POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN (Y IV)

Jaime Román, en el Care Center de su farmacia.

Cuando finalicé la penúltima entrada en referencia a las elecciones al Colegio de Farmacéuticos de Sevilla, escribí que iba a referirme en esta a los nuevos candidatos a la Junta de Gobierno de la candidatura antigua, en especial, por conocerlos, a María de la Matta y a Domingo Ortega, porque su inclusión en la lista me ha decepcionado. Creo que toman el estéril papel que un día cumplió Jaime Román, que mucho antes asumí brevemente yo, de personas con inquietudes que tratan de cambiar lo que no les gusta desde dentro. Al menos, eso quiero pensar. Ya me lo advirtieron a mí en una conversación inolvidable con un veterano farmacéutico; imagino que ya se lo avisaron a Jaime, y ahora siento que debo hacerlo yo, asumiendo el papel de aquel compañero al que no quise escuchar.

No es momento de dudar de vuestras buenas intenciones, el tiempo dirá si las eran, pero quienes tratamos de cambiar las cosas por dentro acabamos donde estamos ahora, fuera, después de servir para blanquear y atraer las voluntades de un sector joven de votantes que suele estar bastante desinformado. Allí se lleva mal sacar los pies del tiesto, las ideas propias, el pensamiento crítico. Y, al igual que las puertas giratorias quedan estrechas como ya se sabe, aquello de que quien se mueva no sale en la foto es dogma de ley, se esté dentro o fuera de la Junta de Gobierno. Cada cual sabe por qué da el paso para representar a la profesión, pero los que blanquean una candidatura han de saber que también ellos se manchan con la roña de los que los la integran.

Creo que en estas cuatro entradas, más que hablar acerca de por qué voy a votar a Jaime Román, lo que he hecho es decir por qué no voy a apoyar la de Manuel Pérez. Es cierto, he traicionado el título, aunque no lo es menos que cuando aparece una alternativa a lo que hay surge por el descontento hacia lo que hay. No obstante, creo que antes de terminar debo dedicarle unas palabras a quien, además de compañero, y a pesar de ello, como se suele decir, considero mi amigo.

A Jaime lo considero mi amigo, no porque pensemos y creamos en lo mismo, no porque no existan diferentes maneras de ver el mundo, sino porque es un tipo honesto a carta cabal, aunque por ahí lo hayan tratado de atacar de manera tan miserable. Al menos en mi caso, no busco amistades en quienes piensen como yo sino en aquellos que hacen cuestionarme mis creencias, los que me mueven el suelo por su forma de estar en el mundo.

Admiro a Jaime porque es íntegro, perseverante, paciente, tenaz. Jamás se rindió, como yo, ante la adversidad. Gane o pierda va a hacer una labor impagable por la profesión, porque contribuye a construir, verbo que sus enemigos no entienden. Además, es una persona que se deja aconsejar sin perder su criterio. Jaime es prudente, escucha y luego hace lo que honestamente cree que debe hacer. Una persona con criterio, el que se ha formado con muchísimos años de profesión, participando en órganos de gobierno de empresas, colegios, sociedades científicas y organismos internacionales. Jaime ha sido secretario de la Organización de Farmacéuticos Ibero- Latinoamericanos, delegado de su sección española; fundador de SEDOF, miembro de SEFAC, presidente de comités organizadores de Congresos, ponente en infinidad de ellos, incluso dentro de sociedades médicas; ha sido vocal de nuestro Colegio y lo conoce por dentro; y consejero en CECOFAR y la actual BIDAFARMA. A sus cincuenta años, ¿quién puede decir que no tiene experiencia?

Por ello mismo, por el profundo conocimiento que tiene de nosotros, Jaime consciente de que la profesión anda por los suelos, desprestigiada entre los profesionales de la salud, pero ama su profesión. La ama casi tanto como a su familia, otro baluarte en su vida.

Jaime es, además, un gran profesional, de los pocos que en este país trabaja y se compromete con los pacientes. Por eso no será, ni por edad ni por forma de ser, presidente para los próximos treinta años. Es más, tengo la certeza de que en cuanto la sucesión esté lista, volverá a su botica, a su espacio natural, a su barrio de San Julián. Con su gente.

Sé que no será fácil su labor como presidente, que cuando haga balance de su mandato es muy probable que sienta hasta una cierta frustración por no haber conseguido todo lo que soñaba. Me encantará escuchárselo. La política es el arte de lo posible, los cambios ni son fáciles ni rápidos, y es por eso que debemos instaurar cuanto antes otra cultura en este colegio.

Finalizo dirigiéndome a los farmacéuticos que pueden votar, en especial a los que se dejan ir, a los que remolonean, a los que piensan que da igual. No es cierto, no da igual. Y, sobre todo, no tengáis miedo al cambio. Tened miedo a lo que hay. El 7 de abril hay que salir a votar, a abrir las ventanas del colegio a través de las urnas. La elección es bien fácil, el debate se centra en quien está con vosotros o con quien está consigo mismo. Ya lo dije, tu voto no es inocente. Elige lo que quieres para ti, no te quedes en tu casa. Estás a tiempo. Dentro de cuatro años será demasiado tarde.

POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN (III)

Antes de continuar, he de aclarar que mis reflexiones no son más que las de un votante. Exclusivamente esas, las de un votante que, como dije el primer día, ha visto que años de trabajo para ayudar a transformar una profesión no han servido para mucho, y ello debido a sus torpezas, sin duda, y también, y eso es lo peor, a la firme oposición de quienes ocupan cargos precisamente para eso, para el bien común, y se dedican a la caza de todo el que pretenda sacar los pies de un tiesto que consideran suyo.

Dicho esto, en la entrada electoral anterior me referí a la mezcla de intereses personales y colectivos que nos condicionan el voto, y hablé de los míos. Desconozco lo que moviliza a otros votantes, a los candidatos a tomar sus decisiones, y por eso me gustaría hacer una serie de preguntas para que, si alguno de los que pensáis votar (votad, por favor, a quien creáis, a quien os dicte vuestra conciencia, pero votad) se las hagáis a los candidatos o reflexionéis acerca del tema. Porque muchas cuestiones no son de ideales, sino de la pasta que ponemos entre todos para que el Colegio funcione, para que los cargos elegidos se dediquen en cuerpo y alma, pues para eso les pagamos sustitutos, a defender nuestra profesión.

Hablando de sustitutos…

Comentan que Manuel Pérez, actual presidente del Colegio, en razón de su cargo y de su puesto en el Consejo Andaluz de Colegios, goza de sustituto y medio para desarrollar su importante labor, un farmacéutico sustituto a tiempo completo por parte del colegio provincial, y medio por el autonómico, fracción a la que han renunciado otros miembros del Consejo Andaluz que ya tienen sustitución íntegra en su Colegio provincial. ¿Es tan grande nuestro presidente que debe sustituir su labor un farmacéutico y medio pagado por nuestras cuotas? No hablo de legalidad sino de ética. A una persona la sustituye una persona; no hay más, no hay menos. ¿Es esto así? ¿Estamos de acuerdo en eso? Yo, particularmente, si esto es así, creo que no es moral y que lo justo sería pagar una sustitución. Y me gustaría que Jaime Román, si llegara a ser presidente, renunciara, se comprometiera, a jamás tener más de un farmacéutico sustituto.

He oído también que el vicepresidente Manuel Ojeda, del que cuentan también que cobra importantes honorarios como farmacéutico-piloto de las innovaciones informáticas que nos llegan, he oído, digo, que ha despedido a la farmacéutica, o farmacéutico, no sé, que tenía como sustituto con cargo a nuestro presupuesto, que en su lugar ha contratado a un hijo, y que la indemnización por despido la hemos pagado entre todos, con cargo a nuestro presupuesto, decenas de miles de euros. ¿Es así? Ojalá no lo sea, porque es probable que continúe siendo el vicepresidente de todos, y no me agradaría que nadie así me representara ni defendiera mis intereses (es un decir). Lo he escuchado de algún cargo más, pero ha sido solo una vez. Espero que no sea cierto y que, si lo es, retire su candidatura. Y si ganase Jaime Román, que tiene una hija que pronto será farmacéutica, nos garantice a todos que ningún familiar se contratará con cargo a nuestros presupuestos. No sé si será legal. Pero la ética…

Y regresando al presidente actual, que goza de sustituto y medio para ejercer su labor profesional, aquella que comenzó a compatibilizar con cargos gremiales cuando tenía veintinueve años, mucho más joven que el 95% de la candidatura de Jaime Román (atacada por joven, Dios mío, cuando Manuel Pérez, Pedro Sánchez, Juanma Moreno y tantos otros han llegado a presidentes  de estructuras más complejas con más de diez años de antelación que Jaime), hay otra cuestión que me preocupa: Previsión Sanitaria Nacional.

Nuestro presidente es consejero de esta compañía de seguros, antaño de profesionales sanitarios y hoy de universitarios en general, al igual que otros cargos relevantes de diferentes colectivos. Incluso dicen que se le busca acomodo allí la antigua presidenta de la FIP y del Consejo General, para que continúe luchando por nuestra profesión desde los seguros y previsión del riesgo. Según las cuentas que aparecen en la web, haciendo una somera división de la retribución agrupada que recibe el Consejo de Administración de la compañía, cada consejero ganaría una media de unos cien mil (100.000) euros anuales por formar parte del mismo, por ejercer su labor, dietas aparte. ¿Son ciertas estas cifras? ¿Ese dinero que se percibe, para un puesto al que difícilmente se accedería si no se tiene el cargo corporativo que se tiene, es un ingreso personal del presidente? ¿Lo dona al Colegio de Sevilla? ¿Seguiría siendo consejero mucho tiempo si dejara de ser presidente? ¿Tiene que ver eso con las continuas ofertas de seguros que recibimos de esa compañía, con los seguros que tiene acordado el Colegio? ¿Tiene relación con el expositor de seguros que hay a la entrada de nuestra sede? No lo sé, me gustaría saberlo, y que la respuesta fuera negativa, por el bien de todos. Porque no se trata de un tema de puertas giratorias, ni siquiera habría habido que atravesar puerta alguna. Es más, si se atraviesa la puerta giratoria podría perderse. Y me gustaría, si Jaime Román llegara a ser presidente, que renunciara a ocupar puesto alguno que no sea el inherente a su cargo profesional.

