HUMANIZACIÓN DE LA ACTIVIDAD DEL FARMACÉUTICO ASISTENCIAL

El pasado viernes 19 de octubre tuve la oportunidad de participar en el 62º Congreso de la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH), en un DESAYUNO CON EXPERTOS, en relación a la humanización de la actividad del farmacéutico asistencial. El formato fue de una entrevista, que dirigió la farmacéutica de hospital Olatz Ibarra, y conversación con los asistentes. Aquí os dejo las notas que preparé para el encuentro, que no pueden considerarse un resumen de ponencia sino parte de mis pensamientos..

La humanización de la actividad del farmacéutico asistencial parte primero de establecer cuál es dicha actividad asistencial, cuáles son sus responsabilidades en el ámbito de la atención a los pacientes que precisan de medicamentos. Tendrá un grado diferente de compromiso con el paciente si la responsabilidad incluye facilitarle el acceso a los medicamentos y su utilización correcta, que si se desea asumir responsabilidades en el éxito de la farmacoterapia. No es lo mismo comprometerse a ayudar a realizar una utilización correcta de los medicamentos, conocer sus beneficios y posibles efectos no deseados, que pasar a corresponsabilizarse, desde una óptica definida y diferente, de la consecución de resultados concretos.

Humanizar debe partir de entender al otro como ser humano, es decir, un individuo con un pasado que explica su presente, un pasado que incluye sus deseos y aspiraciones, pero también sus miedos e incoherencias. Como dice Faulkner, el pasado no existe, ni siquiera es pasado.

Somos humanos a través de la humanidad de los otros, yo soy porque nosotros somos, concepto zulú y xhosa de Ubuntu (Desmond Tutú, Nelson Mandela). No existe humanidad si no hay otro, y ese es el gran problema en el mundo actual, al menos en lo que se refiere a la cultura occidental anglosajona, auténtica invasora del resto de culturas. No hay humanidad si no hay otro y si ese otro tiene la misma dignidad que uno mismo.

La humanización en la actividad asistencial tiene que ver con el nosotros, el profesional y el paciente, y en un plano de igualdad, de intercambio para hacernos más humanos.

La humanización no solo beneficia al paciente, sino también a los profesionales. La humanización de la actividad asistencial nos humaniza en todas nuestras facetas. Si no es así, se trata de un paternalismo encubierto, una falsedad revestida de bien.

El profesional se hace más humano al ayudar a los pacientes a ser más humanos, esto es, a alcanzar el mayor nivel de salud posible y, en el contexto de la cronicidad,  lo principal que le puede ofrecer es la capacidad de gestionarlo mediante el conocimiento, porque solo así podrá responsabilizarse de sus actos y consecuencias. Un paciente más autónomo se corresponsabiliza mejor de su tratamiento, entiende su necesidad y actúa, asumiendo su propia tarea y reclamando a los demás las suyas.

La humanización tiene que ver con la dignidad del paciente y respetarla puede suponer establecer diferentes objetivos terapéuticos en función de la evolución y situación personal del paciente, en un contexto vital finito y en un contexto científico limitado..

El paciente puede ayudar al profesional a ser más humano transmitiendo al paciente información veraz sobre su situación, así como sus necesidades, temores y aspiraciones, para que de esta forma que el conocimiento del profesional pueda beneficiar al paciente de la forma que mejor pueda este asumirla.

La humanización siempre se refiere al paciente. El compromiso siempre es con este, y todo compromiso con otro profesional debe subordinarse al que se tiene con el paciente, con sus resultados en salud y con el camino que hay que recorrer para alcanzarlos de forma asumible por todos.

La humanización en el equipo multidisciplinar tiene que ver con asumir el compromiso con la salud del paciente aportando cada miembro una mirada diferente a los problemas de salud que añada valor. Si la mirada es única, clásicamente la del médico, el resto de profesionales no añaden su valor en beneficio del paciente. El ejemplo más clásico es el control de la adherencia del paciente.

