CÓMO ADQUIRIR “TRES MUERTOS” FUERA DE ESPAÑA

A continuación os cuento cómo poder conseguir mi última novela fuera de España. Muchos habéis sido los que me habéis preguntado, en especial en el continente americano, así que aquí va la explicación.

Antes que nada, los datos del libro:

Título: Tres muertos.

Autor: Manuel Machuca.

Editorial: Ediciones La isla de Siltolá.

ISBN: 978-84-17352-42-4

Ediciones La Isla de Siltolá, editora de Tres muertos, tiene dos distribuidoras internacionales para sus libros:

LA PANOPLIA EXPORT

Dirección web: www.panoplialibros.com

Pedidos: pedidos@panopliadelibros.com

CENTRO DE EXPORTACIÓN DE LIBROS ESPAÑOLES (CELESA)

Dirección web: www.celesa.com

Pedidos: celesa@celesa.com

La solicitud del libro puede realizarse de dos formas:

  1. A través de vuestra librería de confianza.

Esta es la forma que personalmente más me agrada, ya que creo que las librerías son una pieza fundamental en el sector de los libros. Cuando vayáis a encargarlo, decid a vuestro librero, además del título, autor, editorial, e ISBN si queréis, que lo encargue a cualquiera de las dos distribuidoras que se lo podrían facilitar. Vuestra librería os dirá cuándo estará disponible.

  • Directamente a través de la distribuidora.

Podéis dirigiros directamente a las distribuidoras a través de sus direcciones web o de correo electrónico para que os lo envíen.

Espero que esta entrada os aclare la forma de encargarlo. Solo me resta agradeceros a los que lo solicitéis y que me enviéis vuestros comentarios sobre su lectura al Rincón de los lectores de mi página www.tresmuertos.es

¡Gracias y buenas lecturas!

EN EL TIRO DE LÍNEA, CLARO QUE SÍ

Quien haya venido a las presentaciones de mis libros, sabe que son diferentes, pero que tienen un sentido. Tan solo la primera, la de Aquel viernes de julio, tuvo, por así decirlo, un formato clásico, aunque con la suerte de que me acompañase una mujer como Concha Caballero, a la que echamos tanto de menos en momentos políticos como este.

Cuando presenté El guacamayo rojo, que contaba la historia de tres generaciones de emigrantes andaluces en Brasil, lo pude hacer junto a escritores y profesores de literatura emigrantes, que saben del desarraigo, y con Vicky Luna e Ismael Rodríguez, el gran dúo Chez Luna, que con tanta generosidad inundó aquella noche lluviosa de notas de samba y bossa nova.

He tenido mucha suerte en las presentaciones. Por tantas personas que acudieron a mis llamadas y también por todos los que me dijeron sí a compartir conmigo aquellos días: Concha, Raquel Campuzano, Alejandro Mejías, Rocío Muñoz, John Julius Reel, Ismael, Vicky… como después la tuve con Anabel Caride, Antonio Ortega o Mar González, la Fundación Alalá, el grupo de teatro No nos duele na y los Poetas Sureños cuando se presentó Tres mil viajes al sur en San Bernardo, un lugar especial en el que sus habitantes fueron de las primeras víctimas de la gentrificación, ese mal moderno que arrasa los barrios tradicionales de las ciudades.

Esta vez, para la cuarta novela, nos iremos al Mercado del Tiro de Línea, a la plaza de abastos del barrio en el que nací y del que me fui muy pronto, a los dos años, cuando la casa de mi abuela pasó a ser la de mis tíos. Es en este barrio en el que se desarrolla buena parte de la historia que cuenta Tres muertos, y por eso, la intención de presentarla en un espacio emblemático del barrio.

Y nuevamente la generosidad, la de los placeros, encabezados por su presidente Paco Ávila y por Manolo Rodríguez, que han puesto todas las facilidades posibles y casi imposibles para que la presentación tenga lugar y sea un éxito. Un mercado implicado en lo cultural y en lo social. En lo cultural, porque celebran actividades de todo tipo, como lecturas del Quijote, y porque tienen un espacio para lectura e intercambio de libros; y en lo social, porque dispone de un frigorífico solidario para alimentar a personas de bajos recursos de forma gratuita. Lo dicho, este mercado es un sostén del barrio, que alimenta el estómago y el alma de los necesitados.

A pesar de su título, Tres muertos es un libro con mucha vida, con la vida que resiste tras el dolor, tras la muerte, y qué mejor que presentarlo en un espacio que es vida de barrios como el Tiro de Línea, alejados de rutas turísticas pero que, sin embargo, albergan la esencia más pura de la ciudad. Y allí se presentará, entre puestos de flores, de carnes y pescados, de ultramarinos; alma y vida.

Y nuevamente gracias a quienes me van a acompañar esta vez: a Eduardo y a Ana, a Lola, a Elena e Isaac, a Amparo y a las canciones de mi vida; a todos los que deseéis acercaros a compartir esta noche tan especial.