Bien. Llegado este punto, y para no dilatar más esta entrada. Tengo la sospecha de que, de ser ciertos estos rumores, el interés por continuar en los cargos no tiene sentido colectivo alguno, que el interés es continuar disfrutando de estos beneficios personales que, ojalá, y lo digo sinceramente, no sean verdad. Y que es por eso nos infunden el miedo a cambiar. El miedo, esa arma tan destructora para quienes no desean pararse a pensar. No tengamos miedo al cambio (el dinero de la Consejería de Salud lo cobra el Consejo Andaluz, no se le va a perder a la gente de Iniciativa Farmacéutica).

Que nos expliquen, que nos aclaren, que nos digan a la verdad. Y que si esta es la verdad, que se vayan. CONTINUARÁ.

P.D.: La próxima, y última entrada electoral prevista, se la dedicaré a los nuevos de la candidatura de Manuel Pérez, a los que blanquean con juventud y/o profesionalidad el más de siglo que en su conjunto llevan los pesos pesados de la actual Junta de Gobierno. Y en especial, a María de la Matta y a Domingo Ortega, por lo mucho que me decepciona que hayan entrado en ese juego.

El voto esta vez no será inocente. La culpabilidad, o responsabilidad, la introduciremos en una urna. O quizás no haya que pasar ese apuro y prefiramos votar por correo.

POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN (II)

La democracia implica poner en valor el deseo de la mayoría de una organización, decidir entre todos hacia dónde pilotar la nave y, sobre todo, a quiénes se lo encargamos. Esa es su grandeza, aunque a la hora de emitir el voto no sepamos lo que moviliza a tomar la decisión de cada cual, si es un interés personal o el colectivo, el que prima en la decisión. Asimismo, quienes se postulan como candidatos dicen siempre hacerlo en beneficio de ese todos que tan mal resuena en una era tan individualista como la que vivimos, a pesar de que más veces de las deseables sea un interés personal relacionado con el poder el que los movilice. Esas son las miserias de algo tan grande como la democracia, porque cualquiera, y menos mal, puede, o podría, acceder al poder, y eso enciende las ambiciones de muchos con intereses muy diferentes a los colectivos. Voy a dedicar las dos siguientes entradas en relación a las elecciones en el Colegio de Farmacéuticos de Sevilla a esos intereses, empezando, lógicamente, por los míos.

En lo personal, destacaría dos circunstancias a lo largo de mi trayectoria profesional, que marcan mi deseo de que la actual Junta de Gobierno deje de serlo, incluidos sus nuevos candidatos, a los que más adelante dedicaré también unas palabras.

Fuertes con los débiles. Débiles con los fuertes.

Corría el verano de 2005, hace ya casi catorce años, cuando por unas circunstancias familiares dejé de ostentar la titularidad de una farmacia, lugar en el que he ejercido siempre desde mis inicios y en el que he desarrollado toda mi actividad clínica, docente e investigadora, y obtuve una beca en la Universidad de Granada para dirigir tesis doctorales a farmacéuticos comunitarios. Como llevaba muchos años viendo pacientes (yo los veo, ¿sabes?) pensé que sería una buena idea tener una consulta legal en la que no perder mi experiencia clínica. Hablé con el director de un centro médico privado, le expliqué lo que pretendía hacer y le encantó mi propuesta, para que luego digan de los médicos. Era agosto, y en previsión de que no hubiera nadie en el Colegio para hablar el tema y hacer todo de forma escrupulosamente legal, redacté un escrito al que le di entrada en la institución, un escrito que al igual que otros a los que me voy a referir, igual que esos papeles personales de Jaime Román que airean, estará en el Colegio y que podrían pedir (doy mi consentimiento, a diferencia de Jaime, al que no le preguntaron) a la espero que Junta de Gobierno saliente. Tuve la suerte de encontrarme con el vicepresidente, obvio el nombre porque es el mismo desde entonces y desde antes, y le expliqué en su despacho lo que pensaba hacer. Me escuchó y me propuso acudir a una Comisión Permanente a explicarlo. Obvio dar detalles sobre el primer grado al que me sometieron, pero el resultado fue, de palabra, para no dejar rastro, supongo, y a través del gerente, que me quedaba sin seguro de responsabilidad civil porque iba a ejercer una actividad alegal. Como consecuencia de eso, tuve que ponerme en manos de un abogado, evidentemente no el colegial, y elevar una consulta al Ministerio de Sanidad para que reconociera mi actividad. La contestación también está en el registro colegial, lamento no adjuntarla ahora al encontrarme en Uruguay pero díganmelo si la quieren ver y, a partir del 19 de marzo, fecha de mi regreso, la subo (o pídanla a sus representantes colegiales). La respuesta del Ministerio de Celia Villalobos, la del decreto de los medicamentos caros, fue que no tenía por qué reconocerme nada porque lo que iba a ejercer estaba recogido desde 2003 en la legislación estatal sobre profesiones sanitarias. En este embrollo me metieron, y mi dinero que me hicieron gastar para mi defensa, por tratar de continuar aprendiendo para cuando regresara a la farmacia después de que terminase la beca de investigación que disfrutaba. La respuesta fue el silencio y en la consulta continué aprendiendo con los pocos pacientes que vi pero que me sirvieron para crecer como profesional. La respuesta fue el silencio.

