LOURDES

Cuando escribo estas palabras, Lourdes lucha a brazo partido en un largo combate por apurar un tiempo más de vida. Los inviernos han sido cada vez más duros para ella y este, que ni siquiera ha comenzado cuando tecleo este artículo, tiene todos los visos de ser el último. Pero también lo fue el anterior, y el anterior a este, y… […]

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LA ARTROSIS DE MARADONA

La artrosis es una dolorosa enfermedad degenerativa de las articulaciones, en la que la edad y el sobrepeso juegan un papel muy importante. Si, como en el caso de Diego Armando Maradona, la profesión aumenta el riesgo por el sufrimiento de las rodillas, podremos explicar de forma muy clara las causas por las que el ex futbolista argentino padezca un problema así.

La artrosis es una patología que en mi opinión es paradigmática de cómo se están abordando muchas enfermedades en los sistemas sanitarios, muy centrados en los productos, poco en la capacidad de los diversos profesionales, y aún menos en las de los pacientes. A pesar de que el incremento del ejercicio físico y la disminución de peso constituyen el tratamiento principal, para lo que se requiere tiempo en los profesionales y motivación en los pacientes, son los medicamentos, analgésicos y antiinflamatorios, los que más se utilizan. Medicamentos que únicamente pueden paliar, si llegan a conseguirlo, el dolor, pero que no regeneran la articulación ni resuelven el problema, por lo que se necesitan siempre, no resuelven nada y… producen efectos secundarios muy graves, como le ha ocurrido a la “mano de Dios”, mano que no sé si también sufre de artrosis en su muñeca o en los dedos.

Diego Armando Maradona, a buen seguro, ha sufrido una hemorragia digestiva asociada a los antiinflamatorios utilizados para su artrosis, efecto muy común que hay que controlar y seguir, prevenir con medicamentos antiulcerosos y, en todo caso, vigilar para que no se produzcan, tanto por parte de los profesionales (síntomas como debilidad y cansancio del paciente, controles analíticos para identificar si el hemograma puede indicar pérdidas de sangre, anemia, etc) como del paciente, al estar atento a un oscurecimiento de sus heces, por ejemplo. La más que probable falta de control, la ausencia de seguimiento, en el caso de uno de los personajes más conocidos a nivel mundial, ha llevado a que el futbolista permanezca ingresado en el hospital hasta que pueda resolverse el problema.

El caso es sangrante, y no solo por los efectos sobre la salud y el estómago de Maradona, sino porque revela qué grado de control y seguimiento tienen los tratamientos con fármacos en el mundo, lo que constituye lo que hace tiempo denominé como epidemia farmacológica, una epidemia que, a diferencia de la mayoría de las epidemias, no afecta a pobres, sino también a ricos y a personajes relevantes. Se me vienen a la memoria la muerte de Michael Jackson, creo recordar que también la de Elvis Presley, y hasta la del genocida serbio Milosevic en su celda: todos murieron por un deficiente control de los medicamentos que utilizaban.

En el caso del astro argentino pueden haber influido otros medicamentos, incluso actitudes vitales, que puedan haber agravado el problema. Manejar la complejidad de la farmacoterapia no es tarea baladí, necesita de un especialista que lo realice junto a la persona que los utiliza, y no solo carecemos de servicios de este tipo, sino que relegamos al medicamento, en todos los sistemas sanitarios, a un mero papel instrumental.

La farmacoterapia falla al no producir los efectos deseados, falla al producir efectos no deseados y falla también al utilizarse de forma incorrecta por el paciente. Las consecuencias, en claves de pérdidas de vidas humanas y en aumento del sufrimiento en las personas, es inconcebible, y éticamente inadmisible cuando se posee la solución al problema. Y perdonen el asco que siento al escribir esto. Asco ante quienes dirigen las políticas sanitarias y ante todos los que tienen la capacidad de dar respuestas.

Asco, porque se podría financiar la solución con los ahorros de evitar el problema. El tratamiento de la artrosis de Maradona puede costar, como mucho, cien euros mensuales. Sin embargo, cada día que pase en el hospital supondrá unos ochocientos euros…¡¡¡diarios!!! Está medido: cada euro que nos gastamos en medicamentos supone gastar dos más en paliar los problemas que producen. Por cada euro que invertimos en profesionales que palien la epidemia farmacológica, el estado se ahorra cuatro al evitarse ingresos hospitalarios y bajas laborales, entre otros gastos.

