RECUPERAR EL PRESTIGIO DEL FARMACÉUTICO (II)

autoestimaA partir de este post hablaré de cómo entiendo que se puede recuperar el prestigio del farmacéutico, una visión personal que se podrá compartir o no, como todo en la vida, y que a buen seguro molestará en ciertos sectores endogámicos de la profesión, esos cuya defensa de la profesión no va más allá de gritar lo importantes que somos o de rasgarse las vestiduras de forma lastimera ante las críticas que nos hacen desde fuera, y poco hacen por rescatar una reputación profesional que parece que quedó anclada en los tiempos de la formulación magistral.

Para no hacerles perder mucho el tiempo, y que puedan cerrar esta página sin llegar hasta el final, señalaré unos puntos a partir de los que voy a desarrollar mi tesis:

  • Una profesión agrupa un conjunto de individuos, denominados profesionales, que resuelven un problema que tiene la sociedad mediante la aplicación de un conocimiento específico y una práctica reconocible, de modo interno para poder ser perseguida la mala práctica, y de modo externo para que los miembros de la comunidad, ciudadanos y resto de profesionales, puedan beneficiarse de sus servicios.
  • Ninguna profesión puede ser estática, ya que la sociedad evoluciona, resuelve problemas antiguos y aparecen otros nuevos, y si la profesión no evoluciona con la sociedad, desaparecerá. Son los profesionales quienes detectan problemas que tiene la sociedad y aportan soluciones a los mismos, y nunca al revés. Si otras profesiones ofrecen propuestas mejores para resolver los problemas, estas se harán cargo de dicha responsabilidad.
  • Al menos en lo que se refiere a los problemas relacionados con la salud, estos se han tornado tan complejos que no existe ninguna profesión de las clásicas capaz de abordar de forma integral su solución. Por tanto, no son las enseñanzas básicas sino las prácticas profesionales cooperativas las que ofrecen respuestas a la sociedad. Y lo cooperativo significa que diversas profesiones pueden ejercer una misma práctica por sí mismas o en colaboración con otras. De esto puede deducirse que el título universitario será una condición necesaria no suficiente, y que lo esencial será la acreditación para una práctica, que en ciertos entornos no será exclusiva de formación universitaria alguna. No hablo de prácticas muy específicas, como una cirugía, pero sí de otras como la prescripción de medicamentos, la detección y resolución de los problemas que estos producen o, por qué no, la dispensación.

Me temo que me he alargado más de lo que esperaba en las premisas expuestas, así que iré añadiendo más entradas al respecto. No obstante, sí que deseo exponer algunas mis conclusiones personales:

  1. Una profesión es conocimiento específico, una mirada diferente a la de otros al problema y, por tanto, si no existe tal mirada, no existe profesión.
  2. Si una profesión se engloba en torno a una práctica, no será la Universidad la responsable de formar en esta práctica sino las instituciones en las que se ejerce dicha práctica.
  3. Al ser las prácticas cooperativas las que dan sentido a una profesión, los profesionales que las ejercen deberían agruparse, asociarse, en función de estas prácticas y no en relación a la carrera universitaria que en su día estudiaron.
  4. El corporativismo mata, y anteponer los intereses de una agrupación al derecho de los pacientes a recibir la mejor respuesta a sus problemas de salud, es éticamente inaceptable.

A modo de resumen de esta entrada, si el farmacéutico quiere recuperar su prestigio no basta con decir sí, sino que debe poner palabras y hechos a dicha afirmación, esto es a un ejercicio profesional específico y reconocible que impacte de forma beneficiosa sobre la salud de las personas. No basta con decir que lo que ya se hace es fundamental, porque si hay que recuperar un prestigio perdido ello se debe a que la sociedad no tiene muy claro qué es lo que le aporta. Así pues, debe responder entonces a estas preguntas:

  • ¿Qué problemas tiene la sociedad respecto a los medicamentos, esencia tradicional de la profesión farmacéutica?
  • ¿Cuál es la respuesta que los farmacéuticos damos a estos problemas?