Años después, antes de un congreso sobre enfermedades raras, eso lo recuerdo bien, quizás de 2009 o de 2011 (tampoco tengo aquí en Uruguay el registro de entrada, pero se puede obtener por las mismas vías que comenté con anterioridad), solicité una entrevista al presidente para entregarle un proyecto, desarrollar dentro del Colegio una Unidad de Optimización de la Farmacoterapia de carácter docente,  similar a la que existe de formulación magistral, con el objeto de enseñar a los farmacéuticos a ejercer la práctica de manera tutelada, de forma que pudieran llevar sus pacientes al Colegio y alguien experto, no yo, sino una de las farmacéuticas que trabajan en la institución a la que se formaría, formase al farmacéutico y ayudase a los pacientes con sus medicamentos. Era copiar la exitosa experiencia que habíamos implantado años antes en la ciudad argentina de Rosario de la mano de su colegio profesional y la Facultad de Farmacia. El presidente quedó en llamarme en cuanto pasara el Congreso. Aún no lo ha hecho.

En ambas situaciones, me movía ofrecer una práctica asistencial al servicio de los pacientes, y también, por mi faceta docente que ejerzo desde hace veintiún años, a los farmacéuticos. Ofrecer una experiencia personal en beneficio de un colectivo que podía ofrecer herramientas útiles y necesarias a las personas, más salud con los medicamentos en nuestro caso, el deber de cualquier profesional de cualquier sector de contribuir al desarrollo de la sociedad en la que vive. Sin duda que podrían haber pensado diferente, verlo de otra manera, pero nunca dijeron nada, jamás pude saber si estaba equivocado, porque la respuesta fue el silencio. Mientras tanto, la experiencia argentina, a pesar de sus crisis crónicas, ha cumplido diez años.

Amenazas y silencio, eso es lo que he recibido de una Junta fuerte con los débiles y débiles con los fuertes. Fuertes con farmacéuticos individuales como yo, que en cuanto salen respondones no los enfrentan sino que mascullan; débiles frente al poder, que día tras día socava el papel profesional y, lo que más duele a un profesional, en su retribución económica, visto el papel que cumple.

Hay un error de base en muchos colegios de farmacéuticos, el de que todos debemos crecer profesionalmente a la vez, que los avances profesionales deben ir a pasos que todos puedan dar. ¿Fue el colegio médico británico quien le pidió a Fleming que descubriera la penicilina, o el francés el que le pidió a Pasteur que desarrollase las vacunas? No, los cambios se consiguen permitiendo que la gente puntera en la profesión descubra nuevos caminos, y el papel que debería ejercer el colectivo es ayudar a conseguirlo y poner las bases para normalizar esos avances, diseñando un modelo ético para su ejercicio y un camino, incluido el retributivo, para que todos los demás tengan la oportunidad de asumir los cambios. Por eso no es verdad que la Junta de Gobierno actual con maquillajes blanqueadores vaya a cambiar nada. No sé si Jaime lo podrá conseguir, pero continuar por la misma senda nos llevará a perder cuatro años más, irrecuperables y, quizás con un precio muy alto.  

Como verás, hay cuestiones personales que me inclinan a desear que Jaime Román y su equipo de Iniciativa Farmacéutica venzan en las elecciones, pero en esas cuestiones personales estaba lo colectivo, el deseo de que una profesión como la nuestra se sienta orgullosa de paliar la pandemia farmacológica que sufre nuestra sociedad, buscando como fin el mejor resultado clínico posible de los medicamentos en los pacientes. Por eso, lo personal, con ser importante por el dolor que he sufrido, no tiene nada que ver con el anhelo de que el colectivo pueda cambiar. CONTINUARÁ.

P.D.: La siguiente entrada la dedicaré a los intereses de quienes ostentan nuestra representación para continuar en una Junta a la que muchos de sus integrantes accedieron hace más de treinta años. Como no sé mucho, lo haré a modo de preguntas. A mí no me responderán, pero puede que a ti sí.