El caso de Maradona no es una excepción. Millones de personas, centenares, miles de millones de personas toman medicamentos en el mundo y el único control que existe es que los pacientes que sufren estos problemas puedan llegar a tiempo a un hospital. Urge hacer las cosas de otra forma, pero a buen seguro que nada cambiará. Su padre, su madre, sus hermanos o sus abuelos, quizás sus hijos, morirán de una forma bastante gilipolla, y los responsables de ello jamás irán a la cárcel ni les pesará en sus conciencias.

No solo Maradona tiene artrosis. También los sistemas sanitarios, públicos o privados tienen enfermedades degenerativas y sangran a borbotones. Al menos el futbolista acudió a urgencias, pero los políticos, ni siquiera están alarmados.  

DIARIO DE A BORDO. LA PEREZA

Hay defectos en los seres humanos que me enervan. Y cuando me refiero a los seres humanos también estoy yo incluido, porque somos imperfectos y caemos, con mayor o menor frecuencia en la ineptitud, sea cual sea la causa. No obstante, eso de vincular humanidad e imperfección nos suele conducir a la autocomplacencia y, por tanto, a no cambiar. Movidos por la pereza.

La pereza. Hubo un tiempo en que lo que más me molestaba en los seres humanos era la soberbia, esa actitud arrogante que adoptan no pocas personas ante la adquisición de una una mínima cuota― y cuanto menos, peor―de poder. Quizás eso fue hace años, en la época en la que colaboré en la Universidad de Granada, donde no solo me encontré con gente soberbia, sino que cualquiera que apenas se iniciaba a trabajar con nosotros adquiría una porción inconmensurable en un brevísimo lapso de tiempo. Sin embargo, ahora es la pereza, la indolencia, la que más me preocupa.

La soberbia, aun siendo una pésima cualidad, tiene un aspecto innegable de partir de una cualidad, imaginada casi siempre, a veces real, de quien la ejerce. Sin embargo, la pereza, la indolencia, es un mal nocivo y a la vez silente, porque sus consecuencias son devastadoras en los demás ya que suelen pasar desapercibidas. Los perezosos, los indolentes, tienen además la rara y valiosa habilidad de hacer culpables a los demás de sus desvíos, acusándolos de soberbia, por ejemplo, de histeria, agresividad, o de cualquier otra cosa con tal de permanecer en su indolencia. Mientras la soberbia es ruidosa, abiertamente agresiva, la pereza es callada y, por qué no decirlo, traidora y egoísta.

Ya lo dijo Albert Einstein, si el mundo está en peligro no es por las malas personas sino por las que permiten la maldad. Y ahí dentro están todas las formas de indolencia. Desde las más pequeñas, desde las que, apenas sin darnos cuentas, nos llevan a las mayores tragedias.

Foto tomada de EL COLUMNERO

CARNE FRESCA PARA LOS ZOMBIS

Días después de la selecciones en Andalucía, aún me encuentro estupefacto con los resultados,tratando de comprender por qué y cómo hemos llegado hasta aquí. La irrupción de una extrema derecha violenta (expulsar, muros, memoria histórica, religión…) me ha sobrecogido.

Siempre me he considerado un hombre de izquierdas, mi voto ha oscilado entre partidos nacionalistas andaluces y diversos colectivos progresistas. Por una parte, porque estoy convencido de que hay un modo de nacionalismo deseable, que dista mucho de ser de corte supremacista o excluyente, que lo entiendo como respuesta a la forma tan despiadada de globalización que se ha desarrollado, que no ha resultado ser más que una mera oportunidad para ampliar mercados para, una vez rotas las reglasen nombre de un concepto de libertad a la medida de los que más tienen,esquilmar a quien venga. Una globalización la de ahora que abomino, y que explica las migraciones y las guerras, los nacionalismos xenófobos y el resurgir del totalitarismo, de los patriotas de lo suyo. Defiendo un nacionalismo que preserva la cultura de los pueblos frente al monocultivo cultural de la hamburguesa doble con queso, que realza el valor de la propia para contribuir a la diversidad del mundo. Porque la riqueza es el mestizaje, el respeto a la diversidad y nunca la imposición de un modelo para todos. Por eso soy nacionalista para mi cultura y por eso la quiero como algo que se ofrece a las demás y que también recibe las influencias de otras, para su progreso y el de la humanidad.

