TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿CÓMO SE CONSTRUYÓ?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur surgió como idea la noche en la que se presentó El guacamayo rojo y tuvo título días después, en la habitación de un hotel de Lima donde me hospedaba. Para darle la estructura que tiene, me inspiré en Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, de ahí que a una de las protagonistas la bautizara con el nombre de Alberta, en homenaje al malogrado escritor. Para elaborar la historia realicé una intensa tarea de documentación, algo que es habitual en las obras que he publicado, y sin duda deudora de mi pasado como investigador en ciencias de la salud. Aquel viernes de julio y El guacamayo rojo también se inspiraron en la lectura de referencias bibliográficas y en la entrevista a muchas personas testigos de las épocas en las que se enmarcaban las historias.

Lo primero que hice fue visitar al profesor de la Universidad Pablo de Olavide Francisco José Torres Gutiérrez, que había escrito un libro titulado Segregación urbana y exclusión social en el Polígono Sur, inspirado en sus investigaciones de doctorado. Tuvo la generosidad de regalármelo, lectura imprescindible para entender los procesos sociales y demográficos que explican la situación actual.

Después entrevisté a muchas personas que viven en el Polígono Sur, a las que he conocido en estos diez años largos que llevo ejerciendo como voluntario en el barrio. Escuché muchas historias―tengo unas grabaciones que son joyas―, y también me inspiré en las de otras personas, algunas de ellas ya fallecidas, que durante este tiempo me hablaron de tantas cosas. Al final del libro hay una lista de agradecimientos hacia quienes han sido fuente de inspiración para conformar la obra. Espero que no se me haya olvidado nadie.

Quiero tener un recuerdo muy especial para Mohamdi Freesahara, a quien conocí por medio de la poeta y amiga María Magdalena Blanco Odriozola. Gracias a los dos pude contactar con mujeres que han venido de tierras muy lejanas en un viaje durísimo, muchas de las cuales han tenido que soportar no pocas vejaciones para llegar a Europa, y que todavía lo siguen pasando mal. Con Mohamdi recorrí barrios, semáforos y tiendas para buscar interlocutores que quisieran contarme su travesía. Encontrar a personas como Mohamdi en tu vida, aprender de la madurez de este joven tan comprometido, es una de las mayores fortunas que este libro me puede dar.

Tras la finalización de Tres mil viajes al sur, hemos elaborado un video, que se presentará el 22 de abril, con la ayuda indispensable de mi gran amiga Lourdes Ramírez Mota, y de Benito Herrera. En él han participado muchas mujeres del Polígono Sur y hemos recorrido el barrio de punta a cabo para filmarlo. Me siento muy agradecido por la generosidad de las mujeres, y no menos orgulloso de haber enamorado a Lourdes del barrio. Ojalá muchos más habitantes del otro lado quieran hacer el camino que ha realizado mi amiga, el tres mil un viaje al sur.

Un último párrafo para quienes lean esta entrada al blog y puedan ofrecer trabajo a muchas de estas personas: conocer a esta gente y darles la oportunidad de labrarse un futuro será algo de lo que no te podrás arrepentir. Muchas veces, los mejores son invisibles para la mayoría. Te puedo ayudar a encontrarlos.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿DE QUÉ VA ESTA NOVELA?

PANO_20160330_162719 (1)Tres mil viajes al sur consta de cuatro relatos interdependientes. Aunque cada uno de ellos tiene entidad propia, es en el conjunto donde se completa todo. Que existan cuatro historias diferentes me ha permitido elegir diferentes narradores para cada una de ellas, y diferentes voces narrativas también. La interdependencia se justifica en que son relatos de un mismo barrio marginal, y como en cualquier barrio, marginal o no, las personas suelen conocerse, algunos sólo de vista y otros con más profundidad. Por eso he elegido esa estructura para contar la historia.

Tres mil viajes al sur cuenta la vida de mujeres que viven en los suburbios de una gran ciudad. Aunque no se nombra ni al barrio ni a la ciudad, con las intenciones explícitas de no estigmatizar aún más a los lugares en los que se desarrolla y de globalizar estas circunstancias a muchos otros barrios y ciudades de la denominada civilización (sic) occidental, quedan muy claros los espacios en los que se desarrolla, y mucho más si se trata de textos de mi autoría, en los que los espacios son también protagonistas de la historia: Sevilla en Aquel viernes de julio; São Paulo en El guacamayo rojo.