POR QUÉ VOY A VOTAR A JAIME ROMÁN

Al fin, hay elecciones a la presidencia del Colegio de Farmacéuticos de Sevilla. Después de muchos años aparece una candidatura alternativa para dirigir el destino de los farmacéuticos sevillanos. No pasa esto desde que yo, allá por los finales del siglo pasado, en mi inocencia, pensé que los cambios se podían hacer desde dentro y me presenté en la lista en la que iban varios de los que hoy pretenden continuar aferrados a sus sillones, metiendo el miedo en el cuerpo al cambio a un colectivo, el farmacéutico, que durante decenas de años, las que llevan gobernando estos que pretenden seguir y sus antecesores, han visto degradarse su profesión año tras año, ley a ley, decreto a decreto, norma a norma.

Me siento moralmente obligado a escribir por qué voy a votar a la candidatura de Jaime Román, a Iniciativa Farmacéutica, pero esencialmente voy a hacerlo sobre por qué no voy a votar a la candidatura que encabeza Manuel Pérez. De la capacidad de Jaime, de su profesionalidad, del valor de su equipo, no tengo dudas. Ni tampoco de su honestidad, y lo digo por escrito, aunque haya quienes traten de echarla por tierra utilizando información confidencial a la que tienen acceso desde la posición que ostentan.

Soy un farmacéutico que un día soñó colaborar en la construcción de una nueva profesión, comprometida con las necesidades del paciente de hoy en relación a sus medicamentos, capaz de protagonizar y liderar la lucha contra la primera gran pandemia del siglo XXI, la farmacológica, y que ha visto cómo sus sueños se han ido al traste. Y se han ido al traste a buen seguro que por cuestiones de las que soy responsable, pero también por dirigentes profesionales como los que se ofrecen para continuar en la senda autodestructiva por la que caminamos la profesión farmacéutica. Por mis sueños, por mis luchas, por todo aquello en lo que creí, por la profesión que ejerzo, siento que debo escribir esto. Y lo voy a hacer por capítulos.

Después de esta introducción general, contaré algunas de mis experiencias con estos dirigentes que hoy os infunden el miedo, que se aferran al poder de cualquier forma, ya sea denostando a los contrincantes o blanqueando sus candidaturas con nuevas promesas que deberían pensárselo muy bien ahora que están a tiempo. Luego, me gustaría hacer algunas preguntas económicas, como esas puertas giratorias a las que los políticos acceden cuando dejan los cargos y que aquí parece que se utilizan sin necesidad de dejarlos; o aquellas otras cuestiones sobre las sustituciones profesionales que disfrutan algunos cargos y que pagamos entre todos, incluso al parecer, también las indemnizaciones por despido. Me gustaría saber si es verdad o no aquello que, sin información confidencial, se dice o aparece en previsoras páginas web de sanidad nacional.

Cada farmacéutico es muy libre de votar a la candidatura que desee. Ojalá que el 7 de abril haya colas de farmacéuticos y farmacéuticas para decidir nuestro futuro, que no se queden en casa y elijan entre continuar caminando hacia nuestra autodestrucción de la mano de personas que nos han traído hasta donde estamos, o dar un giro a nuestra profesión antes de que pueda ser demasiado tarde. Nos la estamos jugando, ellos de una forma y nosotros, el resto, de otra. No es momento de seguir quejándonos, sino de tomar las riendas de nuestro destino. Y el cambio no es posible liderarlo por quienes durante treinta años tuvieron la oportunidad de hacerlo y no lo hicieron. CONTINUARÁ.

La imagen está tomada de : https://www.nationalgeographic.com.es/animales/serpientes

LOURDES

Cuando escribo estas palabras, Lourdes lucha a brazo partido en un largo combate por apurar un tiempo más de vida. Los inviernos han sido cada vez más duros para ella y este, que ni siquiera ha comenzado cuando tecleo este artículo, tiene todos los visos de ser el último. Pero también lo fue el anterior, y el anterior a este, y… […]

Continúa leyendo en: http://elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/9759-lourdes#.XFRxtFVKhxA

EN AVANZADO ESTADO DE DESCOMPOSICIÓN

Que yo sepa, las instituciones profesionales que agrupan a quienes ejercen en un sector tienen por objetivo fortalecerlas. Sin afán de ser exhaustivo, se me ocurre que ayudar a construir mediante lo colectivo aquello que no se pueda conseguir de manera individual, es un buen propósito; hacer progresar a sus integrantes, facilitando el acceso al conocimiento innovador y a las prácticas más novedosas, también entra dentro de su misión; y qué decir de hacer llegar a la sociedad esos progresos, y de esta forma contribuir a su avance, a que el ser humano tenga una vida mejor gracias al modesto aporte que cada profesión pueda ofrecer. El hombre como especie es un animal de manada, y como tal cada individuo lleva en su naturaleza, o debería llevar, más bien, el cuidado de lo colectivo, el bien común, como forma de progreso, llámese ese colectivo estado, profesión o cualquier otro tipo de agrupación de diferente tamaño y orientación que se nos ocurra.