Por otra parte, me he considerado de izquierdas porque un día bebí de pensamientos e influencias cristianas, por las que interpreté que todos éramos hermanos y teníamos derecho a desarrollarnos como personas; a tener las mismas oportunidades, a que nadie es menos ni más que nadie. Unas influencias que hace tiempo que abandoné pero de las que también se han alejado no pocos de los que continúan considerándose cristianos, esa facción que pretende hacernos comulgar con ruedas de molino a quienes pensamos diferente, que se siente perseguida ante la pérdida de poder político.

Me reconozco cándido, qué puedo decir después de haber escrito lo anterior. Y a pesar de eso, o precisamente por eso, trataba de entender a esos cientos de miles de votantes que habían elegido dar su voto a Vox, que la dirige un señor que va armado, que no sonríe ni en la victoria, con un programa marcadamente xenófobo, machista, violento,que nos lleva a tiempos pasados, a una nueva reconquista, en palabras de uno de sus líderes.

Trataba de entender,decía, a los votantes. No me han importado mucho las reflexiones de articulistas acerca del fenómeno, aunque me duelan las de algunos amigos que defienden que lo que viene no es fascismo porque sus votantes no son fascistas.Menuda reflexión, como si a Hitler lo hubieran aupado los nazis al poder, o a Mussolini gente que se considerase nazi o fascista. Hay veces que pienso si sirve para algo haber leído mucho, haber escrito. Evidentemente para algunos no es sino un oficio, una forma como otra cualquiera de ganarse la vida en lugar de una oportunidad para comprender el mundo. De qué poco les ha servido a algunos tanta lectura. Quien vota a un partido que anuncia de forma explícita lo que pretende hacer no es inocente de lo que pueda suceder, y más si lo que llegue a suceder no sea más que volver a repetir la historia.

Tampoco me ha sorprendido cómo el Partido Popular, que tanto le chorreaba la baba al defender su amada Constitución española, rápidamente se echa en brazos de los que abominan de ella. Constitucionalistas accidentales, de pose, no tienen empacho alguno en abrir el camino a lo que sucedió en Alemania en los años 30 del siglo pasado.Tampoco este partido será inocente, ni sus votantes ni voceros, esos que claman ahora diciendo que Vox no es extrema derecha.

 Como decía, trataba de comprender como en una de las regiones más pobres de Europa cientos de miles de votos habían ido a parar a manos de quienes solo van a luchar por defender los privilegios perdidos, si es que han perdido alguno en estos cuarenta años, porque cuando se es totalitario no es posible conformarse con algo que no sea el total.

Intentaba descifrar quién podría haber votado a la extrema derecha más allá de su caladero predecible devotos. Y en esas estaba cuando me encontré a Antonio.

Antonio es de una edad similar a la mía, mediada la cincuentena. Lo conozco desde que comencé a trabajar. Él es vigilante de una empresa de alimentación cercana, en la que ejerce no solo de guarda, sino que también ha de mantener limpio el establecimiento, retirar basuras, hacer recados,buscar cambio para sus jefes, etc. Trabaja en eso desde que lo conozco, heredó el puesto de su padre y lo compartió con su hermano, ya fallecido por enfermedad cardíaca, durante años.

A Antonio le gusta el fútbol, se lleva bien con todo el mundo, con emigrantes que comercian de forma legal en tenderetes, con el chino que le arregla el móvil que se le estropea, con las empleadas del hogar latinoamericanas que acuden a hacer las compras que les ordenan las señoras… La crisis le redujo la jornada laboral y el sueldo, pero al menos no lo dejó en la calle como a otros del barrio obrero en el que vive,como a parte de su familia. Antonio es uno de los nuevos votantes de Vox, según me contó sin tapujo alguno. Sus argumentos, que ya estaba bien, que ya estaba harto de tanto ladrón, que había que cambiar.