Como imagino que me volverá a repetir Carmen, una de mis grandes lectoras, en Tres mil viajes al sur continúo con mi idea obsesiva sobre los viajes. Si en Aquel viernes de julio el viaje se realizaba en 1936 a través de los barrios en guerra de la ciudad de Sevilla, y en El guacamayo rojo por la historia de la ciudad de São Paulo a través de la emigración andaluza a Brasil, en las cuatro historias de Tres mil viajes al sur, a pesar de que cada una de ellas el tiempo de la historia se desarrolla en una sola jornada, el tiempo del relato se fundamenta en la analepsis, en el recuerdo del viaje de  cada una de las personas tuvo que hacer y que las llevó a vivir  a la periferia, lejos de su lugar de origen.

Tres mil viajes al sur conjuga diferentes historias de mujeres a las que la situación social y política las ha abocado a ser expulsadas de los lugares en los que nacieron y que persisten, como en cualquier emigración, en sus recuerdos. La idea de la novela surgió con fuerza durante la presentación de El guacamayo rojo. Al día siguiente participaba en un Congreso científico en el Polígono Sur de Sevilla, que recientemente ha tenido el dudoso honor de ostentar la medalla de plata en el escalafón de los barrios más pobres de España, y caí en la cuenta de que había emigraciones tan duras como la que relataba en la novela, y que eran las que se daban dentro de la misma ciudad. Así nació la idea, y días después, en un hotel de Lima, a donde había llegado para impartir unas conferencias, surgió el título.

Para escribir la novela, he entrevistado a muchas personas, a profesores que han estudiado el fenómeno de la marginalidad, a personas que viven en zonas de exclusión social, a vendedores ambulantes de pañuelos de papel en los semáforos, a mujeres víctimas de abusos en los viajes de emigración…. Sus historias  me han conmovido, me han indignado y también me han hecho reír, porque la alegría no se ha perdido en muchas de las personas que menos tienen (dinero).

Tres mil viajes al sur trata de la vida real de gentes que viven cerca de nosotros, aquí y ahora. Seres humanos a los que tenemos arrumbados lejos de nuestra vista, ignorados por nosotros y prisioneros de algunos delincuentes, que encuentran en barrios así el lugar ideal para hacer lo que les plazca sin que nadie les moleste. Tres mil viajes al sur es un grito, una llamada de atención a una sociedad que no tiene mucho margen ya para seguir con este ritmo de vida que produce tanta infelicidad. Y también es una invocación a la esperanza, a que está en nuestra mano derribar muros, enterrar miedos y comenzar a crear un mundo diferente. Sí, se puede; claro que se puede.

TRES MIL VIAJES AL SUR. ¿POR QUÉ EN SAN BERNARDO?

PRESENTAMOS_CARTELTres mil viajes al sur cuenta la historia de cuatro mujeres que residen en un barrio marginal de una gran ciudad, lugar al que llegaron tras la expulsión de sus familias de los antiguos lugares en los que vivían para, a cambio de la concesión de una nueva vivienda en el extrarradio, liberar solares en los que construir edificios para las emergentes clases medias o altas que surgieron en los años 70 del siglo pasado en España.

La novela la ideo durante la presentación de la anterior, El guacamayo rojo, que trataba la emigración andaluza en Brasil a través de tres generaciones. Al día siguiente iba a participar en unas jornadas científicas en el Polígono Sur, donde trabajo como voluntario desde principios de 2006, y caí en la cuenta, esa idea tan potente que un escritor la transforma en una historia que merezca ser contada, de que hay emigraciones mucho tan duras como la anterior, o quizás mucho más, como la resultante de ser expulsado de tu barrio para enviarte a otro lugar alejado, y que quienes provocan eso aprovechen para enriquecerse, todo bajo el manto de una caridad que en realidad sólo esconde injusticia.