Dicho esto, encuentro unas jornadas farmacéuticas en las que los ponentes son este torero y este aristócrata, presentador y cantante (leo lo que dice el folleto de presentación convenientemente cortado) que aparecen en la foto. Que me guste o no el aristócrata, cantante, presentador, y puntos suspensivos, como profesional nada tiene que ver con lo que escribo, al igual que yo pudiera ser aficionado o no a los toros. La cuestión es si los ponentes de unas jornadas farmacéuticas deben ser un torero y un personaje público que poco tienen que ver con los avances y los retos que debe asumir una profesión que se descompone, y lo hace a la progresiva velocidad que marcan las instituciones que la representan.

Hubo una época, demasiadas décadas atrás, en la que las instituciones profesionales farmacéuticas hacían lo que se les suponía que deberían hacer todas, ayudar al progreso. Hoy, sin embargo, en este proceso largo de descomposición que llevamos, no solo no lo hacen sino que son una auténtica rémora, unos dedicados a la caza de brujas y otros a traer cantantes y toreros a jornadas profesionales, quizás para que demos los últimos capotazos al futuro mientras se produce nuestro canto del cisne. Y es que, cuando algo se descompone, son los microbios los que gobiernan, los que campan a sus anchas. Y, desgraciadamente, no estábamos vacunados.

P.D.: Inviten, por favor, al presidente de las enfermeras a las jornadas. Seguro que cambia de opinión y se queda más tranquilo.

FARMAREBAJAS

Veo este escaparate y recuerdo al presidente de las enfermeras opinando sobre la farmacia comunitaria. No sé, imagino que no, si habrá pasado por esta calle, aunque tampoco importa mucho. Si fuera la única que está de rebajas, tendría un pase, pero no. Farmacias de rebajas hay muchas y lo peor es que no solo en enero. Mientras unas intentan luchar por adquirir más responsabilidades, tan necesarias, por cierto, en el equipo sanitario, muchas permanecen de rebajas durante todo el año. Y desde hace muchos, muchos años. De rebaja profesional, claro. Y ya no están siquiera por los suelos, como anuncian las rebajas de otros “establecimientos”, sino que ya han horadado todas las capas del terreno que nos enseñaron en la indispensable asignatura de Geología.

Veo este escaparate y me pregunto por qué los dirigentes de Colegios profesionales callan ante la imagen que dan farmacias como esta. ¿Será porque algunos de sus miembros tienen escaparates similares en sus oficinas? Ni lo sé ni voy a perder el tiempo sabiéndolo.

Me pregunto también por qué esos representantes que elegimos, ay, para dirigir los Colegios de Farmacéuticos, y sé lo que me digo, hacen cazas de brujas con los que intentamos aportar dignidad a nuestra profesión, y en cambio miran para otro lado ante imágenes como esta, que tiran por tierra cualquier esfuerzo en el camino de ser auténticos profesionales comprometidos con la salud de los pacientes, esos conceptos con los que se llenan la boca a la hora de cacarear en público, pero que de lejos se ve que no es más que un discurso para mantener un estatus en rebaja. ¿Un estatus profesional en rebajas y uno personal en alza?

Falta poco más de año y medio para que se celebre en mi ciudad el Congreso de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP), esa entidad que preside una gran experta en caza de brujas. Aún nos quedan tiempo para que llegue, y varios periodos de rebajas para arrastrar por los suelos a la profesión. Ojalá en las próximas elecciones podamos arrojar fuera los excedentes de stock y comencemos limpios.

LA ARTROSIS DE MARADONA

La artrosis es una dolorosa enfermedad degenerativa de las articulaciones, en la que la edad y el sobrepeso juegan un papel muy importante. Si, como en el caso de Diego Armando Maradona, la profesión aumenta el riesgo por el sufrimiento de las rodillas, podremos explicar de forma muy clara las causas por las que el ex futbolista argentino padezca un problema así.

La artrosis es una patología que en mi opinión es paradigmática de cómo se están abordando muchas enfermedades en los sistemas sanitarios, muy centrados en los productos, poco en la capacidad de los diversos profesionales, y aún menos en las de los pacientes. A pesar de que el incremento del ejercicio físico y la disminución de peso constituyen el tratamiento principal, para lo que se requiere tiempo en los profesionales y motivación en los pacientes, son los medicamentos, analgésicos y antiinflamatorios, los que más se utilizan. Medicamentos que únicamente pueden paliar, si llegan a conseguirlo, el dolor, pero que no regeneran la articulación ni resuelven el problema, por lo que se necesitan siempre, no resuelven nada y… producen efectos secundarios muy graves, como le ha ocurrido a la “mano de Dios”, mano que no sé si también sufre de artrosis en su muñeca o en los dedos.