Luego hablé con María,una chica de casi cuarenta años que trabaja como empleada del hogar, una extraordinaria trabajadora, una mujer dedicada a sus hijos, a su familia, que se crió con sus tíos porque sus padres eran incapaces de darle a su prole un mínimo de educación. Así salieron muchos de sus hermanos, relacionados con ámbitos muy oscuros de nuestra sociedad. Los tíos de María la recogieron casi recién nacida al regresar de Australia, en donde se habían exiliado tras sucesivas detenciones en la dictadura debido a la militancia sindicalista, esto es, por defender los derechos de los trabajadores bajo una dictadura. María no votó a Vox, simplemente se le olvidó votar, aunque no incumplió la promesa que le había hecho a su hijo de llevarlo esa tarde a comerse unas tortas con nata en un centro comercial, antes de ir a conocer la nueva iluminación navideña del centro. Se me olvidó, se me olvidó, fue la respuesta a mi pregunta.

Antonio y María han vivido cuarenta años de democracia que han sido un modelo de fracaso en la educación, en la que se han confundido acumular conocimientos con formar para la libertad de pensamiento. Eso nos ha tocado a todos, porque el problema de Antonio y María es similar, el mismo diría yo, al de esos escritores que defienden que no hay fascismo y que pretenden ser intelectuales sin intelecto. Mientras unos han vivido aislados en sus barrios obreros a las buenas de dios,otros han sufrido otro tipo de aislacionismo, el de vivir en un mundo de Yupi anestesiados por ese estado del bienestar que no llegaba a todos. Y el resultado es parecido,una falta de comprensión de la realidad que vivimos.

Antonio por acción, y María por omisión, también son responsables de haber resucitado a los zombis. La única diferencia es que ellos serán de los primeros en ser devorados, porque de ellos solo les interesa el voto o la abstención, sin duda son los más frágiles de la cadena y, ya se sabe, las fieras devoran primero a los animales debilitados.

La pregunta que me hago es por qué la izquierda, ese movimiento que dice defender a los desheredados de la sociedad, no ha llegado hasta ellos, hasta gente como Antonio o como María. Cuando escuché a Antonio decir que había votado a Vox, no pude sino recordar a Pablo Iglesias durante la noche electoral, diciendo algo tan digno de no sé qué de salud o de fraternidad. Antonio no entendería nada de aquello, al igual que para María, la Internacional debe de ser alguna jugadora de la selección de fútbol femenino.

La nueva izquierda tiene poca, muy poca calle. También vive en su propio mundo de Yupi de consignas y de reflexivas reuniones en horarios solo aptos para funcionarios y profesores universitarios, mientras sus posibles votantes  tratan de sobrevivir como pueden en la ciudad sin ley que son los suburbios; o anestesiados por la televisión, por telenovelas, por María del Monte o Juan Imedio, de tarde en tarde. Canal Sur no se debe cerrar porque los medios de comunicación públicos son el único ámbito ajeno a intereses particulares en información, pero la televisión pública de Andalucía ha hecho mucho daño con ciertos programas, y lo sigue haciendo, a la dignidad de los andaluces. En especial a la de las andaluzas. Ha confundido cultura popular con chabacanería y lo que podría ser un motor de culturización se ha convertido en un abrevadero para alimentar de bazofia y debilitar aún más a los últimos de esta sociedad.

Hemos abandonado a su suerte a quienes no entienden de consignas, porque en cuarenta años no hemos sabido o querido, y hemos tenido la oportunidad para ello, que recorran el camino a la libertad que es la educación. Hemos creado guetos expulsando a los más pobres y a los más débiles de sus barrios tradicionales. Lo seguimos haciendo apostando por la economía de pisos turísticos, a favor de los que más tienen, en contra de los que han de marcharse. Continuamos abriendo centros comerciales, e inaugurándolos nuestros próceres además, espacios ajenos a nuestra cultura de barrio que destruyen multitud de empresas familiares que constituyen la verdadera riqueza económica de pueblos y ciudades; lo mismo que hacemos con el taxi, para favorecer a grandes empresas multinacionales de empleo precario y coches y corbatas inmaculadas, como ya hicimos antes con la desaparición de las empresas de comestibles para crear supermercados donde explotar a sus empleadas, porque son mujeres por lo general las explotadas.