Y no voy a terminar sin acordarme y agradecer a una persona esencial para mí desde que ambos nos desviamos de la autopista de nuestra carrera universitaria para adentrarnos en carreteras secundarias, sin duda las más bellas y luminosas: Lourdes Ramírez Mota, mi amiga, mi compañera de camino artístico, siempre generosa cada vez que la necesito, y a la que solo le puedo achacar el defecto de que hace tiempo que me debe un cartel que nunca me da. Pero es tanto lo recibido, tanto lo que me ha dado, que esta vez será la última que se lo recordaré.

Os espero el viernes 17 de mayo, una noche de voces, de baile y de vida. De mucha vida. Y no os olvidéis de que hay una lista de Spotify denominada Tres muertos, la banda sonora de esta historia.

MIS LECTURAS DE 2018

Aquí están los libros leídos en el año que termina. La vida da para lo que da, nunca son suficientes los libros leídos ni todos han sido satisfactorios. Al fin y al cabo esto es eso, la vida.

  1. Lengua de serpiente, de Rocío Muñoz (Editorial Kande)
  2. Hasta que sea verano, de Ignacio Arrabal (Anantes)
  3. Relatos. La familia Cats. Caballos fantasmas, de Isak Dinesen (Plaza & Janés)
  4. La cercanía del mar, de Silvia Tocco (El Mono Armado)
  5. Boquitas pintadas, de Manuel Puig (Seix Barral)
  6. Bajo el sol jaguar, de Ítalo Calvino (Tusquets)
  7. La sala japonesa y otros relatos, de Javier Compás (Anantes)
  8. Cartas a Siracusa, de Lucía Feliu (Almuzara)
  9. La canción del pirata, de Fernando Quiñones (Planeta)
  10. Canción dulce, de Leila Slimani (Cabaret Voltaire)
  11. Ara, como el río, de Charo Jiménez (Triskel ediciones)
  12. Veintidós estaciones, de María Dolores Almeyda (Karima editora)
  13. Áspera seda de la muerte, de Francisco Gallardo (Algaida)
  14. El color de los ángeles, de Eva Díaz Pérez (Planeta)
  15. La distancia, de Pablo Aranda (Malpaso)
  16. El beso de la mujer araña, de Manuel Puig (Biblioteca El Mundo)
  17. El queso y los gusanos, de Carlo Ginzburg (Península)
  18. Operación Masacre, de Rodolfo Walsh (Ediciones de la Flor)
  19. La Semana Santa de Sevilla, de Isidoro Moreno Navarro (Ayto. de Sevilla)
  20. El hombre que ya no soy, de Salvador Navarro (Algaida)
  21. Democracia, de Pablo Gutiérrez (Seix Barral)
  22. Eres el mejor Cienfuegos, de Kiko Amat (Anagrama)
  23. La mano invisible, de Isaac Rosa (Seix Barral)
  24. Cara de pan, de Sara Mesa (Anagrama)
  25. Puro fútbol, de Roberto Fontanarrosa (Biblioteca Fontanarrosa Planeta)
  26. El juego de la invención, de Elena Marqués (Extravertida Editorial)
  27. La artesanía de las horas, de Rafael Romero Rincón (Read Book Editorial)
  28. Cae la noche tropical, de Manuel Puig (Seix Barral)
  29. Un pedigrí, de Patrick Modiano (Anagrama)
  30. Genios del fútbol, de Joaquín DHoldán (El Paseo)
  31. Feliz final, de Isaac Rosa (Seix Barral)
  32. Nowhere man, de Isaac Páez (Ediciones en huida)
  33. Morir es relativo, de Eduardo Cruz Acillona y Miguel Baquero (Cazador de ratas)
  34. Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez (Tusquets Editores)
  35. Ni muerto has perdido tu nombre, de Luis Gusmán (Edhasa)
  36. Ulises con alma ajena, de Reyes García-Doncel (Triskel ediciones)
  37. El viejo y el mar, de Ernest Hemingway (Editores Mexicanos Unidos)
  38. El año de la luna azul, de Lucía Feliu (Ediciones Alfar)
  39. Un viaje a Salto, de Circe Maia (Ediciones de la Banda Oriental)
  40. Las campanas de Antoñita Cincodedos, de Julio M. de la Rosa (El Carro de la Nieve)
  41. El sol (no) arde mejor en primavera (*), de María Dolores Almeyda (Enkuadres)
  42. Ocnos, de Luis Cernuda (Seix Barral)

EL AÑO DE LA LUNA AZUL

Quiero agradecer a Lucía Feliu la oportunidad de permitirme presentar su libro El año de la luna azul que ha editado con tanto gusto Ediciones Alfar.