Diego Armando Maradona, a buen seguro, ha sufrido una hemorragia digestiva asociada a los antiinflamatorios utilizados para su artrosis, efecto muy común que hay que controlar y seguir, prevenir con medicamentos antiulcerosos y, en todo caso, vigilar para que no se produzcan, tanto por parte de los profesionales (síntomas como debilidad y cansancio del paciente, controles analíticos para identificar si el hemograma puede indicar pérdidas de sangre, anemia, etc) como del paciente, al estar atento a un oscurecimiento de sus heces, por ejemplo. La más que probable falta de control, la ausencia de seguimiento, en el caso de uno de los personajes más conocidos a nivel mundial, ha llevado a que el futbolista permanezca ingresado en el hospital hasta que pueda resolverse el problema.

El caso es sangrante, y no solo por los efectos sobre la salud y el estómago de Maradona, sino porque revela qué grado de control y seguimiento tienen los tratamientos con fármacos en el mundo, lo que constituye lo que hace tiempo denominé como epidemia farmacológica, una epidemia que, a diferencia de la mayoría de las epidemias, no afecta a pobres, sino también a ricos y a personajes relevantes. Se me vienen a la memoria la muerte de Michael Jackson, creo recordar que también la de Elvis Presley, y hasta la del genocida serbio Milosevic en su celda: todos murieron por un deficiente control de los medicamentos que utilizaban.

En el caso del astro argentino pueden haber influido otros medicamentos, incluso actitudes vitales, que puedan haber agravado el problema. Manejar la complejidad de la farmacoterapia no es tarea baladí, necesita de un especialista que lo realice junto a la persona que los utiliza, y no solo carecemos de servicios de este tipo, sino que relegamos al medicamento, en todos los sistemas sanitarios, a un mero papel instrumental.

La farmacoterapia falla al no producir los efectos deseados, falla al producir efectos no deseados y falla también al utilizarse de forma incorrecta por el paciente. Las consecuencias, en claves de pérdidas de vidas humanas y en aumento del sufrimiento en las personas, es inconcebible, y éticamente inadmisible cuando se posee la solución al problema. Y perdonen el asco que siento al escribir esto. Asco ante quienes dirigen las políticas sanitarias y ante todos los que tienen la capacidad de dar respuestas.

Asco, porque se podría financiar la solución con los ahorros de evitar el problema. El tratamiento de la artrosis de Maradona puede costar, como mucho, cien euros mensuales. Sin embargo, cada día que pase en el hospital supondrá unos ochocientos euros…¡¡¡diarios!!! Está medido: cada euro que nos gastamos en medicamentos supone gastar dos más en paliar los problemas que producen. Por cada euro que invertimos en profesionales que palien la epidemia farmacológica, el estado se ahorra cuatro al evitarse ingresos hospitalarios y bajas laborales, entre otros gastos.

El caso de Maradona no es una excepción. Millones de personas, centenares, miles de millones de personas toman medicamentos en el mundo y el único control que existe es que los pacientes que sufren estos problemas puedan llegar a tiempo a un hospital. Urge hacer las cosas de otra forma, pero a buen seguro que nada cambiará. Su padre, su madre, sus hermanos o sus abuelos, quizás sus hijos, morirán de una forma bastante gilipolla, y los responsables de ello jamás irán a la cárcel ni les pesará en sus conciencias.

No solo Maradona tiene artrosis. También los sistemas sanitarios, públicos o privados tienen enfermedades degenerativas y sangran a borbotones. Al menos el futbolista acudió a urgencias, pero los políticos, ni siquiera están alarmados.  

UN PATRIOTA

El Dr. Fernando Quevedo, su esposa y yo, en el restaurante de la Marina peruana en el Callao, tomando un almirante.

Cuando pienso en las patrias pienso sobre todo en los patriotas, los seres humanos de carne y hueso que dan sentido a esa palabra, patria, que tantos usan los poderosos en beneficio de sus propios intereses, para blanquear sus actuaciones y hasta sus conciencias en beneficio de sí mismos.

Para mí, los patriotas son aquellas personas que piensan en lo colectivo, en lo de todos y no en lo de unos cuantos, las que renuncian al provecho personal para volcarse, dentro de las limitadas posibilidades de cada cual, en el bien común. Por eso veo tan alejados a muchos de los que se dicen patriotas de los que realmente lo son, y es que no basta enfundarse con una bandera para ser patriota. Es más, resulta bastante sospechoso, porque muchas veces la bandera sirve para ocultar lo que se hace tras ella.