Asumir con otros profesionales de la salud la vigilancia del cumplimiento terapéutico puede contravenir en algunos casos la humanización de la actividad del farmacéutico asistencial, porque se coloca en segundo plano al paciente y porque con más frecuencia de la que reconocemos, el cumplimiento no conlleva resultados positivos en salud. Aun reconociéndose que la falta de adherencia de los pacientes puede estar en torno al 50% en muchas patologías, se sabe que como causa última y exclusiva de un problema de salud, esto es, que explique el fallo terapéutico en su totalidad, supone menos del 20% de los casos

Si el compromiso es con los resultados en salud nunca se pondrá por delante a nadie que no sea el paciente. La humanización solo es posible en la relación terapéutica entre el profesional y el paciente. El gremialismo, una parte esencial del sectarismo, es decir, poner en el centro de los intereses a nuestra profesión o gremio en lugar de al destinatario de nuestros cuidados, es lo más deshumanizador que puede existir y es causa con frecuencia de un daño irreparable a las personas y a la sociedad. La humanización únicamente puede apelar a un nosotros colectivo, a un nosotros en el que nada somos si no existe el otro (nos y los otros).

¿Por qué es necesario humanizar?

Además de porque todo ser humano tiene el derecho a ser tratado así, porque si circunscribimos nuestras intervenciones al estricto conocimiento científico se perderá eficiencia en la actuación del profesional. Necesitamos conocer los significados para el paciente de lo que significa estar enfermo, de lo supone tener que utilizar medicamentos, de lo que entiende como beneficio o perjuicio, de cuál es su balance beneficio- riesgo; e una palabra,  entender su proceso de toma de decisiones y tenerlas en cuenta a la hora de ofrecer soluciones. Si nuestras intervenciones incluyen siempre conocimiento (objetivo) y experiencia clínica (subjetivo), las actuaciones del paciente son iguales (conocimiento y experiencia farmacoterapéutica).

Debemos reconocer que en el ámbito de la atención primaria, el paciente, y su entorno, son quienes toman las decisiones de modo finalista (utilizar o no, y cuánto), y que la utilización de medicamentos, más allá de circunscribirse a un hecho clínico, se ha convertido, como así lo señala Robert Cipolle, en un hecho social.

¿Qué queremos conseguir con humanizar?

Entender y que nos entiendan. Solo desde el respeto al otro se puede establecer una relación terapéutica cooperativa que permita aplicar el conocimiento de forma eficiente. Humanizando nos volvemos más humanos nosotros también, nos hace entender al otro. En el marco de la cronicidad, preservar la relación terapéutica es un objetivo de primer orden, muchas veces a costa de ganar rápidamente efectividad. Las enfermedades crónicas no son carreras de velocidad sino de larga distancia. No pongamos obstáculos. El acompañamiento al paciente en su proceso es un factor determinante a la hora de alcanzar los mejores resultados en salud, y con ello se consigue un efecto retroactivo y positivo en el profesional. Pero acompañar nunca puede ser un acto pasivo, sino tan activo como el del paciente.

 ¿Conocemos la realidad del paciente?

La pregunta correcta que nos deberíamos hacer es si estamos interesados en conocerla, y si somos conscientes de la tremenda influencia que tiene dicha realidad a la hora de alcanzar los resultados en salud.

Poner en un primer plano la experiencia farmacoterapéutica del paciente ayudará a optimizar el conocimiento del profesional y hacerlo más útil al paciente.

La experiencia farmacoterapéutica engloba los significados de los medicamentos y los problemas de salud para los pacientes. No es necesario ponernos en la piel del paciente, porque no sabemos cómo es. La experiencia farmacoterapéutica comienza antes de haber utilizado medicamentos, y tiene que ver con su experiencia propia y la de su entorno, y con los mensajes que como sociedad damos.

¿Cómo tenemos que hacer?

Preguntando, estableciendo una relación terapéutica basada en la confianza, tratando de entender las dificultades que implica tener que tomar medicamentos a lo largo de toda la vida. Que el punto de vista del paciente importe, que sea el punto del que partir en la relación terapéutica, que sea una relación viva y entre iguales, porque el encuentro implica un intercambio de conocimiento y experiencias básico para que el paciente obtenga el beneficio esperado y el profesional cumpla el papel que la sociedad le demanda y para el que ha contribuido a través de sus impuestos en su formación y en su salario.

La humanización solo se alcanza si quienes se humanizan están en un mismo plano y son conscientes de que se necesitan, para ser más dignos como personas y más humanos. No hay profesional de la salud más humano que aquel que se forma y se actualiza, que da lo mejor de sí mismo a otro ser humano, para cumplir la función que le ha sido encomendada por la sociedad.