Las cuatro historias de Tres mil viajes al sur suceden en un solo día cada una de ella, en una estación diferente del año, pero se nutren de un viaje, el que realizan hasta llegar a esa prisión de muros invisibles, alejada de todo, para que nada incomode al resto de los habitantes de la ciudad. Aunque no se menciona ni el barrio ni la ciudad en el libro, es obvio que son Sevilla y su Polígono Sur los espacios en los que se desenvuelven los personajes, al igual que San Bernardo o Triana son dos de los barrios de expulsión. De ahí que, teniendo la firme idea de presentar el libro en un lugar emblemático y significativo, las posibilidades eran estos dos barrios y el Polígono Sur.

A través de relaciones familiares llegué a contactar con la Hermandad de San Bernardo, cuya Casa de Hermandad goza de un espacio amplio para poder realizar la presentación y, tras una conversación con el Teniente de Hermano Mayor, encuentro una disposición total y absoluta para desarrollar el acto en esa antigua casa de vecinos reformada que es su sede.

Las Hermandades de la Semana Santa sevillana son de las pocas organizaciones que articulan la ciudad y que conservan como pocas las huellas de su historia. La Hermandad de San Bernardo, tras la de la Macarena, es la que mayor número de hermanos tiene, también la segunda en nazarenos de todas las fiestas. San Bernardo fue un arrabal de los más pobres de la ciudad y hoy es un barrio selecto y apacible en el que adquirir una vivienda, construida sobre los solares de aquellos corrales y casas de vecinos, es inasequible para la mayoría de los sevillanos. La nómina de hermanos de San Bernardo vive en la diáspora, en los polígonos del extrarradio, en los suburbios de la ciudad. Donde ahora viven una, dos familias, antes lo hacían decenas y decenas de ellas. Éstas y sus descendientes constituyen la Hermandad, y cada Miércoles Santo, día de salida en estación de penitencia hacia la Catedral, se produce uno de los fenómenos más emocionantes y menos conocidos de toda la Semana Santa: el regreso del éxodo, del exilio. Eso me contaron en la Hermandad y eso pude presenciar el último Miércoles Santo. Aquellas familias, sus descendientes en primera y segunda generación, vuelven a ver pasar la cofradía desde las puertas de las que fueron sus casas. Hasta allí llevan sus sillas, su comida, para ver pasar a su Cristo de la Salud y a su Virgen del Refugio. Y allí se quedan después, vestidos con sus mejores ropas, que denotan su éxito en la vida o su persistir en la pobreza aún, pero todos juntos, abrazados, entre risas, orgullosos de pertenecer a un barrio del que no reniegan, a pesar de haber sido expulsados. Cada año faltan más mayores, pero sus herederos persisten en esa tradición, el único hilo conductor con el barrio que les hemos permitido conservar.

Por eso me siento orgulloso y agradecido a poder presentar Tres mil viajes al sur en un espacio tan significativo. Voy a ir, acompañado de gentes del Polígono Sur, a uno de los pocos lugares que conservan su memoria. Y entraré allí con emoción y respeto, con la emoción y el respeto que me produce el sufrimiento de tantas personas que hoy, cincuenta años después, continúa, para vergüenza nuestra.

MIÉRCOLES SANTO

1Hoy es Miércoles Santo y los suburbios regresan a la tierra de sus ancestros, al antiguo arrabal convertido hoy en barrio residencial en el que muy pocos pueden aspirar a vivir. Hoy vuelven a las calles de sus antiguos corrales y casas de vecinos transformados en exclusivas viviendas de lujo, en un barrio silencioso en el que ya no se escuchan los pitidos de los trenes anunciando su llegada a la estación de Cádiz ni las sirenas de las antiguas fábricas.

3Hoy retornan de los polígonos, de sus bloques sin azoteas y de ropa tendida secándose bajo los pretiles de las ventanas, de los estigmas y sambenitos que les cuelgan aquéllos que se quedaron con sus casas.