Fernando Quevedo era, y desgraciadamente tengo que utilizar el pretérito como tiempo verbal, aunque podría decir que lo es si atendemos a la vigencia de su ejemplo, un patriota. Un científico, un investigador peruano y reconocido en el panorama internacional, algo que desgraciadamente ocurre tan de vez en cuando en este maravilloso país, que recorrió diversos países participando y encabezando misiones de la Organización Mundial de la Salud. Washington, Ginebra, sedes de la Organización Panamericana y la Organización Mundial de la Salud, respectivamente, o la Exposición Universal de Sevilla en 1992. Estos son algunos de los lugares y eventos en los que el doctor Quevedo dejó su impronta y prestigio, su buen hacer y su profesionalidad, pero no puedo decir que haya sido un patriota por eso, sino porque nunca olvidó de dónde vino y, sobre todo, porque un día renunció a ese brillante porvenir personal para regresar a trabajar por Perú a la docta casa de la Universidad Mayor de San Marcos, la más antigua de América. Y lejos de los falsos oropeles que da salir de su país retorno a él a enseñar a jóvenes compatriotas el camino de la excelencia.

Conocí, y comencé en ese mismo instante a admirar al profesor Quevedo en Trujillo hace catorce años. Inolvidable para mí fue aquella noche en la que quedé embobado ante la conversación a los postres con él y otros sabios profesores peruanos que me enseñaron el verdadero significado de la palabra cultura y también la pérdida que supone para nuestra especie la invisibilidad de personas como aquellas. Si amo Perú, sin duda es por haber tenido la suerte de haberme cruzado en la vida con seres humanos como José Juárez o Fernando Quevedo, y cito solo a ellos dos en nombre de tantos otros, y tantas otras.

Con el doctor Quevedo, que tanto apostó como visionario que era, por la apertura de la profesión farmacéutica a otros ámbitos alejados de los clásicos, aprendí y pasé también ratos inolvidables, escuchándolo. ¿Hay mayor lujo en la vida que poder escuchar a un sabio? Cuando miro hacia atrás en la vida, cuando pienso con tristeza si mi dedicación a la Atención Farmacéutica ha merecido la pena, no puedo evitar recordar a personas como el doctor Quevedo para afirmar que sí, que claro que sí, porque me dio la oportunidad de hacerme mejor profesional y mejor persona junto a personas de su categoría.

Descansa en paz amigo. Sueño por brindar con un almirante en tu memoria con nuestros amigos José Juárez y Armando Rivero, con José Jáuregui y José Aliaga, y también, cómo no, con nuestra Stefania Aiello, con la que cantaste aquello de Estelita, te llevo en el alma…

 Dicen que nadie está realmente muerto mientras haya alguien que lo recuerde. Te puedo asegurar que por lo que a mí respecta, y a muchas otras personas también, tu legado profesional y de afecto permanecerá muy vivo por mucho tiempo. Nadie como tú representa el verdadero significado de patriota. Cuántas desgracias se hubieran evitado en el mundo con más gente como tú.

UN ASCO. O VARIOS

Este mes de noviembre, nuestros pacientes y cuidadores que precisan de estabilizadores del ánimo inyectables con periodicidad mensual y alto coste nos han comunicado que a partir de ahora ya no vendrán a retirar la medicación en la farmacia, sino que directamente se la administrarán en su centro de salud, una medida que ahorrará mucho dinero al sistema público gracias a la centralización de compras y precios de concurso.

Nada que objetar a medidas económicas que beneficien a nuestro sistema público, el de todos, y más ahora, cuando nadie quiere pagar más impuestos e incluso muchos partidos prometen reducirlos, y de paso romper los servicios públicos para privatizarlos, al dejar de ser sostenibles, en beneficio de sus amigos, y que de ser derechos pasen a convertirse en oportunidades de negocio. Mantener o aumentar impuestos a los que más tienen solo lo defienden los podemitas chavistas amigos de Irán, de China (no, de China, no, que esos son amigos de los otros).

Los medicamentos, para todos los partidos, incluso podemitas chavistas, constituyen una partida que se considera como un coste de adquisición de productos en lugar de una tecnología sanitaria capaz de dar o quitar salud. De ahí que fraccionar la administración de medicamentos en hospitalarios, ambulatorios y comunitarios sea, en principio, una acertada gestión económica avalada por esos iluminados que son los gestores de salud. Qué asco.

Hace tiempo que se sabe, menos nuestros gestores sanitarios y nuestros políticos, que el mayor coste que producen los medicamentos no es el de adquisición sino el derivado de su inefectividad e inseguridad. Dividir la dispensación, no tener una política sanitaria a la consecución de mejores objetivos de salud con los medicamentos, no hará sino aumentar enormemente los costes sanitarios y sociales, además de cagarse encima del derecho a la salud de los votantes pacientes. ¿O se diría pacientes votantes?

Lo peor es que no tiene solución, porque esos políticos que dicen defender los derechos de los pacientes no lo van a hacer. Y también porque los representantes profesionales de los farmacéuticos, que no han salido a escena, o no con la debida fuerza ni mucho menos con el sentido de garantes del medicamento ante la sociedad, solo defenderán la pérdida de poder adquisitivo que se pueda producir.

Lo que decía, un asco. O varios a la vez