Hay que convencer a los servicios sanitarios públicos que la atención al paciente no es un suministro de productos y conocimientos, sino que una atención correcta pasa por que los profesionales tengan tiempo para atender a los pacientes. Que no haya tiempo es mucho más caro que si lo hay. Atender no es dar sino tiene que ver más con entender. Los sistemas no pueden ser paternalistas sino cooperativos.

 

 

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RECUPERAR EL PRESTIGIO DEL FARMACÉUTICO (VI)

AFPara tomar decisiones sobre un tema, además de saber de ese tema, hay que tener libertad para actuar. Para ser guardianes de la sociedad en materia de medicamentos no se puede depender de ellos para sobrevivir. Ni mucho ni poco, nada. Eso es para los medicamentos y para cualquier aspecto de la vida. No puede haber conflicto de intereses, y por ello, los farmacéuticos, si pretenden ejercer una práctica como la mencionada en la entrada anterior, deben percibir sus honorarios profesionales en función de esa práctica y no de producto alguno. Esto hace difícil el encaje de esta práctica en las oficinas de farmacia, pero no imposible ni mucho menos. De hecho, en países en los que es ya una realidad, se reconoce y, por lo tanto, se paga, hay farmacias que se han incorporado con unidades independientes de la dispensación. Pero también hay muchas otras que no, que han preferido seguir trabajando de modo tradicional, circunscribiendo su trabajo al que ya conocemos.

Estas diferencias entre farmacias, entre farmacéuticos de forma más precisa, producen mucha inquietud en los colegios profesionales. Es bastante usual escuchar a sus dirigentes pronunciar frases que dicen más o menos así:

  • Los cambios deben ser para todos.
  • Rememos todos en la misma dirección.
  • No puede haber farmacéuticos de primera o de segunda.
  • El cambio tiene que hacerse poco a poco, de forma que todos puedan subirse al barco.

Todos, palabra mágica siempre, que en este caso es, vaya paradoja, sinónimo de nadie, porque la historia de la humanidad no avanza por consenso, sino por unos locos arriesgados que idean la renovación, unos valientes que la ponen en práctica, para luego dar paso a esos todos que disfrutarán luego de la apuesta de aquellos locos y valientes.

Cristóbal Colón no se fue a América mediante consenso entre los navegantes, y si hubiera intentado consensuar habría muerto en una hoguera de la Inquisición. Pasteur no consensuó con los científicos su teoría germinal de las enfermedades infecciosas, ni Fleming fue de la mano del colegio británico de médicos para descubrir la penicilina. Otra cosa es que, con los descubrimientos de Colón, Pasteur o Fleming, millones y millones de personas hayan ido a América, o se hayan beneficiado de las vacunas o los antibióticos, y estas terapias hayan sido asumidas por todo, sí, todo, el colectivo profesional.

Ejemplos hay a miles en cualquier aspecto de la vida los cambios han llegado así. Y sencillamente, quien impide que se produzcan progresos es un factor de resistencia al cambio. Por tanto, y triste es decirlo, los colegios farmacéuticos se equivocan y se han equivocado impidiendo, dificultando más bien, que locos y valientes hagan lo que deben hacer. Porque la caza de brujas existe, y eso lo puedo certificar. No voy a hablar de eso, porque estas entradas tratan del colectivo y no de lo que yo haya hecho o dejado de hacer, pero los colegios han sido mucho más efectivos en eso que en defender la profesión hacia afuera. Ante cualquier catástrofe interna nunca faltó esa manida frase de:” Y podía haber sido peor si no llegamos a estar nosotros”. En fin, retomemos y no nos perdamos.

El sistema retributivo es clave para crear una nueva profesión, pero no lo es menos un ejercicio profesional preciso y definido que incluya:

  1. Identificación de todas las necesidades farmacoterapéuticas del paciente, esto es problemas de salud para los que la mejor opción en ese momento es tratarlos con medicamentos, y también de su experiencia personal con los medicamentos y problemas de salud.
  2. Evaluación de todas las necesidades para asegurar que toda la farmacoterapia del paciente tiene un propósito y ese propósito se alcanza sin producir efectos no deseados, y en caso contrario identificar problemas.
  3. Realizar planes de acción concretos para resolver los problemas detectados y prevenir que puedan aparecer otros, y ejecutarlos en cooperación con el paciente y otros profesionales cuya cooperación sea necesaria.
  4. Verificar en un tiempo prudencial si el plan ha tenido éxito o hay que modificarlo, regresando al punto 2 a modo de círculo virtuoso.