Vayan pensando.

CONTINUARÁ

La imagen se tomó de http://www.abad-psicologia.es

RECUPERAR EL PRESTIGIO DEL FARMACÉUTICO (I)

homeopatiaEn estos días ha salido a la luz, y creo que no es la primera vez, la noticia de que una farmacia de Madrid se niega a vender homeopatía, por sus dudas―certezas, más bien― acerca de la eficacia de esta medicina y los productos con los que trata las enfermedades, denominados medicamentos homeopáticos y catalogados así por las autoridades sanitarias de este país (España) y muchos otros.

Muchos son los temas que para discutir sobre esta controversia. El periodista de El País Emilio de Benito titula su artículo del 19 de agosto como Recuperar el prestigio del farmacéutico  y reflexiona sobre el papel de las farmacias como establecimiento sanitario. Fácil es criticar a las farmacias y no a las autoridades que mantienen el modelo farmacéutico; más difícil es proponer cambios, que no defienden de verdad ni responsables políticos ni profesionales, que desde años se limitan a enunciar hipócritas soflamas vacías sobre nuestro papel en la sociedad.

A mí se me ocurren varios aspectos a tratar, que me van a llevar a defender la tesis de que es imposible ser profesional de la salud si el modelo de remuneración es el de la percepción de un margen comercial por la venta de productos sanitarios o pseudosanitarios, desde medicamentos que han demostrado su eficacia y seguridad hasta fajas reductoras de peso, crecepelos o productos para la memoria, pasando por la homeopatía, pulseras con poderes mágicos o adelgazantes. Me gustaría saber si esa farmacia a la que se alude también se niega a vender muchos de estos productos. Si fuera así el titular sería mi héroe per secula seculorum.

Como en Internet no se deben escribir entradas muy largas si se pretende ser leído, voy a desmenuzar lo que pienso acerca del tema en varios posts, que más o menos vendrán a resumirse en estos puntos, aunque al final trate siempre de lo mismo:

  • Negarse a dispensar no puede ser un acto heroico.
  • Las farmacias y los farmacéuticos son parte del sistema sanitario, le pese a quien le pese, le guste a quien le guste.
  • La venta de homeopatía es un problema de quien la vende y quien autoriza que se venda.
  • Los colegios profesionales son parte del problema y no de la solución, y las autoridades gubernamentales, pudiendo ser parte de la solución, son parte del problema.

Recuperar el prestigio del farmacéutico es algo que todos deberíamos desear, no solo los farmacéuticos, pero únicamente se puede recobrar a partir de garantizar un modelo de ejercicio profesional en el que la legalidad y la ética vayan mucho más parejas de lo que hasta ahora van, y que lo que se les exige a los farmacéuticos sea compatible con ese modelo por diseñar, ya que el hoy por hoy existe se ha quedado obsoleto.

No importa cómo seamos los farmacéuticos de hoy, pues somos hijos del modelo que hay, tan obsoleto como nosotros mismos. De lo que se trata es de si la sociedad quiere y necesita otros farmacéuticos y que cumplan un papel de acuerdo a lo que cuesta formarnos. Y si no somos precisos, que digan quiénes van a cumplir esos papeles y cómo lo van a hacer.

Las farmacias deberían ser una puerta de entrada al sistema sanitario y muchas veces se convierten en la cloaca de un sistema imperfecto que desagua todas sus imperfecciones en unos establecimientos que ocupan un lugar privilegiado en la sociedad, pero que tienen la tremenda debilidad de sobrevivir gracias a lo que venden a casi un único cliente que desde hace años las extorsiona en lugar de facilitarles transformarse en una pieza importante de la atención sanitaria de los ciudadanos.

Por tanto, sí, hay que negarse a vender homeopatía, y no solo homeopatía. Pero para que esto no sea un gesto heroico o nada más que un motivo para el típico artículo superficial con el que más de uno, de dentro y de fuera de la profesión farmacéutica, se rasga las vestiduras, habrá que hablar del problema verdadero. ¿O no, farmacéuticos, médicos, periodistas sanitarios?

