PERIODISMO BASURA

Esta portada de ABC hace vomitar. Los titulares son la demostración del nacionalismo más asqueroso, el más despreciable que puede haber; el que dicen atacar, a pesar de ser ellos sus máximos adalides. Cuando un estado antepone sus intereses a los de los seres humanos, algo abyecto, siniestro, esconde.

Responder a los fenómenos migratorios del siglo XXI es extraordinariamente complejo. Nadie huye del lugar donde vive porque sí, nadie abandona su tierra por capricho. Detrás de los fenómenos migratorios está la pobreza, el cambio climático, y detrás de ellos la explotación desmedida de los recursos naturales de los países de origen, el insostenible modelo de progreso en el mundo basado en el crecimiento. Un crecimiento que ya solo produce basura y desigualdad.

Para que no vengan migrantes a nuestras costas tendremos que cambiar el modelo de progreso en los países ricos, dejando el del crecimiento ilimitado y la producción de basura para pasar a un modelo de redistribución de la riqueza. ¿Seremos capaces de hacerlo? ¿Preferiremos seguir como estamos y que los que vengan, nuestros hijos, arreen?

Hace falta mucha generosidad para cambiar. El ABC y los que se sienten representados por estos titulares prefieren seccionar la verdad por donde les conviene y hacer un discurso a la medida de su egoísmo. El nacionalismo gana, la humanidad pierde. Todos perdemos, incluso el modelo de nación que este despreciable periódico pretende defender, que no es más que un basurero moral. Lo peor de la especie humana.

Perdonen, me ha dado una arcada.

ESTO ES LO QUE HAY

El glifosfato, herbicida utilizado en la agricultura, incluido en la lista de sustancias posiblemente cancerígenas para humanos, continuará utilizándose en la Unión Europea hasta 2022 con el entusiasmo del gobierno español. No en vano, nuestra Ministra de Agricultura incluso llegó a arengar el pasado mes de septiembre a las organizaciones agrarias para su defensa. Nuestro cáncer no importa, el mercado, sí. El mercado deja huellas y culpables, y si a usted le diagnostican cáncer nadie buscará responsables que no sean colectivos. Los gobiernos que aprueban y consienten estas medidas no son culpables, ¡es la humanidad la culpable!

España, su gobierno, continúa subvencionando, 400 millones de euros desde 2007, a catorce plantas de carbón, combustible fósil no renovable y uno de los mayores responsables de la contaminación de nuestras ciudades. El cambio climático continúa y lo hace ya sin brújula. La Tierra busca un nuevo equilibrio que no sabemos si será compatible con la vida humana. Pero no importa. El mercado, esa forma de esquilmar a los menos capaces, que tiene ideólogos, profesores de universidad, periódicos y empleados escribientes y, sobre todo, lacayos enjaulados que no dejan de votarlos, que esperan su alpiste diario a cambio de promesas de futuro vacías, el mercado, insisto, prevalece sobre todo bicho viviente.

Harías bien en no engañarte. A nuestro gobierno no le interesas si no es como paria del mercado. Espero que te hayas convencido ya de que lo de su preocupación por Venezuela era un camelo. También lo de Cataluña, no seas inocente, es otra cortina de humo más. Y si le preocupa algo esto, ya lo puedes comprobar cada día en la propaganda que emite en el canal público de televisión a través de voceros que en su día se creyeron que iban a ser periodistas, es por cuestiones de mercado. Incluso las banderas se las refanfinfla, no te engañes. Las patrias y reyes que les interesan son aquellos que cotizan en el mercado de valores. Su capacidad de adaptación al entorno es inimaginable, y les da igual reyes que presidentes, democracias que dictaduras, patrias grandes o pequeñas. Son los auténticos predadores de la especie más depredadora.

La democracia necesita de conservadores. Son fundamentales. Tanto, y si me apuran, aún más, que los progresistas. Pero, por favor, España, Europa entera, necesita otros, no estos. Gente moderada, mesurada, pragmática, que mire al mundo como un legado recibido y que hay que entregar a los que vienen, que respete al planeta, a los seres que lo habitan, que entiendan que el futuro, a día de hoy, o es colectivo, o no lo habrá.