Esta práctica en España es residual. Aunque muchos farmacéuticos de diversos entornos asistenciales le hayan puesto el nombre de Atención Farmacéutica, Seguimiento Farmacoterapéutico a lo que hacen, su práctica no sigue esos cuatro pasos reseñados, todo lo más hay una dispensación informada o verificación de cumplimiento terapéutico, es decir, o más de lo mismo, o asumir las propuestas médicas como nuestras para resolver el problema de la farmacoterapia. Y eso es muy importante, porque si no hay una práctica nueva, sino una vieja maquillada, estaremos de nuevo en la casilla de salida.

Esto terminará mañana, con mi impresión sobre otros actores implicados en que lo nuevo se abra camino entre lo viejo. Porque solamente los farmacéuticos no vamos a tener la culpa de lo que pasa.

CONTINUARÁ

PACO MARTINEZ

PACOMARTINEZHa muerto Paco Martínez, el farmacéutico que nos hizo soñar con ser diferentes.

Conocí a Paco allá por 1995 cuando se conformó el Grupo Torcal, que aglutinó a farmacéuticos andaluces con afán de renovar una profesión que había perdido sus señas de identidad. Paco fue aquel farmacéutico que ejercía su profesión junto a la estación de autobuses de Jaén, en aquella farmacia mítica para muchos de nosotros, auténtico símbolo y ejemplo de lo que soñábamos ser.

Paco puso de moda el término de farmacéutico comunitario, nombre que aterraba a los más antiguos, que lo asimilaban al de comunista. Gracias a Paco, muchos farmacéuticos quisimos ser orgullosos farmacéuticos comunitarios, profesionales al servicio de una sociedad que, como ahora, no sabe que muchos de sus miembros mueren sin necesidad por culpa de un mal control de medicamentos.

Ese farmacéutico, que era de Jaén, y no de Sevilla, de Barcelona o Madrid, londinense ni parisino y mucho menos neoyorquino, nos hizo sentirnos orgullosos de ser farmacéuticos. Y quisimos ser como Paco Martínez; y actuar como lo hubiera hecho Paco Martínez; y parecernos algún día a Paco Martínez.

Luego pasó el tiempo, con sus vaivenes, con sus idas y venidas, con sus bajadas y subidas, como todo lo que se vive de manera intensa. El tiempo y las personas podemos borrar muchas cosas de nuestra memoria, pero nunca podrá con la certeza de que fue Paco quien nos puso en el camino. Un camino que está siendo duro, a veces infructuoso y desalentador, que nos vuelve a la casilla de salida más de una vez como en el juego de la oca, pero que también es irreversible.

Quizás ahora se le hagan más homenajes a lo que Paco Martínez ha representado para la farmacia comunitaria. Pero creo que el mejor que le podríamos hacer todos sería simplemente el hacer realidad todo aquello que nos hizo soñar.

EXPERIENCIAS MEXICANAS

Taller GuadalajaraQuienes me conocen saben que cruzar el Atlántico en dirección a Iberoamérica es para mí un gran estímulo. Desde que llegué a Colombia en el año 2000, he realizado más de cincuenta viajes hacia allá, y mis colegas farmacéuticos saben que ha sido en América donde he desarrollado nuevas técnicas docentes.

Fue en Argentina donde por primera vez entrevisté a un paciente en directo ante los alumnos; en Uruguay donde utilicé videos de grabaciones de pacientes; en Brasil donde hice mis primeras sesiones clínicas conjuntas; en Costa Rica donde impartí casi veinte horas de clase sin diapositivas y construyendo con los estudiantes la práctica asistencial desde la filosofía de estar en el mundo…. Grandes experiencias que luego he podido traer a España en los lugares en los que me han dejado.

Ha sido a mediados de junio y en Guadalajara , días antes de que escriba esto, cuando surgió la última innovación. Y esta , por casualidad.

Habíamos preparado un taller con dos pacientes que los colegas mexicanos habían traído. Una de ellas, esperaba con la cabeza apoyada en una cristalera del aula. Había sufrido un accidente de tráfico meses antes y tenía bastante dañado el cuello. Era muy molesto para ella adoptar otra postura, así que se me ocurrió que nos sentásemos en círculo a su alrededor para que no se moviese. Y comenzamos.