Conocía Lucía con motivo de la publicación de su anterior novela, Cartas a Siracusa, en la que ya hallé una escritora de prosa limpia, de lectura ágil y que maneja de una forma excelente los tiempos y el entramado de sus historias para conseguir que los lectores no perdamos nunca el interés, para mantenernos en una tensión que puede abocarnos al insomnio si somos de leer en la cama.

Otro aspecto muy relevante a destacar, que salta a la vista, es la labor de documentación de la novela, una realización cuidadosamente confeccionada, que ya resultó ser sobresaliente en su obra anterior y que aquí continúa por la misma senda. Puedo afirmar que Lucía Feliu es una escritora que no deja nada al azar, a la improvisación, que detrás de sus novelas hay un trabajo paciente,honesto y responsable, de auténtica ratona de biblioteca. Es algo de lo que me gustaría conversar ahora con Lucía, que contase cómo es ese trabajo que lleva acabo para dotar de verosimilitud a su narración.

Estos dos aspectos que he señalado hasta ahora, su prosa limpia y su prolija documentación, uno más agradecido o más apreciado que otro, tienen tras de sí una elaboración ardua, tediosa, que requiere de una gran minuciosidad, algo que solo es posible realizar si se ama, se disfruta con la escritura. Quiero resaltarlo porque los lectores solemos valorar la documentación, aunque nos encante cazar algún error que pueda habérsele escapado al autor, pero, con más frecuencia de la deseable no reparamos en el duro trabajo de cincel y pulidora al que hay que someter a la palabra escrita para conseguir que esta sea ligera y entretenida, adjetivo este con mala prensa en la literatura, como si no fuera meritorio entretener sino hacer sufrir con verbos seculares y adjetivos retorcidos. Escribir no es teclear, sino que es un oficio que precisa de arquitectura y belleza por igual, diseño y herramientas; cartabón, escuadra y compás, y también cincel, martillo y destornillador.

En otro orden de cosas, al preparar estas palabras me ha venido a la memoria el escritor estadounidense Jim Thomson, que afirmaba que hay treinta y dos formas de contar una historia, pero solo una buena; y a colación de esto quisiera señalar, y dialogar también con la escritora, acerca del punto de vista elegido para contar la historia. Lucía Feliu ha escogido narrar en primera persona desde la figura de Carlos Céspedes, un músico indeciso, inestable, y hasta un punto acomplejado ante la figura de su hermano Gregorio, periodista de éxito,cuyo fallecimiento en un atentado en Israel, en el que cae herido el famoso historiador Johannes Swartz, desencadena la trama principal de la novela, de la que obviamente no puedo adelantar nada, más allá de incluir el tráfico de obras de arte y diamantes desde la Alemania nazi a nuestros días, con la que la autora nos traslada por España, Rusia, Israel, Alemania o Bélgica entre otros lugares. No puedo dejar de mencionar a Raquel, antigua novia de Gregorio y compañera de trabajo de Carlos en el hotel donde el músico se gana la vida, amenizando las veladas al piano.

Con frecuencia, las narraciones de intriga, me abstengo de calificar el género dela novela porque es otra de las cosas que me gustaría conversar con Lucía, se realizan mediante un narrador omnisciente, alguien que no existe, pero todo lo sabe, y que se utiliza a veces por comodidad, al tener más ojos que un narrador en primera persona. Creo que la narración en primera persona de una novela de estas características añade riesgo, y más si, como es el caso, el narrador elegido, es hombre, y nuestra autora, mujer. Otro aspecto sin duda del que me interesaría conocer cómo lo ha vivido, porque es algo que yo he realizado como escritor, el cambio de sexo, me refiero, lógicamente en sentido literario, que no literal, y sin duda denota ambición.

Los personajes principales, los hermanos Céspedes y Raquel, están bien trazados,tienen personalidad, aunque sea la dubitativa y voluble del pianista. Somos capaces de reconocerlos en su humanidad, dicho esto como sinónimo de imperfección, puesto que estoy convencido de que es la imperfección la que nos hace humanos.

Los diálogos resultan ser ágiles, acordes con la habilidosa narración, llena de oficio y lecturas, que dan esa capacidad para conducirnos por la historia hechos un mar de dudas al desconocer quiénes están detrás de los actos delictivos. Tramas y subtramas viajan de forma misteriosa a lo largo del libro,y quizás escondan algún mensaje que la autora desee desvelar, o quizás permanezca oculto hasta las últimas páginas.

En definitiva, y antes de pasar a dialogar con Lucía Feliu acerca de El año de la luna azul creo que esta obra supone un punto y seguido en la carrera literaria de la autora, lo cual es una gran noticia por el riesgo que podría suponer bajar el listón de expectativas. En Lucía hallamos un estilo definido que hará las delicias de los lectores que amen embarcarse en historias como esta, en las que la acción y el suspense encuentran una autora experta que sabemos que no nos va a decepcionar.Todo lo más, nos provocará algunas ojeras de más al despertarnos. Pero para resolver este problema, hasta eso habrá pensado, están farmacéuticos como su marido.