Si Vox está aquí también es porque nos cargamos a los pequeños autónomos para crear puestos de trabajo precarios y mal pagados, por parte de empresas que pagan sus impuestos fuera o explotan a trabajadores del tercer mundo que luego tienen que huir de sus países para llenar pateras y superpoblar nuestros extrarradios, esos espacios que la izquierda no entiende y que son el nuevo caladero de votos para fascistas y probablemente el del terrorismo que venga, allí donde vive gente como Antonio o como María, el lugar que jamás pisará un intelectual salvo para hacer un dibujo que le reafirme de sus convicciones.

Hablábamos de desenterrar a Franco y sin llegar a levantar su tumba han surgido de la tierra removida los zombis que arrasaron Europa de sur a norte. No han tenido ni que cambiar de carnaza. Basta una generación para que volvamos a picar en el cebo envenenado.Hay muchas responsabilidades en esto. Yo he preferido sacar las mías.

FELIZ FINAL

…la jodida libertad es la trampa con la que nos están quitando el suelo bajo los pies…

La lectura de la última novela de Isaac Rosa (Sevilla, 1974) me ha hecho sentirme así. De alguna forma el escritor ha socavado la tierra sobre la que pisaba y me ha hecho percibirque era mucho menos firme de lo que pensaba. Se dice que una novela, una obra artística en general, es un punto de encuentro entre el autor y el lector o, por extensión, el que se detiene a contemplar la creación. Esta es, tras La mano invisible (Seix Barral, 2011),la segunda vez que acudo a ese punto de encuentro con el escritor sevillano y puedo decir que en ambas me he llevado una buena hostia, como si hubiera pegado un tirón de la alfombra que pisaba y cayera de bruces contra esa realidad cogida con alfileres en la que vivimos.

Leer Feliz final no solo me ha interpelado acerca de mi propia relación de pareja, del significado del matrimonio, del papel de los hijos, sino que me ha llevado a cuestionarme sobre los valores de nuestra sociedad, que son,aunque me cueste reconocerlo, los míos, porque yo soy un ser social. De alguna manera,en Feliz final hay una nueva mano invisible, como en la novela publicada hace siete años, que maneja con habilidad los hilos emocionales que nos sostienen, tan frágiles y a merced de cualquier brisa. Mucho me temo que la mano sea la misma, o al menos sean los mismos personajes misteriosos los que la gobiernan.

Aunque existe la tentación, y me resultó casi inevitable no hacerlo, de comenzar a leer la obra en clave personal, Isaac Rosa tiene la grandeza de invitarnos a interpretarla en modo social. Ángela y Antonio, la pareja protagonista nos relatan su historia emocional y también la nuestra, la de esa democracia que cuentan que comenzó hace cuarenta años, la de la sociedad del bienestar que inició su construcción en Europa sobre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial, la que creíamos que gozaba de sólidos cimientos, a salvo de cualquier embate. Sí, al igual que el comienzo de la novela, íbamos a envejecer juntos: Ángela y Antonio, Carmen y yo, ustedes dos, nuestra democracia, nuestros derechos sociales… hasta que la brisa nos desnudó, hasta que la mano invisible nos arrancó de cuajo las vestimentas y nos mostró una etiqueta de Primarkbajo el lienzo que vestíamos.

Me ha parecido un gran acierto el contar la historia desde el final. Quizás esta lectura particular no hubiera sido posible si la obra no hubiera estado escrita así. Qué importancia tienen las formas en la literatura, escoger el punto de vista adecuado para lo que se quiere contar, o para lo que he interpretado como lector. Hay gente que sabe escribir muy bien, en el sentido de elegir las palabras correctas y conjugarlas de una manera académica, pero que no sabe contar historias. La forma que ha elegido Isaac Rosa me ha parecido extraordinaria, con una prosa que ha actuado como un pedernal contra mi conciencia.

Una obra magnífica que invito a leer a quien no tema sentir que el suelo se resquebraja bajo sus pies.Aunque no por dejar de leer a Isaac Rosa este será más sólido.