Qué utopía esta. Esta sí que es una utopía y no la de los parias de la tierra y la famélica legión. Y cuánta falta haría. Pero ya vamos muy tarde para ese cambio de mentalidad El capitalismo extremo que vivimos agostará los campos, incendiará banderas y extinguirá una forma de vida, y puede que la vida humana, a pesar de que para cuando esto suceda, hasta los gusanos hayan acabado con sus conservadores cadáveres. Y con los nuestros, que lo consentimos. Así que esto es lo que hay.

UN TREN PARA HORODO KANA

HORODO KANAHoy desayuno con la noticia de que en Japón hay una línea ferroviaria que utiliza una única persona, una estudiante de diecisiete años llamada Horodo Kana, que reside en un pueblo de treinta y ocho habitantes y lo necesita para acudir al instituto. La línea se cerrará a final de curso, cuando Horodo finalice sus estudios y, quizás, vaya a la Universidad.

Cuando he visto en la televisión al tren acercarse a la solitaria estación en medio de la nieve, he pensado que querría formar parte de un estado como el que atiende a esta chica. Me da igual que sea más grande o más pequeño, plurilingüe o monolingüe. Al fin y al cabo, qué es el estado sino un acuerdo entre personas para juntos alcanzar a ser, sobre todo a ser, más que cada uno por separado.

De ahí que mi estado ideal no tenga fronteras definidas. Siempre estaría dispuesto a que sus habitantes decidan si ser más grandes o más pequeños. Mi estado ideal, sería aquel que se preocupa por sacar adelante a los menos dotados, a los más frágiles. Y también sería aquel en el que prevalezca la igualdad entre sus miembros para discernir de un modo justo en sus confrontaciones, que proteja la salud de todos, y que garantice la educación y el acceso a la cultura como medios para hacer a las personas más libres.

Por eso me gusta que haya un tren para Horodo. Un tren que no es rentable ni competitivo, que aumenta el déficit público y la prima de riesgo, pero protege, a través de los impuestos, el derecho a ser en plenitud de cualquiera de sus habitantes.

La foto se ha obtenido de http://www.taringa.net 

O ELLOS O NOSOTROS

Ruta de muerteY pasaron los días. De compungidos minutos de silencio a reuniones grandilocuentes. Resolver el problema de África se circunscribe en decidir si se envía una fuerza militar a bombardear los barcos en los que las mafias transportan emigrantes, en reforzar la vigilancia marítima, o en legislar para que los trámites de expulsión rápida sean más ágiles.

Nada se puede hacer contra la pobreza, contra las matanzas de índole religiosa, étnica, de género o de lo que sea. Nada se puede hacer contra gobiernos corruptos que se sientan sobre las riquezas naturales de sus países, para enriquecerse ellos a costa de empobrecer a sus ciudadanos malvendiéndolas a nuestros gobiernos cómplices. Nada se puede hacer porque eso significa que nuestros hijos llorarían mucho por no poder tener cada año un móvil más nuevo y más rápido; porque no podríamos tener esas amenas charlas de café ―tendríamos que volver al anís El Mono― y Marca, porque no tendríamos café. Ni tampoco Cola Cao. Dejaríamos de cantar lo de soy aquel negrito del África tropical a soy aquel blanquito de la Europa Septentrional. Y eso no gusta.

Bombardeemos, vallemos, hundamos y recemos. Sigamos rezando. No dejemos de rezar, ni de darnos golpes en el pecho. Ataquemos, no vaya a ser que suba la prima de riesgo. Ocupemos, no vaya a ser que los analistas financieros, esos gurús que mueven el mundo gracias a su economía fantasma, esos trileros cuyos dados cotizan en las más importantes bolsas del mundo, se vayan a enfadar con nosotros.

Esto es algo muy simple. Son o ellos o nosotros, no hay que darle más vueltas. Para que haya un rico tiene que haber un pobre, y yo no quiero comer mierda. Que la sigan comiendo otros, que ya están acostumbrados y tienen el estómago hecho a ello. El mío necesita omeprazol con la segunda loncha de jamón.