Presentación de El año de la luna azul, de Lucía Feliu, el 18 de diciembre de 2018 en la librería Botica de Lectores.

FELIZ FINAL

…la jodida libertad es la trampa con la que nos están quitando el suelo bajo los pies…

La lectura de la última novela de Isaac Rosa (Sevilla, 1974) me ha hecho sentirme así. De alguna forma el escritor ha socavado la tierra sobre la que pisaba y me ha hecho percibirque era mucho menos firme de lo que pensaba. Se dice que una novela, una obra artística en general, es un punto de encuentro entre el autor y el lector o, por extensión, el que se detiene a contemplar la creación. Esta es, tras La mano invisible (Seix Barral, 2011),la segunda vez que acudo a ese punto de encuentro con el escritor sevillano y puedo decir que en ambas me he llevado una buena hostia, como si hubiera pegado un tirón de la alfombra que pisaba y cayera de bruces contra esa realidad cogida con alfileres en la que vivimos.

Leer Feliz final no solo me ha interpelado acerca de mi propia relación de pareja, del significado del matrimonio, del papel de los hijos, sino que me ha llevado a cuestionarme sobre los valores de nuestra sociedad, que son,aunque me cueste reconocerlo, los míos, porque yo soy un ser social. De alguna manera,en Feliz final hay una nueva mano invisible, como en la novela publicada hace siete años, que maneja con habilidad los hilos emocionales que nos sostienen, tan frágiles y a merced de cualquier brisa. Mucho me temo que la mano sea la misma, o al menos sean los mismos personajes misteriosos los que la gobiernan.

Aunque existe la tentación, y me resultó casi inevitable no hacerlo, de comenzar a leer la obra en clave personal, Isaac Rosa tiene la grandeza de invitarnos a interpretarla en modo social. Ángela y Antonio, la pareja protagonista nos relatan su historia emocional y también la nuestra, la de esa democracia que cuentan que comenzó hace cuarenta años, la de la sociedad del bienestar que inició su construcción en Europa sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, la que creíamos que gozaba de sólidos cimientos, a salvo de cualquier embate. Sí, al igual que el comienzo de la novela, íbamos a envejecer juntos: Ángela y Antonio, Carmen y yo, ustedes dos, nuestra democracia, nuestros derechos sociales… hasta que la brisa nos desnudó, hasta que la mano invisible nos arrancó de cuajo las vestimentas y nos mostró una etiqueta de Primarkbajo el lienzo que vestíamos.

Me ha parecido un gran acierto el contar la historia desde el final. Quizás esta lectura particular no hubiera sido posible si la obra no hubiera estado escrita así. Qué importancia tienen las formas en la literatura, escoger el punto de vista adecuado para lo que se quiere contar, o para lo que he interpretado como lector. Hay gente que sabe escribir muy bien, en el sentido de elegir las palabras correctas y conjugarlas de una manera académica, pero que no sabe contar historias. La forma que ha elegido Isaac Rosa me ha parecido extraordinaria, con una prosa que ha actuado como un pedernal contra mi conciencia.

Una obra magnífica que invito a leer a quien no tema sentir que el suelo se resquebraja bajo sus pies.Aunque no por dejar de leer a Isaac Rosa este será más sólido.

HAY ESPERANZA

Son las ocho de la mañana del lunes. Cualquier hora es buena para leer un libro, y más en un parque tranquilo, en el que apenas están en ese momento los trabajadores, el que suscribe y su perro. Tan absorta está en su lectura que no repara en la mirada sorprendida de mi can, tan extrañado como yo de encontrar a alguien leyendo bajo la sombra, aún innecesaria, de un árbol.

Ella viste el uniforme de una empresa de limpieza, de esas que pagan sueldos miserables a mujeres que corren de aquí para allá a limpiar comunidades de vecinos, oficinas de empresas y lo que toque. Quizás no haya comenzado aún su jornada, o puede que su horario le dé un respiro. Sea como fuere, no está leyendo mensajes de WhatsApp o curioseando muros de Facebook. Es una novela la que la tiene absorta, ajena a la mirada de Coke o a mi fotografía indiscreta.

Me voy del parque sin haberla visto levantar la mirada del libro. Nada la importuna, ni siquiera la labor de los jardineros del parque, que en lugar de cuidar sus árboles y sus plantas no tienen más remedio que recoger las botellas, plásticos e inmundicias que nos legan nuestros hijos en sus botellonas de fin de semana.

Dejo al perro en casa, subo a mi bicicleta y me dirijo a trabajar. Poco después me encuentro de nuevo con ella, que camina junto al carril bici en dirección, como yo, del lugar donde se gana la vida. Y para allá va, con el libro atrapado en su mano izquierda, quizás deseando tener otro receso para continuar internándose en ese nuevo mundo que le ofrece la lectura.