LO SOCIAL EN LA LITERATURA CONTEMPORÁNEA

El jueves 4 de octubre de 2018 participé en el Espacio Santa Clara en la mesa redonda Lo social en la literatura contemporánea junto a los escritores Kiko Amat, Pablo Gutiérrez e Isaac Rosa, moderados por Daniel Ruiz García. Estas son las cuestiones y reflexiones que planteé:

Dice Fernando Pessoa que las decadencias son fértiles en virilidad mental y las épocas de fuerza en debilidad del espíritu. Creo que dijo bien Pessoa. Durante los años de la presunta bonanza económica, la que al parecer hubo hasta 2008, se consideraba algo patógeno incluir algún tipo de resorte político en la ficción literaria. Era, por así decirlo, de mal gusto. Todo iba bien.

Sin embargo, en aquellos años felices de la economía trilera del boom inmobiliario, los muchachos de las Tres Mil Viviendas de Sevilla, y los de tantos otros barrios similares como los que aparecen en la novela Maleza de Daniel Ruiz García, abandonaban sus estudios para ganar el dinero fácil que el cemento y el ladrillo les ofrecía, haciendo saltar por los aires desde sus andamios los esfuerzos que hicieron durante décadas la comunidades educativas, un fracaso del que aún se resienten estos barrios, ahogados por los tradicionales problemas derivados de la exclusión social, que se han vuelto ahora más complejos al ser lugar de destino de migrantes de regiones en conflicto, esos turistas de cuarta división que aparecen por nuestras ciudades, que, sin embargo, no se alojan en los apartamentos que la nueva versión 2.0 de la economía trilera, la que mueve una mano invisible similar a la que propone Isaac Rosa, nos promete, sino en los pisos patera que ofertan los basureros urbanísticos del extrarradio.

Con la caída de Lehman Brothers en 2008, que retrata Pablo Gutiérrez de en Democracia, regresa la literatura política. Desahucios, paro, el 15-M del Cienfuegos de Kiko Amat, y nosotros a adelgazar nuestra economía porque no hay pan para tanto chorizo.

Parece que la literatura social, al resurgir en momentos de crisis, en lugar de cumplir una función de compromiso, atiende a un nicho de mercado literario. Quizás ahora decline de nuevo y haya que esperar para un nuevo rasgado de vestiduras literario a la caída de Ryanair o al desplome de los alquileres turísticos en los que invierten hasta empresas taurinas.

A partir de estas reflexiones me surgen cuestiones para debatir en torno a la literatura social:

¿La ideología sustituye a la calidad literaria? ¿Puede suplantarla? ¿Escribimos sobre lo que los lectores, o los nuestros en particular, quieren escuchar? En todos los géneros hay buena y mala literatura, pero quizás en lo social sea más difícil de digerir una posición política diferente y se tiendan a perdonar las deficiencias de los que consideramos nuestros.

¿Sobrevolamos las historias o las aterrizamos? ¿Contamos historias en las que lo social es un marco o excusa, o es el centro de lo que queremos hablar? A veces lo social es nada más que la ambientación elegida para una historia que se podría haber escrito en otro entorno. Otras, en cambio, aunque no lo parezcan, arrancan nuestras miserias como sociedad a partir de una historia aparentemente intrascendente. Como ejemplo reciente: Cara de pan, de Sara Mesa. Sigue leyendo

PEROGRULLO

Un estado es una organización creada por el ser humano para organizar a los individuos de su especie, a fin de conseguir juntos lo que no podrían conseguir por separado, es decir, orientada al bien común. Por tanto, el principal cometido del estado será fomentar el desarrollo de los individuos que lo conforman y, por tanto, defender, proteger y estimular también el de los más débiles.

Entre los más débiles están los enfermos y las víctimas de las estructuras sociales injustas, de ahí que la protección a los enfermos y la revisión crítica del modelo de sociedad para corregir sus defectos y reparar a sus víctimas deban ser tareas primordiales del estado. Ningún ser humano que no esté enfermo tiene por qué tener menos capacidades ni derechos que otro. El homenaje a las víctimas del pasado, su recuerdo, deberán permanecer siempre para no volver a repetir errores.

La estructura del estado conlleva unos órganos de gobierno que, para garantizar la revisión crítica de su desempeño, debe contrapesarse con otras estructuras representativas que vigilen su desempeño y un sistema para hacer justicia en el caso de confrontación que garantice también la seguridad de sus integrantes. Los órganos de gobierno se elegirán entre todos y se revisarán de forma periódica. Por tanto, todo poder debe ser elegido, ninguno se ostentará por otro derecho  que no sea el de libre elección. Para que los ciudadanos puedan ejercer su libertad han de acceder a un modelo educativo orientado a ello, que garantice su libertad de pensamiento y crítica.