CONTINUARÁ

La imagen se ha tomado de www.timos.info

 

PACO MARTINEZ

PACOMARTINEZHa muerto Paco Martínez, el farmacéutico que nos hizo soñar con ser diferentes.

Conocí a Paco allá por 1995 cuando se conformó el Grupo Torcal, que aglutinó a farmacéuticos andaluces con afán de renovar una profesión que había perdido sus señas de identidad. Paco fue aquel farmacéutico que ejercía su profesión junto a la estación de autobuses de Jaén, en aquella farmacia mítica para muchos de nosotros, auténtico símbolo y ejemplo de lo que soñábamos ser.

Paco puso de moda el término de farmacéutico comunitario, nombre que aterraba a los más antiguos, que lo asimilaban al de comunista. Gracias a Paco, muchos farmacéuticos quisimos ser orgullosos farmacéuticos comunitarios, profesionales al servicio de una sociedad que, como ahora, no sabe que muchos de sus miembros mueren sin necesidad por culpa de un mal control de medicamentos.

Ese farmacéutico, que era de Jaén, y no de Sevilla, de Barcelona o Madrid, londinense ni parisino y mucho menos neoyorquino, nos hizo sentirnos orgullosos de ser farmacéuticos. Y quisimos ser como Paco Martínez; y actuar como lo hubiera hecho Paco Martínez; y parecernos algún día a Paco Martínez.

Luego pasó el tiempo, con sus vaivenes, con sus idas y venidas, con sus bajadas y subidas, como todo lo que se vive de manera intensa. El tiempo y las personas podemos borrar muchas cosas de nuestra memoria, pero nunca podrá con la certeza de que fue Paco quien nos puso en el camino. Un camino que está siendo duro, a veces infructuoso y desalentador, que nos vuelve a la casilla de salida más de una vez como en el juego de la oca, pero que también es irreversible.

Quizás ahora se le hagan más homenajes a lo que Paco Martínez ha representado para la farmacia comunitaria. Pero creo que el mejor que le podríamos hacer todos sería simplemente el hacer realidad todo aquello que nos hizo soñar.

EXPERIENCIAS MEXICANAS

Taller GuadalajaraQuienes me conocen saben que cruzar el Atlántico en dirección a Iberoamérica es para mí un gran estímulo. Desde que llegué a Colombia en el año 2000, he realizado más de cincuenta viajes hacia allá, y mis colegas farmacéuticos saben que ha sido en América donde he desarrollado nuevas técnicas docentes.

Fue en Argentina donde por primera vez entrevisté a un paciente en directo ante los alumnos; en Uruguay donde utilicé videos de grabaciones de pacientes; en Brasil donde hice mis primeras sesiones clínicas conjuntas; en Costa Rica donde impartí casi veinte horas de clase sin diapositivas y construyendo con los estudiantes la práctica asistencial desde la filosofía de estar en el mundo…. Grandes experiencias que luego he podido traer a España en los lugares en los que me han dejado.

Ha sido a mediados de junio y en Guadalajara , días antes de que escriba esto, cuando surgió la última innovación. Y esta , por casualidad.

Habíamos preparado un taller con dos pacientes que los colegas mexicanos habían traído. Una de ellas, esperaba con la cabeza apoyada en una cristalera del aula. Había sufrido un accidente de tráfico meses antes y tenía bastante dañado el cuello. Era muy molesto para ella adoptar otra postura, así que se me ocurrió que nos sentásemos en círculo a su alrededor para que no se moviese. Y comenzamos.