Gracias, mujer desconocida. Me has alegrado la mañana, me has hecho sentir que mientras haya personas como tú, habrá esperanza.

MIALMA

Nací en China hace muchos años. Mis dueños, unos emplesalios madalines que se instalalon en Sevilla, pusielon un lestaulante. Chino, clalo, quillo. Fui feliz una jaltá de tiempo, pelo un día de lluvia un cholizo me lobó a mi dueña, pendiente de que no se le pasala el aloz.

Mi vida fue un calvalio. Me vendielon en un melcadillo pol na. Ayel hizo viento y me lompí. Pelo como mi dueña es muy flamenca, me va a conveltil en un abanico de felia, polque en felia llueve mucho. Así que a paltil de hoy me espela una nueva vida, mialma.

ÁSPERA SEDA DE LA MUERTE

ARGUMENTO: En la Sevilla oscura y tenebrosa de la época posterior a la Guerra de la Independencia, Flora de Letona, harta de los malos tratos y la violencia de su marido, el teniente ilimitado Juan Ballester, héroe en la contienda contra los franceses, inicia una demanda de divorcio que la lleva a convertirse en mujer depositada, al quedar confinada en uno de los beaterios de la ciudad mientras se resuelve el proceso.

Premio de novela Ciudad de Badajoz 2017.

De Paco Gallardo, una leyenda del baloncesto sevillano, un excelente médico, tendría dudas a la hora de opinar cuál es su faceta más destacada, no en vano es de esas escasas personas que todo lo que hace lo realiza de una forma extraordinaria. Basta leer lo que escribe en Facebook para reconocer que es un excelente escritor, un poeta en prosa, que no necesita dibujar más allá de unas líneas para emocionar, para desarmar con la palabra a quienes tenemos la suerte de leerle. ¿Qué es si no la buena literatura?

Áspera seda de la muerte, la novela con la que ha obtenido el Premio de novela Ciudad de Badajoz, es una obra extraordinaria, y voy a tratar de explicar por qué me lo ha parecido sin que tenga nada que ver el afecto y admiración que tengo hacia la persona que hay detrás del escritor. No en vano hay muchos otros y otras a los que aprecio, a los que tengo por amigos, y a pesar de ello no es de mi gusto lo que escriben.

Ambientada en la Sevilla de principios del siglo XIX, Áspera seda de la muerte parece en principio una novela que nos habla del papel de la mujer en la sociedad de la época, en la que el maltrato no era más que una consecuencia tan natural como desgraciada. Y por supuesto que lo es, como lo es también, y creo que es el argumento de fondo, el coste personal y social que padecen en este país, y en Sevilla de una manera muy especial, aquellos que apuestan por el progreso, que acaban enfrentados al poder establecido, tan poderoso como ignorante.

La novela es un retrato de la Sevilla de la época, aunque me atrevo a decir que esa foto sepia que realiza el autor podría realizarse hoy también en formato .jpg. Desgraciadamente, los tiempos de oscuridad no han pasado en Sevilla y lo peor es que no hay indicio alguno de que desaparezcan. Ya lo dijo el reciente hijo predilecto de la provincia Alfonso Guerra, aquí quien se mueve no sale en la foto, y esta frase podría aplicarse a tiempos anteriores al daguerrotipo. Una ciudad que permanece ensimismada, secuestrada por las familias que la tomaron en 1248 y que condena al inframundo a los librepensadores. En este sentido, es magnífico el correlato que realiza el escritor en el último capítulo, en su recorrido a través de pasadizos oscuros hacia la casa del inglés convertida en prisión de liberales. Como sevillano y como librepensador, no puedo negar la angustia y desazón que he sentido al leer esta novela, desgraciadamente tan actual a pesar de los doscientos años que nos distancian de la trama. Sevilla, España, es la patria de unos cuantos que se encargan de taponar el progreso.

Los personajes me han resultado redondos y extraordinarios, tanto los principales como los secundarios: el doctor Arribas, como encarnación del progreso; Juan Ballester, el teniente ilimitado, correlato del atraso y de la violencia que lo sustenta; Flora de Letona, la representación de la heroicidad que supone tratar de cambiar algo; y todos los secundarios, bien cerrados cada uno en su papel. Mención aparte se merecería la ciudad como personaje que lo envuelve todo, que lo explica todo. Paco Gallardo se convierte así en uno de los escritores que mejor han retratado la ciudad.

La ambientación de la época tiene tras de sí un trabajo arduo, una documentación paciente, un trabajo de hormiga, de un paciente ratón de biblioteca al que puedo imaginar dedicándole durante años el escaso tiempo que pueda disponer.