No sé cómo fue, pero cuando nos dimos cuenta estábamos haciendo una sesión clínica con la paciente integrada en la misma, y repetimos con la segunda. Discutimos en ambos caso los tratamientos con cada una de ellas, vimos diferentes aspectos de mejora, consideramos aspectos científicos, personales y culturales, adaptamos los mensajes al conocimiento y capacidad de comprensión… Las pacientes se abrieron, mostraron sus temores y expectativas, aquello que tan poco tenemos en cuenta y que se parece tanto a nuestra experiencia clínica, que finalmente nos hizo encontrar puntos de acuerdo y estrategias para alcanzar objetivos terapéuticos concretos y entender por qué hacerlo de esa manera.

Por cierto, no utilizamos más que bolígrafos, papel, conocimientos y experiencias. Ah, y el sentido común. No sé qué programa informático podrá ofrecernos esto, pero nos fue muy bien. Más que bien. Y desde ahora, es lo que pienso hacer.

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

CEGUERAEn estos días, y a pesar de que cada día soy más pesimista con el futuro de los farmacéuticos como profesionales de la salud, por mucho onanismo triunfalista que se pregone en sus Congresos, he dirigido un modesto trabajo de investigación para que una alumna de un Máster de Farmacia cumpla los requisitos necesarios para la obtención de dicho título.

El objetivo propuesto era conocer si los usuarios de una farmacia que no hubieran recibido servicios de seguimiento/optimización farmacoterapéutica y que acudieran a retirar su medicación habitual sin quejarse de problema alguno con su medicación, alcanzaban o no los resultados esperados de la misma. Es decir, si había algún fallo de la farmacoterapia, o como les gusta decir a los consensuadores españoles que raramente han visto a un paciente, si experimentaban o corrían el riesgo de experimentar, resultados clínicos negativos.

La metodología seguida ―no me voy a extender mucho en esta entrada con la misma, ― consistía en ofrecer aleatoriamente a los candidatos una evaluación rápida de su farmacoterapia, aprovechando que acudían con su tarjeta sanitaria para prescripción electrónica. Se analizaba la medicación y se obtenían los resultados de efectividad en lo que se pudiese evaluar, ya que resultados analíticos o de otras pruebas han quedado sin verificar si el paciente luego no los traía, por no disponer de ellos o por la imposibilidad de acceder a la historia clínica del paciente.

Se captaron diez pacientes, cinco hombres y cinco mujeres, y ahora estamos estudiando los datos. Dan miedo. Estoy convencido de que este trabajo merecerá ampliarse y hacer una tesis doctoral, que daría para mucho si lo que va apareciendo se confirma, a pesar de una muestra tan escasa.

Lo primero que hemos visto es que todos, absolutamente todos los pacientes, sufrían al menos dos resultados negativos de la medicación, y eso que, como he dicho con anterioridad, han quedado aspectos de efectividad, que no de seguridad, sin evaluar. Este dato me parece importantísimo: el 100% de la muestra de pacientes que toman medicamentos de forma crónica tiene al menos dos problemas con sus medicamentos,  a pesar de que no se haya podido evaluar todo.

Cuando se presente la investigación se podrán dar más detalles de la misma, aunque me pregunto si a alguien le importarán esos datos. Pero sí quiero adelantar el caso de una mujer que se encuentra en prediálisis, y que en la evaluación detectamos que el cansancio que mostraba se debía a una bradicardia a consecuencia de su dificultad de eliminación renal del atenolol que tenía que utilizar por un infarto previo que sufrió. Informamos a su médico para que los sustituyera por otro medicamento de la misma familia pero de eliminación biliar y no hizo caso (en Román paladino se dice se acojonó), pero la paciente, que afortunadamente tenía cita con su nefrólogo en los días siguientes, confió en nosotros, no se rindió y le llevó nuestro informe. El resultado fue quey su atenolol se sustituyó por carvedilol y la bradicardia desapareció. Así, los profesionales de la salud dejamos de joderle el riñón a la señora, al menos la jodienda gratuita de darle atenolol, y quizás ese trasplante que pudiera venir se retrase un tiempo más o no tenga que hacerse, lo cual no sé si es positivo o negativo para estos políticos de la Andalucía imparable, que quizás deseen seguir liderando los trasplantes en España y nosotros hayamos contribuído a fastidiarles (iba a poner joderles, pero ya me estaba repitiendo mucho) las cifras.