No sé cómo fue, pero cuando nos dimos cuenta estábamos haciendo una sesión clínica con la paciente integrada en la misma, y repetimos con la segunda. Discutimos en ambos caso los tratamientos con cada una de ellas, vimos diferentes aspectos de mejora, consideramos aspectos científicos, personales y culturales, adaptamos los mensajes al conocimiento y capacidad de comprensión… Las pacientes se abrieron, mostraron sus temores y expectativas, aquello que tan poco tenemos en cuenta y que se parece tanto a nuestra experiencia clínica, que finalmente nos hizo encontrar puntos de acuerdo y estrategias para alcanzar objetivos terapéuticos concretos y entender por qué hacerlo de esa manera.

Por cierto, no utilizamos más que bolígrafos, papel, conocimientos y experiencias. Ah, y el sentido común. No sé qué programa informático podrá ofrecernos esto, pero nos fue muy bien. Más que bien. Y desde ahora, es lo que pienso hacer.

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

CEGUERAEn estos días, y a pesar de que cada día soy más pesimista con el futuro de los farmacéuticos como profesionales de la salud, por mucho onanismo triunfalista que se pregone en sus Congresos, he dirigido un modesto trabajo de investigación para que una alumna de un Máster de Farmacia cumpla los requisitos necesarios para la obtención de dicho título.

El objetivo propuesto era conocer si los usuarios de una farmacia que no hubieran recibido servicios de seguimiento/optimización farmacoterapéutica y que acudieran a retirar su medicación habitual sin quejarse de problema alguno con su medicación, alcanzaban o no los resultados esperados de la misma. Es decir, si había algún fallo de la farmacoterapia, o como les gusta decir a los consensuadores españoles que raramente han visto a un paciente, si experimentaban o corrían el riesgo de experimentar, resultados clínicos negativos.

La metodología seguida ―no me voy a extender mucho en esta entrada con la misma, ― consistía en ofrecer aleatoriamente a los candidatos una evaluación rápida de su farmacoterapia, aprovechando que acudían con su tarjeta sanitaria para prescripción electrónica. Se analizaba la medicación y se obtenían los resultados de efectividad en lo que se pudiese evaluar, ya que resultados analíticos o de otras pruebas han quedado sin verificar si el paciente luego no los traía, por no disponer de ellos o por la imposibilidad de acceder a la historia clínica del paciente.

Se captaron diez pacientes, cinco hombres y cinco mujeres, y ahora estamos estudiando los datos. Dan miedo. Estoy convencido de que este trabajo merecerá ampliarse y hacer una tesis doctoral, que daría para mucho si lo que va apareciendo se confirma, a pesar de una muestra tan escasa.

Lo primero que hemos visto es que todos, absolutamente todos los pacientes, sufrían al menos dos resultados negativos de la medicación, y eso que, como he dicho con anterioridad, han quedado aspectos de efectividad, que no de seguridad, sin evaluar. Este dato me parece importantísimo: el 100% de la muestra de pacientes que toman medicamentos de forma crónica tiene al menos dos problemas con sus medicamentos,  a pesar de que no se haya podido evaluar todo.

Cuando se presente la investigación se podrán dar más detalles de la misma, aunque me pregunto si a alguien le importarán esos datos. Pero sí quiero adelantar el caso de una mujer que se encuentra en prediálisis, y que en la evaluación detectamos que el cansancio que mostraba se debía a una bradicardia a consecuencia de su dificultad de eliminación renal del atenolol que tenía que utilizar por un infarto previo que sufrió. Informamos a su médico para que los sustituyera por otro medicamento de la misma familia pero de eliminación biliar y no hizo caso (en Román paladino se dice se acojonó), pero la paciente, que afortunadamente tenía cita con su nefrólogo en los días siguientes, confió en nosotros, no se rindió y le llevó nuestro informe. El resultado fue quey su atenolol se sustituyó por carvedilol y la bradicardia desapareció. Así, los profesionales de la salud dejamos de joderle el riñón a la señora, al menos la jodienda gratuita de darle atenolol, y quizás ese trasplante que pudiera venir se retrase un tiempo más o no tenga que hacerse, lo cual no sé si es positivo o negativo para estos políticos de la Andalucía imparable, que quizás deseen seguir liderando los trasplantes en España y nosotros hayamos contribuído a fastidiarles (iba a poner joderles, pero ya me estaba repitiendo mucho) las cifras.