Los estados pueden ser grandes o pequeños pero no de cualquier tamaño. La identidad cultural correspondería a la estructura mínima de un estado, en el que pueden caber otras identidades culturales siempre y cuando se vele siempre por la protección de los más débiles y por el desarrollo de las potencialidades de todos los individuos, sin privilegios para nadie. En cuanto un estado lo conformen diversas identidades culturales, estas deberían tener siempre el derecho a formar parte o no de un estado mayor si se consideran perjudicadas.

Nadie es menos que nadie si tiene las mismas oportunidades. Por tanto, si hay lugares más pobres que otros, o personas de alguna raza, etnia o identidad cultural con menor desarrollo, es porque algo se está haciendo mal. Tampoco el bienestar de un estado se puede alcanzar en detrimento de otros.

Si has leído hasta aquí y te descojonas, háztelo mirar. Siempre podrás irte a cortar lazos amarillos (o del color que te guste). Para empezar, podrías entretenerte en cortarle las uñas de los pies al ciudadano que duerme bajo ese cartón.

 

EL ASCUA Y LA SARDINA

Marc Márquez aconseja usar casco. La farmacéutica, género mayoritario en la profesión, aconseja utilizar bien los medicamentos, pero ¿quién defiende a los que los toman?, ¿quién se moja por ellos, ¿quién lucha de forma independiente para garantizar un derecho tan simple y elemental, tan simple y elemental que no está escrito en ninguna legislación, de que los medicamentos sean efectivos y seguros en las personas que no tienen más remedio que usarlos?

Sí, hoy puede que mueran tres mil quinientas personas en la carretera, pero hace tiempo que se sabe que los muertos por medicamentos triplican, y hasta quintuplican los fallecidos por accidente de tráfico. Solo cuatro de cada diez alcanzan el efecto deseado. Las consecuencias que se derivan son esas: entre diez y quince mil muertos diarios, y estados que triplican sus gastos de prestaciones sociales y sanitarias a pesar del despilfarro en medicinas (y en medicina también). Resulta lastimoso saber que esos cuatro medicamentos podrían ser ocho, ocho de diez, que se podrían ahorrar muchas vidas humanas y también, patriota, mucho dinero, pero no se hace.

Sin embargo, esto parece que a nadie interesa. Unos, nuestros políticos patriotas agitadores de diferentes banderas y sus funcionarios miran para otro lado, en un ejercicio de patriotismo. Otros, los profesionales, en lugar de erigirse en servidores de la sociedad, se contentan con servir a su amo (ya quisieran tener la dignidad de los perros y otros animales de compañía), o con preguntar eso tan patriota de “qué hay de lo mío”. Capaces de matar antes de que alguien toque algo de su parcelita de poder, sus exclusividades, aunque las exclusividades maten más que sus actuaciones profesionales.

Muchos denuncian hoy los males de la sanidad, pero pocos miran al horizonte. Es más, casi nadie mira más allá de su propio ombligo, por muy alejado que lo tenga. Su ascua y su sardina. Como lo que importa es el qué hay de lo mío, el que abomina de los crímenes de la industria farmacéutica se queda en eso, el que se dedica a la Farmacovigilancia con sus tarjetas amarillas y sus rams, el médico con su medicina y el farmacéutico mirando para otro lado, contando sus billetes en su jaula dorada por fuera y llena de excrementos por dentro, como todas las jaulas. Vuestra patria es vuestro ombligo, lleno de mierda por dentro.

Siento vergüenza cuando veo que las escuelas de salud pública no hacen esfuerzo alguno por investigar esta situación. También, y mucha, de los agitadores de banderas por ser capaces de matar por sus patrias, pero jamás de dar la vida por sus compatriotas. Y cuando salen agitadores como Spiriman a la calle y lo veo juntándose con ciertos farmacéuticos, no dejo de pensar en lo que cuesta movilizar a las personas para acabar dejándose engañar como chinos, como el chino que dicen que fabrica los medicamentos de las subastas andaluzas y que ahora resulta, el escándalo del valsartán ha aclarado mucho, que es el que todo lo maneja y lo fabrica. Al final, nadie mira el problema sino lo suyo.