Allí están, delante de las casas que un día fueron suyas, o de sus padres, o de sus abuelos. Allí se juntan con alegría, con añoranza, se toman una foto los supervivientes, antes de volver a tomar el autobús que les llevará de regreso a sus enjambres decorados con graffitis, a sus muros, a su ver, oír y callar para sobrevivir, mientras los demás celebramos el jolgorio del azahar y el del albero, en la tierra de María Santísima, la del mejor cahíz de la tierra, de esa tierra que sepulta la memoria de aquel tiempo perdido.

¡Ay, las Hermandades!,que conservan la trazabilidad de esta Sevilla que tanto tiene que decir y que callar.

Hoy es vuestro día, exiliados. Perdón. Gracias

O ELLOS O NOSOTROS

Ruta de muerteY pasaron los días. De compungidos minutos de silencio a reuniones grandilocuentes. Resolver el problema de África se circunscribe en decidir si se envía una fuerza militar a bombardear los barcos en los que las mafias transportan emigrantes, en reforzar la vigilancia marítima, o en legislar para que los trámites de expulsión rápida sean más ágiles.

Nada se puede hacer contra la pobreza, contra las matanzas de índole religiosa, étnica, de género o de lo que sea. Nada se puede hacer contra gobiernos corruptos que se sientan sobre las riquezas naturales de sus países, para enriquecerse ellos a costa de empobrecer a sus ciudadanos malvendiéndolas a nuestros gobiernos cómplices. Nada se puede hacer porque eso significa que nuestros hijos llorarían mucho por no poder tener cada año un móvil más nuevo y más rápido; porque no podríamos tener esas amenas charlas de café ―tendríamos que volver al anís El Mono― y Marca, porque no tendríamos café. Ni tampoco Cola Cao. Dejaríamos de cantar lo de soy aquel negrito del África tropical a soy aquel blanquito de la Europa Septentrional. Y eso no gusta.

Bombardeemos, vallemos, hundamos y recemos. Sigamos rezando. No dejemos de rezar, ni de darnos golpes en el pecho. Ataquemos, no vaya a ser que suba la prima de riesgo. Ocupemos, no vaya a ser que los analistas financieros, esos gurús que mueven el mundo gracias a su economía fantasma, esos trileros cuyos dados cotizan en las más importantes bolsas del mundo, se vayan a enfadar con nosotros.

Esto es algo muy simple. Son o ellos o nosotros, no hay que darle más vueltas. Para que haya un rico tiene que haber un pobre, y yo no quiero comer mierda. Que la sigan comiendo otros, que ya están acostumbrados y tienen el estómago hecho a ello. El mío necesita omeprazol con la segunda loncha de jamón.

La foto se tomó de http://www.rtve.es 

EL VIENTO DE DIOS

SPAIN-IMMIGRATIONVende pañuelos de papel en una rotonda en las afueras de la ciudad. Allí lleva varios años buscándose la vida, haciendo lo que puede por sacar adelante a su mujer española y a su hija. Hace ocho años que llegó a España. Salió de Nigeria porque  no había futuro. Un país rico en recursos naturales, aunque el gobierno esté sentado sobre ellos e impida que la riqueza se escape de sus tentáculos alargados.

Un día decidió que allí no tenía nada que hacer . Ni siquiera sus estudios universitarios de economía y finanzas le facilitaron una vida mejor que la que su humilde familia había tenido hasta entonces. Soltero, huérfano e hijo único, nada le impedía perseguir el sueño que le ofrecía la televisión. Salió con sus doscientos euros al cambio ahorrados y por veinticinco tomó el autobús que le llevaría a Niger. No sabe la distancia que recorrió, porque allí la distancia no se mide en kilómetros sino en horas. Fueron ocho hasta la frontera. De pie, agarrado al techo como podía. Cinco euros tuvo que dejar de propina a los sufridos vigilantes de la aduana.

