en un corral de vecinos trianero, que fue desalojado de su casa para trasladarse al sur fue de los primeros que conocí y que me removió las entrañas. Después, he ido conociendo la vida de muchas personas más, como aquella mujer que pedía en las puertas de una iglesia, y  que perdió la custodia de sus hijas de un día para otro y cada día rezaba a su Vaticano, las estampitas de santos que le regalaban las feligresas, para volverlas a ver.

Cuando me preguntan acerca de lo que hago allí muchos me alaban. Cuando les hablo de las causas de la exclusión la mayoría no me contesta, se limitan a escucharme. Y si continúo y trato de hacerles ver el aislamiento que sufren, la necesidad de soterrar el tren y derribar los muros que los encajonan, ya el tema es otro, aparece el escepticismo, el miedo; el estigma.

En esta ciudad gusta mucho hacer caridad, donar ropa que se pasa de moda, hacer un festival para recoger donativos, o, para los más aventureros, realizar safaris solidarios adentrándose en barrios humildes. Hacer cositas y no modificar la realidad, para continuar sintiéndonos bien por lo buenas personas que somos. Cada día que pasa pienso si yo también soy parte del problema, si lo que hago lleva a que algún día pueda haber algún cambio real. Mientras tanto, lo único que puedo hablar es de lo agradecido que me siento por haber conocido a muchas personas que viven más allá de las fronteras del miedo.

Foto tomada de @miPoligonoSur

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿Y TÚ, QUÉ HARÍAS?

2015-06-07 13.30.14Tres mil viajes al sur cuenta cuatro historias de mujeres en su viaje hacia la marginalidad, dentro de los procesos sociales que se dieron en grandes ciudades españolas  en los años 50-70 del siglo pasado, como consecuencia de la despoblación de las zonas rurales y del desahucio sufrido por muchas familias de barrios humildes. Todas fueron confinadas a la periferia, a barrios de autoconstrucción y a los terribles polígonos. Muchos de los que hoy ocupamos barrios residenciales lo hacemos en edificios construidos sobre solares y territorios en los que se dieron estos procesos y, por tanto, somos cómplices en mayor o menor medida de ellos.

En este marco, Tres mil viajes al sur pretende reflexionar sobre las vidas de estas personas y de sus descendientes, deportados al extrarradio y que fueron carne de cañón en los años 80 del siglo pasado para el consumo de drogas y sus consecuencias delictivas, que profundizaron aún más en la brecha social y estigmatización de los habitantes de estos guetos.

Por estos motivos, la gran mayoría de los personajes que son ajenos al barrio donde se desarrolla Tres mil viajes al sur no tienen nombre. No lo tienen la ciudad ni el barrio, ni tampoco los que viven fuera, salvo alguna excepción intencional. Porque lo que sí que es intencional es promover la reflexión ética en los lectores, ayudar a que los que lean sus páginas se pregunten qué harían si ellos fueran algunos de los personajes sin nombre que aparecen a lo largo de las cuatro historias.

¿Qué haría, amigo lector, si usted fuera cooperante de una ONG en ese barrio, si fuera el director de un instituto que debe aceptar o rechazar alguna solicitud, si vive protegido al otro lado del muro que lo separa de ese barrio que rechaza?

Tres mil viajes al sur carece de respuestas a las preguntas formuladas, y pretende huir de cualquier forma de maniqueísmo. No tiene pretensión de adoctrinar, sino de hacer pensar, de que el lector forme parte de la reflexión y que ayude a encontrar las respuestas que buscamos. Por ello, el verdadero final de la historia no está escrito; está fuera de las pastas del libro, y entre todos habremos de culminarlo algún día. En la vida real.