Tres mil quinientos muertos diarios en las carreteras, casi quince mil al salir de las farmacias. Y no se os cae la cara de vergüenza. Malditos seáis. Al final os darán jarabe de vuestra propia medicina y os reventarán los gusanos. Con vosotros sí que haremos caja. De pino.

PATITOS FEOS O CISNES

Hay profesiones que miden la temperatura de la sociedad, que muestran la calidad de sus servicios, de sus instituciones. Podrían ponerse ejemplos para cada sector, aunque en el ámbito sanitario será difícil encontrar un termostato social más importante que la farmacia comunitaria.

La farmacia comunitaria es el patito feo del sistema sanitario. Lo ha sido desde hace muchos años, desde que los políticos    […]

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http://www.elglobal.net/suplementos-y-especiales/gestion-farmaceutica/patitos-feos-o-cisnes-CI956510

TERNURA SANITARIA

Cada vez me gusta menos escribir sobre la carrera que estudié y que ejerzo, cada vez me gusta menos escribir sobre salud pública, nuestro sistema sanitario y el papel de los profesionales que lo integran. Cada vez, digo, me gusta menos oír hablar sobre nuevas políticas sanitarias porque poco hay de nuevas, y cuando las hay, son casi siempre para empeorar lo que había, en especial en estos años de Partido Popular en el gobierno, en el que ha estado a punto de destrozar el derecho a la salud en este país y la sanidad universal. Y caso de haber novedades que no puedan tacharse de negativas, acaban siendo meros brindis al sol.

No he podido menos que mirar con ternura la disputa entre enfermeros y farmacéuticos por reclamar en exclusiva un espacio en el sistema. Digo ternura cuando en otro momento podría haber dicho asco, porque era asco y no otra cosa lo que sentía cuando constataba que ninguna profesión tenía un concepto de servicio a la sociedad sino de defensa de privilegios. Sí, era más bien asco lo que me producía, asco por los dirigentes médicos, por supuesto por los farmacéuticos, y también por los enfermeros, asco porque me parece nauseabundo que prevalezcan los intereses de colectivos en detrimento de los de los ciudadanos, pero ese es el resumen de este país y de sus patriotas, porque aquí un patriota se parece mucho a uno de esos profesionales que miran su ombligo y se desentienden de su misión, y más aún, de la misión colectiva que deberíamos tener los que decimos estar al servicio de una patria, sea profesional o política.

Al observar ese enfrentamiento de enfermeros contra farmacéuticos no he podido evitar esbozar una sonrisa. En mi época, quienes nos consideraban los enemigos eran los médicos. Perdónenme, eran enemigos de mayor altura, y estas luchas actuales no son sino reflejo de lo bajo que está cayendo mi profesión, algo que no me sorprende viendo quiénes la dirigen tanto del punto de vista político como científico. Sí, el enemigo no está fuera sino dentro, y no sale ni con aguarrás.

Ternura de verdad me produjo Spiriman, cuando lo vi rodeado de farmacéuticos empresarios y repitiendo ese discurso interesado y económico contra las subastas de medicamentos. Y parecía un tipo listo, me dije. ¿Ni este tipo, con todo lo que ha movido, tiene un discurso político colectivo, de verdadera salud pública?

Y cuando veo los programas políticos de los diferentes partidos, con esa pobreza de ideas en lo que se refiere a salud pública, a derecho a la salud, hasta en los más pretendidamente progresistas, veo solo a personas incapaces de dejar de priorizar lo suyo y pensar en los demás, o con falta de agallas por no enfrentarse al primo médico de Zumosol. En fin… nihil novum sub sole, lo de siempre, lo de tantos años. Historia pura de este país plagado de antipatriotas.

Continuará, no sé cuándo. Me falta la paciencia, y a veces la ternura acaba por darme náuseas. Qué negocio harían los fabricantes de Primperan si en este país hubiera un poco más de decencia y menos tibieza.

Imagen en: https://jenndiaz.com/2010/06/25/los-dedos-me-buscan-la-ternura/