La foto se tomó de http://www.rtve.es 

DE QUIÉN ES EL SISTEMA SANITARIO

Artículo publicado en Diario de Sevilla, el 11 de marzo de 2014, en su página 20:

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1727028/quien/es/sistema/sanitario.html

quien-se-ha-llevado-mi-quesoEl próximo sábado 29 de marzo, la Sociedad Española de Optimización de la Farmacoterapia (SEDOF), celebrará su IV Escuela en el barrio sevillano del Polígono Sur, tristemente conocido como las Tres Mil Viviendas. El Centro Don Bosco de los Salesianos acogerá amablemente a esta joven sociedad científica, que aún no tiene dos años de edad, lo que representa un hito en la historia de este barrio tan lleno de vida como señalado por los prejuicios. También se contará con el apoyo de Caritas de la Parroquia Jesús Obrero, en la que desde hace más de ocho años se desarrolla un proyecto pionero de apoyo económico, sanitario y psicosocial  a los usuarios de medicamentos del barrio.

SEDOF nació con el objetivo de agrupar profesionales de la salud concienciados e implicados en la necesidad de mejorar los resultados en salud de los medicamentos, mediante la implantación de Unidades de Optimización de la Farmacoterapia en el sistema sanitario y no cuenta con otro sustento económico que el de las cuotas de sus socios.

En España existe todavía una limitada sensibilización con los problemas que producen los medicamentos, a pesar de los estudios que demuestran que solo cuatro de cada diez medicamentos prescritos alcanzan las metas terapéuticas deseadas. Es decir, a día de hoy, el medicamento es más un problema que una solución. Y no, no son las reacciones adversas las únicas responsables, ya que estas tienen que ver solo con el 13% de los problemas; tampoco es el incumplimiento terapéutico, al que se le imputan el 6% de los fallos de la farmacoterapia. La realidad es mucho más compleja, y de ello no tienen culpa los médicos cuando prescriben, ni la industria farmacéutica, que fabrica medicamentos de calidad. Se debe a la ausencia de profesionales que gestionen de forma integral una farmacoterapia muy compleja en pacientes polimedicados y pluripatológicos, que utilizan muchos medicamentos que comparten vías metabólicas comunes y que a menudo interfieren en la consecución de los resultados deseados.

El mal resultado de los medicamentos tiene consecuencias importantes sobre la salud de los pacientes y también sobre la salud económica de quien provee la atención sanitaria y social de estos, que en España, hay que recordarlo, es el estado: utilización de más medicamentos, bajas laborales, ingresos hospitalarios, jubilaciones anticipadas por enfermedad…Unos costes enormes, que doblan al menos los que provoca el gasto farmacéutico, y evitables en gran parte si se contasen con estos mecanismos de contrapeso que suponen las Unidades de Optimización de la Farmacoterapia.

Los resultados en Estados Unidos de estas unidades son espectaculares, con un ahorro medio de 2.500 euros al año por paciente atendido. Esto supone que los ahorros producidos atendiendo treinta pacientes al año, menos de tres pacientes al mes, pagarían los costes del profesional que los asistiera. Si se tiene en cuenta que la capacidad de atención es lógicamente muy superior, el ahorro producido subsiguiente iría íntegramente a las arcas del proveedor del servicio, es decir, el estado; es decir, a su bolsillo y al mío.

Estas Unidades se están implantando con éxito en Estados Unidos, en un sistema sanitario muy caro, gestionado por aseguradoras privadas, pendientes de reducir costes para otorgar más beneficios a sus accionistas y de captar clientela con servicios que las diferencien. Sin embargo, en España, un país en una profunda crisis económica y que fue pionero en Europa en la sensibilización con estos nuevos sistemas de gestión y en la formación de profesionales, sigue sin haber interés por parte del estado en implantar este tipo de servicios. Me duele pensar que esto se debe a que el estado, en lugar de ser de todos, sencillamente no es de nadie.

I LOVE ESTADO. AND YOU?

Sociedad civilPatricia Flores, viceconsejera de Asistencia Sanitaria en la Comunidad de Madrid, afirma que no tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema sanitario. Estas declaraciones no son nada inocentes, pues encierran un modelo de entender el estado, que va mucho más allá de una mera elucubración sobre qué tipos de prestaciones sanitarias deben ofrecerse.