Pueden conocer los costes de los servicios sanitarios en Andalucía en esta dirección:

http://www.juntadeandalucia.es/servicioandaluzdesalud/ordenpreciospublicos/default.asp

Por decirles algo, un trasplante renal en Andalucía cuesta 39.181,42 euros. Ahorrando uno solo, podríamos comprar 15.672 cajas de carvedilol y tratar a 1.300 andaluces (y andaluzas) durante un año con ese medicamento, por poner un ejemplo.

Pero más allá de los costes económicos del trasplante, y de los medicamentos tan carísimos que debería tomar de por vida con posterioridad para evitar el rechazo al nuevo órgano, ¿alguien tiene idea de las consecuencias sobre la calidad de vida del paciente? No hay página web oficial que nos informe sobre cómo se sienten las personas que sufren procedimientos como éstos. Es cierto que, ante la posibilidad de la muerte, cualquier aspecto así les merece la pena a muchos. Pero, ¿y si llegaran a saber que su caso podría haberse evitado? Muchísimos procedimientos quirúrgicos, muchísimo sufrimiento se podría haber evitado si los pacientes crónicos dispusieran de servicios de gestión integral de la farmacoterapia para optimizar sus resultados y prevenir problemas como éstos.

Aquí tienen algunas razones por las que de un tiempo a esta parte, me dedico a la literatura. Para quienes me preguntan, aquí está la respuesta. Así he conseguido que mis frustraciones sean mías y sólo mías, y únicamente dependan de mi torpe manera de juntar palabras. No necesito a nadie más

Para modificar la situación expuesta, doctores tendrá la Iglesia, aunque me temo que esa Iglesia a la que aludo, sus feligreses y sus sacerdotes, padecen de una ceguera que sólo puede explicarse desde el talibanismo y la sinrazón. Y caerán en el infierno, que existe, claro que existe, al menos en lo que se refiere a quienes pudiendo hacer otra cosa, no la hicieron. Porque tuve hambre y no… pues eso.

La imagen que ilusta se ha obtenido de http://www.lamilanabonita.com

 

SANIDAD PÚBLICA O SANIDAD PRIVADA

Artículo publicado en la revista El Farmacéutico en mi sección YA VIENE EL SOL el 12 de junio de 2015

http://elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/6051-sanidad-publica-o-privada#.VbnewPntmko

SANIDAD PUBLICA PRIVADAQue el estado garantice a sus ciudadanos el derecho a la salud es una muestra de su madurez como organización colectiva. Porque un estado, como conformación política, incluya o no los sentimientos de patria o nación entre sus ciudadanos, si tiene sentido para estos se debe a que juntos se consigue crecer como individuos, como personas, y a que existe igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de cada cual y nos sostiene en la enfermedad y en las dificultades de la vida. Que el estado garantice ese derecho, como el de la educación, es una manifestación palpable de que es instrumento para el bienestar de sus integrantes, y por eso las medidas de estos últimos años, penalizando la enfermedad mediante cuotas extra a los ciudadanos en el pago de los medicamentos, además de las que realizan a través de los impuestos, van en contra de ese derecho. Porque el gran problema de lo público es lo político. Lo público es muy bonito sobre el papel, y en la realidad si esto se alcanza; pero corre el riego, en sociedades poco maduras como la nuestra, de escasa tradición democrática, de que todo se politice y se llegue a poner en cuestión los avances que se consiguen de vez en cuando. En cambio, lo privado tiene menos política, aunque la tiene, y es el legítimo beneficio económico lo que prima. Esto, en salud, significa que pasa de ser un derecho a una cuestión más de mercado, orientándose los servicios sanitarios hacia la rentabilidad, como en cualquier otro sector.

Reflexionaba sobre estos aspectos escuchando una conferencia sobre el éxito de la implantación de los servicios de Medication Therapy Management en estados en los que la salud es un negocio y no un derecho. Envidio que existan cientos de farmacéuticos, cada vez más, que ejercen su profesión previniendo y resolviendo los problemas que producen los medicamentos, una de las tragedias más graves que existe en la actualidad en el ámbito de la salud pública de los países desarrollados. Me causa una profunda tristeza ser testigo de cómo un estado como el español, que ha sido referencia docente e intelectual para este tipo de servicios en Europa, se encuentre a la cola a la hora de implantarlos, y sea hasta el momento poco más que una entelequia vislumbrar que ello sea factible.

