TIEMPOS CONVULSOS

destruccionAsisto perplejo al debate acerca de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Me sorprenden los arrebatos de sinceridad que se vierten en las redes sociales acerca de los problemas que nos ocasionan los emigrantes, las soflamas y lecciones sobre qué es democracia, votar y aceptar los resultados que salgan, y ―aprovechando que el Pisuerga ya es el río más largo del mundo, porque no sólo pasa por Valladolid a lo que se ve―las manifestaciones de ciertos políticos, que no tienen empacho alguno en afirmar que Trump no es más que un Pablo Iglesias teñido y descoletado.

Siento que volvemos a la década de los años 30 del siglo pasado en Europa, con la diferencia de que ya no hay un Estados Unidos que nos salve. El fascismo llega de la mano de quienes se rasgaban las vestiduras con él. Quizás una de las claves de la democracia sea aplacar al fascista que todos llevamos dentro, pero parece que no es el momento.

El fascismo ha evolucionado de forma que ya no necesita implantar dictaduras para instaurarse. Ha aprendido a manejar los votos apelando al miedo, a nuestros instintos más bajos, a ese hábito que se hizo tan popular durante la Guerra Civil y la Posguerra: la delación.

Hoy las personas ya no son personas. Como una etiqueta de Facebook, hoy no son más que inmigrantes, musulmanes, refugiados que vienen a quitarnos el pan, que atacan nuestro evolucionado modo de vivir sustentado sobre la sangre de los empobrecidos y el expolio de los recursos. Hoy, en un mundo que deriva hacia el suicidio colectivo, los únicos dioses son la economía de mercado, el crecimiento y la producción perecedera y generadora de más y más basura, de más y más contaminación, de más y más destrucción ambiental.

Tiempos oscuros de poca filosofía y mucha religión (y no sólo la clásica, sino la económica), y por tanto, tiempo de salvadores. Esos terroríficos salvadores que antes se llamaban Adolf, Benito o Francisco y ahora Donald, Vladimir o Nigel.

La democracia es el régimen que se deriva del ejercicio del voto en libertad. No hay democracia sin miedo, por muy grandes que sean las urnas. No hay democracia sin votantes formados que puedan ejercerla con libertad de pensamiento. Todo esto lo han anulado nuestros políticos. Ellos han puesto los cimientos de lo que viene.

Hoy la democracia se ha convertido en un Gran Hermano, y pronto nos mandarán abandonar la casa.