El estado moderno no es una bandera o un territorio geográfico; es un modelo de convivencia, una manera de relacionarse y vivir juntos entre sus pobladores, de poder conseguir un grado de bienestar que sería muy difícil de obtener cada uno por su lado, por mucho poder económico o político que se tuviera. Y por eso el estado moderno tiene que ser necesariamente democrático y todos debemos de contribuir a su sostenimiento.

No encuentro modelo de convivencia más perfecto que el que puede garantizar un estado, aunque como organización sustentada y gobernada por seres humanos, corre el riesgo de utilizarse en beneficio de unos cuantos. Pero esto no quita un ápice a la necesidad de esa estructura, sino que lo que nos indica sobre todo es la necesidad de reforzar sus estructuras y los organismos de contrapeso: una sociedad civil fuerte, organizada, atenta y beligerante contra toda posibilidad de corrupción o de abuso por parte de quienes ostenten el gobierno.

Como ciudadanos que formamos parte del estado, debemos decidir qué aspectos nos parecen básicos, importantes, para entregar su manejo y gobierno a una estructura como la del estado. La salud, a pesar de lo que diga la vicenconsejera madrileña, parece que es un aspecto clave. La salud en un país depende de la salud de cada uno de los ciudadanos que conviven en ese país y no de la capacidad económica de cada uno de sus miembros. La persona más rica del Congo tiene peores expectativas de salud que un oficinista inglés y eso tiene que ver con el entorno sanitario y no con lo que cada uno pueda pagarse. Tener una salud pública fuerte es beneficioso no solo para el enfermo, sino también para el que está sano, y que esa tarea la tutele y la salvaguarde el estado, es decir, la mantenga a través de los impuestos que sus ciudadanos pagan para contribuir al sostenimiento de las áreas básicas, parece suponer un adelanto como civilización; gestionarlo desde lo privado, y en eso da igual que sea en relación directa de los ciudadanos con empresas que ofrecen ese tipo de servicios, o mediante la gestión privada de los recursos públicos, es un atraso, además de mucho más caro, como demuestran los porcentajes de Producto Interior Bruto que diferentes países con diferentes modelos de atención sanitaria destinan a sanidad.

Al igual que la sanidad, hay otros pilares básicos del estado que debe garantizar un estado evolucionado. Por ejemplo, la educación, la justicia, la información, y no solo la defensa frente al enemigo exterior que marca un modelo de estado basado exclusivamente en el poder sobre un territorio y en la defensa de sus símbolos.

El estado debe garantizar igualdad de oportunidades para sus ciudadanos y para ello el acceso a la educación se antoja básico y es el único camino hacia la excelencia que no genera desigualdad. Asimismo, una justicia accesible a todos los ciudadanos, independiente del poder del estado pero siendo parte de este, es esencial para ejercer el contrapeso necesario y obligado que la sociedad civil debe ejercer como vigía ente cualquier abuso. La educación es una vía básica contra la desigualdad social, esa cuyo crecimiento gracias a los modelos neoliberales y contrarios a este modelo de estado tanto daño está haciendo. La desigualdad no solo empobrece económicamente, sino también social y culturalmente, y ello provoca un descenso en la calidad democrática del estado, con el riesgo creciente de debilitarlo frente a los populismos y convertir la democracia en algo meramente decorativo.

Un estado fuerte necesita sostenerse a través de las contribuciones que sus ciudadanos deben ofrecer. No es posible un estado sin ingresos, y esos ingresos, o esos pagos que deben realizar sus ciudadanos, han de verse como la contribución necesaria para conseguir que esos anhelos se conviertan en derechos de todos los ciudadanos. Y por tanto, la sociedad debe también generar una conciencia de corresponsabilidad a la hora de contribuir a esa estructura, cuyo objetivo necesario debe ser el beneficio de todos.

Es importante una reflexión sobre la forma de realizar esas aportaciones. En España, el 71% de los ingresos tributarios del estado lo realizan los ciudadanos particulares, mientras que la contribución de las empresas es de solo el 12%. Los riesgos además de aquellos es muy superior en estos momentos, ya que un traspiés del ciudadano le produce directamente la pérdida de su patrimonio, no hay más que ver la ingente cantidad de desahucios que ha habido y continúa habiendo en este país, y los continuos rescates que se han hecho y continúan haciendo a empresas como los bancos o la próxima de Sacyr para que entre todos paguemos la construcción del canal de Panamá y luego ellos se queden con los beneficios.