Es absolutamente lamentable que sigan muriendo ciudadanos a causa de los medicamentos, que continúen sufriendo sus problemas evitables, que gastemos millones y millones de euros en algo que se podría ahorrar, con que solo existiera altura de miras, voluntad de avanzar y vocación de servicio a los ciudadanos. Es descorazonador llegar a la conclusión de que en este país no existen este tipo de servicios porque en la sanidad pública prima la política sobre el bien común, y la economía, la verdadera economía y no las cuentas de la lechera que se hacen para cautivar votos, se subordine al sectarismo. Sectarismo al que no somos ajenos los profesionales de la salud en general y nosotros en particular, anteponiéndose los intereses de los agentes implicados a los de los ciudadanos a los que dicen defender.

Algún día esto se revertirá. Esperemos que los afrancesados que defienden de verdad el cambio, no tarden de nuevo dos siglos en ganar esta batalla.

La ilustración se tomó de http://www.ofertasbancarias.com/foros.php?t=48551

PRÁCTICAS TUTELADAS

Artículo publicado en la revista El Farmacéutico en mi sección YA VIENE EL SOL el 13 de julio de 2015

http://elfarmaceutico.es/index.php/ya-viene-el-sol/item/6162-practicas-tuteladas#.VbndFfntmkp

Durante varios años, la farmacia que dirigí estuvo acreditada por la Universidad estadounidense de Minnesota como centro autorizado para realizar prácticas tuteladas. En ese tiempo, recibí dos alumnas, porque además de tener capacidad económica para viajar a España, había que conocer el castellano para poder interactuar con mis pacientes.

El programa de formación en prácticas tuteladas de Estados Unidos, o al menos de esa Universidad, contemplaba una duración de diez meses, tiempo en el que el alumno debía rotar por diez servicios farmacéuticos diferentes, todos acreditados, en los que aprender las distintas prácticas profesionales en las que aquellos servicios destacaban. Una de las estudiantes quiso estar más tiempo y no fue autorizada, ya que se entendía que era muy importante para su formación que tuviera un conocimiento global de la que iba a ser su profesión.

Durante muchos años también, fui formador de prácticas tuteladas para nuestras Facultades de Farmacia. Un buen número de veces nos enterábamos de que venía un alumno en prácticas el día anterior al comienzo de su periodo de formación, y todos, salvo escasísimas excepciones que se podrían contar con los dedos de la mano de un mutilado de guerra, acudían, por tres o por seis meses, por la proximidad de su domicilio. Ningún estudiante había oído en la Facultad que tuviésemos un servicio diferenciado dentro de la farmacia para ver pacientes, ni conocían nuestra tradición investigadora o asistencial.

Aquella farmacia era excelente, por decir algo, porque tampoco había muchas, en cuanto a la consulta de seguimiento farmacoterapéutico. Pero dejaba mucho que desear en formulación magistral y en otros muchos servicios para los que hay grandes profesionales en otras farmacias. Por tanto, el estudiante podía recibir una buena formación en lo que sabíamos, y otra bastante deficiente, o no tan buena, en otras áreas. Y lo mismo se podría decir de otras farmacias.

Me pregunto cómo sería si los estudiantes rotaran por servicios de excelencia, y que las farmacias especializadas enseñaran lo que para ellos es lo que mejor hacen. Probablemente los alumnos saldrían muy bien formados en distintas áreas, los farmacéuticos enseñaríamos sobre nuestras fortalezas y todo sería mucho mejor. Y quizás muchos profesores que ahora miran con cierto desprecio a la farmacia comunitaria, conociesen la realidad y dejasen de criticarla ante sus alumnos.

La asignatura de prácticas tuteladas es la que otorga más créditos de formación en la carrera y me parece que pocos se la toman en serio. Es más un requisito, una orden que viene de Europa, una obligación. Es algo de lo que profesores, estudiantes y formadores tenemos que salir del paso como sea. Resulta muy triste, pero si desde que se empieza con la formación asistencial esto es así, luego no podemos quejarnos de la mediocridad de nuestro ejercicio profesional.

La foto que aparece fue tomada de www.blog.uchceu.es