Pueden conocer los costes de los servicios sanitarios en Andalucía en esta dirección:

http://www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdesalud/ordenpreciospublicos/default.asp

Por decirles algo, un trasplante renal en Andalucía cuesta 39.181,42 euros. Ahorrando uno solo, podríamos comprar 15.672 cajas de carvedilol y tratar a 1.300 andaluces (y andaluzas) durante un año con ese medicamento, por poner un ejemplo.

Pero más allá de los costes económicos del trasplante, y de los medicamentos tan carísimos que debería tomar de por vida con posterioridad para evitar el rechazo al nuevo órgano, ¿alguien tiene idea de las consecuencias sobre la calidad de vida del paciente? No hay página web oficial que nos informe sobre cómo se sienten las personas que sufren procedimientos como éstos. Es cierto que, ante la posibilidad de la muerte, cualquier aspecto así les merece la pena a muchos. Pero, ¿y si llegaran a saber que su caso podría haberse evitado? Muchísimos procedimientos quirúrgicos, muchísimo sufrimiento se podría haber evitado si los pacientes crónicos dispusieran de servicios de gestión integral de la farmacoterapia para optimizar sus resultados y prevenir problemas como éstos.

Aquí tienen algunas razones por las que de un tiempo a esta parte, me dedico a la literatura. Para quienes me preguntan, aquí está la respuesta. Así he conseguido que mis frustraciones sean mías y sólo mías, y únicamente dependan de mi torpe manera de juntar palabras. No necesito a nadie más

Para modificar la situación expuesta, doctores tendrá la Iglesia, aunque me temo que esa Iglesia a la que aludo, sus feligreses y sus sacerdotes, padecen de una ceguera que sólo puede explicarse desde el talibanismo y la sinrazón. Y caerán en el infierno, que existe, claro que existe, al menos en lo que se refiere a quienes pudiendo hacer otra cosa, no la hicieron. Porque tuve hambre y no… pues eso.

La imagen que ilusta se ha obtenido de http://www.lamilanabonita.com

 

HIDRA VERDE EN DIARIO DE SEVILLA

Esta semana es semana fantástica para los farmacéuticos literatos. Presentamos Hidra verde, relatos de farmacéuticos hispanoamericanos, en Toledo, en el Cigarral de las Mercedes, lugar emblemático que acogió a científicos y humanistas durante la II República. Qué mejor enclave para un libro como este.

Aquí os dejo la primera entrevista que se realiza en torno a ella. Y ya os contaré más.

http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/2131433/la/hispanidad/los/boticarios.html

SANIDAD PÚBLICA O SANIDAD PRIVADA

Artículo publicado en la revista El Farmacéutico en mi sección YA VIENE EL SOL el 12 de junio de 2015

http://elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/6051-sanidad-publica-o-privada#.VbnewPntmko

SANIDAD PUBLICA PRIVADAQue el estado garantice a sus ciudadanos el derecho a la salud es una muestra de su madurez como organización colectiva. Porque un estado, como conformación política, incluya o no los sentimientos de patria o nación entre sus ciudadanos, si tiene sentido para estos se debe a que juntos se consigue crecer como individuos, como personas, y a que existe igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de cada cual y nos sostiene en la enfermedad y en las dificultades de la vida. Que el estado garantice ese derecho, como el de la educación, es una manifestación palpable de que es instrumento para el bienestar de sus integrantes, y por eso las medidas de estos últimos años, penalizando la enfermedad mediante cuotas extra a los ciudadanos en el pago de los medicamentos, además de las que realizan a través de los impuestos, van en contra de ese derecho. Porque el gran problema de lo público es lo político. Lo público es muy bonito sobre el papel, y en la realidad si esto se alcanza; pero corre el riego, en sociedades poco maduras como la nuestra, de escasa tradición democrática, de que todo se politice y se llegue a poner en cuestión los avances que se consiguen de vez en cuando. En cambio, lo privado tiene menos política, aunque la tiene, y es el legítimo beneficio económico lo que prima. Esto, en salud, significa que pasa de ser un derecho a una cuestión más de mercado, orientándose los servicios sanitarios hacia la rentabilidad, como en cualquier otro sector.