Que un estado se gestione mal no debe implicar su destrucción; que los políticos que dirigen ese estado sean calamitosos no debe implicar otra cosa que la necesidad de sustituirlos; que crezca la animadversión a los políticos y que de ello se beneficien partidos políticos carentes de ideología, lo que demuestra es la necesidad de progresar y trabajar por la salud democrática de este país y el reforzamiento de su sociedad civil.

Necesitamos reforzar el estado y en estos momentos estamos haciendo justo lo contrario. Y para ello hay que acercar el poder y la responsabilidad a los ciudadanos. El federalismo, como modelo de asunción de responsabilidades propias y de solidaridad con los demás, parece el camino a seguir. Aunque eso da para una reflexión tan amplia como esta. Una reflexión que  Patricia Flores no creo que esté dispuesta a realizar.

La imagen se extrajo de http://www.claroscurosocial.bligoo.com

PATRIAS

ESPAÑAPerdona, pero no entiendo tu concepto de patria. Me hablas de que la unidad de lo que tú llamas patria no se puede cuestionar, de la Constitución como Sagrada Escritura que jamás puede estar en tela de juicio. Igual que te refieres a la economía, a tu particular concepto de economía―porque para ti no existen otros―, como el único punto de partida posible para aplicar la lógica deductiva.

Te llenas la boca de la palabra patria, pero únicamente entiendes la tuya como legítima. No aceptas que te lleven la contraria en esto, que haya quien piense que puedan existir otras. Es la tuya la que quieres imponer a los demás porque así lo dice la ley. Entiendes la ley además como algo inamovible. Venías de dictaduras, aceptaste a regañadientes la democracia y hoy has aprendido a valerte de ella para tus fines. Por eso para ti la ley es el marco inamovible, tu particular evangelio que nos quieres imponer a los demás.

Te gusta tu patria así, te sientes orgulloso de sus hazañas, de sus emblemas, de sus tradiciones. Impasible el ademán ya están presentes en nuestro afán. Una patria en la que uno de cada cuatro hogares se encuentran en riesgo de pobreza, con quinientos desahucios diarios, un veintiséis por ciento de personas que no pueden trabajar y casi trece millones de ciudadanos en situación de pobreza o exclusión social. Una patria cada vez más desigual, apta para quien tiene dinero aunque lo haya evadido, una patria buena para quien se porta bien, según tu concepto de bondad por supuesto.

Una patria con menos filosofía y más religión, apta solo para triunfadores. Una patria abierta al mundo para que por allí salgan aquellos que no dan la talla. Una patria que expulsa a quienes no entran dentro de tus reglas. Una patria feliz de que te puedas buscar otra patria si en la suya no cabes, y que te da el derecho a decidir la que quieres para ti. Gracias a ella podrás ser brasileño o peruano, alemán o inglés, chino o japonés. Lo que quieras ser, aunque eso sí, solo tienes seis meses para arrepentirte.

No, no acabo de entender esa patria. Y verás, no es una cuestión de marco territorial, es mucho más de personas, de ciudadanos. Un concepto como el tuyo de patria me espanta, ya sea de tamaño XL o S. No se trata de eso. Se trata de quiénes son tus compatriotas, de tu concepto del bien común, de lo que te hace sentir feliz y orgulloso. No es cuestión de banderas, aunque alguna haya que nos dice que el poder es algo hereditario y me rebele contra eso. No me importa la bandera con la que te envuelves; me espanta lo que escondes tras de ella.

Lo siento, pero no puedo entender una patria que distingue entre diferentes tipos de ciudadanos, y en eso me da igual que se refiera a los que están dentro o a los que están fuera de lo que tú o cualquier otro le llame patria. Al fin y al cabo clasismo y racismo son aspectos que tienen mucho en común.

Y no acepto que me digas que no soy patriota. Lo que pasa es que has manoseado tanto la palabra que necesita un buen lavado. En frío, porque en caliente, se le corren a tu patria los colores.

La imagen que ilustra el post ha sido obtenida de la página http://www.incerba.com