No quiero terminar sin destacar algo que me ha parecido esencial de la novela, como es su prosa, auténtica prosa poética a la que nos tiene acostumbrados a sus seguidores de Facebook, tan poderosa que no solo es capaz de irradiar belleza, sino que sostiene ella misma la trama de la novela. Si afirmo que es prosa poética la de Paco es porque estoy convencido de que es la palabra y no la acción la que soporta todo el proceso creativo. La forma de escribir no es solo cuidada, bella o escrupulosa, sino que mantiene el ritmo de la obra por sí sola, se basta y se sobra. Qué pocos escritores son capaces de hacer eso y qué bien lo hace. El ritmo, la intriga, la emoción las marcan las comas, las repeticiones de frases cuidadosamente elegidas, los saltos de escena, las idas, las venidas. Es aquí donde Áspera seda de la muerte deja de ser una buena novela y se hace extraordinaria, y solo deseo que tenga el éxito que sin duda merece.

 

MIS LECTURAS DE 2017

Ha sido un año de escribir mucho, y la lectura se ha resentido un poco. También 2018 será un año de intensa escritura, y quién sabe lo que me deparará de lecturas. Como siempre, no todo me ha apasionado, pero ha merecido la pena. Leer casi siempre lo merece.

  1. Una verdad improvisada, de Carmen M. Cáceres (Pre- Textos)
  2. Vino y pólvora, de Susana Martín Gijón (Anantes)
  3. Las soledades de Juana, de Rosana López (Torre del Vigía)
  4. Mala letra, de Sara Mesa (Anagrama)
  5. El novio del mundo, de Felipe Benítez Reyes (Tusquets)
  6. Carne de carnaval, de David Monthiel (El Paseo)
  7. La historia de Sevilla en 80 objetos, de Manuel Jesús Roldán (El Paseo)
  8. Mientras agonizo, de William Faulkner (Cátedra)
  9. A la sombra de Robert Johnson, de Fau Trujillo y Lola Crespo
  10. La danza de los espejos enfrentados, de Gregorio Verdugo (Seeler)
  11. La uruguaya, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide)
  12. Trampantojo, de Charo Jiménez (Triskel)
  13. La muerte sobre un caballo pálido, de Lola Crespo (Cangrejo Pistolero)
  14. Los niños perdidos, de Valeria Luiselli (Sexto Piso Ensayo)
  15. La gran ola, de Daniel Ruiz García (Tusquets)
  16. El pez volador, de Hipólito G. Navarro (Páginas de espuma)
  17. Querida Ijeawele, o cómo educar en feminismo, de Chimamanda Ngozi Adichie (Literatura Random House)
  18. Héroes rotos, de Joaquín DHoldan (Triskel)
  19. El día a día, de Eva Monzón (Sargantana)
  20. El Domingo de las madres, de Graham Swift (Anagrama)
  21. Carta de una desconocida, de Stefan Zweig (Acantilado)
  22. Juan Belmonte, matador de toros, de Manuel Chaves Nogales (Cátedra)
  23. El monarca de las sombras, de Javier Cercas (Literatura Random House)
  24. La casa de los gatos, de Gregorio Verdugo (pendiente de publicación)
  25. Animales en el parque, de Mila Guerrero (pendiente de publicación)
  26. El monarca de las sombras, de Javier Cercas (Literatura Random House)
  27. Tú no eres como las otras madres, de Angelika Schrobsdorff (Periférica)
  28. Duelo, de Eduardo Halfon (Libros del Asteroide)
  29. El hoy es malo, pero el mañana es mío, de Salvador Compán (Espasa editores)
  30. El fútbol, de la mano, de Eduardo Sacheri (Alfaguara)
  31. Detrás de los ojos, de Silvia Tocco (El mono armado)
  32. El hombre que se rio una vez, de Salvador Compán (La Lechuza Blanca XVII)
  33. Raíces y puntas, de Alejandro Luque (Triskel ediciones)
  34. El maestro Juan Martínez que estaba allí, de Manuel Chaves Nogales (Libros del Asteroide)
  35. La vuelta al día, de Hipólito G Navarro (Páginas de Espuma)
  36. Las voces del mar y otros cuentos, de Andrés González- Barba (Samarcanda)
  37. Nowhere man, de Isaac Páez (Ediciones en huida), dos veces
  38. 1922, de Isaac Páez
  39. Disparos al aire, de Isaac Páez (Berenice)
  40. Hasta que sea verano, de Ignacio Arrabal (Anantes). Por terminar
  41. Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa (Seix Barral). Por terminar
  42. Lengua de serpiente, de Rocío Muñoz (Danke). Por terminar

NOWHERE MAN, de Isaac Páez

RESUMEN. Fernando Bautista, un literato fracasado, poco antes de cumplir los cuarenta años, ha perdido todo: su familia, su patrimonio y, lo que es peor, la esperanza. Instigado por su amigo Roberto, inicia un periplo en busca de trabajo, y de un lugar en el mundo, que lleva al protagonista por Suiza, Alemania y Francia, en una huida de la que no se sabe bien de qué o quién se huye, y por tanto, y cito palabras del autor, nunca se tiene claro adónde ir.