Reflexionaba sobre estos aspectos escuchando una conferencia sobre el éxito de la implantación de los servicios de Medication Therapy Management en estados en los que la salud es un negocio y no un derecho. Envidio que existan cientos de farmacéuticos, cada vez más, que ejercen su profesión previniendo y resolviendo los problemas que producen los medicamentos, una de las tragedias más graves que existe en la actualidad en el ámbito de la salud pública de los países desarrollados. Me causa una profunda tristeza ser testigo de cómo un estado como el español, que ha sido referencia docente e intelectual para este tipo de servicios en Europa, se encuentre a la cola a la hora de implantarlos, y sea hasta el momento poco más que una entelequia vislumbrar que ello sea factible.

Es absolutamente lamentable que sigan muriendo ciudadanos a causa de los medicamentos, que continúen sufriendo sus problemas evitables, que gastemos millones y millones de euros en algo que se podría ahorrar, con que solo existiera altura de miras, voluntad de avanzar y vocación de servicio a los ciudadanos. Es descorazonador llegar a la conclusión de que en este país no existen este tipo de servicios porque en la sanidad pública prima la política sobre el bien común, y la economía, la verdadera economía y no las cuentas de la lechera que se hacen para cautivar votos, se subordine al sectarismo. Sectarismo al que no somos ajenos los profesionales de la salud en general y nosotros en particular, anteponiéndose los intereses de los agentes implicados a los de los ciudadanos a los que dicen defender.

Algún día esto se revertirá. Esperemos que los afrancesados que defienden de verdad el cambio, no tarden de nuevo dos siglos en ganar esta batalla.

La ilustración se tomó de http://www.ofertasbancarias.com/foros.php?t=48551

PRÁCTICAS TUTELADAS

Artículo publicado en la revista El Farmacéutico en mi sección YA VIENE EL SOL el 13 de julio de 2015

http://elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/6162-practicas-tuteladas#.VbndFfntmkp

Durante varios años, la farmacia que dirigí estuvo acreditada por la Universidad estadounidense de Minnesota como centro autorizado para realizar prácticas tuteladas. En ese tiempo, recibí dos alumnas, porque además de tener capacidad económica para viajar a España, había que conocer el castellano para poder interactuar con mis pacientes.

El programa de formación en prácticas tuteladas de Estados Unidos, o al menos de esa Universidad, contemplaba una duración de diez meses, tiempo en el que el alumno debía rotar por diez servicios farmacéuticos diferentes, todos acreditados, en los que aprender las distintas prácticas profesionales en las que aquellos servicios destacaban. Una de las estudiantes quiso estar más tiempo y no fue autorizada, ya que se entendía que era muy importante para su formación que tuviera un conocimiento global de la que iba a ser su profesión.

Durante muchos años también, fui formador de prácticas tuteladas para nuestras Facultades de Farmacia. Un buen número de veces nos enterábamos de que venía un alumno en prácticas el día anterior al comienzo de su periodo de formación, y todos, salvo escasísimas excepciones que se podrían contar con los dedos de la mano de un mutilado de guerra, acudían, por tres o por seis meses, por la proximidad de su domicilio. Ningún estudiante había oído en la Facultad que tuviésemos un servicio diferenciado dentro de la farmacia para ver pacientes, ni conocían nuestra tradición investigadora o asistencial.