Trabajó en el campo durante cuatro meses para conseguir dinero y atravesar Niger en una pick up. Por cincuenta euros viajaría través del desierto hacinado en la parte de atrás junto a otros soñadores y soñadoras como él, por caminos atestados de piedras y socavones. Quien se caía allí se quedaba, aunque los de su camioneta tuvieron suerte, porque el chófer era bueno. Se detuvo a recoger a una mujer que cayó, aunque luego tuvieron que hacerlo más veces para enterrar a los muertos que no soportaban  un viaje sin agua, y con su propia y escasa orina como único líquido para beber. Encontraron cadáveres en el camino, huesos humanos, y también a chacales que se encargaban de acelerar el proceso de osificación. Se detuvieron ante el cuerpo de una mujer embarazada. Por la textura de su piel supusieron que llevaba muerta un par de días. Hicieron un pequeño hueco en la tierra y la sepultaron. Dejaron su pasaporte sobre la arena que la cubría por si alguien la conocía y que pudiera comunicarlo a la familia. También supo de mujeres que parieron en el camino y abandonaron a sus hijos para poder llegar. Un horror inimaginable.

En Argelia muchos como él buscaron la ruta del ferrocarril más largo del mundo, que les llevaría a Marruecos. El tren pasaba más lento por una zona de precipicios, tenían que saltar en marcha, calcular bien, agarrarse donde pudieran, con el riesgo de caer al vacío si no lo conseguían. Allí moría mucha gente, pero él pudo encaramarse y subir a un vagón de transporte.

Un año y medio después de salir de su ciudad logró subir a una patera. No quise preguntar cómo consiguió los mil doscientos euros para obtener una plaza en una barca hinchable que había que desaguar con un cubo desde la salida de la playa. La manejaba un subsahariano que se había preparado para ello. Las mafias ya no suben pilotos que los conduzcan hasta España, sino que forman a alguno de los pasajeros para ello, además de darle el número de teléfono de la Cruz Roja española, a la que avisan cuando ya están cerca.

Delfines-nadando-en-el-marContó la alegría que sintieron en el interior del barco cuando se les acercó un delfín. Todos saben que avistarlo es señal de que las aguas están limpias y van a llegar a tierra. El mismo cetáceo les indicó el camino. Se emocionaba al relatarlo. Poco después la llamada telefónica iniciaba la llegada a su nuevo y depecionante mundo.

Ocho años ha pasado desde aquello. Cuando puede envía dinero para que sus primos puedan continuar estudiando. Y sueña con que algún día él les pueda pagar un pasaje de avión para traerlos a España, porque nunca permitiría, si ello es posible prohibir, que ellos hicieran el camino que él recorrió.

Se llama Godwind, el viento de Dios. Jamás vi un nombre tan bonito. El viento de Dios vino a parar aquí. Lo trajo su delfín.

Artículo publicado en la revista EL FARMACÉUTICO: http://www.elfarmaceutico.es/numeros-de-la-revista-desde-el-2011/ya-viene-el-sol/el-viento-de-dios#.VRg4KfmsWSp

Fotos:

http://www.huffingtonpost.com

http://www.deviajeporespana.com

DE AMÉRICA VIENE UN BARCO CARGADO DE….

BETO STEINMANNJohn Reel
En La

IMG_1116gallina en el diván, viernes 13 de marzo a las 21 horas. Un encuentro, una tertulia pública, GALLINA una discusión, una ensoñación. Deseos, pensamientos, humor; afecto, verdad, sueños. De todo un poco habrá en este acto tan original y entrañable. Con dos escritores americanos y uno que de algún modo quiere también serlo: escritor y americano. Hablaremos de lo que escribimos, de por qué lo hacemos, quizás hasta de nuestros miedos. Tres trayectorias muy diferentes, tres vidas muy intensas, tres corazones al rojo, que vienen de Argentina, de Estados Unidos y de ahí al lado. Corazones voladores, que cruzan el Atlántico cada día, regresan y no saben dónde aterrizarán.

Pero el viernes sí lo sabemos. Nos sentaremos en el diván de nuestra gallina favorita, en un granero entrañable, acompañados de buena música de nuestras tierras, con cerveza y vinos andaluces y el cariño de un lugar que se ha convertido en un referente cultural en el barrio de Nervión, el barrio que acogió a un argentino, un estadounidense y un sevillano de culo inquieto.

Acompáñanos, será diverido

LA GALLINA EN EL DIVÁN

Alejandro Collantes, 39. Esquina a Padre Pedro Ayala

Nervión

41005 SEVILLA