He leído por dos veces esta novela de apenas 164 páginas en el espacio de poco más de una semana. La primera fue al conocer personalmente al autor, un sevillano de 1984, profesor de Historia en la enseñanza secundaria pública, y la segunda porque, después de felicitarlo por la extraordinaria obra que había escrito, no olvidemos que llego a ser finalista del Premio Nadal, el autor sufrió un impulso, con certeza nada meditado, de invitarme a presentársela en la librería Un Gato en Bicicleta el miércoles 27 de diciembre. Espero que las burbujas del cava, extremeño o catalán, él sabrá, que ingiera en fin de año le haga olvidar esta tremenda equivocación.

Cuántas veces se cae una novela en una segunda lectura. Afortunadamente, no ha sido así, sino todo lo contrario. Leyéndola, releyéndola, uno se pregunta por qué le gustan las novelas en general. Por qué cree que es una gran obra, cuáles son sus secretos, los que me gustaría no solo desvelar, sino también asimilar, para, al tratar uno también de escribirlas, intentar emular el talento de un escritor de apenas treinta y tres años, del que lo que he leído hasta ahora, prosa y poesía, en este corto espacio de tiempo, solo puedo contar gloria bendita.

Nowhere man es una obra magníficamente estructurada. Dividida en diez capítulos, Isaac Páez utiliza los tres primeros para hacer un retrato del escenario vital en el que se mueve el personaje protagonista y el comienzo de su huida. La primera parada será la localidad suiza de Widnau, y posteriormente ese viaje a ninguna parte le llevará por Lindau, en Alemania, Paris, Zurich y, supongo, que Sevilla. Resulta curioso que no recuerdo que Sevilla aparezca nombrada a lo largo de la novela, aunque se intuya que es su ciudad natal el principio y fin de la historia, así como tampoco el apellido del protagonista, Bautista, salvo en la solapa de la portada. El viaje a través de Europa, el motor más obvio que hace avanzar la novela, marca el proceso de evolución de un personaje, y se convierte en un auténtico correlato de la obra, porque estimo que el itinerario no es baladí sino intencional, ya que el intento de reconstrucción de la vida de Fernando se inicia con eso tan manido y clásico de meter en cintura al que fracasa, para así poder adquirir esa grisura de la humanidad, ese comer, dormir, beber y follar que constituyen la razón de existencia de una gran parte de nuestros convecinos y compañeros de trabajo, que muchos consideran éxito, y que tan bien retrata el autor en un pasaje relacionado con la muerte:

[…]La gente a la hora de morir es más indigna que nunca, hablan del arrepentimiento y del tiempo perdido, cuando lo cierto es que se pasan la mayor parte de sus vidas sin hacer nada, se dedican en exclusiva a encender la televisión, comer, procrear mal y pronto, fastidiar al prójimo y dejar que el día pase sin más[…].

Suiza y Alemania en mi opinión representan ese anhelo  de tantas personas cuyas vidas se asemejan, al menos a mí me lo ha parecido siempre, a las de un náufrago asido a un salvavidas en medio del mar en espera de que le llegue la muerte. Gente que vive sobreviviendo, atada a las facturas, a las hipotecas, a la grisura del mundo, mucho de ello necesario, pero jamás un fin en sí mismo ni aspiración vital como lo es para muchos.

Sin embargo, Paris, la ciudad más literaria del mundo, lo dice el autor, simboliza el mundo de sus sueños y anhelos, lo que siempre quisimos ser todos y cada uno de nosotros, y pocos, o muy pocas veces, fuimos. Nada como Paris y su río Sena como espejo líquido en el que observarse, hacen ver al personaje quién es en realidad Fernando Bautista. Y en ese doloroso, explícitamente doloroso reconocimiento, es desde donde comienza el regreso, que no es a Ítaca precisamente, sino al Hades, a esa ciudad en la que “las calles parecían un hermoso infierno en bancarrota”.

Esa extraordinaria arquitectura que sostiene la historia, que la finaliza de un modo sublime, no es nada más que el sostén, esas vigas maestras fundamentales. No obstante, otras estructuras soportan la novela, y espero que no parezca que se me va la olla cuando digo que esta obra hace alusión a diversos mitos griegos, en algunos casos señalados de forma explícita por el autor: Sísifo, en ese constante subir y bajar la piedra; Ulises, o de forma más apropiada, un anti- Ulises como aquel viaje que cita Séneca del que si no sabe a qué puerto dirigirse, ningún viento le será favorable; y el Mito de la Caverna de Platón en ese final, como he adelantado, en mi opinión, extraordinario, que hace retrotraerme, no sé si con mucho acierto por mi parte, a Platón. Porque creo que sí, que esta novela tiene mucho de caverna platónica.