Aquella farmacia era excelente, por decir algo, porque tampoco había muchas, en cuanto a la consulta de seguimiento farmacoterapéutico. Pero dejaba mucho que desear en formulación magistral y en otros muchos servicios para los que hay grandes profesionales en otras farmacias. Por tanto, el estudiante podía recibir una buena formación en lo que sabíamos, y otra bastante deficiente, o no tan buena, en otras áreas. Y lo mismo se podría decir de otras farmacias.

Me pregunto cómo sería si los estudiantes rotaran por servicios de excelencia, y que las farmacias especializadas enseñaran lo que para ellos es lo que mejor hacen. Probablemente los alumnos saldrían muy bien formados en distintas áreas, los farmacéuticos enseñaríamos sobre nuestras fortalezas y todo sería mucho mejor. Y quizás muchos profesores que ahora miran con cierto desprecio a la farmacia comunitaria, conociesen la realidad y dejasen de criticarla ante sus alumnos.

La asignatura de prácticas tuteladas es la que otorga más créditos de formación en la carrera y me parece que pocos se la toman en serio. Es más un requisito, una orden que viene de Europa, una obligación. Es algo de lo que profesores, estudiantes y formadores tenemos que salir del paso como sea. Resulta muy triste, pero si desde que se empieza con la formación asistencial esto es así, luego no podemos quejarnos de la mediocridad de nuestro ejercicio profesional.

La foto que aparece fue tomada de www.blog.uchceu.es 

UNA PROFESIÓN AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD

Prólogo encargado para el libro “Atención Farmacéutica en Panamá: marco conceptual, aspectos legales y bases para la solución de casos”, escrito por el profesorado del Departamento de Farmacia Clínica de la Universidad de Panamá, y que editará la Imprenta Universitaria

CIMG3005Una profesión se sustenta en un conjunto de conocimientos, algunos específicos y otros compartidos con otras profesiones, que se aplican de una forma diferente y única para resolver un problema que tiene la sociedad. Es en este contexto en el que surge una nueva profesión farmacéutica, la que se sustenta bajo el paradigma de la Atención Farmacéutica, que intenta minimizar un enorme problema de salud pública como es la morbi- mortalidad asociada a los medicamentos, responsable de uno de los retos más importantes a los que se enfrentan los sistemas de salud en la actualidad, uno de los más costosos en términos económicos y sobre todo en vidas humanas, que además puede ser evitado con la implantación de esta práctica asistencial.

Que existe un problema importante de salud pública en materia de medicamentos es algo de lo que hay conciencia en el ámbito sanitario desde la epidemia de focomelia causada por talidomida en los primeros años de la década de 1960. Sin embargo, hasta ahora, los intentos por minimizar los problemas que producen los medicamentos por las profesiones tradicionales, medicina o enfermería, han sido infructuosos, ya que se han limitado a tratar de perfeccionar sus prácticas asistenciales habituales, cuando en realidad lo que se necesitaba era una forma diferente de hacer las cosas, es decir, una nueva práctica, o lo que es lo mismo, una nueva profesión.

Hoy se sabe que los costes económicos producidos por una utilización ineficiente de ese recurso terapéutico llamado medicamento doblan de largo las inversiones en dicho recurso. Asimismo, se ha demostrado que solo cuatro de cada diez medicamentos prescritos alcanzan los efectos deseados. También es conocido que las muertes causadas por medicamentos llegan a quintuplicar las producidas por accidentes de tráfico. A pesar de todo eso, la instauración de esta nueva práctica asistencial denominada Atención Farmacéutica, traducción libre al español del concepto filosófico Pharmaceutical Care y de su puesta en práctica Medication Therapy Management, es   todavía testimonial. Los sistemas sanitarios todavía no son conscientes de la dimensión del problema y de lo que un nuevo farmacéutico puede contribuir a resolver. De ahí la importancia de textos como este que, realizados desde la Universidad, pueden contribuir a formar profesionales farmacéuticos capaces de realizar tan alta contribución a la sociedad.