Pero una buena estructura no lo sería nunca si no va acompañada de unos personajes que sean dignos de la historia. Me apena que en la solapa del libro se describa Fernando Bautista como bellaco, entrañable, cobarde o digno. Eso es un destripe innecesario, porque avisar al lector de lo que se va a encontrar lo condiciona, puede llegar a parecerle que autor o editor lo consideran tonto por presumírsele la incapacidad de afrontar éticamente al personaje. Afortunadamente, creo que es únicamente un fallo de solapa, porque el personaje principal es una oportunidad para cada uno de nosotros de poder descubrir al Fernando Bautista que llevamos dentro, con nuestras miserias, nuestras obsesiones y fracasos, y también nuestra dignidad y nuestros valores, que a veces no hemos podido o no hemos sabido sacar a la luz, o sí, qué diantres, hemos sido capaces de hacerlo. Hacer ese recorrido de buscar en nosotros nuestro lado fernandino es una de las tareas íntimas que deberíamos hacer a la hora de leer la novela, y la solapa no nos tendría que condicionar.

Pero la riqueza de personajes no se queda en el protagonista. Existen secundarios grandiosos como Roberto, con tanta dignidad como falta de inteligencia, que también representa otro cuestionamiento ético a nuestra sociedad y nuestra escala de valores. Roberto me ha recordado a mi tía Asunción, la única hermana de mi padre, probablemente de las personas más cercanas a mí, la menos preparada y con menos inteligencia racional, pero sin duda la más amada por mis hermanos y mis primos, la más añorada y la más bondadosa. Puedo asegurar que uno de los momentos más extraordinarios y alegres que he vivido en los últimos años fue su velatorio junto a mis primos, contándonos unos a otros las mejores anécdotas de una mujer extraordinaria, para mí como ninguna otra. Qué gran personaje nos ha dibujado Isaac Páez en Roberto, qué tremenda dignidad.

Ouissal, la señorita Lapierre, José Manuel, las Juanas… su hermano Paco y su cuñada, los perros. No hay personaje, por pequeño papel que tengan en la novela, que no estén presentes en nuestras vidas, aunque sea en zonas tenebrosas. Mención especial para dos perros, Godot y el que cuidaba del padre de Fernando desde una de las terrazas del edificio que había frente a la residencia donde se hallaba internado. Los perros, esos seres imperfectos pero más dignos que cualquier otro ser de la naturaleza, a decir del protagonista principal. La ambientación de la historia, sus personajes, el lenguaje callejero y canalla que la acompaña y enriquece, han completado relato extraordinario, una historia que se hubiera podido estropear si no tiene un final digno de ella.

He tenido la oportunidad de leer varias novelas en estos últimos años sobre canallas, rinconetes, sinvergüenzas varios, de diferente dureza expositiva, y en todas me preocupaba mientras las leía la forma en la que el autor se desembarazaría del personaje, es decir, de la novela. Evidentemente hay que hacer finales creíbles, verosímiles, y por supuesto que un disparo, un cáncer, o un infarto lo son. Esos han sido los recursos que he visto y no puedo negar mi decepción, por facilones, sobre todo al encontrarme un desenlace como el de Nowhere man. Aquí lo digo más que como lector como intento de escritor. Me ha parecido un final arriesgadísimo por el giro, y sorprendente por lo inesperado y extraordinario, por su concisión, porque además unos cuantos renglones me hicieron replantearme el verdadero sentido de la novela. Entenderla en su plenitud, si es que me he enterado de algo. Me rindo a sus pies, señor Páez.

Las novelas tienen tramas, pero también motivaciones. Una buena estructura la puede tener un bloque de pisos con piscina como aquel en el que vivía Fernando Bautista, pero una obra arquitectónica se convierte en arte cuando son los cimientos del que la disfruta los que se remueven.

Nowhere man es esencialmente una novela sobre la dignidad. Sobre la dignidad de Fernando Bautista, de Roberto o de Ouissal, sobre la dignidad del ser humano, la de los perros, sobre la dignidad del mundo. Un auténtico retrato social, una foto panorámica en la que, nos guste o no, la aceptemos o no, todos salimos. En definitiva, sobre un concepto con buena prensa que sin embrago,  muchas veces es solo apariencia porque, como pasa en la novela, escondemos nuestra propia mierda bajo el felpudo.

Nowhere man es grande porque habla de nosotros. Es una flecha que se nos clava en las entrañas, una novela en la que podemos encontrar nuestras zonas oscuras, nuestra mierda bajo el felpudo, pero también, entre tanta basura, hallar lo mejor que tenemos. Y esa, y no otra es nuestra tarea vital, la de poner a flote nuestra dignidad en el mar de locura que vivimos. Una locura, que como señala el autor en un pasaje, siempre sirve para tapar la maldad que nos corroe.

Lean esta gran novela, y háganlo con señalador. Nunca estará de más recordar aquello que Fernando Bautista nos dice, aún a riesgo de que las flechas que nos lanza nos dejen como San Sebastián.