Estudios recientes indican que un nuevo profesional farmacéutico puede elevar la tasa de efectividad y seguridad de los medicamentos desde el 40% que muestra la literatura científica al 82%, y que por cada dólar invertido en este tipo de servicios, los proveedores de salud ahorran entre 8 y 10 dólares gracias a evitar recursos terapéuticos mucho más costosos o bajas laborales.

No tengo dudas de que la aparición de nuevos farmacéuticos que ejerzan la práctica de la Atención Farmacéutica constituirá uno de los avances más importantes para los sistemas sanitarios del siglo XXI. Y para que ello sea así, es esencial la implicación de las Facultades de Farmacia y sus docentes, porque solo ellos pueden garantizar la formación de profesionales al servicio de la sociedad. Por esto es para mí un orgullo prologar este libro escrito por colegas de gran valía, comprometidos desde hace muchos años con esta causa.

Dr. Manuel Machuca González

Presidente de la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF)

SEGUIMIENTO FARMACOTERAPÉUTICO EN OFICINAS DE FARMACIA

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Hace unos días preguntaba al presentarme a mis alumnos del Master de Atención Farmacéutica de la Universidad de Costa Rica qué era una profesión. Después de escuchar la opinión de todos, llegamos a la conclusión de que una profesión acoge a un grupo de personas con un conocimiento y experiencia concretos, que trabaja y recibe su remuneración para resolver un problema que tiene la sociedad, de una forma que ninguna otra lo hace.

En el caso del seguimiento farmacoterapéutico, ejercerlo y ser un profesional significa asimilar un conocimiento y tener una experiencia para resolver, de una forma específica y diferente al del resto de profesiones de la salud, el enorme problema de salud pública que significa la morbi- mortalidad evitable asociada al uso de los medicamentos. Y esto, como cualquier otra profesión que exista en el globo terráqueo, incluyendo la pesca con lanza, con una remuneración coherente a la responsabilidad contraída.

Por tanto, para que una profesión como la que significa ejercer el seguimiento farmacoterapéutico pueda ejercerse, esta debe estar incluida y reconocida como una actividad dentro de las prestaciones y políticas sanitarias, lo que como es obvio, incluye un modelo de remuneración y la forma en que va a integrarse con el resto de prestaciones y profesionales.

Además de esto, algo que parece obvio, pero que hasta ahora no lo ha sido, requiere un cuerpo de conocimientos que refleje de forma precisa de qué trata esta prestación sanitaria, qué persigue, cómo se enseña y se aprende, qué formación se necesita para ejercerla y quién no está capacitado para ello.

Si analizamos por qué todavía no se ha implantado de forma generalizada el seguimiento farmacoterapéutico en oficinas de farmacia, y quiero puntualizar que en ningún otro entorno asistencial, digan lo que digan los que trabajan en esos escenarios, bastaría con repasar lo dicho anteriormente: no existen políticas que lo incluyan, no se enseña ni hay modelo de formación ni acreditación que defina las cualidades que debe tener el profesional, y como consecuencia, en entornos asistenciales como el de la farmacia comunitaria, su implantación es testimonial. También en los otros bastante discutible, porque aunque dicen ejercerla y reciben remuneración para ello, lo que practican es algo que de seguimiento farmacoterapéutico, en su esencia, solo tiene el nombre.

Creo que es necesario hacer esta reflexión, puesto que no puede apelarse a la falta de voluntad o patriotismo profesional de los farmacéuticos de oficina de farmacia el problema. No es así. Las causas de la escasa implantación tienen que ver con la hipocresía de los políticos, que nos utilizan y nos regalan el oído cuando necesitan nuestro apoyo y luego se olvidan, de su falta de compromiso con los problemas reales de la sociedad; de las Facultades de Farmacia, que se han apuntado al carro para no caerse pero que no quieren dirigirlo hacia espacios nuevos por miedo; y obviamente de quienes nos representan dentro, devotos de Lampedusa y de Alfonso Guerra, que no es que no saquen en la foto a los que se mueven, sino que directamente les disparan. Y no precisamente con la cámara fotográfica.